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RESUMEN GEOGRÁFICO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE LOS OCUMARES DEL TUCUY (OCUMARE DEL TUY)

Por: Juan José Flores †

SITUACIÓN GEOGRÁFICA

     Ocumare del Tuy se encuentra al sur del Estado Miranda y forma parte de la depresión casi cerrada de los Valles del Tuy, entre la Cordillera de la Costa y la Serranía del Interior y está situada en una meseta alta a orillas del Río Tuy, a 213 metros sobre el nivel del mar, a los 10 grados, 7 minutos latitud Norte y a 0 grados, y 15 segundos al Oriente de Caracas. Su temperatura es cálida y sana con una media de 26 grados y medio.

LIMITES

Por el Norte, con los Distritos Simón Bolívar y Cristóbal Rojas. Por el Sur, con los Estados Guárico y Aragua.

Por el Este, con el Municipio la Democracia

Por el Oeste, con el Distrito Urdaneta.

ÁREAS

El Municipio tiene una superficie de 231.33 kilómetros cuadrados. La Ciudad tiene una área urbana de 42 kilómetros cuadrados.

EXPLOSIÓN DEMOGRÁFICA.

Para el año de 1986, la Ciudad tenía una población que está entre los 90 a 100 mil habitantes.

VÍAS DE COMUNICACIONES.

Carretera Nacional que une a Ocumare del Tuy con Charallave.

Carretera Nacional que une a Ocumare del Tuy con Cúa.

Carretera Inter Urbana que une a Ocumare del Tuy con San Francisco de Yare – Santa Teresa del Tuy.

Carretera Colonia Mendoza – Cúa y San Casimiro.

Autopista Caracas – Valencia, cuya conexión se efectúa mediante el Distribuidor Los Totumos.

AEROPUERTOS.

Existe un Aeropuerto tipo D; ubicado al Lado Norte del Río Tuy. longitud de la pista de aterrizaje 1.500 metros, área del 66 has., cuenta con Terminal de Pasajeros. Torre de Control y Despacho de Vuelo.

ANÁLlSIS DE SU SUELO

Arcilloso: Materia orgánica 2.21. nitratos 8, fosfatos 1,23, calcio 150.0, ph 7,76. alcalinidad elevada.

Franco arcilloso: Materia orgánica 0,70, nitratos 5, fosfatos 1.03, potasio 12.5. calcio 115,0, ph 7,60 alcalinidad mediana.

Arcilloso: Arena 22,45. Limo 38,25, Arcilla 38,46.

     Al Suroeste de Ocumare del Tuy, o sea en la llamada Colonia Mendoza, hay presencia de un suelo arcilloso de aproximadamente 25 ctms. de profundidad; la cual es una arcilla friable y negra superpuesta a un estrato franco-arenoso de color pardo aliváceo amarillento de escaso grosor; unos 10 ctms. a lo máximo. Por debajo de este último aparece una arcilla plástica de color negruzco y pesada. Como puede verse, estos suelos son de poco drenaje y por lo tanto conservan su humedad, lo que unido a la constante renovación de los vientos aliseos que nos vienen del Este, permiten la gran fertilidad de estas tierras, lo que hizo exclamar al Obispo Martí, con motivo de su visita Pastoral en le año 1783. “En esta maravillosa tierra se da todo lo que se siembre”.

HIDROGRAFÍA.

     Ocumare del Tuy pertenece a la cuenca del Río Tuy, cuya longitud es de 244 kilómetros cuadrados y una amplitud de 7.400 kilómetros cuadrados. El Río Tuy. cruza el Municipio de Oeste a Este, por su margen Sur, recoge las aguas de los ríos Ocumarito, Araguita, Quebrada Angina, Quebrada Yarito, Río Marare, Río Súcuta, Quebrada San Miguel, Quebrada el Ancón, el Río Lagartijo está en su jurisdicción pero desemboca fuera de su Territorio.

     Por su margen Norte: Al Río Tuy, desembocan la Quebrada Premaria, Quebrada Charallave y la Quebrada Colón. Sobre el Río Ocumarito, se construyó una presa de concreto. Arco de Bóveda de 163 metros de longitud, con una capacidad de nivel de aguas normales de 6,90 Mm3. El embalse forma parte del sistema de aducción CamataguaOcumarito-Lagartijo y además permite la regulación de los caudales naturales.

RASGOS HUMANOS.

     En lo humano, la base del poblamiento de Ocumare fue el indígena, más tarde intervinieron el Europeo y el Africano. Los habitantes Pre-hispánicos del territorio que hoy conforma a Ocumare pertenecían al área cultural Costa Caribe y fueron denominados QUIRIQUIRES, lo cual traducido significa “Hombre de Hombres”. La primera noticia de la existencia de tan aguerridos indígenas, se tuvo en la oportunidad, cuando en el año 1563 se intenta conquistar el Valle del Tuy; de esta acción se encarga el Lic. Bernáldez, junto con el Mariscal Gutiérrez de la Peña y para tal efecto llegar a las Sabanas de Guaracarima, situada en el hoy Territorio Aragueño cerca del Tío Tiquire, con unos cien hombres bien apertrechados, encontrando a los indios Arbacos y Meregotes en pie de guerra, éstos, conociendo las intenciones conquistadoras por parte de los extraños, llamaron en su ayuda a los QUIRIQUIRES, sus vecinos y aliados, los cuales subieron en plan de guerra aguas arriba del Río Tuy, hasta llegar a las inmediaciones del Río Tiquire.

     Los españoles al contemplar el abra del Río Tuy, que en todo su esplendor corría caudaloso y viendo sus contornos rodeados de una inmensa cantidad de indios listos para combatir, sintieron un pánico cerval, el cual se acrecentó ante lo intrincado y profundo de la selva; la llegada a este sitio sólo sirvió para reconocer la posición de los naturales en la defensa de su País, aumentando así el terrible miedo que les acompañaba, de suerte que sin atreverse a continuar, determinaron muy razonablemente retirarse a su bastión de las Sabanas de Guaracarima. Ante esta imposibilidad en la conquista del codiciado Territorio, lo llamaron el Valle del Miedo. Este Valle, no debe confundirse con el Valle de Cáncer, ya que el primero está situado al sureste mientras que el segundo está hacia el norte.

Casa del Vizconde de San Bernardo.

Esta Casona junto con su tierra perteneció a Don Bernardo Rodríguez del Toro, fundador de esa casa marquecina, fue esta la primera tierra que adquirió en Venezuela y la cual presentó al rey de España para recibir el título de Vizconde, años después recibió el título de Marquez, con el cual se le conoce a través de la historia.

Bajada de la Máquina.

Se llamó así, lo que es hoy la parte Sur de la Avenida Miranda. El pueblo la llamó Bajada de la Máquina debido a que un señor de apellido Betancourt, tenía instalada en ella un comercio donde se pilaba y molía maíz, por lo cual tenía instalada una gran máquina para el proceso de pilada y molienda del citado grano.

Cúa un pueblo con dos Patronas

Por: Manuel Vicente Monasterios.

Santa Rosa de Lima y Nuestra Señora del Rosario.

     La antigua hacienda Marín, ubicada en  los valles del Tuy es el núcleo fundacional de la actual población de Cúa, a finales del siglo XVII la adquiere el canario Don Bernardo Rodríguez del Toro, futuro Marqués del Toro, quien conjuntamente con todos los demás propietarios de las grandes haciendas de cacao, solicitan autorización eclesiástica para fundar una capellanía o curato para la atención de la población de esclavos en la administración de Sacramentos y la Misas, en concordancia con lo dispuesto por la Iglesia Católica.

     El 9 de septiembre de 1673 llega a la ciudad de Caracas Fray Antonio González de Acuña con el nombramiento de Obispo, éste sacerdote nacido en Lima (Perú) es el autor de la primera biografía de Santa Rosa de Lima  y además por mandato del Vaticano le correspondió llevar el juicio sobre la canonización de la santa peruana. Su gobierno eclesiástico de la provincia de Caracas (Venezuela) dura nueve años, hasta el 22 de febrero de 1882 con su fallecimiento. El  fervor del obispo por Santa Rosa se manifiesta promoviendo  en su jurisdicción la devoción por la milagrosa santa peruana. El Real Seminario de Caracas antecedente la la Universidad Central se coloca bajo la protección de Santa Rosa, igualmente se fundan pueblos como Santa Rosa de los Cerritos de las cercanías de Barquisimeto, entre otros.

