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¡ADIOS! A OCUMARE, o ¿ADIOS A PETARE?

Por: Manuel V. Monasterios G.

¡El famoso vals del maestro Ángel María Landaeta!

Antiguo Palacio de Gobierno del Estado Miranda en Ocumare del Tuy.

      La Constituyente de 1904, durante el gobierno del General Cipriano Castro, crea él ”nuevo” Estado Miranda y traslada la capital a los Valles del Tuy, específicamente a la población de Ocumare del Tuy, quitándole al burgo de Petare, cercano en la época a Caracas, la categoría de Capital que venía ostentando desde la Constituyente de 1864, que se creo el Estado Caracas, al cual luego se denominaría Bolívar y también formó parte del Gran Estado Guzmán Blanco y del gran Estado Miranda integrado por los actuales Miranda, Aragua, Guarico y Nueva Esparta. El General Castro volvió a los 20 Estados de federalismo Zamorano y en el Tuy se denominaron los Distritos Lander (Ocumare, Yare y Quiripital), Paz Castillo (Santa Lucía y Santa Teresa) y Urdaneta (Cúa Y Charallave).

      Es lógico suponer que esta disposición  del gobierno castrista no fue del agrado de los petareños, especialmente los funcionarios gubernamentales  que tenían que dejar sus querencias y trasladarse al Tuy, sede de la nueva capital… Entre los funcionarios que parten está Don Ángel María Landaeta, quien además de ejercer el cargo de secretario de un Tribunal de Primera Instancia, era Músico ejecutante del violín, compositor e integrante de la Banda Oficial del Estado dirigida por el Músico Germán U Lira, autor de la música del Himno del Estado Miranda. Don Ángel se inspira y toma la determinación de componer un Vals. (Ritmo de moda en la época por ser el preferido del General Castro). El nombre del Vals es: “¡Adiós! A Ocumare”, como un homenaje al pueblo que debe dejar. La primera vez que se interpretó el Vals fue en Petare, con. “la Orquesta dirigida por el Maestro Gemán U. Lira, Landaeta en el violín, Manuel Yélamo como flautista, Alejandro Gerentes Contrabajo, Juan Bautista Clarinete, Bernardino García Tromba y los hermanos del maestro Lira: Domingo Y Rafael Bombardino y flauta respectivamente”

     La pieza compuesta por el maestro Landaeta fue un éxito desde el primer momento, Castro la hizo su favorita en los bailes desde el primer día en que la escuchó, El General Benjamín Arriens Urdaneta. Presidente del Estado Miranda y primero que ejerció en Ocumare del Tuy el cargo, le ordenó a la Banda que siempre la tuvieran en su repertorio, en las retretas y bailes que amenizaban. Así la población de Ocumare del Tuy la hizo suya, a pesar de la dedicatoria A Petare. Luego en el año 1927, esta vez por disposición del General Juan Vicente Gómez, se traslada la capital del Estado Miranda a la ciudad de los Teques y esta vez si se justifica el Adiós. No al Petare de 1904, sino al Ocumare de 1927. La tradición considera que esta pieza musical es emblemática de Ocumare y así  se acepta, no importa el origen y la intención del maestro  Landaeta, Lo importante es que desde comienzos del siglo XX está  en el corazón de los tuyeros.

      Es importante destacar que Don Ángel María no le puso letra en ningún momento, posteriormente se le adaptaron algunos versos.

JUAN JOSÉ BELLO

Por: Jesús A. Silva I.

Juan José Bello.

     Nace Juan José Bello como el mismo lo dice el 20 de abril de 1916 Jueves Santo. Se trata de un tereseño que conoció en su juventud aquel pueblo de apenas dos calles según me cuenta como eran la calle Ayacucho y la Falcón, esta calle Falcón debe su nombre según me cuenta a unas damas que tenían un pequeño negocio de comida muy frecuentado en esa calle y por lo tanto fue tomando como nombre el apellido de estas damas; Juan José Bello continua viviendo en la calle Falcón tras la plaza Bolívar contando con la atención de sus dos hijos Marisela y Juan. Tuvo una hermana Julia y su hermano Federico un artesano, de este último el Conac dio su nombre a su sede local en Santa Teresa del Tuy.

     Juan José Bello recuerda  al Padre Manuel Cañizares y la Iglesia que solo tenía la nave del Santísimo, esta iglesia llego a contar con sus tres naves gracias a la iniciativa del padre Cañizarez de quien recuerda que cuando lo conoció este padre era muy jovencito, yo era un niño en esa época y buscábamos arena en el rió por allí muy cerca de la estación, para ese tiempo el albañil era un señor llamado Diego Hernández; según me cuenta también construyo la casa parroquial y termina diciendo: cuando el padre Cañizarez murió lo trajeron en procesión desde la vaquera a la iglesia donde fue sepultado.

    Cuando hablamos del ferrocarril Juan José Bello expresa que fue construido por una compañía inglesa, pero sus recuerdos sobre este importante medio de transporte se han perdido en el tiempo; sobre la navegación del río Tuy recuerda que él solo recorría de Santa Teresa a Taguaza, había un puerto llamado la “boca de taguaza”, allí  había un señor isleño de nombre Juan Rondón con casa de comercio  muy respetado él, lo que no se recorría por el río se recorría por camino en mula por donde iba la línea del telégrafo. El rió Tuy  era la playa para uno bañarse, era una agua bien fina, lo mismo que el Guaire, el servicio de agua para las casas era en toneles montados en carretas y se vendían tres latas por medio, había tres pasos para bañarse “el paso la Ceiba”, el paso de Norberto” Norberta Gamarra hija de Tomas Ricardo Molina viva allí cerca  y el  “paso las Flores”.

     Antes de que llegará la luz (electricidad) aquí primero eran faroles de querosén encendidos por un hombre en la noche, luego llego la luz de Cúa continúa contando Don Juan José.

     En educación recuerda Don Juan José al maestro barloventeño Prospero Carpio, quien al tener una discordia con el Jefe Civil fue detenido y debió abandonar el pueblo.

     Sobre las fiestas patronales en Honor a Santa Teresa de Jesús recurda Juan José que era un acontecimiento la misa, las bombas de papel que se elevaban sobre el cielo del pueblo, los toros coleados con las talanqueras en la calle principal y los bailes por la noche.

    Para Juan José Bello el primer carro lo trajo un italiano que formo familia en Santa Teresa y era conocido como Don Carmelo Ruso, quien también fundo el cine y lo vendió a la familia Sosa que a su vez lo vendió a la familia Delgado, aunque otras personas dicen que el primer carro lo trajo un comeciante llamado Pepe Otero.

