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Rasgos Biográficos del Dr. Francisco Espejo por Manuel Landaeta Rosales

     Este libro del General e historiador Manuel Landaeta Rosales forma parte junto a la obra de Héctor Parra Marques, de las pocas obras amplias que se han escrito acerca de la vida del Benemérito de la patria, el Luciteño Dr. Francisco Silvestre Espejo Caamaño, la misma fue publicada en Caracas a través de la Imprenta Bolívar el año de 1920. 

      Es de profunda importancia la reedición, publicación y difusión de estos materiales  ya que son de las pocas referencias que se han escrito acerca de este prócer independentista y de la patria, este ejemplar ha sido posible digitalizarlo ya que lo hemos tomado en reproducción facsimilar de la Biblioteca virtual de la Universidad de Carolina del Norte, Estados Unidos, y la intensión a sido para que sirva primero en la difusión de este, y segundo como llamado de conciencia a la necesidad de defensa de nuestra memoria histórica, a través de la reedición y publicación  de la misma.

Iván López Calero

Rasgos Biográficos del Dr. Francisco Espejo - Manuel Landaeta Rosales

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Pueblo de Marín o Cúa

Subido por: Iván López Calero

Transcripción sin corregir (SIC) 

Pueblo de Marín o Cúa

Obispo Mariano Martí

Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas

Apuntes del Libro Personal

Marín o Cúa

     Día 2 de Junio de 1783, salimos del pueblo de Charayave a las cinco y media de la mañana, y llegamos a las ocho y media a este pueblo de Marín distante tres leguas y quarto. El camino no es malo, las tierras con mucha arboleda y proporcionadas para siembras. No es tierra llana, sino de cerros no muy grandes, en donde hazen las sementeras, y no dexa de haver algunos llanos entre estos cerritos.

     Esta Iglesia es baxo la invocación de la madre de Dios del Rosario, de una sola nave, con una puerta a cada lado, a más de la principal, de tapia y rafas, toda cubierta de obra limpia. Tiene Coro alto y Baptisterio al entrar, a la banda de la Epístola, y a esta misma banda, contiguo a esta Iglesia, hay cementerio. La Sacristía, detrás del altar mayor, no está muy adornada o alajada. Véase el inventario. Su divina majestad está continuamente colocado, y respecto que estava en el altar y en el primer altar a la banda del Evangelio, en el cuerpo de la Iglesia, he dispuesto que sólo se reserve en el altar mayor, y que debaxo del Sacrario, que ahora sirve para la Custodia, se haga un Sacrario pequeño para la pixis, para dar la Comunión, que se daá en la última grada del Presbyterio.

     Este Cura es don Nicolás Antonio Colón y Soto. Nació en Caracas el día 19 de Julio de 173[7?]. Estudió tres años de Filosofía y dos años de Moral, todo en las clases de la Universidad. Tiene seis actos de oposiciones a Curatos. Se ordenó de Presbytero el día 20 de mayo de 1758, a título del Curato de Mamporal, que lo sirvió seis años. Después passó a Sacristán mayor de la Candelaria de Caracas, que la sirvió también en propiedad ocho años, yu últimamente pasó acá y está sirviendo este Curato de Marín desde el día 19 de febrero de 1772, en que llegó a este pueblo. Como particular tiene dos mil pesos de Capellanía. Este terreno no le prueba bien, y habrá unos seis años que está enfermo, ahunque no dexava de servir este Curato, y sólo habrá como año y medio que tiene, no Teniente, sino Coadjutor, que es el padre don Francisco Pereira, de Carora. Nada se ha sabido contra su vida y costumbres, y quando no está enfermo enseña la Doctrina, predica y administra los Sacramentos. Su genio parce melancólico, y nadie dice que su genio sea áspero o suave. (más…)

Pueblo de Santa Rosa de Lima de Charayave

Subido por: Iván López Calero

Transcripción sin corregir (SIC)

