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Los Canarios en Los Valles del Tuy (1670 – 1810)

Subido Por: Iván López.

Vista de Santa Lucia y Los Valles del Tuy, desde el Cerro San Ramón, Municipio Paz Castillo, Foto de Juan Manuel Carrasco Davila, año 2012.

LOS VALLES DEL TUY.

     Los valles comprendidos en el Tuy Medio y Alto se convierten en el centro de la expansión cacaotera desde fi­nes del s. XVII, con la mano de obra esclava como su fuerza de trabajo esencial. Son tierras que no superan los 1.200 m. con elevadas temperaturas y pluviosidad, aunque su escasez durante la seca hace necesario el regadío para incrementar sus cultivos. En los 80 del XVII todavía hegemonizaba la producción la región costera de Aragua, Valencia y Cara­cas. En la primera década del XVIII, después de varias de intensa plantación, ya había más árboles en el Tuy. Suelo abundante, alta pluviosidad e irrigación proporcionan cosechas de hasta 25 y 30 fanegas. En 1720 producen el 60% del cacao de la provincia y en 1744 superan sus tres cuartas partes.

     El Alto Tuy se vertebró como el eje esencial del boom del cacao desde 1680. Entre 1684 y 1744 el incremento de los árboles se mantuvo imparable, una media de 75.000 por año. Se pasa de cerca de un millón en 1720 a uno y medio en 1744, sólo superado por Barlovento, que se ha­llaba en plena época de roturación. Mientras que el Bajo Tuy era un área alejada con tierras cuya propiedad dio lu­gar a constantes pleitos entre inmigrantes y hacendados, el Alto estaba hegemonizado por la oligarquía mantuana, al haberse puesto en explotación en los últimos años del XVII y primeras décadas del XVIII, un período que se co­rresponde con los de los asientos francés e inglés. Mientras que la primera parroquia del Bajo Tuy es de 1727, la mayor intensidad plantadora en el Alto coincide con la etapa do- rada del monopolio británico, en la que la venta de esclavos pasa de 100 anuales entre 1715-28 a 350 entre 1729-39. La   se manifiesta incapaz de suministrarlos. Sólo 350 son vendidos legalmente entre ese año y 1784.

     Por esas fechas la oligarquía mantuana ya se había he­cho con la propiedad de las haciendas cacaoteras más fér­tiles, irrigadas y accesibles en los Valles del Tuy y con un número relativamente elevado de esclavos. Las del Alto Tuy poseían 2.000 árboles más que en Barlovento. La ventaja con las de no acomodados era todavía más ostensible, pues tenían una media en 1744 de 1.000 menos que en 1720. Mientras que las mantuanas tenían en 1720 de un 20 a un 40% más que las modestas, en 1744 la diferencia se había incrementado desde un 50 a un 70%’. Un enriquecimiento que explica sus inversiones en plantaciones y esclavos en esas dos décadas.

      En 1720 los Valles poseían un total de 813.700 árboles en una extensión de 20.342 fanegadas y media. En el padrón de Olavarriaga, su concentración en la élite. De los inmigrantes sólo es destacable el caso excepcional de Bernardo del Toro, que posee 524 fanegadas y 21.700 cacaoteros. Sólo figuran 5 que van desde los 2.000 árboles y 50 fs del grancanario An­tonio Robles Villafañe, a los 8.000 y 200 de Antonio Sosa y las 125 del guíense Salvador Mederos. Con mucho, el mayor hacendado es Pedro de Ponte con 1.250 y 50.000 árboles2.

     El lagunero Juan Francisco La Mar y el orotavense Sebastián de Castro Acevedo son de la segunda mitad del XVII y fueron en sus comienzos mercaderes. La Mar tuvo tres matrimonios, el primero con una lagunera y el tercero con la criolla María Candelaria, cuya hija Feliciana fue su único descendiente que llegó a la edad adulta. En este últi­mo le dieron en dote 2.000 árboles y una fanegada de tierra. Poseía 14 compradas a los herederos del tesorero Fernando Aguado. Tenía sembrados 5.700 de los cuales 1.130 estaban recién plantados. Era dueño de 14 esclavos. Castro se había trasladado con anterioridad a 1670, pues contrae matrimo­nio con María Díaz de Andrade en 1665, con la que tuvo 5 hijos. Aportaron al matrimonio 3.000 y 2.500 pesos. Poseía dos haciendas a orillas del Tuy, a una y otra banda, en las que tenía hasta 24.000 árboles y unas tierras en la Quebrada Uricuru. Estaban muy gravadas, pues tenía que hacer frente a 4.570 pesos de capellanía. Su único hijo varón, Sebastián, poseía 200 fanegadas con 12.000 árboles. Sus herencias se terminan difuminando en la década de los cincuenta3. En la siguiente generación su acceso a la propiedad se torna difícil. Comúnmente se obtendrá a través del comercio y la compra de propiedades gravadas, como ocurre con el tinerfeño José Antonio García Albersa. Era mercader y propietario de una arboleda de cacao con 52 de esclavos, cargada con un censo de 4.000 pesos4. Los más habituales son mayordomos, co­mo el tinerfeño José Antonio Viera5.

Vista de Los Valles del Tuy, desde el Cerro San Ramón, Municipio Paz Castillo, Foto de Juan Manuel Carrasco Davila, año 2012.

 Santa Lucía y Ocumare del Tuy

      En los Valles del Tuy, Santa Lucía de Paraiguán y la Sabana de Ocumare son las localidades de mayor entidad. Santa Lucía, con 3.382 habitantes en 1810, era un anti­guo pueblo de indios. No tuvo verdadero desarrollo hasta mediados del s. XVIII gracias al presbítero Marcos Reyes. En 1749 donó el territorio para fundarlo, una hacienda de cacao para mantener la iglesia y dos o tres leguas de tierra para uso colectivo, «de manera que cualquier pobre tiene derecho para ocupar este pueblo, y se le señala cuadra o terreno por este cura para construir su casa y se le dan tierras para seis almudes de sembradura, y finalmente siembra las tierras que quiere». Este legado permitió el asentamiento de canarios, lo que explica que hubiese en él en 1784 entre los 2.207 habitantes 308 blancos, 538 indios, 287 pardos, 290 negros y 784 esclavos. No obstante la propiedad estaba mal repartida, ya que las 47 haciendas de cacao «las poseen los ricos»6. Su justificación la enunció en un texto de 1749, en el que se muestra partidario del trabajo libre. Los hacenda­dos convenían en la necesidad de jornaleros libres, «ya por­que las más de las haciendas no tienen suficientes esclavos o ya porque todas necesitan libres para casos urgentes de una acequias nueva, de una ruina de un cerro, una roza, estan­cadas, desechar una sublevación de esclavos, una muerte, guardas para los caminos, cimarrones y ladrones»7.