     Juan José Bello recuerda que había vecindarios en Guatopo tales como Las Minas, Morocopo, La Palma, Casupo, Gato Alzao, Culebra, entre otros.

    Sobre el respeto a las personas, recuerda el señor Bello que los padres ordenaban a sus hijos que al encontrar en la calle una persona mayor debían arrodillarse y pedir la bendición, si no lo hacia el padre lo pelaba bien pelao, para que no se le olvidara.

    De aquella Santa Teresa de la década de los años treinta Juan José Bello recuerda al Panchito Irazábal un carpintero que construía las urnas en una época en que no había funerarias, he incluso se acostaba dentro de ellas para medir y precisar la comodidad con que quedaría colocado el cuerpo del difunto, cosa que a algunas personas de causaba temor por el respeto que siempre nos ha inspirado la muerte.

    Las personas como Juan José Bello si bien no han dejado una obra escrita o no han cumplido una función publican, si han logrado algo de valor incalculable para su pueblo como es su largo recorrido por la vida que los convierte en fuente de autentica información sobre el pasado histórico de un pueblo que creció hasta ser la capital de un municipio tuyeros como es el municipio Independencia.

PULPERÍAS Y PULPEROS DE CHARALLAVE

Por: Fermín Luque Olivo

“Muchos de esas viejas y antiguas casas comerciales de Charallave han resistido el embate de los tiempos modernos”.

     La inmigración europea que acabó con casi todas las pulperías citadinas y provincianas de nuestro país, al traernos los grandes abastos y supermercados, en Charallave, pese a su creciente desarrollo experimentado a partir de los años setenta, en diversos sectores locales perduran las antiguas bodegas o pulperías, que a muchas de ellas llamaban despectivamente “ratoneras”. Y con razón, porque en la mayoría de ellas casi nunca faltaba un gato durmiendo sobre un extremo del mostrador o sobre la silla forrada en cuero de chico en la que se arrellanaba el dueño o encargado del negocio.

     Detrás de esos desvencijados mostradores, donde los cambures maduraban en toneles de madera con carburo, se expendían caramelos y se daban “ñapas” de queso y papelón por cada compra al detal; se encontraban unos personajes de singular estampa y reputación.

     En muchas de esas pequeñas casas comerciales se apreciaba el tradicional y cursilísimo cartelito donde se leía, al igual que en muchos negocios de nuestros días: “Hoy no fío, mañana sí”.

ENTRE LAS MAS ANTIGUAS

     Existen referencias de una pulpería denominada “Parapara” que funcionaba para el año 1835, en el sitio del mismo nombre, ubicada en la ruta que el antiguo camino de recuas que unía a Caracas con Charallave; y que pasando por El Valle, La Cortada de El Guayabo, Maitana, Los Anaucos, bajaba por Caiza y luego subía al lugar denominado “Parapara” en Las Brisas del Tuy., donde estaba la pulpería y de allí seguía por Tierra Blanca hasta caer en una de las entradas principales de Charallave, situadas en el sector El Placer. (*).

     También se hace referencia de la pulpería “El Banquillo” situada cerca del puente a la entrada de Charallave, fundada en el siglo XIX, y la que supuestamente perteneció al indio realista Dionisio Cisneros, conocido como “El Bandido Cisneros”, quien asaltó en varias oportunidades, a sangre y fuego, estos pueblos de Los Valles del Tuy, al grito traicionero de “En nombre de Dios y del Rey”, hasta que lo fusilaron en la Plaza principal de Villa de Cura, el día 13 de Enero de 1847.

    Esta pulpería la tenía “El bandido Cisneros” en sociedad con el también defensor de la causa realista Vicentico González, donde el temible guerrillero se abastecía de armas, municiones, pólvora y aguardiente.

     Algunos historiadores afirman que una rama del apellido Cisneros de Charallave son descendientes de este connotado realista nativo de Baruta, cuya mujer había sido raptada en este pueblo; así como también se dice que la esposa del extinto y siempre recordado Don Ramón Figuera, hermano del músico Aquiles Figuera, era descendiente del Indio Cisneros.

LAS VIEJAS PULPERIAS

    Entre esas antiguas pulperías se recuerdan además “La Estación” de Samuelito Arocha; y “Las Brisas del Tuy” perteneciente a Antonio Burgos, situada en el sitio de “El Brinco” (hoy Calle 13, Luis Eduardo Egui); “La Central” de quien fuera Juez del pueblo durante varios años, Luis Beltrán Guerra, la cual estaba ubicada donde actualmente funciona “Licochara” en la esquina

(*) Ver Anuario de Caracas, 1835. En Sección de Amigos del País. T.l. pags. 265 y 273).

     Que forman la Av.3 Bolívar y la Calle “Gustavo Farrera-, en el lugar que hasta los años sesenta se denominó “La Cueva del Sapo”, donde además funcionaba el Restaurante de Manuel Castro y la fábrica de adobes de Vicente Ferráez.

     En la Calle Atrás o La Estación estaba la pulpería “El Porvenir” de Lázaro Castro; y “El Parnaso” de Emilio Higuera, padre de Rafael Emilio y Dimas Higuera, que estuvo ubicada casi al frente donde se construyó el Salón Parroquial durante la administración regional del gobernador Alberto Silva Guillen en el período 1962-1964.

    En esta misma calle, cruce con el boulevard “Evencio Gámez”, donde funciona actualmente la panadería “La Marqueseña”, en el mismo lugar que sirvió de residencia de la familia de don Eladio Vargas, abuelo del doctor Arnaldo Arocha, funcionó la célebre panadería de don Jesús María Guzmán, desde donde salían los repartos a domicilio de todos sus productos hacia los barios y caseríos circundantes. Por lo que observamos este sitio estuvo destinado al funcionamiento de una panadería.

     La bodega, tienda, pesa o carnicería e Aureliano Lamónt, situada en la esquina de la Calle “Zamora”, adyacente al lugar donde hoy se levanta el edificio del Banco Consolidado o Corp Banca, la misma calle que en nuestros días llamaron “La Calle del hambre”.

    También existía la pulpería de Francisco Beltrán y su madre doña Concha, que estaba ubicada en la esquina sur del célebre bar-restaurante “El Demócrata” que fundó el canario Antonio Díaz, y que más tarde heredaron sus hijos Antonio, Francisco (“Paco”) y Fernando. Actualmente allí construyeron el edificio de Locatel.

    La bodega de Antonio Mora en el Pueblo Abajo y la de Genaro Macero en la esquina de la Calle 12-Sucre, con la Av.3-Bolívar, donde se expendían víveres, mercancías secas y quesadillas; así como la de Genaro Macero, en Barrialíto.