Pueblo de Santa Rosa de Lima de Charayave

Obispo Mariano Martí

Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas

 Apuntes del Libro Personal

     Día 29 de mayo de 1783, salimos del pueblo de la Guayra de Paracotos a las cinco y media de la mañana, y llegamos a las nueve y quarto a este pueblo de Charayave, distantequatro leguas y quarto, que dizen estar medidas. Al salir de la Guayra de Paracotos, baxamos una cuesta de más de un quarto de legua, y una legua o poco más antes de llegar a este pueblo de Charayave, pasamos más de tres quartos de legua de camino malo, por las grandes piedras dentro de la quebrada llamada de Charayave; y es de advertir que luego al salir de la Guayra de Paracotos se baxa aquella cuesta de un quarto de legua, el camino siempre va por la quebrada, pero es camino bueno, y la dicha quebrada trahe poco agua, pero en llegando a las dichas piedras, el camino por aquellas piedras es intransitable.

     Esta Iglesia es baxo la invocación de Santa Rosa de Lima, de una sola nave, de bajareque doble. Tiene Coro alto, hay Baptisterio al entrar a la Iglesia, a la banda de la Epístola. No hay más puerta que la principal. Ahora se está haciendo el cementerio contiguo a esta Iglesia, a la banda del Evangelio, donde estava la Iglesia vieja, que se quemó. No está colocado su Divina Magestad. La Iglesia está cubierta de obra limpia. La Sacristía está detrás de la Capilla mayor, provehida de bastantes casullas, aunque algo viejas, y está escasa de otras alajas. Véase el inventario.

     Este Cura es don Joseph Antonio Ralo. Nació el día 13 de diziembre de 1751 en Caracas. Estudió tres años de Filosofía, de que es Bachiller, tres años de Theología escolástica y dos de Moral con el Bachiller Lindo, todo en la Universidad de Caracas. Tiene dos actos de oposición a Curatos, una a este Curato y otra al Curato de Yare, después que ya era Cura de éste de Charayave. Se ordenó de Presbytero el día 1° de enero de 1777, a título de este Curato de Charayave. Como particular tiene una Capellanía de mil pesos. Desde que se ordenó de Presbytero tiene licencias de predicar y confesar en todo este Obispado. Nada se ha sabido contra su buena vida y costumbres. Predica, confiessa y adminstra los Santos Sacramento, enseña la Doctrina y es eficaz y estimado de sus feligreses.

     Este terreno, ahunque tiene algunas llanura, la mayor parte son cerros. Sus tierras son fructíferas y producen maís, plátanos, yuca, frixoles, arros, cacao, caña dulce, etc., y sin embargo estos vecinos, así indios como españoles son pobres porque no quieren trabajar, y aunque trabaxassen y cogiessen frutos, que acá el principal es el maíz, no serían ricos, porque no tienen mulas o cavallos para transportar el maís a Caracas, por no poder mantener animales a causa de que acá no hay potreros y los cerros están poblados de arboledas. (más…)

La Sayona en Cúa.

Por: Manuel V. Monasterios G.

la sayona imagen tomada de www.leyendasycuentosdeterror.comLa Sayona, imagen tomada de http://www.leyendasycuentosdeterror.com.jpg

    La sayona es una tradición oral que se remonta varios siglos atrás en la historia de América latina. Podemos sintetizar diciendo que es u na mujer que espanta a los hombres con características muy bien definidas: Enorme estatura, el uso de una saya larga y negra, con una larguísima cola y dos cintas blancas en la frente. Sus ojos son cóncavos y suelen despedir un  fulgor rojizo, cuando camina sus huesos parece que chocaran por falta de carne lo cual produce un ruido que espanta, sus quejidos y lamentos terminan aterrando a quienes la oyen.

     Cuentan los abuelos que  en el Callejón del Calicanto,  conocido como Los Corrales, cerca del viejo canal de riego, salía una enorme mujer vestida con un fabuloso sayón negro y cuando los hombres la perseguían desaparecía detrás de un enorme samán, sin dejar ningún rastro. Hasta que un día  el compadre Pedrito González caminaba a eso de las 11 de la noche rumbo al rio, donde había quedado a encontrarse con una hermosa muchacha, que lo había citado  a ese lugar; de pronto vio a lo lejos entre la oscuridad de la  noche y la luz de la luna la figura de una mujer muy alta, con una larga cabellera que resplandecía como rayos de plata.