     Con anterioridad a esas fechas los canarios de los que tenemos referencias se limitan a un grupo de hacenda­dos medios, como el orotavense Juan Carrasco y Llarena, quien, como cuñado del capitán general Bethencourt y Castro, jugó un papel significativo en su gobernación. De procedencia aristocrática, enlazó en 1713 con una dama de la oligarquía, Ana Nicolasa, hija del contador Gabriel de Rada, con la que tuvo 7 hijos. Compró una arboleda de cacao con algunos esclavos en Santa Lucía, que completó con la heredada por su mujer. Administró también la de la hermana de su mujer. Tuvo cuentas con otro hacendado de Santa Lucía, el palmero Domingo Pérez Volcán. Este último, el victoriero Andrés Pérez de la Peña y el palmero Manuel Fernández Romero completan la nómina de ha­cendados canarios del lugar. Volcán y Fernández Romero, primos, son exponentes de dos familias palmeras emigran­tes con mercaderes y hacendados en Cuba y Venezuela. El piloto José Fernández Romero participó en la fundación de Montevideo8. Los mayores hacendados isleños eran los tacoronteros Domingo Velázquez y José Hernández Sanabria, suegro y yerno. Poseían 40.000 árboles y 51 esclavos en una hacienda conjunta9. Entre los menos acomodados sólo tenemos el casamiento en 1791 con una hija de mestiza e indio del grancanario Cristóbal Marrero, con un herma­no y un sobrino residentes en el lugar10.

     En el último tercio del siglo XVIII, con la decadencia cacaotera y la expansión de la caña, el añil y más tarde del café, crean compañías para arrendar tierras o trabajar co­mo mayordomos. Junto con ellos se suman cultivadores de pequeños conucos y algún que otro pulpero o vendedor ambulante como Juan Bautista Padrón. Entre los mayor­domos el tagananero Salvador de Sosa, soltero, enterrado por su pobreza con mortaja blanca, cuyos bienes se limitan a dos cochinos, 8 cargas de maíz en mazorca, una muía y 45 pesos de la venta de 9 cerdos. Servía en la hacienda de cacao de Toribio Espinosa en Zuapire por 250 pesos anuales11. Varios son los conuqueros que cultivan pequeñas suertes de terreno en el tránsito de los siglos XVIII al XIX12. Dos herreños, Juan y Diego Hernández Quintero crean una compañía con 5.624 pesos de una hacienda de café en los Manches en terrenos de la mujer de Juan. Después arrenda­ron por 3 años en Santa Lucía una de añil a la que agregaron 5 tablones cuya planta compraron en el mismo valle, en la que invirtieron 1.145. Su «trabajo y cultivo se hace a costa de jornal que se paga a peones libres»13

     Ocumare del Tuy era el mayor de los pueblos del Al­to Tuy. Fundado en 1683, con 4.692 habitantes en 1810 proveía de servicios comerciales, administrativos y religio­sos a las haciendas de su zona. Aunque fue eminentemente esclavista, sin embargo residieron pequeños cultivadores, pulperos y vendedores ambulantes inmigrados. Esa nume­rosa colonia explica que las advocaciones y patronato de su parroquia residan en San Diego de Alcalá y la Virgen de Candelaria. En su nicho principal estaba esta Virgen y sobre ella un cuadro de San Diego. Como recoge Martí, alternati­vamente sufragaban una misa los sábados a La Candelaria y Altagracia los canarios y los mulatos, «poniendo ellos la cera, pagando los músicos y cantores» y un peso a quien la canta». En 1783 tenía 53 hacendados, todos de cacao, excepto uno que poseía un trapiche14. Su tráfico atrae a mercaderes como el tinerfeño Antonio Gómez, que contrae matrimonio en 1805 con la natural de Ocumare, Jacinta Rolo, hija de los tinerfeños Francisco Rolo y Teresa Barrero15.

    Una de sus familias más significativas eran los Gonzá­lez Barrios de Tamaimo (Santiago del Teide), tres herma­nos (Salvador, Bartolomé y Juan) y dos sobrinos (Agustín y Juan José). Contrajeron nupcias en Venezuela con hijas de isleñas. Bartolomé compra a plazos allí en Ocumarito una hacienda de cacao de 8.000 árboles, de la que debía toda­vía más de mil pesos al testar en 1770. Tenía 15 esclavos, de los que 5 eran mujeres. Su hermano Salvador retorna a su pueblo de origen, donde vuelve a casarse con Francisca Gorrín. Invierte 30.000 pesos en distintas propiedades y se convierte en un hacendado medio. No obstante la familia mantuvo mancomunada la hacienda incluso con posterio­ridad a la independencia16. Otros propietarios medios reci­ben sus precarias plantaciones por herencia de sus esposas, como el grancanario Jerónimo Medina, que testa en 1778, y de Sebastián García que lo hace en 178617.

     Antonio y José Saravia son grandes hacendados aroneses en Ocumare. Emigrados en 1791 hacen una conside­rable fortuna a través de compañías y arrendamientos de trapiches y haciendas. Antonio enlaza con una hija del mar­qués del Toro, Petronila del Toro, aunque no tienen suce­sión. Mueren asesinados en la guerra de independencia. Se hace cargo de su hacienda su sobrino Diego. Contaba con oratorio, con 76 esclavos y con 40.000 matas de cacao18.

     No todos los canarios eran hacendados, sólo que es más difícil acceder a ellos. Cultivaban conucos en tierras ajenas, como los santacruceros Antonio y María Bernarda Pérez con 9 hijos, de los que 7 murieron parvulitos y sus cuñados Antonio y Manuela Pérez. Bernarda sólo tenía  «una casita de paja sin suelo en el pueblo de Ocumare con los trastos que son una cama de barandilla, un cancel, 7 sillas de suela, 4 vasos y una limeta de cristal»19

Vista de Cúa y los Valles del Tuy, desde el Mirador de Sabana de piedras Vía a la Magdalena, Foto de Iván López año 2008.

San Francisco de Yare, Tácata y otros del Tuy alto.

     San Francisco de Yare es una pequeña localidad esclavista. De sus 1299 habitantes 850 son esclavos en 1783. En 1800 la proporción sigue siendo similar, sólo 74 blancos y 1659 esclavos e indios para un total de 1733. Los isleños son pequeños  o medianos  propietarios, pulperos o mayordomos. Predomina el cacao, aunque se introducen paulatinamente la caña, el añil y el café. Treinta eran sus hacendados en 1783. Entre ellos el santiaguero Juan Cartaya, casado con la mulata María Rita Moreno. Poseía una hacienda de añil en el sitio de Combito. Había sido diezmero, como su pariente y paisano Juan González Trujillo, casado y sin hijos. Tenía cuentas con su sobrino José Trujillo, pero no poseía más que una casa de Bajareque. Su paisano Bernardo Martel, casado con una hija de isleños, María del Carmen Mirabal y con 4 hijos, trabajaba en una pulpería con su paisano Rosalío Gómez a la que había aportado 600 pesos. Reconoce a Lucía como hija suya y era deudor de 300 pesos a uno de  los mayores mercaderes y hacendados de La Victoria, el granadillero Juan de la Cruz Mena. Encomienda a su hijo Ricardo a su paisano Feliciano Borgespara que lo eduque y críe como hijo como hijo «por la mucha confianza que tengo de él»20

     Son tres de los hacendados  el tinerfeño Juan Díaz de Ávila, el grancanario Juan Antonio Moreno y el lanzaroteño de Yaiza Francisco Saavedra, pero lo son en el último tercio del s. XVIII, cuando por cargas, subdivisiones y quiebras por deterioro y baja rentabilidad se subastan las mantuanas21.