Imagen de Santa Rosa de Lima.

Don Bernardo Rodríguez del Toro y los hacendados dueños de esclavos quienes tenían que cancelar los estipendios para el mantenimiento del cura, construir capilla, mantenerla con sus ornatos, imágenes y campana con decencia adecuada, solicitan autorización al obispo González de Acuña para que se designe como patrona a Santa Rosa. Es así que la capellanía o curato es denominado en los libros y documentos de la época como Santa Rosa de Marín, la fecha exacta de la fundación hasta ahora no se  tiene, se toma como fecha de fundación o erección el 18 de octubre de 1690 correspondiente a la primera partida del libro más antiguo de su archivo y está firmada por Don Pedro de Salas.

Desde finales del siglo XVII la imagen de la venerada Santa Rosa está unida a Fe de los habitantes de Cúa, primero como Patrona hasta el año 1774, año  en que por disposición del Provisor Eclesiástico Presbítero José Muñoz se escoge como patrona principal a Nuestra Señora del Rosario y como patrona menos principal a Santa Rosa de Lima. Al trasladar el templo a su nueva ubicación, la misma que tiene hoy, la venerada imagen de Santa Rosa quedó en un oratorio de la Hacienda Marín hasta 1914, por disposición del padre Luís Alejandro Yumar fue entregada al cuidado del señor Benigno Díaz, quien promueve su primera sociedad, la cual se instaló en 1921, el párroco era el padre Jesús María Pellín (Monseñor Pellín).Sociedad que sigue vigente hasta hoy.

Santa Rosa representa la fe de un pueblo católico, también está unida a la historia de Cúa, cuya primera denominación fue Santa Rosa de Marín,  la leyenda también se teje alrededor de una imagen que lloró anunciando la tragedia del 6 de abril de 1964, a las 11:58 de la noche, el tanquero Esso Maracaibo, cargado con 296.000 barriles de petróleo se estrelló contra las pilas 21 y 22 del Puente General Rafael Urdaneta, inaugurado dos años antes., ocurrió la tragedia de la caída del puente sobre el lago de Maracaibo.

Cúa celebra la fiesta de su primera patrona durante el mes de agosto y el día  30 sale en la tradicional procesión, de la misma forma como lo ha hecho por más de 300 años.

Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Cúa, estado Miranda, Venezuela.

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CUA

Por: investigaciones TUCUY.

     ¡Y HABIENDO ENTRADO DONDE ESTABA ELLA, LE DIJO! “DIOS TE SALVE, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ES CONTIGO” Con estas palabras el ángel saludó a María y los católicos hemos repetido esas palabras por más de 500 años.

     Como lo recuerda el Martirologio Romano el Papa Pío V ordenó en 1572 que se conmemorara anualmente a Nuestra Señora de las Victorias para obtener la misericordia de Dios sobre su Iglesia, para agradarle sus innumerables beneficios y principalmente, para darle gracias por haber salvado a cristiandad del dominio árabe (Turcos) en la victoria de los cristianos en la Batalla de Lepanto (Grecia) en el año de 1571. Según el Papa, aquella victoria militar fue una respuesta del cielo a las oraciones y procesiones del rosario organizadas por las cofradías romanas, en el momento en que se libraba la famosa batalla, donde Don Miguel de Cervantes, el autor de Don Quijote, recibió una herida y con ella su famoso Apodo del “Manco de Lepanto”.

Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Cúa.

     En el año de 1573 el Papa  Gregorio XIII cambió en nombre de las fiestas de la Victoria por el de fiestas del Rosario y determinó que se celebrase el primer domingo del mes de octubre, día en que se había ganado la batalla (7 de octubre de 1571). El  5 de agosto de 1716, día de Santa María la Mayor, los cristianos los cristianos infligieron otra derrota a los turcos en Peterwardein (Hungría), por ese motivo el Papa Clemente XI extendió a toda la Iglesia universal la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, el 7 de octubre, pero celebrándola el primer domingo del mes.

     En la Edad Media se saludaba al Virgen con el título de rosa (Rosa Mystica), como símbolo de la alegría. Se adornaban sus imágenes, con ramos y coronas de rasas, en latín medieval ROSARIUM, es decir que el nombre proviene de la ornamentación. Las cuentas que llevaban quienes rezaban con una cuerda de nudos, al igual que lo hacían judíos y árabes, también se asocia al nombre de la Virgen adornada con  rosas y se denomina ROSARIO. Al comienzo esos nudos eran muy sencillos, una simple curda, pero poco a poco se le agregaron elementos de orfebrería y se le incrustan piedras preciosas, perlas, oro, plata. Se acostumbraba como promesa a la Virgen dotarle de hermosas joyas en forma de rosario. En nuestro pueblo de Cúa, la Virgen del Rosario tiene varios rosarios de oro 18 y 24 kilates, donados durante la Colonia, los cuales forman parte del patrimonio de nuestra parroquia. Las Joyas están a buen resguardo, pero en alguna ocasión el pueblo católico debe conocer por lo menos en fotos. Clarificamos al hampa que esas joyas no están en la Parroquia de Cúa, ni en poder del Cura Párroco, no sea que pase por la mente de algún “malandrín” se entere de esta noticia, y quiera ponerle la mano.

Nuestra Señora del Rosario de Cúa.

     Nuestro pueblo de Cúa durante sus primeros años de existencia como Capellanía, pueblo del partido del Tuy arriba, se le denominó como Santa Rosa de Marín, en honor a la Santa Limeña y primera Santa de América. Esto ocurrió entre 1673 y 1690, en este último año se hace la primera referencia escrita en el libro más antiguo encontrado durante la Visita Pastoral del Obispo Martí y como no habían documentos de fundación se tomó la fecha 18 de octubre de 1690, como se acostumbraba entonces, esa es la fecha de la partida más antigua encontrada por el Obispo Martí, en su Visita durante el año de 1783. Santa Rosa de Lima continúa como Patrona de Cúa hasta 1752, año de su elevación como Parroquia, donde se designa como Patrona de Cúa a NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO y como Patrona “menos principal” a SANTA ROSA DE LIMA. Se infiere que este cambio de Patrona se produce, no por discriminación a Santa Rosa, ni por Referenda de los católicos cueños, sino por la cercanía entre Charallave y Cúa, pues éste primer pueblo fue elevado a Parroquia primero que Cúa, con el Patronato de la Santa Limeña.

    En a visita Pastoral del Obispo Juan José Escalona y Calatayud a Cúa se hace una reseña de las imágenes que tenía el templo, su estado y condición y con referencia a la imagen de Nuestra Señora del Rosario señala que la misma había pertenecido a uno de templos caídos en Caracas  por efectos del terremoto de 1641.

MARIA TERESA CASTILLO. UNA TUYERA DE PROYECCION UNIVERSAL

Por: investigaciones TUCUY.

María Teresa Castillo.

     Queremos dese TUCUY.COM rendir un humilde homenaje, en nombre de las mujeres y los hombres del Tuy, coterráneos de la cueña más relevante del siglo XX.

    MARÍA TERESA CASTILLO nació en el mismo pueblo caluroso donde salieron venezolanos de la talla de José María Carreño, Ezequiel Zamora, Cristóbal Rojas, Emma Soler, Evencio Castellanos, Luis  Ordáz, Miguel García Mackle, para mencionar sólo algunos de los hijos e hijas ilustres de Cúa. Corría el año de 1908, la dictadura del General Cipriano Castro se balanceaba entre  el seudo nacionalismo y la enfermedad que lo obliga a dejar la presidencia en manos de su compadre el General Juan Vicente Gómez , quien aprovecha la oportunidad y lo saca del poder mediante un golpe seco, el 19 de diciembre de 1908. Nace María Teresa Castillo el 15 de octubre de aquel año, en la colonial hacienda de Bagre, propiedad de su familia, dedicada  a la producción de café para la casa exportadora Dumlop & Cia.