     Pedrito se propuso alcanzarla, al llegar al samán, donde siempre desaparecía  el espanto, esta vez cambió de actitud y se detuvo a esperar al hombre que venía a paso rápido, cuando la encontró estaba de espaldas y al voltear la cara, Pedro vio a una mujer blanca como un cadáver con unos dientes como hachas blancas, Pedrito del susto se devuelve corriendo, cuando llega a la esquina de los Jabillos, se  encontró con la mujer nuevamente en la puerta de Los Corrales, la figura espeluznante lo  sorprendió y le extendió los brazos para estrecharlo y así lo hizo. Pedro sintió que el fuego lo quemaba, aterrorizado logró zafarse del espanto y corrió desesperadamente hasta llegar a su casa y se encontró con su comadre que le preguntó que le pasaba, Pedro le narró lo sucedido y la comadre le dijo:

-          Compadre esa es la Sayona de Los  Corrales que salió tal vez porque usted andaba detrás de otra mujer, Cuídese  que se lo digo yo.

-           El compadre Pedro después de esa experiencia jamás volvió  a ser infiel a su mujer.

     Dicen que todavía se ve en las noches veraneras de hermosa luna,  caminando por los alrededores de la Urbanización Lecumberry, también por la avenida Perimetral donde más de un conductor se han topado con una mujer alta caminado entre El Condado y Aparay, contaba en sus crónicas el difunto periodista Emar P. Carvallo Camero que varios Don Juanes en busca de aventuras han pasado por la desagradable experiencia de ver frente a frente a la Sayona. Entre la Calichosa y Araguita en la carreta Cúa-San Casimiro, a altas horas de la noche una hermosa mujer saca la mano pidiéndole a los choferes que se detengan, quienes han cometido ese grave error la han pasado muy mal.

     Se recomienda tener mucho cuidado al circular en las noches por las calles y caminos de Cúa, porque además de la inseguridad se puede encontrar con La Sayona.

Efemérides de los Valles del Tuy. (Junio)

Por: Iván López.

02/06/1783 – El Obispo Mariano Martí visita a Marín Alias Cúa, este obispo nacido en Tarragona, España en 1720, llevó a cabo un peregrinaje a lo largo de la mayor parte del territorio de la Capitanía General de Venezuela entre 1771 y 1784, lo que permitió obtener gran cantidad de datos demográficos, étnicos y sociales, recopilados en una obra monumental que refleja la vida de Venezuela a través de una amplia información estadística en el siglo XVIII.

MARIANO_MARTI_OBISPOObispo Mariano Martí.

07/06/1783 – El Obispo Mariano Martí visita La Sabana de Ocumare del Tuy, este obispo nacido en Tarragona, España en 1720, llevó a cabo un peregrinaje a lo largo de la mayor parte del territorio de la Capitanía General de Venezuela entre 1771 y 1784, lo que permitió obtener gran cantidad de datos demográficos, étnicos y sociales, recopilados en una obra monumental que refleja la vida de Venezuela a través de una amplia información estadística en el siglo XVIII.

10/06/1927 – Nace en Cúa en el sector de Cruz Verde, Miguel García Mackle, poeta, escritor, periodista y ex gobernador del estado Miranda.

12/06/1926 –  Nace Juan José Flores, en Turmero estado Aragua, y Muere en Ocumare del Tuy el 22-02-2004. Residenciado desde muy joven en Ocumare del Tuy, ha sido hasta ahora el primer y último Cronista Oficial del Municipio Tomás Lander. Formó parte de la Sociedad Bolivariana del pueblo y de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, así como también formó parte de la junta directiva de la Sociedad de Cronistas del Estado Miranda. Publicó los libros históricos Ocumare del Tuy y Recopilación de la parroquia eclesiástica San Diego de Alcalá, entre otros.

Juan José FloresJuan José Flores Primer Cronista de Ocumare del Tuy.

14/06/1792 – Nace en Cúa, Valles del Tuy, José María Carreño Blanco, Ilustre prócer y General de la Independencia de Venezuela, intendente de Gobierno del Zulia y del Istmo de Panamá, encargado de la Presidencia y Vicepresidente de Venezuela en Varias ocasiones, acompañó al Libertador en sus últimos días de vida. 