     Tácata es un pueblo construido sobre cerros con arboledas y terrenos en los que se cultiva maíz, yuca y plátanos. Aunque cuenta con propiedades de hacendados, la tierra está más repartida, lo que explica que en un total de 1425 habitantes hubiera 146 blancos, 553 indios, 308 pardos, 44 negros y 374 esclavos. En la primera mitad del XVIII viven allí el granadillero Francisco Pérez Bello y el silense Simón González Mendoza, casados con hijas de isleños. El primero, diezmero, con 12 hijos, de los que eran adultos, poseía una hacienda de cacao gravada con 3750 pesos y un trapiche en Iscaragua. El silense tenía 3 hijos adultos. A las 2 hembras las casó con paisanos. A Lucía con Juan Manuel Núñez de Aguiar, dedicado a la cría del ganado y a María Simeona con Miguel Antonio Carrasco. Este regentaba con él el trapiche arrendado en Guare al regidor José Félix Arteaga. Por su administración y trabajo se llevaba un tercio de los beneficios22.

     En el último tercio del XVIII se encuentran parientes procedentes o ligados por la sangre con Fuerteventura. Se trata del majorero de Pájara Juan Vera Trujillo, soltero, con un hermano y un sobrino en la Sabana de Ocumare; Luis Rodríguez Vera Trujillo y su hijo Francisco y de su sobrino, el guimarero José Antonio Sánchez Castro y su mujer la natural de Tuineje Sebastiana Morales23.

     Próxima a Ocumare, Santa Teresa es una localidad esclavista, aunque el buenavistero Pedro Martin León, que testó en 1770, hubiera donado tierras a su iglesia y atrajera gracias a ellas personas libres. Se había obligado a construir la fábrica de su parroquia y varias capellanías por 2.500 pesos de principal. Poseía dos haciendas, una en las vegas del Guaire y otra en la del Tuy de 13.800 sobre la que estaba pleiteando con Bartolomé del Castillo. Era dueño de 33 esclavos. Había dejado a Santa Teresa las tierras de Covalito y de la Cruz. Su mayordomo era el tinerfeño Santiago Álvarez, más tarde establecido en Panaquire24. En 1783 Santa Teresa tenía 435 esclavos y 131 indios para un total de 854. En 1800 el número de blancos se ha incrementado sensiblemente. De 1909 eran 392, los indios eran 224, los pardos 236, los negros 271 y los esclavos 786. En el último tercio del s. XVIII se asientan los naturales de Teguise, Antonio Agustín Cuadro y María Josefa Rodríguez, casados allí en 1806. María se había trasladado con sus padres, que en ejercicio de la patria potestad le da licencia25.

Vista de los Valles del Tuy hacia Charalleve , desde la Magdalena, Foto de Iván López, año 2008.

     Charallave, anexo a la Guaira de Paracotos, es transicional hacia los Valles del Tuy. Construido sobre un Cerro, tiene buenas siembras de maíz, aunque sus habitantes, en opinión de Martí son pobres «porque no quieren trabajar», aunque no serían ricos si lo hiciesen «porque no tienen mulas ni caballos para transportar el maíz a Caracas». Conservaba en 1783 tierras de indios. Eso explica que lo habitasen en ese año 455, mientras que el conjunto de españoles fuera de 363. 26. En su matricula de 1800 para un total de 1.454 personas había 649 blancos, 44 indios, 162 pardos, 146 negros y tan sólo 48 esclavos. A juzgar por el número de blancos, es probable que hubiera isleños o de descendientes procedentes de los colindantes Altos del Valle de Caracas. Sin embargo, solo tenemos referencias del orotavense Antonio Felipe Machín, que se entierra con mortaja blanca en su iglesia. Casado en Arico y con 4 hijos, no se acuerda de la última «por haber quedado mi mujer fecunda a mi partida». Era Constructor de acequias en el Tuy27.

      En sus proximidades se encuentra Marín o Cúa, pueblo esclavista por excelencia, con una gran hacienda del marqués del Toro. En 1783 con una feligresía de 1.531 vecinos, tenía, 1.038 esclavos. En 1800 seguía presentando un panorama similar. Para un total de 2.555 habitantes, 1.238 son esclavos. Los blancos son 213, los indios 200, los pardos 510 y los negros libres 240. Bernabé de Acosta tiene una pequeña hacienda con animales. De su matrimonio con una criolla tiene una hija adulta, desposada con su paisano Juan Ángel González Bello, pulpero en compañía de Blas de León. Tiene una pequeña hacienda con algunos animales. El grancanario Francisco Martín, con 5 hijos con Juana Francisca González, es mayordomo del marqués del Toro. Le sirve como arriero su paisano Blas de León. Su albacea es el santiaguero Juan González de Barrios28.

Tomado del Libro Los Canarios en la Venezuela Colonial. (1670 – 1810) de Manuel Hernández.

Referencias o notas del escrito:

1         FERRY, R. J. Op. cit., pp. 105-129.

2         OLAVARRIAGA, P. J. Op. cit., pp. 253-255. Mederos tiene 9 es­clavos. Poseía 4 libros de la Madre de Agreda. Con dos matrimo­nios, el primero con su paisana Isabel Ruiz sin descendencia, y el segundo con Bernardina Justiniano con 4. Dos de ellas casan con isleños, Mariana con el tinerfeño José Suárez Marrero y Paula con el grancanario Juan Manuel García Naranjo. Ibídem, 1741. Testa­mento de 31 de diciembre de 1735 y codicilos de 22 de enero y 16 de febrero de 1736.

3         Castro fue albacea de dos parientes y paisanos Félix López de la Cruz y Fernando de Castro. R.RC.T., 1700. 13 de agosto de 1695 e Ibídem. 1707,23 de marzo de 1703. OLAVARRIAGA, R J. Op. cit, p. 254.

4         Casado con una hija de isleños y con tres hijos adultos, había aporta­do al matrimonio 26.000 y su mujer sólo 270. Tuvo compañía con su paisano Antonio Hernández Orta, de la que le resultó un superá­vit de 4.000 pesos. R.RC.E. José Manuel de los Reyes, 28 de octubre de 1769. Similares circunstancias concurren en José Díaz Andrade, con 8 hijos adultos de su matrimonio con María Candelaria Padrón, hija de isleños, entre ellos uno clérigo, el Bachiller José Francisco Díaz Debía a su compadre el también mercader José Lázaro Rodrí­guez 4.896 pesos de sus negociaciones Poseía una hacienda de cacao en el Tuy en el sitio de Tacurón con 52 esclavos de todas las edades. Tenía otros 5 para el servicio de la casa. Tenía otro hermano en Ca­racas, Francisco Venancio. Ibídem. Eleizalde, 2 de julio de 1784.