     Cúa era como todos los pueblos de la época, abandonada a su suerte, analfabetismo, pobreza y miedo caracterizaban la vida de una región donde apenas 50 años antes existía la esclavitud como motor de la economía, ya no era el amo o el caporal con el látigo y cepo quien imponía la autoridad, sino algún coronel de montonera, “chacharo” o “capachero”, como les llamaban despectivamente los centrales, a esos hombres de la montaña, acompañantes del General Castro que llegaron con la Revolución Restauradora del año 99 y se hicieron los nuevos amos de “la gran hacienda llamada Venezuela”. Generalmente eran aventureros que “tiraban la parada” en busca de dinero y poder, un coronel arbitrario, lujurioso y ladrón, lo primero que hacía era ponerle el ojo a las fincas más productivas y hermosas de la zona, luego le ponía el ojo a la hija del hacendado y por cualquier método: El matrimonio por conveniencia, hasta llegar al  encarcelamiento del propietario por “enemigo” del gobierno. Pasaba por obra de arbitrariedad, el abuso y la violencia de guerrillero” come casabe” a “señor feudal” de la región, amo y padrote hasta donde le alcanzaba la vista.

      Así fue como el hermano del general Juan Vicente Gómez: Don Juancho se hizo dueño de todas las tierras desde Cúa hasta Ocumare del Tuy, uniendo en una sola posesión los antiguos latifundios de los Condes y Marqueses, los “grandes cacaos” del período colonial, esas colosales haciendas cacaoteras, ya deforestadas, se les llamó la Gran Posesión Mendoza con una extensión de más 300 Km2. También el la zona de Santa Teresa se apoderó de la gran posesión Tumuso, que abarcaba el triangulo Santa Teresa, Charallave, Santa Lucía. Además Don Juancho Gómez, Hermano del Vicepresidente, era el Presidente del Estado Miranda, como se le denominaba en la época a la figura que hoy llamamos gobernador. La capital del Estado Miranda  estuvo en Ocumare del Tuy desde  1904 hasta 1927.

     Ser hacendado, en aquellos años era estar sometido a la presión terrófaga de los Gómez, quienes ya tenían el monopolio de todos los mataderos del país. Venezuela todavía no se perfilaba como país productor de petróleo. El General Gómez en 1908 representaba el poder económico surgido a la sombra del gobierno del parlanchín General Cipriano Castro; éste se había convertido en un escollo, por sus desplantes ante las potencias mundiales, para los nuevos ricos que buscaban el poder sin Castro. Un castrismo sin Castro representado por el hombre que se había transformado, en nueve años de ejercicio de la Vicepresidencia de Venezuela, en el verdadero y máximo poder económico y político del país.

     En esa época semifeudal nace María Teresa, en un medio social muy duro para sobrevivir y progresar y si se era mujer el único destino era “parir como Dios manda” y obedecer, primero al padre y luego al marido. Esto se cuenta hoy y no se tiene la dimensión exacta de lo poco que significaba en la Venezuela de comienzos del siglo XX ser mujer. La mayoría de los espacios eran ocupados por los hombres, una señorita “digna” no podía, estudiar sino en colegios de monjas, solo en Caracas y algunas capitales. La formación era para ser madre “ejemplar”: Perfecta ama de casa, soportar las “queridas” que su marido tenía, pues eso era normal y aceptado socialmente, la esposa era una “sierva”, nacida para sufrir pacientemente, eso si con mucha dignidad,  sin derechos sociales, económicos y mucho menos políticos.

      Una joven si los 18 años no se había casado, se decía que se había quedado para “vestir santos”. Si una mujer tenía que trabajar fuera de casa era calificado en aquella sociedad venezolana como “fin de mundo. Una mujer respetable tenía que estar en su casa y salir acompañada por un hombre de la familia, solo las muchachas del servicio de adentro salían solas. Uno de los primeros trabajos que cumplieron las mujeres fuera de su casa  fue como operadoras de los teléfonos de manillita y con las primeras máquinas de escribir, empezó muy tímidamente, entre familiares con bufete, la figura de la mecanógrafa.

El escritor argentino, Julio Cortázar, conversa con María Teresa Castillo, compañera de Miguel Otero Silva, en Macondo, antigua casa  de Otero Silva ubicada en Caracas, hoy demolida.

     En esa Venezuela, tan lejana en el tiempo, en las costumbres y en los valores, le tocó nacer, crecer, formarse y sobre todo luchar par a María Teresa Castillo como paradigma de la mujer venezolana del siglo XX, como la máxima representante del mundo cultural venezolano, de las inmensas tareas de las pioneras para alcanzar la igualdad ciudadana. En nuestro país la máxima discriminación no era contra el negro, sino contra las mujeres, pues no contaban ni siquiera con el apoyo de la familia, cuando querían abrirse paso en el mundo masculino.

     María Teresa llega a Caracas muy niña, una aldea de 300.000 mil habitantes; una joven inquieta, se le hace imposible ingresar a la Universidad, pero sigue muy de cerca los acontecimientos de la juventud universitaria del año 28. Tiene sus primeros contactos con los movimientos sociales de izquierda marxista existentes clandestinamente en Venezuela.  La dictadura gomecista, atornillada en el poder, durante 20 años, no daba tregua a la represión en las tenebrosas mazmorras de las fortificaciones españolas de Puerto Cabello y Maracaibo, en la famosa Rotunda de Caracas, el los campos de concentración existentes en las carreteras del país. Se contaban por miles en ese entonces los presos políticos quienes además cargaban con unos grilletes del período colonial, con un peso de más 60 kilos. Entre esos jóvenes opuestos al dictador, estaba su futuro esposo el gran escritor, poeta, periodista y humorista Miguel Otero Silva.

     La muerte de Juan Vicente Gómez abre las compuertas del siglo XX, por primera vez se ve una luz en oscuro túnel que venía desde el siglo XIX. Es cierto que el gobierno del General López Contreras ordena la demolición de la Rotunda y se lanzan al mar los grillos en Puerto Cabello, pero eso no significó el cese de la represión, del 36 al 40 se persiguen como “enemigos de la patria” a los llamados comunistas como Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, Juan José Palacios, José Antonio Mayobre, Raúl Leoní, Manuel Ramón Oyón ( de Ocumare del Tuy),Rodolfo Quintero, Miguel Acosta Saignes entre otros y se decreta la expulsión del país, La cárcel del cerro El Obispo ocupa el espacio de la Rotunda.

     María Teresa Castillo, quien venía luchando desde la época gomecista junto a mujeres del temple y tenacidad de una Mercedes Fermín, desde la Federación de Maestros, fundada por Luís Beltrán Prieto en el año 31, Ana Mercedes Pérez, la primera reportera que tuvo Venezuela, Carmen Clemente Travieso, Imelda Campos, primera mujer que lanza como oradora ante una multitud en el Nuevo Circo de Caracas para condenar los hechos del 14 de febrero del 36; Luz Machado de Arnao, Ida Gramcko, Josefina Palacios. La mujer venezolana se abría paso y participaba en la construcción de aquella Venezuela, todavía sin instituciones sólidas, buscando el camino democrático, después de la muerte de Gómez.

     María Tersa Castillo pasó un año detenida en la Jefatura Civil de la Pastora, por su vinculación como activista del movimiento comunista de la época, por revoltosa, la detuvo la policía repartiendo panfletos prohibidos y un periódico hecho por ellos mismos denominado “Aquí está” y también el semanario Tribuna Popular, órgano de Partido Comunista Venezolano en la clandestinidad.

     Todas esa luchas de la mujer venezolana y sin embargo  no tenían derecho al voto, mucho menos a ser electas para cargos representativos, los prejuicios todavía se mantenían y fue en el año 47, con la nueva Constitución aprobada por la Constituyente del trienio adeco, donde se estableció que las mujeres tenían derechos políticos, al igual que los analfabetos y se instituyó el voto, directo, universal y secreto, como piedra angular del sistema democrático representativo. En el año 1941 habían egresado sólo 5 mujeres de los claustros de la U.C.V. La primera mujer electa para un cargo representativo (Asamblea Constituyente 1947), fue la poetisa Lucila Velásquez, la primera mujer concejal fue Margot Boulton de Bottome, en Distrito Federal 1947. La primera mujer que se graduó de ingeniera civil en Venezuela fue otra cueña,  la Dra. Elena Quiroba en 1944.