    La pulpería de Gregorio Arocha; la Romana de Rafael Guerra, que estaba situada en el lugar donde hoy se levanta el edificio “El Samán”, frente a la Ferretería Regional de José Antonio Plasencia y Juan García Ortíz, entre la Av. 3 Bolívar y la Calle “Dr. José Gregorio Hernández”.

    La Posada y Restaurant de Carlos Carvallo, padre de Porcalia de Pérez, la cual estuvo en el sitio que ocupó el Banco Maracaibo, (hoy convertido en Oficinas del Seniat) formando parte del Conjunto Comercial-Residencial “Don Alejandro” en la esquina noroeste que forman la Av.3-Bolívar y la Calle “Ricaurte”.

OTRAS VIEJAS PULPERIAS

    Otra de las viejas pulperías de nuestro pueblo fue la que perteneció al bigotudo Benigno Fuentes, en la que colgaba a su entrada un letrero donde se leía:  “si quieres tranquilidad habita el campo”. Era un convencido ecologista.

    También de aquél ayer charallavense, pueblo gentil, sencillo, habitado por gente laboriosa, que se extendía sobre una calle polvorienta, con su plaza íntima de tímidos faroles; fueron las pulperías de José Vicente Blanco, la de Pedro Fuentes, Chucho Matute, Teodoro Martínez y la célebre dulcería de Misia Panchita Fusperguez, así como la de “La Esperanza en Dios es la Vida” del señor Valerio López (“Valerito”) que después perteneció a Eduardo Granadillo y la que luego heredó su hijo Eloy Granadillo, la cual estaba ubicada en la esquina noroeste de la Plaza Vieja o Plaza Páez, y que funcionó hasta bien entrados los años sesenta.

    En el sector Lomas de Alvarenga existió la bodega y pesa de carnes perteneciente a Policarpo Arocha y la de Antonio Jesús Castro, que también tenía servicio de restaurant; y en el sector El Placer estaba la bodega, botiquín, restaurant, hospedaje y ranchería de Alejandro Acosta, en esa casa de largos corredores que aún hoy apreciamos lo que de ella queda: su fachada, y que era también algo así como un moderno minicentro comercial, con la diferencia que al frente no tenía espacio para estacionamiento de vehículos, sino argollas de hierro empotradas en la acera para amarrar los burros, yeguas y caballos que le servían de transporte a su clientela.

    También recordamos las bodegas de Marcos Otamendi y la de Oscar Arocha. La bodega y bar “La Atarraya” de José Vicente Blanco que luego fue de Alejandro “Curvita” Luque, el célebre picher del “Charallave B.B.C.” y que funcionó hasta los años sesenta en una de las cuatro esquinas del centro del pueblo y que su costado sur tenía frente hacia la Plaza Bolívar, en el sitio donde actualmente se encuentran el bar-restaurant “Va y Viene” y la panadería y pastelería “Chara”.    

    No hay que olvidar la pulpería y tienda de de Fernando Fusperguez; el botiquín “La Aurora” de Vicente Egui que ocupaba el inmueble donde funcionó por muchos años la Librería y Bazar “Charallave” de Viviano Cisneros (Rasputín), frente a la Plaza Bolívar (lado sur); las bodegas de Amalia Martínez y “La Barrialito” de Ildefonso Díaz (Av.3-Bolívar, cruce con la Calle 13-Luis Eduardo Egui) donde tenía María Jiménez de Díaz su manicería y dulcería criolla, así como la bodega de Genaro Macero; en el mismo lugar que hoy ocupa “La Criollita” que fundó con sudor, tesón y muchos sacrificios el inolvidable amigo George Nahlous.

    En el Pueblo Abajo también funcionaron las pulperías de Rufino Figuera, Carlos Pérez; la panadería de Guillermo Pérez; y el bar-restaurant y hospedaje “Súcua” de Dolores Hernández de Arocha, madre de don Benjamín, Esperanza, Abilio y Elías Arocha.

    Al lado de estos pintorescos negocios funcionaban además las tiendas “La Moda” de Miguel Fleján: “La Nueva Roma” de Clemente Del Vecchio (musiu Clemente); y la competencia que le montó Antonio Del Vecchio (musiu Antonio); y la de José María Pérez, ubicadas en las cuatro esquinas de la Plaza Bolívar, donde estuvo también, hasta la década de los años cuarenta, la bodega y guarapería de Alfredo Herrera, en la que según su dueño había de todo pese a que su estantería siempre estaba vacía. Pero, cuál era el secreto? Cuando los clientes llegaban y pedían -por ejemplo- una locha de sal en grano; Alfredo salía por la puerta trasera de la bodega y la buscaba en las pulperías cercanas. El nunca llegó a decir que no tenía tal o cual producto. Actualmente funciona en dicho lugar la tasca y restaurant “Santa Rosa”.

    En las cuatro esquinas también estuvo la pulpería de Pedrito Oropeza; la moderna construcción que en 1917 inauguró Gabriel Fusperguez, y que actualmente podemos admirar al lado sur donde se levanta el edificio municipal; así como la pulpería que perteneció a Magdaleno Castro, situada frente a la Plaza Bolívar. Y lo que no podía faltar, el bar del coronel Borges y el botiquín, restaurant y hospedaje, bomba de gasolina y garaje “El Oasis” de Querubín Guzmán, en la calle Real, hoy A.3-Bolívar.

    Otros establecimientos de grata recordación eran las talabarterías de Nicolás Egui, Vicente Egui y Rafael Lovera, convertidas en centros de tertulias históricas y literarias.

    La alpargaterías de Matías Serrano, Francisco Martínez, Anamín Fuentes y Rafael Lovera; la carpintería de bancos y cepillos de Carlos Lovera; la trilladora de café de Eladio Vargas, abuelo del doctor Arnaldo Arocha Vargas; la botica “Vargas” de don Chucho Arocha Egui, cuñado de Don Rómulo Gallegos; las barberías de Vicente Blanco y la de Erasmo “El Rápido” Muñoz; así como las estaciones de servicio o gasolineras pertenecientes a Fernando y Luis Fusperguez, la de Querubín Guzmán y la de los hermanos Pedro Antonio y Víctor “Nene) Manuel Arocha.

    Una de las más famosas pulperías fueron las de Juan Chiquín, en la esquina de las avenidas 15-Francisco de Miranda y la Calle Atrás o La Estación, hoy Francisco Tosta García.