5         Soltero, trabajó en la hacienda del capitán Juan Francisco Solórzano. Dice que «no tuvo ningún hijo conocido». Deja por heredera a Ignacia Ortega, mujer que le cuidaba en su enfermedad. Ibídem. 12 de octubre de 1808. También el del tinerfeño Nicolás Francisco González, casado tres veces con hijas de paisanos y con 7 hijos adul­tos. Había sido mayordomo en el Tuy de Lucas Martínez de Porras y de Juan Antonio de Urbina en Caucagüita. Ibídem. Francisco Buenaventura Terrero, 3 de enero de 1770.

6         MARTÍ, M. Op. cit., tomo II, p. 602.

7         REYES, M. «Razones que descubren ser conveniente pueblo en el Valle de Santa Lucía». Reproducido íntegramente en NAVAS MORALES, S. Anécdotas y gentes de Santa Lucía. Los Teques, 1992, pp. 30-38. Sobre Santa Lucía, véase también A. A. A. V. Santa Lucía de Pariaguán (1621-1981). Caracas, 1982.

8         Romero tuvo una sola hija de su matrimonio con una criolla. De­jó como tutores a Domingo Pérez Volcán y a Francisco Álvarez de Abreu. Creo una capellanía de 3.000 pesos para su sobrino Bernardo de Acosta, futuro canónigo de la Catedral. Poseía una arboleda valo­rada en 25.000 pesos, que había aportado al matrimonio. Cuando creía no tener sucesión, convino en donarle a su mayordomo y pai­sano 4.000 árboles. Su primo Domingo, casado en 1727 con una criolla y con 6 hijos adultos es un certero exponente de las cadenas migratorias entre la élite mercantil isleña. Casó a su hijo Antonio con su ahijada Josefa Fernández Romero, única hija y heredera de su primo. La capellanía que éste fundó la recibió su hijo Carlos. Su hija María Teresa contrajo nupcias con el comerciante vasco Joaquín Castillobeitia, Regidor del ayuntamiento caraqueño. Era dueño de una hacienda de cacao de 30 fanegadas de tierra en Santa Lucía, amén de una estancia en Chacao con un trapiche y 52 esclavos. Un hermano suyo, José, presbítero, había muerto en la provincia de Ca­racas y otro, Manuel, en La Habana. Un primo suyo fue un gran hacendado en esa isla. La lista de parientes emigrados sería inter­minable. De algunos hablaremos en este trabajo. Respectivamente, Areste y Reyna, 6 de octubre de 1728. Del Portillo, 17 de enero de 1736 y José Manuel de los Reyes, 26 de septiembre de 1750.

9         Pérez de la Peña, casado con una hija de isleños, tenía 12 hijos adultos y 4 fallecidos de tierna edad. Poseía una hacienda de 2. 547 árboles de cacao, con 17 esclavos, 7 de ellos mujeres. Había abierto una ace­quia para irrigarla en compañía de José Duarte, a mitad de costos. Se habían gastado en ella 7. 200 pesos. Estaba sumamente gravada por un censo de 4.000 pesos a las concepcionistas y otro de 800 para 4 fiestas de la iglesia de Santa Lucía. A.A.H. Civiles, 1779. Testamento de 19 de mayo de 1779 y R.P.C.T, 1780. Testamento de Hernández Sanabria. Ocumare de la Costa, 17 de noviembre de 1764.

10      A.A.H. Civiles, 1791 Petición de Cristóbal Marrero.

11      R.P.C.E. Ascanio, 20 de abril de 1805. También el tinerfeño Juan Marrero mayordomo de una hacienda de cacao que tenía arrenda­da el comerciante ramblero Antonio Oramas. Ambos pleitean so­bre el derecho que tenía a poseer puercos y aves. Oramas defiende que sólo se le permitía un corto conuco y le acusa de malversación en el cacao, el maíz y el arroz cultivado, por lo que lo despidió. A.A.H. Civiles, 1803.

12      Son el grancanario Juan Antonio Pérez, casado con 2 hijos, que tenía en Suapire una labranza de maíz, plátanos y yuca en tierras de Félix Tovar; el tinerfeño Bernardino González, cultivador de maíz, con una troja frente a la pulpería de su paisano Juan Bautista Padrón, y el chasnero José Alonso Mena, casado y con 3 hijos, uno de ellos en paradero desconocido. Tiene cuatro esclavas y una porción de tie­rra en Agua amarilla en esa jurisdicción. Respectivamente, R.P.C.E. Ximénez, 9 de octubre de 1814. A.A.H. Civiles, 1805 y R.P.C.E. Aramburu, 25 de junio de 1805. También el grancanario Francisco Antonio Morales que casa con la natural de Santa Lucía María An­tonia Piñango en 1796. A.G.N. Disensos y matrimonios.

13     Ibidem. Ascanio, 24 de octubre de 1805.

14     MARTÍ, M. Op. cit., tomo II, pp. 580-583.

15  A.A.H. Civiles, 1805.

16      Testamento de Bartolomé en A.A.H. Civiles, 1794. Ocumare, 22 de julio de 1770. Salvador al partir para su tierra natal en R.RC.E. Reyes, 27 de septiembre de 1770. EnTamaimo, 11 de diciembre de 1806. Copia propiedad de Ernesto González Rodríguez, a quien se lo agradecemos. Sobre Salvador y su familia en su lugar de origen véase GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, E. «El Valle de Santiago». El Día, septiembre de 1993.

17      Medina tiene 5 hijos adultos de su matrimonio con la criolla Ro­salía del Barrio, que heredó la sexta parte de las tierras de su suegro en Ocumare, de donde era vecino. En ellos tenía plantados 500 árboles. Poseía una bodega que administraba su hijo y una pulpería a medias con su paisano Francisco Borges. Su principal, que era suyo, era ridículo, 130 pesos. Casa a una de sus hijas con su paisano Salvador Rodríguez. Contrata peones a 2 reales diarios. Era dueño de 10 tablones de añil en Carapa en otro trozo heredado, cultivado a medias con su yerno. R.RC.E. Texera, 14 de septiembre y 1 de diciembre de 1788. García estaba casado con Rosalía de Osorio. Testa ante su teniente justicia mayor José Antonio de Osorio, con 7 descendientes adultos. Poseían dos haciendas heredadas por su mujer en La Vega y Yaguare y otras dos compradas en Gil y Doña María todas citas en el Valle de Ocumare. Testamento por poderes de su hijo Juan José en R.RC.E. Texera, 9 de agosto de 1786.

18     R.P.C.T., 1815. Testamentarias de Francisco y Antonio Saravia.

19     A.A.H. Civiles, 1804. Testamentaria de Bernarda Pérez, vecina de la Sabana de Ocumare. 6 de Julio de 1804.

20     Respectivamente en R.P.C.E. Aramburu, 9 de Enero de 1791, Castrillo, 13 de octubre de 1814 y Jiménez, 26 de Junio

 de1815.