     La actividad cultural organizada tiene antecedentes que se remontan al siglo XIX, en la ciudad de Caracas, pero en el año 1931 por iniciativa de María Luisa González Gragirena de Escobar, motivada por la necesidad de abrir un espacio a la mujer en el mundo de la creación intelectual y artística se funda el Ateneo de Caracas, tiene su primera sede entre las esquinas caraqueñas de Marrón a Cují y durante doce años es presidido por María Luisa Escobar. También fueron Presidentes del Ateneo: Anna Julia Rojas, Luz Machado, Alicia Larralde, Ana Mercedes de Morales Lara, Conny Méndez y después de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958, es electa como presidenta María Teresa Castillo. Quien venía de ser reportera de Ultimas Noticias en 1941, integrante de la primera promoción de Periodistas de la U.C.V., Luchadora contra las dictaduras desde la época gomecista, exilada durante el régimen perezjimenista.

     María Teresa tuvo la visión necesaria para comprender que las luchas sociales y políticas carecen de base si no se alimentan del quehacer cultural y que la pervivencia de los valores de una nueva sociedad que nacía con el 23 de enero de 1958, no podían tener solamente el sustento político, era necesario promover las manifestaciones más altas del espíritu y es así como el Ateneo de Caracas se convierte en promotor de una compañía estable de teatro, dirigida inicialmente por Horacio Peterson y a partir de 1976 por Carlos Giménez con el nombre de Rajatabla. Se crea el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, institución que ha recibido el respaldo nacional y el apoyo económico de la UNESCO. Bajo su auspicio se han organizado y celebrado en Caracas varias ediciones del Festival Internacional de Teatro, hoy imitado positivamente por ciudades como Bogotá.

     Además del desarrollo de una labor editorial, biblioteca, sala de exposiciones, dos salas de teatro y conciertos.

     El Ateneo de Caracas presidido por nuestra coterránea María Teresa Castillo es hoy un modelo a seguir, no solamente por diversos Ateneos de Venezuela, sino a nivel continental. Es una lastima que los actuales promotores de la cultura oficial, no reconozcan los méritos y la obra de María Teresa Castillo cuando llega a los 100 años de fructífera vida, María Teresa como persona no necesita de ese reconocimiento, pero si su obra que es el Ateneo de Caracas. María Teresa tiene en su haber las más altas condecoraciones que se otorgaban en la desaparecida Unión Soviética, las más altas otorgadas por Cuba, Francia, UNESCO, la mitad de los países europeos, Latinoamérica e incluso de EE.UU. y los más importante tiene el reconocimiento de los  artistas y creadores venezolanos, de su pueblo al que le ha dado lustre y tal vez es más humilde pero con el más grande de los amores y del respeto a su figura, el de los tuyeros y especialmente el de los cueños.

     No podemos terminar estas cortas expresiones de justicia, sin decir: Ojalá Venezuela tenga en las nuevas generaciones, la fuerza juvenil, la rebeldía, la inconformidad, la capacidad organizativa, el humor, la visión, la tenacidad y el amor por Venezuela de María Teresa Castillo a sus 100 años.

Falleció el 22 de junio del 2012 en Caracas a la edad de 103 años.

María Teresa Castillo en Compañía de Alejo Carpentier.

 

UN PUEBLO Y DOS PATRONOS

Por: Fermín Luque Olivo.

     Hace más de trescientos años, la población de Charallave fue fundada por el padre Cirilo de Ontoniente, bajo la advocación de dos patronos: Santa Rosa de Lima y Santo Tomás, con indios libres que poblaban estas inmediaciones, especialmente las que conformaban el núcleo que se asentaba en las estribaciones de la antigua Plaza Vieja, hoy denominada Plaza Páez.

     Los indios Charavares o Charaguares habían llegado a esta zona en el año de 1600 empujados por una larga y prolongada sequía, procedentes del sitio que llamaban Corocoruma o Coruma, donde se había constituido una encomienda.

     En estas estribaciones montañosas permanecieron hasta que se presentaron los colonizadores y misioneros capuchinos, en 1681.

     Allí los encontró el padre Ontoniente, invocando la protección de Santo Tomás y Santa Rosa de Lima, fundó el pueblo anexo al de La Guáyra de Paracotos, hasta el año de 1735; cuando se le agregaron algunos indios pertenecientes a las naciones de los Otomanos, Taparitas y Yaruros, recogidos por los religiosos capuchinos andaluces en los predios de Apure, los depositaron aquí y así permanecieron hasta que en el año de 1745, en que habiéndola renunciado los supra dichos capuchinos, volvió a quedar anexo a La Guayra de Paracotos, del cual fue desmembrado y erigido en distinto Curato y Doctrina por Auto de fecha 11 de octubre de 1762.

     La segunda fundación de Charallave se registró en 1735, por el padre Salvador de Cádiz, pero únicamente lo hizo bajo la advocación de Santa Rosa de Lima; suponemos que debido a su celo y devoción por la Virgen peruana y a la influencia ejercida por el Obispo Antonio López de Acuña; quien antes fuera Superior del Convento de Dominicos de Lima y Promotor de la causa que elevó a Isabel Flores Oliva a los altares de la santidad en América.

     Indudablemente, que debido a la influencia de este prelado floreció la devoción por Santa Rosa de Lima en nuestro país, durante el periodo de su obispado en Caracas, que se prolongó desde 1672 hasta 1682.

     Los pormenores de esta segunda fundación de Charallave, los describe el padre Miguel de Olivares, quien en el Libro Primero del Archivo dejó escrita parte del acta que aún se conserva, y en la que asienta:

“Este pueblo es doctrina de indios tributarios y de ellos únicamente habitado, por cuanto, aunque hay algunos vecinos españoles y de otras castas en su territorio parroquial, viven todos en los campos donde tienen algunas haciendas de cacao, caña dulce y principalmente sementeras de maíz y otros granos”

     Presumimos que la exclusión de Santo Tomás el Apóstol como patrón de Charallave obedeció a una omisión u olvido de aquellos misioneros fatigados, enfermos y desamparados.

     Pero la memoria y devoción por Santo Tomás el Apóstol misionero de Jesús, no murió en Charallave. Su nombre y su figura está íntimamente ligado no sólo a su historia, sino a su espiritualidad ya que una de las leyendas del pueblo se remonta a los tiempos prehispánicos, donde según la tradición quedó impresa su pétrea huella en medio del cauce de la quebrada que mitigó la sed de los Charavares a la altura de “Los Peñones”. Allí está grabada sobre las calendas de los siglos: El Pié de Santo Tomás.

Los Canarios en Los Valles del Tuy (1670 – 1810)

Subido Por: Iván López.

Vista de Santa Lucia y Los Valles del Tuy, desde el Cerro San Ramón, Municipio Paz Castillo, Foto de Juan Manuel Carrasco Davila, año 2012.

LOS VALLES DEL TUY.

     Los valles comprendidos en el Tuy Medio y Alto se convierten en el centro de la expansión cacaotera desde fi­nes del s. XVII, con la mano de obra esclava como su fuerza de trabajo esencial. Son tierras que no superan los 1.200 m. con elevadas temperaturas y pluviosidad, aunque su escasez durante la seca hace necesario el regadío para incrementar sus cultivos. En los 80 del XVII todavía hegemonizaba la producción la región costera de Aragua, Valencia y Cara­cas. En la primera década del XVIII, después de varias de intensa plantación, ya había más árboles en el Tuy. Suelo abundante, alta pluviosidad e irrigación proporcionan cosechas de hasta 25 y 30 fanegas. En 1720 producen el 60% del cacao de la provincia y en 1744 superan sus tres cuartas partes.