TIEMPOS QUE NO VOLVERÁN

    En estas pulperías se expendían velas de sebo, kerosene, tabaco en rama, ajo, pescado salado, manteca de cochino, cambures, papelón, queso blanco duro, caráotas, maíz, huevos, alpargatas, jabón, melcochas, caramelos, pastas, comino, café, nepe, sombreros de cogollo, sardinas y catalinas; y alguna que otra pulpería vendían artículos de lujo como -por ejemplo- el Ponche Crema de Eliodoro González P., talcos Mennen y polvo Sonrisas , las lociones Flor de Amor, Majestic, Gloria de París y la Royal Begonia; mientras que las brillantinas eran la Roger & Gallet, la Violet y Palmolive; cigarrillos Alfa y Negro Primero, Avena Quaker y harina lacteada Nestlé, las cremas dentales Kolynos y Colgate, chocolate El Indio, Creolina, ceras para pulir pisos Jhonson, Jamón Premiun, Jabón Las Llaves, Insecticida Flit, Sal de Fruta Eno, Glostora, Brylcreem, máqinas y hojas de afeitar Genn, entre muchísimos otros productos que comenzaban a invadir el mercado nacional.

    Y las ofertas como en los mercados libres: carne de res (pulpa, costilla o ganso), y chuletas de cochino, a 2,oo Bs., el kilo; caráotas negras, a Bs., 0,50 el kilo; huevos a 8 por bolívar; queso blanco duro, a Bs., 1,20 el kilo; plátanos a 12 por bolívar. En la pulpería de Alfredo Herrera tenía un tonel de madera lleno cambures. Cuando alguna persona le pedía medio (Bs.,0,25) de cambures, él decía “coma y llévese los que pueda en una mano”.

    En aquellas viejas balanzas marca “Toledo” pesaban la mercancía; y los pulperos en recompensa por la compra otorgaban las célebres “ñapas” consistentes en trozos de papelón y queso, que después suplantaron por tickes numerados del 1 al 20, que una vez perforados en su totalidad se cambiaban por otras mercancías o por un bolívar en efectivo.

    La estampa de aquellos pulperos se ha perdido en estos tiempos de plásticos e internet. Sin embargo queda vivo el recuerdo de una época en la que sus habitantes no eran víctimas del IVA y la inflación, la inseguridad y la más descarada especulación que fustiga en nuestros días.

    En La Magdalena nos queda la vieja pulpería de Don Crispín Delpiani, para recordar tiempos que no volverán.

El uso de las fichas como monedas, en las haciendas del Tuy. (del Siglo XVIII al XX)

Por: Manuel V. Monasterios G.

Ficha de Hacienda.

     El intercambio comercial en los siglos XVI y XVII se fundamentó básicamente en el trueque (Intercambio de productos). La falta de monedas obligaba a cambiar harina por marranos, tabaco y maíz por mulas, huevos, gallina y café por plátanos. La habilidad comercial de los productores y la necesidad estableció por largos años esta primitiva modalidad  de permuta prehistórica. También se utilizaron metales como el oro, la plata y gracias a la extracción de perlas, en Cubagua, éstas ocuparon el lugar de los inexistentes doblones, centavos o cobres como se les denominaba a las monedas en aquellos lejanos años de la conquista.

     Con la llegada de la Compañía Guipuzcoana a la Provincia de Venezuela, primera mitad del XVIII, se introdujo la moneda o peso macuquino. El intercambio comercial con el puerto de Veracruz (México) implantó ingentes cantidades de macuquinos, los cuales llenaban las cajas de caudales y las alforjas de los “mantuanos”, dueños de las grandes plantaciones de cacao. Esta riqueza o  “Bonanza cacaotera”, propicia la fundación y consolidación de los pueblos del Tuy. Los amos de tierras y esclavos tenían excedentes económicos, procedentes de la venta de cacao, podían disponer del dinero necesario para contratar con Iglesia compromisos de capellanías, censos y parroquias.

Ficha de Hacienda, valor Medio Palito.

     En las  últimas décadas del siglo XVIII aparecen por primera vez en las haciendas del Tuy, la ficha acuñada en cobre, plomo o latón, con un valor de ¼ y ½ real para cancelar el trabajo de los primeros libertos que contratados en condición de peones asalariados. Es importante subrayar que la utilización generalizada de las fichas en las haciendas, se debió a la abolición de la esclavitud, durante el gobierno del General José Gregorio Monagas (1854). Los amos tenían que pagar un salario a los antiguos esclavos, ahora en condición de hombres libres. No había disponibilidad de dinero suficiente en circulación, aunque se acuñaron los famosos centavos negros o “Monagueros”. Lo cual propició el florecimiento de un sistema de control feudal, donde el trabajador recibía por sus labores unas fichas, en sustitución del dinero, cuyo valor de intercambio se limitaba a la pulpería, propiedad de la hacienda. En ese negocio, generalmente ubicado dentro de los linderos de la finca, vendía los productos que se consideraban necesarios para el consumo del peonaje. Estos trabajadores no tenían la posibilidad de comparar en otra pulpería. Los precios de los productos los establecía el amo de la hacienda. Todo este régimen económico-social configuraba un sistema de control y explotación humana, muy parecido a la esclavitud.

Centavo Monaguero o Centavo Negro.

     Las fichas las mandaba a acuñar el amo de hacienda, generalmente en cobre o bronce, llevaban el nombre de  la propiedad, algún signo o símbolo, el año de emisión y el valor. Las haciendas de café entregaban fichas representadas en valor de almud o fanegas, de acuerdo a la cantidad de café que recogían. Si era caña de azúcar, representaba el valor del trabajo de tumbar la caña. Entre las haciendas más recordadas por este régimen, el cual estuvo vigente hasta el gobierno del General López Contreras (1935-41). La gran posesión Mendoza ( Hoy Colonia Mendoza), Piñango ( Yare), Quebrada Honda ( Cúa),  Mopia (Santa Teresa), El Volcán (Santa Lucía), Tazón ( Cúa ), Marín ( Cúa), El Yagual ( Cúa), San José ( Cúa), Monterola (Ocumare del Tuy), La Magdalena ( Charallave).

Pulpería en Venezuela.

     La pulpería o “tienda de raya” como también se le denominaba, porque la firma del peón, en los libros de cuentas de la pulpería era una raya, pues en su totalidad eran analfabetas. Este sistema de “autonomía endógena”, le permitía al amo “Despacharse y darse los vueltos”, la hacienda tenía un poder total sobre la vida y bienes de la peonada ya que en su pulpería  se vendía  el aguardiente producido en el alambique de la finca, esto ocasionaba que generalmente el domingo el peón terminaba borracho y endeudado. También se vendía el papelón, el café, la caraota, el arroz, la sal, la carne salada o salpresa, el Kerosene, los fósforos, el queso blanco llanero, el pescado seco para la Semana Santa, la tela de zaraza y el liencillo, las agujas y el hilo de coser, no podía faltar el tabaco en rama, el chimó, el cigarro en mazo, velas de cebo, aceite de tártago para purgar a los muchachos, la manteca de cochino para freír, sombreros, alpargatas y las botas de vaqueta, calderos y ollas de barro.