21     Díaz de Ávila, casado con una hija de isleños y con 9 hijos adultos era dueño de una arboleda comprada a su paisano Miguel Bello por 7.000 pesos. Era de 29.000 árboles y con 46 esclavos. Dejó un patrimonio para su José Nicolás Díaz, Canónigo de la Catedral de Caracas y catedrático y rector de su universidad. Moreno, casado con Teresa González de la Rosa y con 12 hijos de los que vivían 5 era también mercader. Poseía una arboleda en Yare. Singular era sin duda Francisco Saavedra, exponente de la migración familiar del tránsito del XVIII al XIX, casado dos veces, con la majorera de Villaverde Agustina Viera con un hijo y con su paisana María Francisca de la Cruz, con la que tuvo 10 que superaron la pubertad. A uno de ellos, Lucía, la casó con su paisano Francisco Rodríguez. Había adquirido por remate en 1810 una hacienda de José Tovar, compuesta por 1.500 cacaoteros, 44 esclavos, 14 f. de tierra de vega y 500 montuosas. Es curiosa su forma de adquirirla en año tan señalado. Apreciada en 23.000 pesos, sólo abona 500 en contado y 1.000 en vales. Se compromete a sufragar los restantes en un censo al 5% anual a favor del real erario. En plena guerra, en 1817, se hizo con una valorada en 35.000, de 11.392 árboles y con 42 esclavos. Pagó por ella 5.000 en plata y vales y el resto en censos. Respectivamente, A.A.H. Civiles, 1808. Testamento de 16 de febrero de 1803. R.P.C.E. Aramburu, 15 de julio de 1797. E. Ibídem, Hernández Guerra, 16 de agosto de 1819.Sobre José Nicolás Díaz, véase su expediente de grados en BAHUCV nº 4. Caracas, 1985, pp. 161-265.

22     R.P.C.T.1738, 23 y 24 de julio de 1735 y R.C.P.E. Cabrises, 11 de noviembre de 1759.

23     Vera funda una capellanía en la provincia para los hijos de su sobrino y un patronato para el casamiento de dos doncellas pobres en su pueblo natal. José, viudo y sin hijos, deja sus bienes para la construcción de una capellanía a la Virgen del Carmen en su pueblo natal. Había comprado una posesión a Teresa Urbina gracias a la fianza de Vera por 4.500 pesos, 2.000 en censo y el resto a pagar en 4 años, pues sólo había aportado 522. Era 3.000 cacaoteros y con 10 esclavos. Debía 6 de ellos bozales a las Oficinas Reales. Todo ello es demostrativo de su escasa capacidad financiera y de su grado de endeudamiento. Juan Vera en Ibidem. Aramburu, 4 de septiembre de 1805. Sebastiana Morales en Puncel, 19 de septiembre de 1789 y José Antonio en Texera, 21 de noviembre de 1820.

24     A.A.C. Testamentos. Leg.88. Santa Lucía, 1770.

25     A.A.H. Civiles, 1806.

26     MARTÍ, M Op. Cit., tomo II, pp. 567 – 569.

27     R.P.C.T. 1744. Testamento ante Marcos Francisco González presbítero con capellanía de los Valles de Yare y de Cara, 1 de julio de 1744.

28     Ibídem, 1771. Testamento ante el cura de San Francisco de Cara, Francisco Arocha, 26 de marzo de 1769 y R.P.C.E., Portillo, 11 de marzo de 1750.

NORA INOCENCIA CEREZO

Por: Jesús A. Silva I.

     La maestra Nora, como se le conoce cariñosamente, nació el 28 de diciembre de 1930 en Santa Teresa del Tuy, es una profesional de la docencia jubilada al cumplir 37 años de servicios en distintas instituciones escolares del municipio Independencia e incluso en el municipio Tomás Lander.

    Nora se inicio en la docencia muy joven, ella fija sus inicios en el tiempo en el cual Venezuela era gobernada por  Don Rómulo Gallegos, para la época se hizo una selección para dar los cargos de las escuelas estadales en los campos tuyeros entre un grupo de jóvenes que tuvieran el 6º grado aprobado; no hay que olvidar que en esa época  en esta subregión no había la facilidad del presente para hacer estudios de secundaria.

    La maestra Nora va a trabajar a una escuela rural que si la memoria no le engaña era la numero 77 dependiente de la Gobernación del estado Miranda y situada en Morocopo un sitio o caserío situado en el presente en el Parque Nacional Guatopo en jurisdicción del municipio Independencia, en aquella época se hablaba de sitios y caseríos de Santa Teresa del Tuy en el Distrito Paz Castillo.

Nora Inocencia Cerezo.

Cuenta la maestra Nora:

“yo era muy joven y me daba miedo, éramos dos candidatas para el cargo, mi prima Alcira y yo, pero al final me seleccionaron a mí. La escuela funcionaba muy cerca de la quebrada, cerca de la casa de la señora María Gallegos Jaramillo de Rasquin”.

    Tiempo después de prestar servicio en Morocopo, la Maestra Nora es trasladada con otros docentes a prestar servicio en una escuela de la Colonia Mendoza en las afueras de Ocumare del Tuy, ella recuerda que siempre su abuela la acompañaba y la presentaba con las familias donde le tocaba quedarse durante la semana de clases.

La Maestra Nora  especifica respecto al sistema de estudio:

en Morocopo era una sola maestra y yo atendía alumnos de primero y segundo grado en mañana y tarde, los sábados no había clases y los alumnos venían de los demás caseríos cercanos. En la colonia Mendoza había un director y varios maestros para los distintos grados, esa escuela se llamaba Valles del Tuy”.

A una pregunta sobre los cambios a otras escuelas la maestra Nora responde:

De la Colonia Mendoza me mandaron a trapichito cerca de Santa Lucia y de allí a La Puya cerca de La Tortuga aquí en Santa Teresa. Y de allí vino el cambio a las escuelas nacionales.  Fíjate una cosa en el Zamora no pase de primero, segundo, tercero y hasta cuarto grado”.

     La  maestra Nora tuvo siempre un carácter muy tranquilo, agradable en su trato y siempre perseverante, esto seguramente fue lo que motivo a sus superiores a siempre darle consecutivamente grados de la primera etapa de educación primaria y en especial poner en sus manos el alumnado que se iniciaba en las primeras letras y la lectura.

    Refiriéndonos a las celebraciones y conmemoraciones de efemérides y fechas patrias, la maestra Nora manifiesta que esas actividades no se realizaban en las escuelas de los campos. Lo que si recuerda eran las Peregrinaciones en las cuales los habitantes de Morocopo al igual que de otros caseríos venían a la Iglesia de Santa Teresa.