José MarÍa CarreñoGeneral José María Carreño.

14/06/1859 – El General Ezequiel Zamora, Cueño de nacimiento, en medio de la Guerra Federal de Venezuela, establece a la provincia de Barinas como el “Estado Barinas” y ese mismo día recibe el título Oficial de “Valiente Ciudadano.” 

Ezequiel Zamora - copiaGeneralísimo Ezequiel Zamora Correa.

16/06/1783 – El Obispo Mariano Martí visita San Francisco de Yare, este obispo nacido en Tarragona, España en 1720, llevó a cabo un peregrinaje a lo largo de la mayor parte del territorio de la Capitanía General de Venezuela entre 1771 y 1784, lo que permitió obtener gran cantidad de datos demográficos, étnicos y sociales, recopilados en una obra monumental que refleja la vida de Venezuela a través de una amplia información estadística en el siglo XVIII.

18/06/1931 –  Nace en Santa Lucía del Tuy, Marcos Correa, recordado maestro y músico de esa población, ejecutaba a la perfección la Trompeta, el Trombón, Bombardino, Saxófono y el Clarinete, entre sus principales obras destacan; La Rosa del Llano, María Eugenia, Coronita Linda, Juan Regalado, Niña Traviesa, La Yuca, Flores de San Antonio, entre otras, Se desempeñó como Director de la Banda estadal y Municipal de Conciertos de Santa Lucía, fue maestro de Música en la Escuela Básica Dr. Francisco Espejo y director de la Banda Juvenil de Conciertos de Santa Lucía, entre otros cargos. La actual Banda del Municipio Paz Castillo lleva su Nombre en homenaje a tan recordado maestro.

Marcos CorreaMaestro Marcos Correa.

21/06/1783 – El Obispo Mariano Martí visita a Santa Theresa del Tuy, este obispo nacido en Tarragona, España en 1720, llevó a cabo un peregrinaje a lo largo de la mayor parte del territorio de la Capitanía General de Venezuela entre 1771 y 1784, lo que permitió obtener gran cantidad de datos demográficos, étnicos y sociales, recopilados en una obra monumental que refleja la vida de Venezuela a través de una amplia información estadística en el siglo XVIII. Según sus escritos encontró en esta población 854 almas, 528 de ellas confirmadas, de las cuales 121 eran blancos, 58 negros libres, 136 indios, 435 esclavos y 104 mulatos.

Iglesia Santa Teresa de Jesús, Municipio Independencia, Foto de Iván LópezIglesia de Santa Tersa de Jesús, en Santa Teresa del Tuy, foto de Iván López.

22/06/2012 – Duelo por la Muerte de María Teresa Castillo en Caracas a la edad de 104 años, Cueña Nacida en la Hacienda Cafetalera de Bagre en 1908, una destacada activista política, periodista y diputada venezolana, con una amplia trayectoria en la cultura de Venezuela Presidenta de la Fundación Ateneo de Caracas.

Maria Teresa CastilloMaría Teresa Castillo.

24/06/1996 – La Banda Municipal “Anselmo Soto” fue inaugurada el 24 de junio de 1996, haciendo presentaciones en la Plaza Bolívar de este Municipio Independencia y en las demás ciudades de los Valles del Tuy, interpretando conciertos populares y clásicos. La Banda Municipal “Anselmo Soto” es dirigida actualmente por su Fundador y Director el Profesor Saúl Palacios quien tuvo la idea de rescatar la Banda que una vez existió, convocando los músicos de Santa Teresa y poblaciones vecinas.

Publicación Banda Municipal Anselmo Soto.Banda del Municipio Independencia “Anselmo Soto”

Los dos himnos del estado Miranda

Por: Juan de Dios Sánchez.

     Con mucha autoridad en la voz, un viejo y noble amigo tuyero, me señalaba cuando conversábamos de todo tipo de cosas en su casa de Ocumare del Tuy:

“El caudillismo es la enfermedad de la Venezuela que tú narras y en nuestro estado Miranda, en  una cosa sagrada como es el Himno del estado, ese problema se evidenció tanto que… ¿tú no lo sabías? El estado tuvo dos himnos.