     Habitualmente al lado de la pulpería de la hacienda funcionaba la cancha de bolas criollas y en algunos sitios  una gallera, mesas de blanco y negro o batea (Juego de azar), con estos divertimentos se cerraban el circuito económico  de explotación, se determinaba cual era el “consumo necesario” del peonaje y se les mantenía anclados a su unidad de trabajo.

Ficha de Hacienda El Trompillo 50 céntimos.

     Esta estructura económico-social se mantuvo  hasta la muerte del general Juan V. Gómez y sólo se superó en 1945 con la llegada al poder del gobierno cívico-militar de la Junta Revolucionaria de Gobierno, presidida por Don Rómulo Betancourt. Ese año el campesino enfeudado inició el éxodo y el desarraigo, se mudaban masivamente a los cerros caraqueños, dando origen a los círculos de pobreza y al país marginal, situación económico-social que no hemos podido superar hasta hoy.

     Es muy importante que las nuevas generaciones estén enteradas que hace apenas 70 años, así era la vida en estos valles, esa imagen bucólica de ensoñación que muchas veces se trasmite en las crónicas, hablando de lo hermoso que eran los trapiches papeloneros del Tuy, olvida las relaciones laborales y las condiciones de explotación que padecían los campesinos tuyeros.

El Guarapo de Piña

Por: Manuel V. Monasterios G.

Piñas o Ananás.

     Desde la época colonial hasta bien entrado el siglo XX, las bebidas refrescantes favoritas del venezolano eran el agua de tamarindo, el carato de guanábana, el carato de acupe, la chicha de arroz y el guarapo de conchas de piña con papelón. Es indiscutible que el más popular era el guarapo de piña, no había pulpería que no tuviese su frasco bocón lleno de conchas de piñas, de donde se sacaban con un cucharón los vasos de la refrescante bebida. En algunos casos el guarapo se “enfuertaba”, es decir, que alcanzaba algunos grados de alcohol y se degustaba como un modesto vino, más de un muchacho salía  “Sarataco” después de tomarse varios vasos de guarapo de piña.

     La propagación masiva de  los refrescos embotellados y gasificados como la colita roja “Bernoti”, la cola negra “Bidú”, la” Bamby” y la” Dumbo” y finalmente como “crecida de consumo” llegaron la “Pepsi” y la “Coca.Cola” para destronar y sacar hasta de la memoria colectiva el humilde Guarapo de Piña, rey de las bebidas populares por más de 400 años. Como no hubo un químico venezolano que preparara la fórmula industrial del guarapo para embotellarla y venderla masivamente, ni se pensó en la posibilidad de transformarla en franquicia, la otrora famosa bebida quedó relegada y vista como algo propio de gente rústica. Lo que no podía alcanzar la química de colores y sabores impuesta por la comodidad, el mercadeo y la publicidad con refrescos embotellados eran las propiedades del guarapo: Se asegura que es maravilloso como descongestionante hepático, des inflamador, si se toma sin dulce es perfecto para quien quiere rebajar unos kilos demás. Si a éstas cualidades agregamos el incomparable y delicioso sabor, bien vale la pena rescatar y probar ésta ancestral receta.

Piñas Cortadas.

     Es muy simple: Se toman las conchas de una piña y se lavan muy bien con un cepillo, se colocan en un envase grande, se agrega el papelón, de acuerdo al gusto y se le coloca agua  filtrada o hervida, se deja mínimo 24 horas para que tome sabor, si se quiere un poco fuerte se puede dejar 24 horas fuera de la nevera, se cuela y se sirve con hielo picado, las conchas se pueden usar dos o tres veces. Puede usted hacerlo, muy fácil y delicioso, además es muy económico, saludable y es nuestro.

Conchas de Piñas en agua de papelón.

HISTORIA DEL LICEO “RAFAEL OLIVARES FIGUEROA”, PRIMER LICEO DE SANTA TERESA DEL TUY

Por: Isaac Morales Fernández

     A principios de los años 70’s, la recién fundada Sociedad de Damas Teresianas, ente meramente social destinado a la creación pujante de proyectos que beneficiaran el desarrollo de Santa Teresa del Tuy (entonces perteneciente aún al Distrito Paz Castillo), tales como planteles educativos, servicios médicos y bibliotecas, se reúnen con el entonces gobernador del Estado Miranda, Arnaldo Arocha, y le hacen la petición formal de un liceo público, imperante en un pueblo en el que ya no existían tales instituciones, y debido a ello la mayoría de la población no tenía sino sexto grado. Arocha no aprueba la construcción del plantel argumentando falta de presupuesto, así que se propone habilitar algún recinto ya construido en la población y convertirlo en liceo. Así se hizo gracias a la intervención de la Sra. Flor Mibelli, quien ofreció una propiedad suya que había funcionado hasta ese año como oficina del Banco Obrero, en la calle López Méndez (en donde se encuentra hoy el liceo “Francisco Linares Alcántara”), así mismo, el Grupo Escolar “Ezequiel Zamora” colabora con un aula para realizar las inscripciones y la recepción del nuevo personal. Definitivamente, el 16 de octubre de 1973 abre el primer liceo del pueblo bajo el nombre provisional de “Creación Santa Teresa”, con una matrícula de 180 alumnos, 9 profesores y un bedel. Para el siguiente año escolar, 1974-’75, el Prof. José Hernández acude a la Oficina de Epónimos del Ministerio de Educación para colocarle al liceo uno nombre digno, y es así como se designa Ciclo Básico Común “Rafael Olivares Figueroa”, como ese poeta, folclorista y docente caraqueño.

U.E.N Rafael Olivares Figueroa.

     En ese mismo año escolar, el C.B.C. “Rafael Olivares Figueroa” se muda entonces al Centro Cultural “Juan España”, pero por la creciente cantidad de alumnos y la poca funcionalidad del espacio, debe mudarse para el período ’75-’76 de nuevo. Esta vez a la parte baja de la calle Ayacucho (donde se estableció luego por muchos años el famoso restaurant La Casa de los Espaguetis, mismo sitio donde está hoy en día la mueblería Mauro H.M.). Mientras tanto la Comunidad Educativa, presidida por el Sr. Antonio Melidei, ha estado trabajando duro en las diligencias por tener local propio, y efectivamente, el 24 de abril de 1975 se coloca la primera piedra de la edificación que actualmente ostenta el liceo.