     Otro recuerdo de sus primeros tiempos como maestra rural esta referido a la fecha de cobro cuando le tocaba ir a Los Teques, mas que todo recuerda que hacia mucho frío

     Nuestra Maestra Nora en el presente vive en el centro de Santa Teresa del Tuy, en su casa situada en la calle Negro Primero encontramos sus reconocimientos y condecoraciones recibidos en sus 37 años al servicio de la educación, en especial la mayoría de estas distinciones las recibió a comienzo de la década de los años de 1980, muchas de ellas otorgadas por la dirección y personal docente de la Escuela Básica “Ezequiel Zamora” Así mismo su esfuerzo como educadora le mereció el reconocimiento de la Alcaldía del Municipio Independencia como muestra evidente del aprecio de las autoridades y sus colegas por su meritoria labor al servicio de la docencia tereseña.

JUAN JOSÉ BELLO

Por: Jesús A. Silva I.

Juan José Bello.

     Nace Juan José Bello como el mismo lo dice el 20 de abril de 1916 Jueves Santo. Se trata de un tereseño que conoció en su juventud aquel pueblo de apenas dos calles según me cuenta como eran la calle Ayacucho y la Falcón, esta calle Falcón debe su nombre según me cuenta a unas damas que tenían un pequeño negocio de comida muy frecuentado en esa calle y por lo tanto fue tomando como nombre el apellido de estas damas; Juan José Bello continua viviendo en la calle Falcón tras la plaza Bolívar contando con la atención de sus dos hijos Marisela y Juan. Tuvo una hermana Julia y su hermano Federico un artesano, de este último el Conac dio su nombre a su sede local en Santa Teresa del Tuy.

     Juan José Bello recuerda  al Padre Manuel Cañizares y la Iglesia que solo tenía la nave del Santísimo, esta iglesia llego a contar con sus tres naves gracias a la iniciativa del padre Cañizarez de quien recuerda que cuando lo conoció este padre era muy jovencito, yo era un niño en esa época y buscábamos arena en el rió por allí muy cerca de la estación, para ese tiempo el albañil era un señor llamado Diego Hernández; según me cuenta también construyo la casa parroquial y termina diciendo: cuando el padre Cañizarez murió lo trajeron en procesión desde la vaquera a la iglesia donde fue sepultado.

    Cuando hablamos del ferrocarril Juan José Bello expresa que fue construido por una compañía inglesa, pero sus recuerdos sobre este importante medio de transporte se han perdido en el tiempo; sobre la navegación del río Tuy recuerda que él solo recorría de Santa Teresa a Taguaza, había un puerto llamado la “boca de taguaza”, allí  había un señor isleño de nombre Juan Rondón con casa de comercio  muy respetado él, lo que no se recorría por el río se recorría por camino en mula por donde iba la línea del telégrafo. El rió Tuy  era la playa para uno bañarse, era una agua bien fina, lo mismo que el Guaire, el servicio de agua para las casas era en toneles montados en carretas y se vendían tres latas por medio, había tres pasos para bañarse “el paso la Ceiba”, el paso de Norberto” Norberta Gamarra hija de Tomas Ricardo Molina viva allí cerca  y el  “paso las Flores”.

     Antes de que llegará la luz (electricidad) aquí primero eran faroles de querosén encendidos por un hombre en la noche, luego llego la luz de Cúa continúa contando Don Juan José.

     En educación recuerda Don Juan José al maestro barloventeño Prospero Carpio, quien al tener una discordia con el Jefe Civil fue detenido y debió abandonar el pueblo.

     Sobre las fiestas patronales en Honor a Santa Teresa de Jesús recurda Juan José que era un acontecimiento la misa, las bombas de papel que se elevaban sobre el cielo del pueblo, los toros coleados con las talanqueras en la calle principal y los bailes por la noche.

    Para Juan José Bello el primer carro lo trajo un italiano que formo familia en Santa Teresa y era conocido como Don Carmelo Ruso, quien también fundo el cine y lo vendió a la familia Sosa que a su vez lo vendió a la familia Delgado, aunque otras personas dicen que el primer carro lo trajo un comeciante llamado Pepe Otero.

     Juan José Bello recuerda que había vecindarios en Guatopo tales como Las Minas, Morocopo, La Palma, Casupo, Gato Alzao, Culebra, entre otros.

    Sobre el respeto a las personas, recuerda el señor Bello que los padres ordenaban a sus hijos que al encontrar en la calle una persona mayor debían arrodillarse y pedir la bendición, si no lo hacia el padre lo pelaba bien pelao, para que no se le olvidara.

    De aquella Santa Teresa de la década de los años treinta Juan José Bello recuerda al Panchito Irazábal un carpintero que construía las urnas en una época en que no había funerarias, he incluso se acostaba dentro de ellas para medir y precisar la comodidad con que quedaría colocado el cuerpo del difunto, cosa que a algunas personas de causaba temor por el respeto que siempre nos ha inspirado la muerte.

    Las personas como Juan José Bello si bien no han dejado una obra escrita o no han cumplido una función publican, si han logrado algo de valor incalculable para su pueblo como es su largo recorrido por la vida que los convierte en fuente de autentica información sobre el pasado histórico de un pueblo que creció hasta ser la capital de un municipio tuyeros como es el municipio Independencia.

HISTORIA DEL LICEO “RAFAEL OLIVARES FIGUEROA”, PRIMER LICEO DE SANTA TERESA DEL TUY

Por: Isaac Morales Fernández

     A principios de los años 70’s, la recién fundada Sociedad de Damas Teresianas, ente meramente social destinado a la creación pujante de proyectos que beneficiaran el desarrollo de Santa Teresa del Tuy (entonces perteneciente aún al Distrito Paz Castillo), tales como planteles educativos, servicios médicos y bibliotecas, se reúnen con el entonces gobernador del Estado Miranda, Arnaldo Arocha, y le hacen la petición formal de un liceo público, imperante en un pueblo en el que ya no existían tales instituciones, y debido a ello la mayoría de la población no tenía sino sexto grado. Arocha no aprueba la construcción del plantel argumentando falta de presupuesto, así que se propone habilitar algún recinto ya construido en la población y convertirlo en liceo. Así se hizo gracias a la intervención de la Sra. Flor Mibelli, quien ofreció una propiedad suya que había funcionado hasta ese año como oficina del Banco Obrero, en la calle López Méndez (en donde se encuentra hoy el liceo “Francisco Linares Alcántara”), así mismo, el Grupo Escolar “Ezequiel Zamora” colabora con un aula para realizar las inscripciones y la recepción del nuevo personal. Definitivamente, el 16 de octubre de 1973 abre el primer liceo del pueblo bajo el nombre provisional de “Creación Santa Teresa”, con una matrícula de 180 alumnos, 9 profesores y un bedel. Para el siguiente año escolar, 1974-’75, el Prof. José Hernández acude a la Oficina de Epónimos del Ministerio de Educación para colocarle al liceo uno nombre digno, y es así como se designa Ciclo Básico Común “Rafael Olivares Figueroa”, como ese poeta, folclorista y docente caraqueño.

U.E.N Rafael Olivares Figueroa.