     Le manifesté que no lo sabía y me contó que, allá en los días de don Cipriano Castro, a quien los mirandinos le decíamos Aclamado de los Pueblos, el presidente del estado Miranda que era el general Mariano García le encargó a un poeta, muy bueno, por cierto,  y muy fino además, en eso de escribirle bellos elogios a Castro, para que redactara una letra para el himno de la entidad federal que destacara la figura del héroe invicto de los Andes. Aquello fue en 1905, a principios del año, cuando el poeta llamado Ayala Bofill recibió la encomienda y rápidamente, el 22 de mayo de 1905, fue decretado el Himno del estado que exaltaba las virtudes de Castro con aprestos marciales y heroicos.

     En el Himno se le llama invencible guerrero, de glorioso fulgor la espada y quien asegura la paz a la nación. Le bautizamos Fundador de la Paz  que fue el título del poema de Ayala Bofill y se estrena Himno del estado en medio de la admiración de aquellos gobernantes y seguidores del dictador.

    Desde el 22 de mayo de 1905 cuando fue decretado El Fundador de la Paz  como el Himno del estado hasta el 2 de diciembre de 1910 cuando fue decretado el que tenemos, pasaron más de cinco años. Ya, en diciembre de 1910, anda ya cerca de los cien años, la composición poética de Jacinto Añez con música del maestro petareño Germán Ubaldo Lira, fue proclamada como Himno del estado pasando el que venía sonando al olvido.

     En el nuevo Himno del estado, tocado por primera vez en un acto solemne en la Gobernación del estado que estaba ubicada aquí, en Ocumare del Tuy, bajo la dirección del propio maestro Lira, se notó la fuerza del Generalísimo Francisco de Miranda en todo el texto de la pieza, en la que se señalan grandes valores humanos, esenciales en la estructura de este tipo de composiciones.

     Todos los mirandinos hemos oído, en varias ocasiones el Himno del estado. Todos nos hemos sentido emocionados con el giro hermoso de su melodía y con la profundidad de su letra y mensaje: Gloria al Héroe Inmortal que destaca su bizarra figura en la Historia; del Cenit a la negra Carraca como pródiga fuente de gloria.

     De esa forma comienza el himno mirandino y nos deja, un mensaje digno de la grandeza del infortunado Mariscal de la Gironda, cuya figura sublime, se hunde en nuestros comienzos de nación. Dos líneas de buen verso, lo realzan a plenitud:

                                              Ante el odio y el crimen

                                              Su deber es luchar.

      De este modo me asegura el amigo tuyero se hizo justicia pero “para que lo sepas este estado tuyo, este estado mío, este estado Miranda tuvo dos himnos”.

El espanto de la calle Roscio

Por: Manuel V. Monasterios G.

     Los cuentos de aparecidos forman parte de las tradiciones y leyendas de nuestros pueblos. En este cuento se unen la leyenda y la hipótesis histórica, alrededor de la inmensa figura del general Ezequiel Zamora.

     José Francisco Machuca, coronel liberal, jefe de partidas en el alzamiento de “el mocho” Hernández, derrotado en todas las escaramuzas que con pretensiones épicas había librado. Sus trofeos de guerra fueron las vacas, los cochinos y las gallinas que sus tropas confiscaban con fines militares. Comenzando el siglo XX, por primera vez, formaba parte de la burocracia gubernamental, aquellos empleados que pasaban hasta tres años sin cobrar sus sueldos; el gobierno recién estrenado del general Cipriano Castro lo premió por sus méritos, con el cargo de jefe civil y militar de Cúa. Tenía intenciones de pasar una larga temporada, en el pueblo tuyero, incluso pensaba adquirir alguna finca para el engorde de ganado. Lo único que le molestaba era el intenso calor que hacía en aquel año, pues el día que llegó dejó la montura al sol y se le derritieron unos adornos de metal que tenía la chocontana, que había comprado en La Villa. El año anterior había azotado la langosta y el vómito negro, además, como complemento, tenía casi un año sin llover y las cosechas se habían perdido.