     A inicios del tercer lapso del año escolar ’77-’78 (entre abril y mayo) se estrena el nuevo edificio de dos pisos, con unas treinta aulas para impartir clases. Ese mismo año escolar también se ha iniciado el primer curso de 1ro de Diversificado, por lo que el liceo pasa a clasificarse como Ciclo Combinado, y al final del período ’78-’79 se gradúa la primera Promoción de Bachilleres en Ciencias. En los tempranos ‘80s se crean las menciones de Bachiller Docente (luego eliminada a los pocos años), Humanidades (eliminada recientemente en 2007) y luego la de Contabilidad. A finales de los años ‘90s, por decreto de ley, pasa a clasificarse como Unidad Educativa Nacional U.E.N. En 2004 se crea una extensión del liceo en el sector El Vizcaíno, como seccional 11, dado el fuerte aumento de matrícula a más de dos mil alumnos. Finalmente, para inicios del año escolar ’07-’08 el liceo vuelve a cambiar su figura pero esta vez radicalmente, convirtiéndose bajo la actual Dirección del Prof. Nicolás Pérez, y por decreto ministerial, en Escuela Técnica Robinsoniana, eliminando paulatinamente la mención Ciencias para tener sólo cuatro menciones técnicas en estudios diversificados de tres años.

U.E.N. “Rafael Olivares Figueroa”

     Algunos de los que, con vocación y labor invaluable llegaron a ser directores del “Rafael Olivares Figueroa” son: Yrene Fernández, Nery Rosales, Alfredo Graterol, Freddy Gotto, Rafael González, entre muchos otros.

   Algunos de los más recordados, queridos y admirados profesores: Jorge Cortés, Pastora Lamont, Oswaldo Ugueto, Frank Fernández, Oscar Oropeza, entre muchos otros.

   Y algunos alumnos de esa institución que han tenido grandes logros profesionales son: Felipe Lira, Edgar Alfonzo, Edgardo Alfonzo, entre muchos otros.

EL PACTO CON EL DIABLO

Por: Manuel Vicente Monasterios G.

     Desde el inicio de los tiempos está presente, en todas las culturas, la lucha entre el bien y el mal. En el imaginario popular la figura del mal adquiere nombre y apellido, la literatura recoge bajo diversas formas la agonía de esa lucha, de los pactos y de las ambiciones. El Dr. Fausto, Mefistófeles, Florentino y el Diablo. Francisco el Hombre, el acordeonero del vallenato que vence en duelo musical al mismo diablo. Desde la Patagonia hasta Norteamérica la tradición y la leyenda se mezclan con las creencias populares.

     Desde el inicio de los tiempos está presente, en todas las culturas, la lucha entre el bien y el mal. En el imaginario popular la figura del mal adquiere nombre y apellido, la literatura recoge bajo diversas formas la agonía de esa lucha, de los pactos y de las ambiciones. El Dr. Fausto, Mefistófeles, Florentino y el Diablo. Francisco el Hombre, el acordeonero del vallenato que vence en duelo musical al mismo diablo. Desde la Patagonia hasta Norteamérica la tradición y la leyenda se mezclan con las creencias populares.

     Don Agustín Martínez tenía 15 días de agonía, luchaba con la muerte, pero fuerzas extrañas impedían a ésta cumplir su cometido, habían momentos en que el moribundo se paraba de la cama y daba órdenes, como era su costumbre, no parecía afectado por ningún mal, por el contrario se veía enérgico, haciendo planes para mejorar los potreros de

     Una de sus haciendas, hablaba con José Manuel García, su jefe de caporales, para que aprovechara el verano y trajera de Calabozo cien reses que le tenía en depósito Don Sebastián Llamozas. Una hora después estaba en cama, sin reconocer a sus familiares, ardiendo en fiebre, gritando que le trajeran al cura y que sacaran de la habitación a ese arriero de sombrero y cobija negra que no lo dejaba tranquilo. Don Agustín en su agonía mantenía una conversación con un personaje que por su vestimenta parecía llanero de los de antes, pues lucía alpargatas, garrasí, mandador y capotera.

     A las 6 de la tarde hace su entrada a la casa de los Martínez el padre Jesús María, con viático y campanillas, anunciando la presencia de la Sagrada Eucaristía, lo conducen a la segunda planta donde estaba el enfermo, apenas llega el sacerdote, los gritos se oyen hasta en la plaza cercana, con un lenguaje indescifrable, solo se podía entender el nombre de su hijo mayor Adán, quien estaba en la capital.

___Tráigame a Adán

___Saquen al arriero.

Esas dos frases en medio de una andanada de insolencias y una lengua desconocida.

     Apenas el padre Jesús María oyó al enfermo dijo: ___Está hablando en latín, por la pronunciación es un latín clásico, el cual no se habla desde hace más de 2000 años.

__Le pregunta a Misia Rosa esposa de Don Agustín, si éste había estudiado en algún seminario de Roma, ya que esa ciudad era el único lugar del mundo donde se estudiaba esa lengua madre, con su primitiva pronunciación.

Misia Rosa responde: ____Que yo sepa no, padre, él nunca ha salido más allá del Apure y al pueblo de Macuto, donde íbamos a temperar, grado de estudio no tiene, porque en su pueblo no había escuela, aunque inteligente si es.

     El cura saca un libro antiguo con cubierta de cuero y empieza su lectura también en latín, el cuerpo de Don Agustín se retuerce en la cama como una soga, los ojos vidriosos, maldiciendo lo más sagrado de la religión Católica, trata de levantarse con violencia para arrancarle el libro al cura, pero éste en medio de oraciones, ordenes e invocaciones lo baña con agua bendita.

     Cae el enfermo en un sopor, su rostro cambia la expresión de ira y dolor por tranquilidad y placidez. El cura continua la lectura en voz alta, utilizando el agua bendita, los oleos y solicita a Misia Rosa que urgentemente alguien llegue a la casa parroquial y le pida a su hermana que le envíe el Cristo del estuche.

     No habían pasado 5 minutos cuando ya estaba en manos del padre Jesús el Cristo solicitado. Era una escultura de plata elaborada en Sevilla durante el período colonial, una verdadera obra de arte de estilo barroco, había pertenecido a Don Bernardo Rodríguez del Toro, primer Marqués, quien la había donado al Oratorio del Valle de Marín.

Mientras el cura reza, José Manuel, el caporal que acompaña a Don Agustín desde muy niño, le dice a Misia Rosa:

___Yo sabía Misia Rosa que este momento tendría que llegar.

___ Nadie juega con candela sin quemarse.

Misia Rosa le pregunta: ___ ¿por qué dices eso José Manuel?___ ¿Tú sabes algo que yo no sé?