     En ese mismo año escolar, el C.B.C. “Rafael Olivares Figueroa” se muda entonces al Centro Cultural “Juan España”, pero por la creciente cantidad de alumnos y la poca funcionalidad del espacio, debe mudarse para el período ’75-’76 de nuevo. Esta vez a la parte baja de la calle Ayacucho (donde se estableció luego por muchos años el famoso restaurant La Casa de los Espaguetis, mismo sitio donde está hoy en día la mueblería Mauro H.M.). Mientras tanto la Comunidad Educativa, presidida por el Sr. Antonio Melidei, ha estado trabajando duro en las diligencias por tener local propio, y efectivamente, el 24 de abril de 1975 se coloca la primera piedra de la edificación que actualmente ostenta el liceo.

     A inicios del tercer lapso del año escolar ’77-’78 (entre abril y mayo) se estrena el nuevo edificio de dos pisos, con unas treinta aulas para impartir clases. Ese mismo año escolar también se ha iniciado el primer curso de 1ro de Diversificado, por lo que el liceo pasa a clasificarse como Ciclo Combinado, y al final del período ’78-’79 se gradúa la primera Promoción de Bachilleres en Ciencias. En los tempranos ‘80s se crean las menciones de Bachiller Docente (luego eliminada a los pocos años), Humanidades (eliminada recientemente en 2007) y luego la de Contabilidad. A finales de los años ‘90s, por decreto de ley, pasa a clasificarse como Unidad Educativa Nacional U.E.N. En 2004 se crea una extensión del liceo en el sector El Vizcaíno, como seccional 11, dado el fuerte aumento de matrícula a más de dos mil alumnos. Finalmente, para inicios del año escolar ’07-’08 el liceo vuelve a cambiar su figura pero esta vez radicalmente, convirtiéndose bajo la actual Dirección del Prof. Nicolás Pérez, y por decreto ministerial, en Escuela Técnica Robinsoniana, eliminando paulatinamente la mención Ciencias para tener sólo cuatro menciones técnicas en estudios diversificados de tres años.

U.E.N. “Rafael Olivares Figueroa”

     Algunos de los que, con vocación y labor invaluable llegaron a ser directores del “Rafael Olivares Figueroa” son: Yrene Fernández, Nery Rosales, Alfredo Graterol, Freddy Gotto, Rafael González, entre muchos otros.

   Algunos de los más recordados, queridos y admirados profesores: Jorge Cortés, Pastora Lamont, Oswaldo Ugueto, Frank Fernández, Oscar Oropeza, entre muchos otros.

   Y algunos alumnos de esa institución que han tenido grandes logros profesionales son: Felipe Lira, Edgar Alfonzo, Edgardo Alfonzo, entre muchos otros.

Hospital “Santa Teresa de Jesús” en Santa Teresa del Tuy

Por: Jesús A. Silva Y. 

Celebración del 71 Aniversario del Hospital Santa Teresa de Jesús, Ubicado en Santa Tersa del Tuy. 

     La atención a la salud de los habitantes de la Santa Teresa del Tuy agropecuaria a comienzo del siglo XX, no difería mucho de la salud de los tereseños de los dos siglos anteriores; entre curanderos y parteras se atendían las enfermedades más comunes de esos tiempos como el paludismo y la tuberculosis, y se atendían los partos en el hogar. 

     Será  entre otros con la contribución del Padre Manuel Cañizares a partir de 1910 a este pueblo que aun no llegaba a los 8000 habitantes que se empiezan a dar pasos en firme para que los tereseños sean atendidos de manaera científica en sus afecciones a la salud.

   Según las reseñas históricas consultadas, el padre Cañizares organizo en el pueblo abajo de Santa Teresa del Tuy, relativamente cerca del río  Tuy y de la plaza Miranda un pequeño dispensario, seria esa una mas de sus contribuciones en Pro del crecimiento y desarrollo del pueblo al que le sirvió por 44 años.

    Para 1938 en General López Contreras hará una gira en ferrocarril por los Valles del Tuy acompañado del su esposa, del General Elbano Mibelli Gobernador de Caracas, del Gobernador del estado Miranda Ramón Ayala, y del Ministro de Sanidad  Dr. Julián  García Álvarez, oportunidad que aprovechan los tereseños  pedir a López Contreras  un dispensario que cuente con un medico para la atención diaria a la salud, cosa que se logro para el año de 1940 con la llegada del Dr. José Sahaún Torres.

    Para el año de 1946 estará en funcionamiento la maternidad pino que se construyo en la calle Libertad cruce con San Rafael, y es nombrada como directora de dicha maternidad María Jiménez Colorado, cuenta ella que no estuvo presente cuando se inauguró este centro materno pero los que si estuvieron fueron la Dra. Mery Alvarado y la enfermera Carmen Gómez,

     Con la llegada de la década de los años `50 y el gobierno perezjimenista, el Dr. Víctor Obregón asumirá la dirección de los servicios de Salud en Santa Teresa del Tuy. Será una época en la cual se construirá la medicatura al comienzo de la calle San Rafael cruce con Libertad, además se construirá la casa cuna “Berta Naranjo”, el primer kinder y por supuesto continúa funcionando la maternidad de pino dirigida por la Comadrona María Jiménez Colorado. Así mismo crea un pequeño plan de viviendas higiénicas financiada por Sanidad.

    Con la Dirección del Dr. Obregón en  los servicios de Salud en aquel municipio Santa Teresa  del Distrito Paz Castillo nuestro pueblo recibida a muchos médicos venezolanos y extranjeros con estudios fuera de Venezuela, los cuales deberán realizar sus cursos de reválida en esta población para ejercer en distintas regiones del país.

     En el Barrio San José una pequeña placita lleva el nombre y rinde homenaje al Padre Cañizares con un busto alegórico a su persona.

ALGUNOS MIEMBROS DEL PERSONAL DEL HOSPITAL DE  SANTA TERESA DEL TUY A TRAVÉS DEL TIEMPO. 

Algunos Médicos: Dr. Víctor Obregón, Dr. Carlos Montañés, Dr. Ismael Tovar, Dr. Salvador Sosa, Dr. Víctor Villalba, Dr. Gaslonde, Dr. Davila, Dr. Baez, Dr. Camel, Dr. Carrera, Dr. Carriso, Dr. Valeache, Dra. Meri Alvarado, Dra. Carmen Cabrera, Dra. Lina Costanzo, Dra. Ilich Tinedo

Odontología: Dra. Soto, Dra Consuelo Sánchez

Algunas Enfermeras: Carmen Gómez, María Jiménez Colorado, Bernarda Núñez, Vicenta Soto de González, Jacinta Oliveros, Dilia Franco, Inés Ribas, Arminda Solorzano, Biainei Blanco, Teresa Carmona, Jesica Cordobés

Laboratorio: Pastora Ríos de Jacob

Algunos Secretarios: José Antonio Rodríguez, Enrique Alzuru

Algunos Inspectores de Sanidad: Rodríguez Quintana, Juan Vejas Monzón  

LA SANTA PROTECTORA DE CHARALLAVE

Por: Fermín Luque Olivo.