     El Alto Tuy se vertebró como el eje esencial del boom del cacao desde 1680. Entre 1684 y 1744 el incremento de los árboles se mantuvo imparable, una media de 75.000 por año. Se pasa de cerca de un millón en 1720 a uno y medio en 1744, sólo superado por Barlovento, que se ha­llaba en plena época de roturación. Mientras que el Bajo Tuy era un área alejada con tierras cuya propiedad dio lu­gar a constantes pleitos entre inmigrantes y hacendados, el Alto estaba hegemonizado por la oligarquía mantuana, al haberse puesto en explotación en los últimos años del XVII y primeras décadas del XVIII, un período que se co­rresponde con los de los asientos francés e inglés. Mientras que la primera parroquia del Bajo Tuy es de 1727, la mayor intensidad plantadora en el Alto coincide con la etapa do- rada del monopolio británico, en la que la venta de esclavos pasa de 100 anuales entre 1715-28 a 350 entre 1729-39. La   se manifiesta incapaz de suministrarlos. Sólo 350 son vendidos legalmente entre ese año y 1784.

     Por esas fechas la oligarquía mantuana ya se había he­cho con la propiedad de las haciendas cacaoteras más fér­tiles, irrigadas y accesibles en los Valles del Tuy y con un número relativamente elevado de esclavos. Las del Alto Tuy poseían 2.000 árboles más que en Barlovento. La ventaja con las de no acomodados era todavía más ostensible, pues tenían una media en 1744 de 1.000 menos que en 1720. Mientras que las mantuanas tenían en 1720 de un 20 a un 40% más que las modestas, en 1744 la diferencia se había incrementado desde un 50 a un 70%’. Un enriquecimiento que explica sus inversiones en plantaciones y esclavos en esas dos décadas.

      En 1720 los Valles poseían un total de 813.700 árboles en una extensión de 20.342 fanegadas y media. En el padrón de Olavarriaga, su concentración en la élite. De los inmigrantes sólo es destacable el caso excepcional de Bernardo del Toro, que posee 524 fanegadas y 21.700 cacaoteros. Sólo figuran 5 que van desde los 2.000 árboles y 50 fs del grancanario An­tonio Robles Villafañe, a los 8.000 y 200 de Antonio Sosa y las 125 del guíense Salvador Mederos. Con mucho, el mayor hacendado es Pedro de Ponte con 1.250 y 50.000 árboles2.

     El lagunero Juan Francisco La Mar y el orotavense Sebastián de Castro Acevedo son de la segunda mitad del XVII y fueron en sus comienzos mercaderes. La Mar tuvo tres matrimonios, el primero con una lagunera y el tercero con la criolla María Candelaria, cuya hija Feliciana fue su único descendiente que llegó a la edad adulta. En este últi­mo le dieron en dote 2.000 árboles y una fanegada de tierra. Poseía 14 compradas a los herederos del tesorero Fernando Aguado. Tenía sembrados 5.700 de los cuales 1.130 estaban recién plantados. Era dueño de 14 esclavos. Castro se había trasladado con anterioridad a 1670, pues contrae matrimo­nio con María Díaz de Andrade en 1665, con la que tuvo 5 hijos. Aportaron al matrimonio 3.000 y 2.500 pesos. Poseía dos haciendas a orillas del Tuy, a una y otra banda, en las que tenía hasta 24.000 árboles y unas tierras en la Quebrada Uricuru. Estaban muy gravadas, pues tenía que hacer frente a 4.570 pesos de capellanía. Su único hijo varón, Sebastián, poseía 200 fanegadas con 12.000 árboles. Sus herencias se terminan difuminando en la década de los cincuenta3. En la siguiente generación su acceso a la propiedad se torna difícil. Comúnmente se obtendrá a través del comercio y la compra de propiedades gravadas, como ocurre con el tinerfeño José Antonio García Albersa. Era mercader y propietario de una arboleda de cacao con 52 de esclavos, cargada con un censo de 4.000 pesos4. Los más habituales son mayordomos, co­mo el tinerfeño José Antonio Viera5.

Vista de Los Valles del Tuy, desde el Cerro San Ramón, Municipio Paz Castillo, Foto de Juan Manuel Carrasco Davila, año 2012.

 Santa Lucía y Ocumare del Tuy

      En los Valles del Tuy, Santa Lucía de Paraiguán y la Sabana de Ocumare son las localidades de mayor entidad. Santa Lucía, con 3.382 habitantes en 1810, era un anti­guo pueblo de indios. No tuvo verdadero desarrollo hasta mediados del s. XVIII gracias al presbítero Marcos Reyes. En 1749 donó el territorio para fundarlo, una hacienda de cacao para mantener la iglesia y dos o tres leguas de tierra para uso colectivo, «de manera que cualquier pobre tiene derecho para ocupar este pueblo, y se le señala cuadra o terreno por este cura para construir su casa y se le dan tierras para seis almudes de sembradura, y finalmente siembra las tierras que quiere». Este legado permitió el asentamiento de canarios, lo que explica que hubiese en él en 1784 entre los 2.207 habitantes 308 blancos, 538 indios, 287 pardos, 290 negros y 784 esclavos. No obstante la propiedad estaba mal repartida, ya que las 47 haciendas de cacao «las poseen los ricos»6. Su justificación la enunció en un texto de 1749, en el que se muestra partidario del trabajo libre. Los hacenda­dos convenían en la necesidad de jornaleros libres, «ya por­que las más de las haciendas no tienen suficientes esclavos o ya porque todas necesitan libres para casos urgentes de una acequias nueva, de una ruina de un cerro, una roza, estan­cadas, desechar una sublevación de esclavos, una muerte, guardas para los caminos, cimarrones y ladrones»7.

     Con anterioridad a esas fechas los canarios de los que tenemos referencias se limitan a un grupo de hacenda­dos medios, como el orotavense Juan Carrasco y Llarena, quien, como cuñado del capitán general Bethencourt y Castro, jugó un papel significativo en su gobernación. De procedencia aristocrática, enlazó en 1713 con una dama de la oligarquía, Ana Nicolasa, hija del contador Gabriel de Rada, con la que tuvo 7 hijos. Compró una arboleda de cacao con algunos esclavos en Santa Lucía, que completó con la heredada por su mujer. Administró también la de la hermana de su mujer. Tuvo cuentas con otro hacendado de Santa Lucía, el palmero Domingo Pérez Volcán. Este último, el victoriero Andrés Pérez de la Peña y el palmero Manuel Fernández Romero completan la nómina de ha­cendados canarios del lugar. Volcán y Fernández Romero, primos, son exponentes de dos familias palmeras emigran­tes con mercaderes y hacendados en Cuba y Venezuela. El piloto José Fernández Romero participó en la fundación de Montevideo8. Los mayores hacendados isleños eran los tacoronteros Domingo Velázquez y José Hernández Sanabria, suegro y yerno. Poseían 40.000 árboles y 51 esclavos en una hacienda conjunta9. Entre los menos acomodados sólo tenemos el casamiento en 1791 con una hija de mestiza e indio del grancanario Cristóbal Marrero, con un herma­no y un sobrino residentes en el lugar10.

     En el último tercio del siglo XVIII, con la decadencia cacaotera y la expansión de la caña, el añil y más tarde del café, crean compañías para arrendar tierras o trabajar co­mo mayordomos. Junto con ellos se suman cultivadores de pequeños conucos y algún que otro pulpero o vendedor ambulante como Juan Bautista Padrón. Entre los mayor­domos el tagananero Salvador de Sosa, soltero, enterrado por su pobreza con mortaja blanca, cuyos bienes se limitan a dos cochinos, 8 cargas de maíz en mazorca, una muía y 45 pesos de la venta de 9 cerdos. Servía en la hacienda de cacao de Toribio Espinosa en Zuapire por 250 pesos anuales11. Varios son los conuqueros que cultivan pequeñas suertes de terreno en el tránsito de los siglos XVIII al XIX12. Dos herreños, Juan y Diego Hernández Quintero crean una compañía con 5.624 pesos de una hacienda de café en los Manches en terrenos de la mujer de Juan. Después arrenda­ron por 3 años en Santa Lucía una de añil a la que agregaron 5 tablones cuya planta compraron en el mismo valle, en la que invirtieron 1.145. Su «trabajo y cultivo se hace a costa de jornal que se paga a peones libres»13

     Ocumare del Tuy era el mayor de los pueblos del Al­to Tuy. Fundado en 1683, con 4.692 habitantes en 1810 proveía de servicios comerciales, administrativos y religio­sos a las haciendas de su zona. Aunque fue eminentemente esclavista, sin embargo residieron pequeños cultivadores, pulperos y vendedores ambulantes inmigrados. Esa nume­rosa colonia explica que las advocaciones y patronato de su parroquia residan en San Diego de Alcalá y la Virgen de Candelaria. En su nicho principal estaba esta Virgen y sobre ella un cuadro de San Diego. Como recoge Martí, alternati­vamente sufragaban una misa los sábados a La Candelaria y Altagracia los canarios y los mulatos, «poniendo ellos la cera, pagando los músicos y cantores» y un peso a quien la canta». En 1783 tenía 53 hacendados, todos de cacao, excepto uno que poseía un trapiche14. Su tráfico atrae a mercaderes como el tinerfeño Antonio Gómez, que contrae matrimonio en 1805 con la natural de Ocumare, Jacinta Rolo, hija de los tinerfeños Francisco Rolo y Teresa Barrero15.