     Sin embargo era mejor convivir con aquel cúmulo de problemas que seguir como un proscrito, huyendo por aquellos caminos y montes, sin rumbo fijo, pasando hambre, durmiendo mal, con la esperanza de derrocar el gobierno para hacer justicia ante tantos desmanes. Su primera misión fue arrestar a cuatro “enemigos” del gobierno de La Restauración y remitirlos amarrados a la vieja prisión de La Rotunda en Caracas. Las detenciones eran sin formula de juicio. Llegaba la comisión a la casa del futuro preso, con mucha educación le decían: el coronel quiere hablar con usted, puede pasar por la jefatura; el candidato a los grillos, respondía que pasaría más tarde. Entonces el agente policial le decía que era ahora, porque la cosa era urgente y así lo llevaban, una vez en la jefatura, lo encerraban y le decían: “usted está a la orden del jefe civil”. La causa de la detención era variada, quizás por haber emitido una opinión contraria al nuevo gobierno, la cual llegaba a oídos del jefe civil gracias a los informantes, personajes existentes en todos los gobiernos. La principal función del jefe civil y militar era mantener el orden y la paz, evitar conspiraciones en la zona.

     El coronel José Francisco empezó la búsqueda de una casa que llenara sus aspiraciones familiares. Estaba cansado de vivir en la “galería acondicionada” en la casa de sus suegros en El Valle. Ellos le permitieron que se “arrimara” por su situación de revolucionario, ya que muy pocas veces estaba en el hogar. Ambicionaba una casa amplia con varias habitaciones, sala, comedor, cocina, patio, lavandero y corral, algo digno de su investidura de primera autoridad.

—Quiero vivir como gente respetable, Luisa merece una casa como siempre la ha soñado, donde ella sea la que mande y no este sometida a la voluntad de doña Anita, la suegra, muy buena pero siempre tirando puntas: “el que se casa, casa quiere”, “ya la galería le queda pequeña por los niños”.
—Ya es hora de vivir como Dios manda —decía el coronel—. Por ahora alquilo, después compro.

     En su búsqueda se enteró que el general Carballo tenía una buena casa por la Calle Roscio y la tenía desocupada, desde hacía algún tiempo. La fue a ver y le gustó, estaba bien conservada, con una “lechada” quedaba como nueva, además el alquiler no llegaba a 20 pesos. Así concretó el negocio con el General. Además contrató a un ebanista “machero” quien le elaboró los muebles de paleta, la cama grande y las dos de los muchachos, el comedor y el resto del moblaje lo trajo de El Valle.
     En menos de un mes estaba instalada la familia en su nuevo hogar, quejándose del calor, pero felices por la comodidad de la casa. Como era costumbre en la época se ofrecieron al vecindario y recibieron las visitas de cumplido de vecinos y amigos. Así empezaron a integrarse a la comunidad cueña de comienzos del siglo XX.Cada uno de los hijos tenía su propio cuarto, doña Luisa contrató dos muchachas como servicio de adentro, José, el aguador, fue contratado para llevar agua desde río Tuy hasta la casa, hacer los mandados y llevar a los dos niños hasta la escuelita “paga” de las hermanas Lugo.
     Una tarde estaba doña Luisa ocupada zurciendo unas sabanas y se acercó María Salomé, una de las muchachas de servicio, y le preguntó:

—Doña Luisa, ¿quién es ese catire con pelo “pasúo” que está sentado en el corral?
—María Salomé, seguro que te mojaste después de planchar y estás desvariando. Cuidado con un pasmo. ¿De qué catire hablas tú?
—Doña Luisa, yo no hablo “pajuatadas”. Allá en el corral, sentado en una silla de cuero, está ese señor. Yo pensaba que era de la familia.
—Vamos a ver.

     Se dirigen al corral ambas mujeres, pero allí no hay rastros del catire.

—¿Te fijas, María Salomé, que son imaginaciones tuyas? ¿Dónde está?
—Yo sólo sé que allí estaba. Dónde está ahora, no lo sé. 