SANTA ROSA DE LIMA.

   Eran los tiempos de la Guerra Federal. Por el antiguo camino de Coruma y Perro Seco, entre Santa Teresa del Tuy y Charallave, avanza en tropel un grupo guerrillero encabezado por un general de montoneras. En esos días turbulentos, las guerrillas infestaban los caminos del territorio nacional. Por todas partes cundía el torbellino de las rebeliones. Los grupos de bandoleros que asaltan impunemente los pueblos.

     Las improvisadas soldadescas cabalgaban como fugitivos.

  En Barlovento y Valles del Tuy se sublevaban las antiguas esclavitudes. Nuevamente se cierne sobre la patria un ambiente de guerra civil. En Río Chico una insurrección de negros incendió el poblado. Tacarigua, Curiepe, Guatire y Caucagua se transforman en escenarios de asaltos y contiendas.

    Los federales alborotan en Santa Lucía con una serie de revueltas y escándalos. Los esclavos se alzan en Ocumare del Tuy y Cúa, mientras que en Tácata denuncian la presencia de una banda de malhechores que aterroriza a sus humildes moradores.

     Las noticias de los desmanes vuelan de posta en posta.

  Pero la peor parte de esas contiendas las ha sufrido Charallave con los constantes saqueos y reclutas de sus hombres que han dejado a la villa abandonada y desprotegida.

    Sin embargo, su gente lucha y se defiende. Así ha sido siempre desde que se fundó el poblado en 1681; sus habitantes se han caracterizado por el amor al trabajo y permanente devoción a su patrona Santa Rosa de Lima, cuya imagen, una pequeña talla labrada en madera que tan sólo tenía una cuarta de tamaño (veinticinco centímetros), se veneraba en el Altar Mayor de aquella iglesia que levantó el Padre José Antonio Rolo, en la Plaza Vieja, construida de bahareque doble, techo de teja sobre obra limpia con siete tirantes de madera labrada, piso de ladrillos y abiertos corredores en los costados.

     Ese era el templo, donde la gente de este pueblo laborioso, humilde, caritativo y sencillo, rendía culto a su hermosa patrona Santa Rosa de Lima.

     Por el antiguo camino de Coruma y Perro Seco, avanza la diablada del pelotón de rostros siniestros que apenas se divisan en el claroscuro crepuscular tuyero. Lanzas en ristre y machetes al cinto.

    Las carabinas en las monturas y en las ancas de las bestias la estela de los ayes de sus víctimas.

   Jinetes sucios y harapientos con sus manchas de sangre en los aceros. Atrás van dejando las huellas de sus atrocidades, rastros de dolor y muerte, mientras remontan las estribaciones de Caiza y Los Anaucos. Galopan con ansias de caudillos.

    Y al anochecer deciden pernoctar en Gamelotal alrededor de una fogata. Esa noche durante la cena planifican, una vez más, saquear la población de Charallave al despuntar el día.

   Terminada la cena guindaron los “chinchorros” para descansar pensando en el botín de la mañana.

   Pero cuando la mayoría del pelotón dormía, una mano sacudió fuertemente las cabuyeras de la hamaca donde dormía el jefe de los guerrilleros, quien al tratar de levantarse sintió que no tenía fuerzas para hacerlo y vio ante sí erguida una hermosa joven con la cabeza orlada de rosas y el cuerpo cubierto con un manto estampado de flores que le dijo con voz firma y decidida: “No se te ocurra entrar a mi pueblo, con tus planes siniestros. Mejor sigue tu camino o te arrepentirás…” y luego la hermosa mujer desapareció entre el brillo de la noche.

   El jefe guerrillero se había quedado mudo, estupefacto, ante aquella fantástica aparición en la que reconoció a Santa Rosa de Lima, patrona de Charallave, y antes del amanecer, después que se repuso del susto, llamó a sus hombres y emprendió el rumbo sin destino cierto por los caminos de los Valles de Aragua.

METODIO AURELY

Por: Isaac Morales Fernández

     Metodio Aurely, pseudónimo de Metodio Ibarra, nació en Santa Teresa del Tuy el 7 de julio de 1933, hijo del aragüeño Antonio Ibarra y la tereseña Carmen Alvarado.  Heredó de sus padres el hábito de la lectura y la inquietud por el periodismo. Egresó como Bachiller del Liceo Pérez Bonalde en 1949.

Metodio Aurely.

    Su actividad cultural lo llevó a fundar, junto con otros jóvenes cultores de la población, entre los que destaca el director y productor teatral Herman Lejter, el 8 de diciembre de 1951 el Centro Social Cultural “Juan España”, hoy Casa Municipal de la Cultura “Juan España” (cabe destacar este epónimo fue idea de él). Posteriormente, en 1955 funda  y dirige el periódico noticioso-cultural Luces. Más adelante seguirá colaborando en la fundación de órganos impresos tereseños de irregular duración tales como Juventud (1953-1955), Ecos del Tuy (1962-’63), Avanzada Regional (finales de los ’60), El Tuy Industrial (1973-’74), Así es Miranda (1974), Alerta Mirandino (1975), El Telón (Santa Lucía, 1975-‘76) y más recientemente también colaboró en la fundación del periódico tereseño Ecos Web (2000).

    Fundó a finales de los sesentas el primer grupo literario de la población, el Grupo Principio, con algunos jóvenes interesados por la poesía en Santa Teresa del Tuy, entre los que destaca el promotor cultural y fotógrafo Gustavo Solórzano, actividad que se disolvió a mediados de la década siguiente. También ha participado con sus escritos para los diarios últimas Noticias, El Nacional, La Esfera, y para la Revista Literaria ¿al vacío…?, entre otros.

     En 1967 fue uno de los activadores de la erección de Santa Teresa del Tuy a Distrito (hoy Municipio Autónomo) Independencia. En 1969 egresa de la Universidad Central de Venezuela como Periodista, colaborando casi al mismo tiempo e incansablemente como corresponsal de la Agencia de Noticias INNAC y como cofundador de la APOV (Asociación de Periodistas de Opinión de Venezuela).

     También fue uno de los ideólogos, en la década de los ’90, de la fundación de la Biblioteca “Juan Vicente González”, hoy dependiente de la gobernación del estado. Ha publicado sólo parcialmente su obra literaria: Mientras dure tu ausencia es una pequeña plaquette poética publicada de manera independiente en 1962, Estampas sencillas es un libro de poesía publicado artesanalmente por la Asamblea Legislativa del Estado Miranda en 1971, y Escritos en prosa es un libro de ensayos y recopilación de artículos periodísticos publicado también de manera independiente en 1981. Sin embargo tiene una vasta obra poética y narrativa inédita. Hoy, Metodio Aurely, igual de activo y rebelde como siempre a sus casi ocho décadas de vida, tiene en proceso de publicación su primera novela La aldea del cerro, por el Sistema Nacional de Imprentas Sede Miranda.

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