    Una de sus familias más significativas eran los Gonzá­lez Barrios de Tamaimo (Santiago del Teide), tres herma­nos (Salvador, Bartolomé y Juan) y dos sobrinos (Agustín y Juan José). Contrajeron nupcias en Venezuela con hijas de isleñas. Bartolomé compra a plazos allí en Ocumarito una hacienda de cacao de 8.000 árboles, de la que debía toda­vía más de mil pesos al testar en 1770. Tenía 15 esclavos, de los que 5 eran mujeres. Su hermano Salvador retorna a su pueblo de origen, donde vuelve a casarse con Francisca Gorrín. Invierte 30.000 pesos en distintas propiedades y se convierte en un hacendado medio. No obstante la familia mantuvo mancomunada la hacienda incluso con posterio­ridad a la independencia16. Otros propietarios medios reci­ben sus precarias plantaciones por herencia de sus esposas, como el grancanario Jerónimo Medina, que testa en 1778, y de Sebastián García que lo hace en 178617.

     Antonio y José Saravia son grandes hacendados aroneses en Ocumare. Emigrados en 1791 hacen una conside­rable fortuna a través de compañías y arrendamientos de trapiches y haciendas. Antonio enlaza con una hija del mar­qués del Toro, Petronila del Toro, aunque no tienen suce­sión. Mueren asesinados en la guerra de independencia. Se hace cargo de su hacienda su sobrino Diego. Contaba con oratorio, con 76 esclavos y con 40.000 matas de cacao18.

     No todos los canarios eran hacendados, sólo que es más difícil acceder a ellos. Cultivaban conucos en tierras ajenas, como los santacruceros Antonio y María Bernarda Pérez con 9 hijos, de los que 7 murieron parvulitos y sus cuñados Antonio y Manuela Pérez. Bernarda sólo tenía  «una casita de paja sin suelo en el pueblo de Ocumare con los trastos que son una cama de barandilla, un cancel, 7 sillas de suela, 4 vasos y una limeta de cristal»19

Vista de Cúa y los Valles del Tuy, desde el Mirador de Sabana de piedras Vía a la Magdalena, Foto de Iván López año 2008.

San Francisco de Yare, Tácata y otros del Tuy alto.

     San Francisco de Yare es una pequeña localidad esclavista. De sus 1299 habitantes 850 son esclavos en 1783. En 1800 la proporción sigue siendo similar, sólo 74 blancos y 1659 esclavos e indios para un total de 1733. Los isleños son pequeños  o medianos  propietarios, pulperos o mayordomos. Predomina el cacao, aunque se introducen paulatinamente la caña, el añil y el café. Treinta eran sus hacendados en 1783. Entre ellos el santiaguero Juan Cartaya, casado con la mulata María Rita Moreno. Poseía una hacienda de añil en el sitio de Combito. Había sido diezmero, como su pariente y paisano Juan González Trujillo, casado y sin hijos. Tenía cuentas con su sobrino José Trujillo, pero no poseía más que una casa de Bajareque. Su paisano Bernardo Martel, casado con una hija de isleños, María del Carmen Mirabal y con 4 hijos, trabajaba en una pulpería con su paisano Rosalío Gómez a la que había aportado 600 pesos. Reconoce a Lucía como hija suya y era deudor de 300 pesos a uno de  los mayores mercaderes y hacendados de La Victoria, el granadillero Juan de la Cruz Mena. Encomienda a su hijo Ricardo a su paisano Feliciano Borgespara que lo eduque y críe como hijo como hijo «por la mucha confianza que tengo de él»20

     Son tres de los hacendados  el tinerfeño Juan Díaz de Ávila, el grancanario Juan Antonio Moreno y el lanzaroteño de Yaiza Francisco Saavedra, pero lo son en el último tercio del s. XVIII, cuando por cargas, subdivisiones y quiebras por deterioro y baja rentabilidad se subastan las mantuanas21.

     Tácata es un pueblo construido sobre cerros con arboledas y terrenos en los que se cultiva maíz, yuca y plátanos. Aunque cuenta con propiedades de hacendados, la tierra está más repartida, lo que explica que en un total de 1425 habitantes hubiera 146 blancos, 553 indios, 308 pardos, 44 negros y 374 esclavos. En la primera mitad del XVIII viven allí el granadillero Francisco Pérez Bello y el silense Simón González Mendoza, casados con hijas de isleños. El primero, diezmero, con 12 hijos, de los que eran adultos, poseía una hacienda de cacao gravada con 3750 pesos y un trapiche en Iscaragua. El silense tenía 3 hijos adultos. A las 2 hembras las casó con paisanos. A Lucía con Juan Manuel Núñez de Aguiar, dedicado a la cría del ganado y a María Simeona con Miguel Antonio Carrasco. Este regentaba con él el trapiche arrendado en Guare al regidor José Félix Arteaga. Por su administración y trabajo se llevaba un tercio de los beneficios22.

     En el último tercio del XVIII se encuentran parientes procedentes o ligados por la sangre con Fuerteventura. Se trata del majorero de Pájara Juan Vera Trujillo, soltero, con un hermano y un sobrino en la Sabana de Ocumare; Luis Rodríguez Vera Trujillo y su hijo Francisco y de su sobrino, el guimarero José Antonio Sánchez Castro y su mujer la natural de Tuineje Sebastiana Morales23.

     Próxima a Ocumare, Santa Teresa es una localidad esclavista, aunque el buenavistero Pedro Martin León, que testó en 1770, hubiera donado tierras a su iglesia y atrajera gracias a ellas personas libres. Se había obligado a construir la fábrica de su parroquia y varias capellanías por 2.500 pesos de principal. Poseía dos haciendas, una en las vegas del Guaire y otra en la del Tuy de 13.800 sobre la que estaba pleiteando con Bartolomé del Castillo. Era dueño de 33 esclavos. Había dejado a Santa Teresa las tierras de Covalito y de la Cruz. Su mayordomo era el tinerfeño Santiago Álvarez, más tarde establecido en Panaquire24. En 1783 Santa Teresa tenía 435 esclavos y 131 indios para un total de 854. En 1800 el número de blancos se ha incrementado sensiblemente. De 1909 eran 392, los indios eran 224, los pardos 236, los negros 271 y los esclavos 786. En el último tercio del s. XVIII se asientan los naturales de Teguise, Antonio Agustín Cuadro y María Josefa Rodríguez, casados allí en 1806. María se había trasladado con sus padres, que en ejercicio de la patria potestad le da licencia25.

Vista de los Valles del Tuy hacia Charalleve , desde la Magdalena, Foto de Iván López, año 2008.

     Charallave, anexo a la Guaira de Paracotos, es transicional hacia los Valles del Tuy. Construido sobre un Cerro, tiene buenas siembras de maíz, aunque sus habitantes, en opinión de Martí son pobres «porque no quieren trabajar», aunque no serían ricos si lo hiciesen «porque no tienen mulas ni caballos para transportar el maíz a Caracas». Conservaba en 1783 tierras de indios. Eso explica que lo habitasen en ese año 455, mientras que el conjunto de españoles fuera de 363. 26. En su matricula de 1800 para un total de 1.454 personas había 649 blancos, 44 indios, 162 pardos, 146 negros y tan sólo 48 esclavos. A juzgar por el número de blancos, es probable que hubiera isleños o de descendientes procedentes de los colindantes Altos del Valle de Caracas. Sin embargo, solo tenemos referencias del orotavense Antonio Felipe Machín, que se entierra con mortaja blanca en su iglesia. Casado en Arico y con 4 hijos, no se acuerda de la última «por haber quedado mi mujer fecunda a mi partida». Era Constructor de acequias en el Tuy27.