___Son cosas que uno de pequeño vio y vivió, pero que la prudencia y el respeto que yo toda mi vida he tenido por Don Agustín, me han obligado a mantener en la más absoluta reserva, pero viendo el sufrimiento del viejo y de ustedes, tengo que referirlo, solo a usted, para que tome las previsiones que juzgue conveniente, recuerde que lo hago en medio de este compromiso, por la debida fidelidad que tengo al único padre que he conocido.

____Hace muchos años cuando Don Agustín trabajaba como arriero mayor de los Llamozas de Calabozo y yo era apenas un niño que acompañaba las puntas de ganado, haciendo de cabrestero, en un sitio de posada conocido como el Loro, cercano al pueblo de San Casimiro, ocurrió un hecho que cambió la vida de Don Agustín.

__ Se reunían los arrieros para “Echar sus cachos”, contaban sus cuentos, las cosas que pasaban por aquellos caminos de Dios, se jugaban grandes sumas de dinero, en gallos, batea, dados y barajas producto de las ventas de ganado. Se montaban uno que otro joropo y también ocurrían lances como el que le pasó a un arriero llanero llamado “Quirpa” en el caserío de Guiripa, donde lo malograron. Porque, dicho sea de paso, la gente de esos montes no quieren a los llaneros, según dicen que los “marrajos” del llano les robamos a sus mujeres.

___Don Agustín, de joven era un hombre muy parrandero, jugador arriesgado, cantador y contrapunteador de los más reconocidos, un día al regresar, cumplida la venta del ganado, traía buena plata y nos “arrochelamos” en El Loro a parrandear, a jugar dado y baraja, teníamos más de 6 días, en ese caserío y Don Agustín había perdido su dinero en el juego y se arriesgó con las ganancias de los Llamozas, creyó que podía recuperarse pero también las perdió. Desesperado, porque quedaría ante sus patronos como un vulgar ladrón, indigno de

     Confianza, se fue a la orilla del río, dispuesto a poner fin a su existencia.__ Son momentos de la vida donde perdemos el camino y solo vemos la muerte como la gran solución.

     Justo en el instante de cometer la locura apareció de la nada un arriero, ataviado con garrasí negro con una cobija negra y alpargatas. Ya Don Agustín le conocía, fue el mismo del contrapunteo de la noche anterior, según los viejos arrieros lo habían visto cantar por los lados de Barinas, hace muchos años, con el catire Florentino Coronado, otros decían que cuidaba un hato por el Cunaviche, en tierras del Dr. Payara. Los más jóvenes afirmaban que era el caporal del hato La Rubiera.

El llanero llegó en el momento en que Don Agustín, desmoralizado, preparaba su 38(S. &W.)

Con voz fuerte le dice el llanero a Don Agustín:

____ No cometas esa pendejada, muchacho, yo te puedo ayudar para que pases este trago amargo.

__ Agustín le preguntó: ___ ¿Cómo?_ Si usted apenas es un arriero cantador de corridos.

___Tenemos que hacer un negocito, muy fácil para ti._ Tú tienes perdido todo en este momento, solo te queda el revólver y la bala, yo te propongo que me vendas tu alma y la de tu hijo mayor, así tendrás el dinero que necesitas para salvar tu honra, pero además tendrás lo tú quieras mientras vivas.

__ ¿Cuál hijo? __Pregunta Don Agustín.

__El que tendrás algún día, __ este negocio se concreta ahora y se resuelve cuando llegue la hora de tu muerte, antes no.

__De todas formas ibas a morir en este instante, te doy la oportunidad de cambiar esa bala por morocotas, sería el mejor negocio de tu vida, tu como llanero tienes que conocer la historia de La Rubiera el hato más productivo del llano, no hay en Guárico, ni en Apure una fundación más rica, ese fue también un negocito que yo hice con el patrón de las orillas del Guariquito. Todavía hoy después de cinco generaciones produce grandes ganancias.

___Como prueba de mi confianza en ti, te digo:

__Camina hasta el pie de aquel bucare, con tu cuchillo abre un hueco hacia las raíces del norte y saca una caja de morocotas y esterlinas para que pagues tus deudas y quedes bien con los Llamozas; de esas morocotas muchas te quedarán sin compromiso, para qué empieces a negociar ganado por tu cuenta.

__ .Nosotros nos encontramos más adelante y finiquitamos nuestro negocio._ Se te abrirán definitivamente las puertas de la fortuna.

__ El carretón de las riquezas pasa solo una vez frente a ti, si lo dejas ir te esperará una vida de pobrezas y humillaciones, Te gusta el juego, yo te garantizo que jamás volverás a perder.__ Tú tienes la palabra.

     Don Agustín, tentado por la propuesta del arriero se dirige hasta el pie del enorme bucare, uno de tantos que daban sombra al cafetal de los hermanos Riobueno y procede a cavar tal como le había indicado el llanero, de pronto apareció una caja de madera labrada con arabescos, de unos 40 por 25 centímetros por unos 30 de profundidad, de color caoba. La saca de la tierra, pero nota que a pesar de las lluvias y el pantano la caja está limpia, como si jamás hubiese estado enterrada, la abre y en su interior hay cantidad de morocotas americanas y libras esterlinas inglesas de puro oro, además hay un pergamino antiguo

     Escrito en latín, con una inscripción: “Grimorium Honorii Magni”, en ese viejo documento estaban las formas y las cláusulas para consolidar la venta o el pacto, con el caporal de La Rubiera. Después de dar ese paso no hay regreso.

     Con la conmoción y el desconcierto del momento Don Agustín ni siquiera cuenta el oro, sino que lo introduce con caja y todo en una capotera. Ve con curiosidad el pergamino pero no entiende el idioma en que está escrito y también lo guarda.

     Regresa a la posada para preparar la partida a Calabozo. Sin decir nada a sus compañeros de los hechos ocurridos.

__Es así Misia Rosa como se inicia el trato de Don Agustín con “El Poderoso de las Tinieblas”.

     Allí empezó su racha de riquezas, buena suerte y abundancia. Jamás perdió en un negocio o en el juego, se libró de la muerte varias veces en eventos peligrosos, si algún cuatrero le robaba un animal ese ladrón moría en forma horrible. El señor de las tinieblas era su principal apoyo.

___Pero José Manuel, __ ¿Quiere decir que el arriero que menciona Agustín en su gravedad es alguien que viene por él?

__Misia Rosa, __ No solo por él, sino también por su hijo mayor el joven Adán.

__Ave María Purísima, ¿Cómo puede ser?

__ ¿Cómo pudo hacer esto Agustín?__ Es mejor la pobreza material que la condenación eterna. ¿Qué culpa tiene Adán de la ambición de su padre, no es justo.