     A los pocos días de aquel encuentro, doña Luisa, a eso de las seis de la tarde, fue al corral a recoger una ropa. Cuando regresaba, fijó la mirada hacia la mata de tamarindo y vio a un joven, vestido de militar, con un kepis, sobre la gorra militar un sombrero y en el sombrero una flor amarilla. Era en verdad un catire flaco y perfilado. Doña Luisa, temblando, trancó la puerta y se fue a la sala donde estaban sus hijos, no hizo comentarios para no angustiar a los muchachos. Apenas llegó el coronel, le dijo:

—Francisco José, tengo que decirte algo muy importante, sin que los muchachos se enteren.

     Se dirigen a la cocina y doña Luisa en voz baja le dice:

—En el corral está apareciendo un hombre que por su vestimenta es militar de la federación, aparece bajo el tamarindo sentado en una silla de cuero. Lo vio María Salomé hace días y yo lo vi hoy a las 6:00pm.
—Tú sabes bien Luisa, que yo soy escéptico. No creo en apariciones de muertos, creo en apariciones de vivos, puede ser un vecino que entra al solar a molestar, o tal vez buscando una de las muchachas de servicio. Vamos a ponerle atención y ya verás la “planazón” que le vamos a dar.
—Ojalá que sea así José Francisco, pero yo creo que es un espanto. No se sorprendió al verme, ni dio muestras de nerviosismo, solamente estaba sentado revisando unos papeles.

      No había pasado una semana y el hijo mayor del matrimonio, llamado Jacinto Antonio, le dice a su mamá que había estado conversando con un señor que estaba en el corral.

—Mamá ese señor es un militar como mi papá, me dijo que se llama Ezequiel, que estaba esperando a mi papá para hablar con él. Me dijo que había nacido en esta casa.

     La madre, sin poder articular palabra, no responde a las informaciones de su hijo. Apenas llega el coronel, le cuenta lo ocurrido. Este se dirige al corral en busca del extraño, pero en el corral no hay señales del militar. El coronel José Francisco busca datos clarificadores en el pueblo sobre aquella casa de la calle Roscio, donde vivía con su familia. Don Luis Hermoso, el registrador, le informa que esa casa perteneció a don Antonio José Zamora, hermano de don Alejandro Zamora el padre del general Ezequiel Zamora. Fue esa la casa donde nació el general de la federación, porque esa era la casa que tenían en este pueblo, desde donde se comerciaba con el llano desde la época colonial, don Antonio José Zamora era un rico comerciante del Apure y a esa casa siempre llegaban los Zamora cuando venían del llano o de Villa de Cura.

—Según refieren los viejos vecinos que el general Zamora estuvo varias veces en esa casa. En el año 1846, cuando las guerrillas de Guambra, después en 1856 cuando se casó con Estéfana Falcón, hermana del general Falcón y en 1858 antes de salir a Curazao. Dicen que en esa casa no hay familia que dure, porque sale un militar, según es el general Ezequiel Zamora.
—Con razón el general Carballo me la alquiló tan barata.
—Mire don Luis, a mí no me van a embaucar con ese cuento, aquí hay otra cosa y la voy a descubrir.

     El coronel se puso alerta tratando de comprobar aquella historia tan descabellada que le había contado don Luis Hermoso, pero pasaban los días y el difunto general no hacía su aparición, hasta que una tarde su hijo Jacinto Antonio le llevó un sobre que le enviaba el militar del corral, el papel escrito con una letra fina, de buenos rasgos, donde se leía claramente: “Coronel José Francisco Machuca. Necesito conversar con usted el próximo lunes, en la noche.” Sin firma, ni fecha, esto hizo que el coronel pensara en una trampa de los enemigos del gobierno. Sin embargo, dijo: “yo jamás le saco el bulto a un compromiso, así sea con espantos o con el mismo Satanás. Ya veremos el lunes”.
     Llegó el día indicado para el encuentro, el coronel desde temprano empezó sus preparativos, en primer término no le contó a nadie lo de la cita, pues si lo hacía, podían pensar que tenía miedo y no era capaz de enfrentar solo la situación. Preparó con las cargas necesarias dos revólveres Coll, su cola ‘e gallo, colocó un buen tirador dentro de la casa para protección de la familia. Su mujer le preparó un crucifijo bendito, una botellita con agua bendita y otra con cuerno de ciervo. Desde las siete de la noche se acomodó en una silla, solo, a esperar.
     A eso de las nueve de la noche, con el reflejo de la luna, el coronel ve a un militar con uniforme de general federal que se acerca, con paso firme y rápido. El coronel se pone de pie y al tener frente a frente al general Ezequiel Zamora, su instinto militar le hace poner firme y ejecutar un saludo militar.