      En sus proximidades se encuentra Marín o Cúa, pueblo esclavista por excelencia, con una gran hacienda del marqués del Toro. En 1783 con una feligresía de 1.531 vecinos, tenía, 1.038 esclavos. En 1800 seguía presentando un panorama similar. Para un total de 2.555 habitantes, 1.238 son esclavos. Los blancos son 213, los indios 200, los pardos 510 y los negros libres 240. Bernabé de Acosta tiene una pequeña hacienda con animales. De su matrimonio con una criolla tiene una hija adulta, desposada con su paisano Juan Ángel González Bello, pulpero en compañía de Blas de León. Tiene una pequeña hacienda con algunos animales. El grancanario Francisco Martín, con 5 hijos con Juana Francisca González, es mayordomo del marqués del Toro. Le sirve como arriero su paisano Blas de León. Su albacea es el santiaguero Juan González de Barrios28.

Tomado del Libro Los Canarios en la Venezuela Colonial. (1670 – 1810) de Manuel Hernández.

Referencias o notas del escrito:

1         FERRY, R. J. Op. cit., pp. 105-129.

2         OLAVARRIAGA, P. J. Op. cit., pp. 253-255. Mederos tiene 9 es­clavos. Poseía 4 libros de la Madre de Agreda. Con dos matrimo­nios, el primero con su paisana Isabel Ruiz sin descendencia, y el segundo con Bernardina Justiniano con 4. Dos de ellas casan con isleños, Mariana con el tinerfeño José Suárez Marrero y Paula con el grancanario Juan Manuel García Naranjo. Ibídem, 1741. Testa­mento de 31 de diciembre de 1735 y codicilos de 22 de enero y 16 de febrero de 1736.

3         Castro fue albacea de dos parientes y paisanos Félix López de la Cruz y Fernando de Castro. R.RC.T., 1700. 13 de agosto de 1695 e Ibídem. 1707,23 de marzo de 1703. OLAVARRIAGA, R J. Op. cit, p. 254.

4         Casado con una hija de isleños y con tres hijos adultos, había aporta­do al matrimonio 26.000 y su mujer sólo 270. Tuvo compañía con su paisano Antonio Hernández Orta, de la que le resultó un superá­vit de 4.000 pesos. R.RC.E. José Manuel de los Reyes, 28 de octubre de 1769. Similares circunstancias concurren en José Díaz Andrade, con 8 hijos adultos de su matrimonio con María Candelaria Padrón, hija de isleños, entre ellos uno clérigo, el Bachiller José Francisco Díaz Debía a su compadre el también mercader José Lázaro Rodrí­guez 4.896 pesos de sus negociaciones Poseía una hacienda de cacao en el Tuy en el sitio de Tacurón con 52 esclavos de todas las edades. Tenía otros 5 para el servicio de la casa. Tenía otro hermano en Ca­racas, Francisco Venancio. Ibídem. Eleizalde, 2 de julio de 1784.

5         Soltero, trabajó en la hacienda del capitán Juan Francisco Solórzano. Dice que «no tuvo ningún hijo conocido». Deja por heredera a Ignacia Ortega, mujer que le cuidaba en su enfermedad. Ibídem. 12 de octubre de 1808. También el del tinerfeño Nicolás Francisco González, casado tres veces con hijas de paisanos y con 7 hijos adul­tos. Había sido mayordomo en el Tuy de Lucas Martínez de Porras y de Juan Antonio de Urbina en Caucagüita. Ibídem. Francisco Buenaventura Terrero, 3 de enero de 1770.

6         MARTÍ, M. Op. cit., tomo II, p. 602.

7         REYES, M. «Razones que descubren ser conveniente pueblo en el Valle de Santa Lucía». Reproducido íntegramente en NAVAS MORALES, S. Anécdotas y gentes de Santa Lucía. Los Teques, 1992, pp. 30-38. Sobre Santa Lucía, véase también A. A. A. V. Santa Lucía de Pariaguán (1621-1981). Caracas, 1982.

8         Romero tuvo una sola hija de su matrimonio con una criolla. De­jó como tutores a Domingo Pérez Volcán y a Francisco Álvarez de Abreu. Creo una capellanía de 3.000 pesos para su sobrino Bernardo de Acosta, futuro canónigo de la Catedral. Poseía una arboleda valo­rada en 25.000 pesos, que había aportado al matrimonio. Cuando creía no tener sucesión, convino en donarle a su mayordomo y pai­sano 4.000 árboles. Su primo Domingo, casado en 1727 con una criolla y con 6 hijos adultos es un certero exponente de las cadenas migratorias entre la élite mercantil isleña. Casó a su hijo Antonio con su ahijada Josefa Fernández Romero, única hija y heredera de su primo. La capellanía que éste fundó la recibió su hijo Carlos. Su hija María Teresa contrajo nupcias con el comerciante vasco Joaquín Castillobeitia, Regidor del ayuntamiento caraqueño. Era dueño de una hacienda de cacao de 30 fanegadas de tierra en Santa Lucía, amén de una estancia en Chacao con un trapiche y 52 esclavos. Un hermano suyo, José, presbítero, había muerto en la provincia de Ca­racas y otro, Manuel, en La Habana. Un primo suyo fue un gran hacendado en esa isla. La lista de parientes emigrados sería inter­minable. De algunos hablaremos en este trabajo. Respectivamente, Areste y Reyna, 6 de octubre de 1728. Del Portillo, 17 de enero de 1736 y José Manuel de los Reyes, 26 de septiembre de 1750.

9         Pérez de la Peña, casado con una hija de isleños, tenía 12 hijos adultos y 4 fallecidos de tierna edad. Poseía una hacienda de 2. 547 árboles de cacao, con 17 esclavos, 7 de ellos mujeres. Había abierto una ace­quia para irrigarla en compañía de José Duarte, a mitad de costos. Se habían gastado en ella 7. 200 pesos. Estaba sumamente gravada por un censo de 4.000 pesos a las concepcionistas y otro de 800 para 4 fiestas de la iglesia de Santa Lucía. A.A.H. Civiles, 1779. Testamento de 19 de mayo de 1779 y R.P.C.T, 1780. Testamento de Hernández Sanabria. Ocumare de la Costa, 17 de noviembre de 1764.

10      A.A.H. Civiles, 1791 Petición de Cristóbal Marrero.

11      R.P.C.E. Ascanio, 20 de abril de 1805. También el tinerfeño Juan Marrero mayordomo de una hacienda de cacao que tenía arrenda­da el comerciante ramblero Antonio Oramas. Ambos pleitean so­bre el derecho que tenía a poseer puercos y aves. Oramas defiende que sólo se le permitía un corto conuco y le acusa de malversación en el cacao, el maíz y el arroz cultivado, por lo que lo despidió. A.A.H. Civiles, 1803.

12      Son el grancanario Juan Antonio Pérez, casado con 2 hijos, que tenía en Suapire una labranza de maíz, plátanos y yuca en tierras de Félix Tovar; el tinerfeño Bernardino González, cultivador de maíz, con una troja frente a la pulpería de su paisano Juan Bautista Padrón, y el chasnero José Alonso Mena, casado y con 3 hijos, uno de ellos en paradero desconocido. Tiene cuatro esclavas y una porción de tie­rra en Agua amarilla en esa jurisdicción. Respectivamente, R.P.C.E. Ximénez, 9 de octubre de 1814. A.A.H. Civiles, 1805 y R.P.C.E. Aramburu, 25 de junio de 1805. También el grancanario Francisco Antonio Morales que casa con la natural de Santa Lucía María An­tonia Piñango en 1796. A.G.N. Disensos y matrimonios.

13     Ibidem. Ascanio, 24 de octubre de 1805.

14     MARTÍ, M. Op. cit., tomo II, pp. 580-583.

15  A.A.H. Civiles, 1805.

16      Testamento de Bartolomé en A.A.H. Civiles, 1794. Ocumare, 22 de julio de 1770. Salvador al partir para su tierra natal en R.RC.E. Reyes, 27 de septiembre de 1770. EnTamaimo, 11 de diciembre de 1806. Copia propiedad de Ernesto González Rodríguez, a quien se lo agradecemos. Sobre Salvador y su familia en su lugar de origen véase GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, E. «El Valle de Santiago». El Día, septiembre de 1993.

17      Medina tiene 5 hijos adultos de su matrimonio con la criolla Ro­salía del Barrio, que heredó la sexta parte de las tierras de su suegro en Ocumare, de donde era vecino. En ellos tenía plantados 500 árboles. Poseía una bodega que administraba su hijo y una pulpería a medias con su paisano Francisco Borges. Su principal, que era suyo, era ridículo, 130 pesos. Casa a una de sus hijas con su paisano Salvador Rodríguez. Contrata peones a 2 reales diarios. Era dueño de 10 tablones de añil en Carapa en otro trozo heredado, cultivado a medias con su yerno. R.RC.E. Texera, 14 de septiembre y 1 de diciembre de 1788. García estaba casado con Rosalía de Osorio. Testa ante su teniente justicia mayor José Antonio de Osorio, con 7 descendientes adultos. Poseían dos haciendas heredadas por su mujer en La Vega y Yaguare y otras dos compradas en Gil y Doña María todas citas en el Valle de Ocumare. Testamento por poderes de su hijo Juan José en R.RC.E. Texera, 9 de agosto de 1786.

18     R.P.C.T., 1815. Testamentarias de Francisco y Antonio Saravia.

19     A.A.H. Civiles, 1804. Testamentaria de Bernarda Pérez, vecina de la Sabana de Ocumare. 6 de Julio de 1804.

20     Respectivamente en R.P.C.E. Aramburu, 9 de Enero de 1791, Castrillo, 13 de octubre de 1814 y Jiménez, 26 de Junio

 de1815.

21     Díaz de Ávila, casado con una hija de isleños y con 9 hijos adultos era dueño de una arboleda comprada a su paisano Miguel Bello por 7.000 pesos. Era de 29.000 árboles y con 46 esclavos. Dejó un patrimonio para su José Nicolás Díaz, Canónigo de la Catedral de Caracas y catedrático y rector de su universidad. Moreno, casado con Teresa González de la Rosa y con 12 hijos de los que vivían 5 era también mercader. Poseía una arboleda en Yare. Singular era sin duda Francisco Saavedra, exponente de la migración familiar del tránsito del XVIII al XIX, casado dos veces, con la majorera de Villaverde Agustina Viera con un hijo y con su paisana María Francisca de la Cruz, con la que tuvo 10 que superaron la pubertad. A uno de ellos, Lucía, la casó con su paisano Francisco Rodríguez. Había adquirido por remate en 1810 una hacienda de José Tovar, compuesta por 1.500 cacaoteros, 44 esclavos, 14 f. de tierra de vega y 500 montuosas. Es curiosa su forma de adquirirla en año tan señalado. Apreciada en 23.000 pesos, sólo abona 500 en contado y 1.000 en vales. Se compromete a sufragar los restantes en un censo al 5% anual a favor del real erario. En plena guerra, en 1817, se hizo con una valorada en 35.000, de 11.392 árboles y con 42 esclavos. Pagó por ella 5.000 en plata y vales y el resto en censos. Respectivamente, A.A.H. Civiles, 1808. Testamento de 16 de febrero de 1803. R.P.C.E. Aramburu, 15 de julio de 1797. E. Ibídem, Hernández Guerra, 16 de agosto de 1819.Sobre José Nicolás Díaz, véase su expediente de grados en BAHUCV nº 4. Caracas, 1985, pp. 161-265.

22     R.P.C.T.1738, 23 y 24 de julio de 1735 y R.C.P.E. Cabrises, 11 de noviembre de 1759.

23     Vera funda una capellanía en la provincia para los hijos de su sobrino y un patronato para el casamiento de dos doncellas pobres en su pueblo natal. José, viudo y sin hijos, deja sus bienes para la construcción de una capellanía a la Virgen del Carmen en su pueblo natal. Había comprado una posesión a Teresa Urbina gracias a la fianza de Vera por 4.500 pesos, 2.000 en censo y el resto a pagar en 4 años, pues sólo había aportado 522. Era 3.000 cacaoteros y con 10 esclavos. Debía 6 de ellos bozales a las Oficinas Reales. Todo ello es demostrativo de su escasa capacidad financiera y de su grado de endeudamiento. Juan Vera en Ibidem. Aramburu, 4 de septiembre de 1805. Sebastiana Morales en Puncel, 19 de septiembre de 1789 y José Antonio en Texera, 21 de noviembre de 1820.

24     A.A.C. Testamentos. Leg.88. Santa Lucía, 1770.

25     A.A.H. Civiles, 1806.

26     MARTÍ, M Op. Cit., tomo II, pp. 567 – 569.

27     R.P.C.T. 1744. Testamento ante Marcos Francisco González presbítero con capellanía de los Valles de Yare y de Cara, 1 de julio de 1744.

28     Ibídem, 1771. Testamento ante el cura de San Francisco de Cara, Francisco Arocha, 26 de marzo de 1769 y R.P.C.E., Portillo, 11 de marzo de 1750.

LA ESTATUA PEDESTRE EN BRONCE DEL GENERAL EZEQUIEL ZAMORA

Subido por: Iván López.

ACTA DE LA COLOCACIÓN DE LA PIEDRA FUNDAMENTAL DE LA ESTATUA PEDESTRE EN BRONCE DEL GENERAL EZEQUIEL ZAMORA

Esta estatua del Valiente Ciudadano, general Ezequiel Zamora, primer soldado de la Federación Venezolana, fue mandada a levantar por Decreto del Ilustre Americano, general Antonio Guzmán Blanco, Presidente Constitucional de los Estados Unidos de Venezuela, fecha 14 de octubre de 1880, año 17 de la Ley y 22 de la Federación, y colocarla en la Plaza de Abril. 

El Gobierno confió a los señores Lassére Freres de Paris, la comisión de hacer ejecutar esta estatua, de dos metros de altura, y el artista señor Vital Dubray  de la ciudad de Paris, la fundió en bronce. 

La Junta de Fomento de plazas y Alamedas publicas, compuesta de los ciudadanos doctor J. Felipe Machado, Presidente; Felipe Francia, Carlos Díaz, Pedro P. Fontes, Carlos Benítez, Carlos Rojas, W. Gelbardt, N. F. Hellmund, Antonio Domínguez, José Domingo Sosa, Luis Antonio Hernández, W. Guzmán, Eduardo Albrand, José Antonio Mosquera, Alejandro Espinoza, Cosme del Olio, Valerio González, Julián Montes de Oca, doctor Ezequiel Jelambi, y Domingo Garban, vocales, y Guillermo Fontes, Secretario, representada la Junta Seccional de la Plaza de Abril, que la componen los miembros, ciudadanos doctor Ezequiel Jelambi, Domingo Garban, José Valerio González, y Julián Montes de Oca, fue encarga-do para la erección de la estatua.

Constituida la Junta, presidida por el Ministro de Obras Publicas, ciudadano Ramón Azpúrua, hoy 1º de septiembre de 1881, en la Plaza de Abril se procedió a la ceremonia de colocar esta piedra fundamental, bajo la cual se encuentran con esta acta el libreto titulado La Batalla de Santa Inés, el Decreto de 7 de enero de 1864, honrando con varias disposiciones la memoria del general Ezequiel Zamora y concediendo gracias y pensiones a sus señoras madre y viuda, y el Decreto de erección. 

Para constancia de este acto firman los nombrados en Caracas, a 1º de septiembre de 1881. — Ano 18 de la Ley y 23 de la Federación. — R. Azpúrua. E. Jelambi. Domingo Garban. José Valerio González.  J. Montes de Oca.

(Tomado de la Memoria de Obras Públicas, págs., 164 a 165, Tomo II, 1882).

Escultura de Ezequiel Zamora puesta en la Plaza de la Revolución de Abril (Hoy Plaza de Capuchinos, en Caracas) realizada en Bronce por Vital Dubray en el Año 1881.

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