—Descanse coronel, lo que le vengo a decir es una cuestión de honor, sólo usted me puede ayudar.
—Diga usted general.
—El general Antoñito Guzmán, mi secretario de guerra, en sus arrebatos de soberbia se llevó al panteón de la patria a un cuerpo que no era el mío. A mí me importaría un carajo ese error, pero los restos de esa sepultura del panteón son huesos de perro, no de humano. Mis despojos están en la sacristía de la iglesia parroquial de Los Teques. Coronel, haga usted las gestiones necesarias para remediar este mal y pueda descansar con dignidad. Si usted cumple con esta misión, podrá disponer del contenido de una caja de hierro donde está el tesoro que el indio Francisco José Rangel le confiscó en Yuma al Dr. Ángel Quintero. El indio me lo entregó para la revolución antes de morir.

     Dicho esto la figura se desvaneció y el coronel corrió a contar lo sucedido a su esposa.

—Luisa, lo ocurrido no puede salir de aquí, ni siquiera el guardia de confianza debe saber nada. Sólo puedo hablar y poner en conocimiento de los hechos a mi general Cipriano Castro, es el único que puede ayudar en este difícil compromiso.

     Mediante telegrama solicita la audiencia con su jefe, quien le recibe quince días después, le informa detalladamente del asunto y le solicita su cooperación para cumplir las aspiraciones del ilustre difunto, sin embargo, ladinamente no menciona para nada el tesoro del indio Rangel. Como prueba de su conversación con Zamora presenta el papel de la cita, el general Castro tiene sus dudas, sin embargo sabe de la seriedad del coronel, le dice:

—Es muy importante su relato, por la jerarquía del personaje para la causa liberal, pero debo investigar con reserva para no cometer un “papelón”.

     Los calígrafos al servicio del gobierno certifican que el papel fue escrito por el general Zamora con una extraña tinta. El general Castro solicita informes de los familiares de Zamora, del Dr. Lisandro Alvarado, biógrafo del ilustre liberal, del general Francisco Tosta García, familiar cercano del general del pueblo soberano. Todos corroboran la tesis: “los restos del panteón no son los del valiente ciudadano”. 

      Estos informes impulsan al presidente Castro a escribir un informe dedicado a la Academia Nacional de Historia titulado La verdad histórica sobre la muerte y enterramiento del general Ezequiel Zamora, fechado en Caracas, 1904. La gestión oficial no pasó de allí, por más que el coronel Machuca insistió la propuesta se quedó en el informe del presidente. Algunos académicos convencieron al general Castro de la inconveniencia política de aquella verdad, que era mejor para todos dejar las cosas así. Mientras tanto el coronel Machuca angustiado veía que el tesoro del indio Rangel se iba alejando, se le ponía muy difícil. No lo podía cobrar porque había incumplido su misión.

     El coronel empezó por su cuenta a romper y abrir huecos por todos los alrededores del tamarindo, abría un hueco y lo volvía a cerrar y nada que aparecía el tesoro. En las noches se empezó a sentir un machete que raspaban por los suelos, la ropa que se colocaba en el ropero, a la hora de dormir, amanecía en el corral, se perdían o cambiaban de lugar las ollas los cubiertos y los cuadros, era difícil dormir en aquella casa llena de extraños ruidos. A Doña Luisa no la dejaban tranquila, en un sólo día le quebraban una docena de huevos a su alrededor sin golpearla. Si continuaban en esa casa todos terminarían locos. Un día cansados del espanto, agarraron sus “corotos” y se mudaron a otra casa por la calle de la iglesita. El caserón lo compró el señor Panchito Bravo, hasta hoy nadie ha dado con el tesoro del indio Rangel. Los restos de Zamora continúan en Los Teques y en el Panteón Nacional todavía esperan por la verdad.

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