__José Manuel__ Siento que me desmayo, no tengo fuerzas ni para levantar las manos, ayúdame.

     Misia Rosa se apoya del brazo del caporal, no puede respirar, se acomoda en un sillón. La infausta información del trato la colocan al borde de un colapso. Está mareada y sin aliento.

     Mientras tanto el padre Jesús María había terminado los rezos, sudaba copiosamente, con el crucifijo en la mano derecha, temblando le dice a Misia Rosa que necesita hablar con ella a solas, pero al verla en ese estado de postración le indica que descanse un poco que el viene en una hora, pues lo que tiene que informar es urgente y no espera.

     Don Agustín descansa con cierta tranquilidad, el cura regresa a la hora indicada, ya Misia Rosa está más serena, se encierran en una habitación. . _Misia Rosa, la situación es muy grave, aquí están presente las fuerzas del mal. Hoy se apoderan de Don Agustín y no puede morir en paz. Están reclamando una deuda o un pacto. __ ¿Qué sabe usted de esto?

___Misia Rosa llorando le cuenta al padre Jesús que se acaba de enterar por boca del caporal, lo ocurrido años atrás en un cafetal del caserío El Loro.

El cura le manifiesta que la situación es más grave de lo que creía.

___ Debo traer de Caracas al padre Luis, es el único que puede ayudar, maneja el exorcismo en grado máximo, si él no puede, se perderán dos almas.

     Dos días después llegó al pueblo el padre Luis, era un sacerdote de unos 60 años, con una profunda vida espiritual, tenía una gran preparación en el combate con el mal y además tenía poder para conjurar al maligno. Sabiduría adquirida en un viejo monasterio de Hungría. Hacía menos de dos meses en un combate de tres días con sus noches había expulsado al Demonio de una quinta del Paraíso, en Caracas, donde tenía dos meses y los propietarios habían abandonado su casa desesperados por los gritos que oían y un olor nauseabundo que no se quitaba ni anegando la casa con agua colonia.

     Apenas llegó al pueblo el padre Luis, sin quitarse el polvo, subió al segundo piso de la casona de los Martínez e inició el ritual indicado para el caso. El agua bendita, las palmas, las cenizas, los oleos. Tres ayudantes acompañaban al padre Luis, todos preparados y con experiencia para el enfrentamiento con los poderes del mal.

Al comenzar los rezos, Don Agustín empieza a gritar a todo pulmón y entre babazas verdes le dice al cura:

____Tu maldito cabrón, hijo de mala madre otra vez estás tratando de impedir que se cumpla el contrato, no podrás, no hay fuerza que impida la culminación de este negocio. Este necio ya disfrutó de todo lo que ambicionó en su cochina vida, ahora no hay salvación, así lo estipula el Códice MCMLVIII.

__ Tu mal cura, degenerado lo sabes, soy quien manda.

___ Así que puedes agarrar tus rezos, enrollarlos y metértelos donde te quepan.

___Yo soy el poder. El mundo hace lo que yo ordeno, no hay quien se resista a una bolsa repleta de morocotas. Quien va a cambiar oro por rezos. Por el dinero y el poder los hombres venden a sus madres, a sus hijos, a lo que más querido, nada es sagrado ante el oro. Cada día tengo más seguidores, domino hombres y gobiernos: ___ Así fue y así será.

     A pesar de las blasfemias el padre y sus ayudantes continúan con el ritual. A las 6 de la tarde empezó un olor a podrido, era imposible soportar el hedor, se extendió por todas las casas de la cuadra, pasó por la plaza mayor, llegó hasta el cementerio, todos los habitantes abandonaron sus casas y se refugiaron en la Iglesia, fue el único lugar del pueblo a donde no llegó el olor a infierno.

     A las 7 p.m. llegó de Caracas el hijo mayor de Don Agustín, subió a la habitación y se encerró con los curas y su madre, una hora después salió del cuarto con gran palidez en el rostro, su cara reflejaba una profunda angustia, entró a la habitación donde estaba su padre, estuvo solo con él unos 15 minutos, hablaron con tranquilidad, luego bajó, salió a la calle, en el más absoluto silencio se dirigió a la iglesia, asistió a una misa que tres curas celebraban para alejar el mal, todos los feligreses veían a Adán, pero no se atrevían a romper el silencio. Todos sabían lo que estaba por pasar, pero nadie hacía lo que había que hacer para impedir que el destino se cumpliera. Adán regresó a su casa, vencido por el cansancio, se acostó en una hamaca. A las 11 p.m. murió, sin una palabra, sin una queja, un infarto fulminante acabó con la vida de aquel joven. Una hora treinta minutos después de la muerte del hijo mayor, en medio de gritos y maldiciones murió Don Agustín.

     Un ventarrón arrancó de raíz el viejo samán de la plaza, fue el anuncio de aquellas muertes que todos esperaban por más de 50 años.

27 de mayo del 2006 Día de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

LOPE DÍAZ MILANO

Por: investigaciones TUCUY

Lope Díaz Milano.

     Si hay en la historia local del siglo XX un personaje que haya dejado huellas profundas, sabiduría y ejemplo de vida es DON LOPE DÍAZ MILANO, Un cueño con espíritu renacentista, el cual era capaz, con eficiencia y amor, de escribir una marcha fúnebre, elaborar una lámpara de carburo, reparar el viejo reloj del templo parroquial, hacer de Maestro de Capilla, hacer  de compositor de música popular, de sacar adelante una familia y todavía tener a flor de labios un chiste, un consejo o una reprimenda. Así era el maestro Lope, como todos le conocían y respetaban.

     Nació en la población de Cúa, Estado Miranda, el 25 de septiembre de 1903, en los albores del siglo XX, durante el gobierno del General Cipriano Castro, hijo de Don Mateo Díaz Almeida y Doña Carmen Milano de Díaz. Estudió sus primeras lecciones musicales con el Padre Yumar, quien había llegado a Cúa en 1910 y tuvo la iniciativa conjuntamente con su sobrino Pablo Castellanos Yumar (Padre de otro cueño ilustre en el campo de la Música venezolana el Maestro Evencio Castellanos Yumar)  de fundar en 1914 la “BANDA DEL ROSARIO DE CÚA”.

     De la mano de estos pioneros del campo musical recibe lecciones, aprende a leer el pentagrama, a interpretar instrumentos como la tuba, el bombardino, el órgano, el bajo, pero al mismo tiempo comprende que lo más importante para un artistas es dejar un legado, crear escuela, multiplicar su saber, canalizar inquietudes y dedica con la fe del misionero y la pasión de un caballero cruzado a la enseñanza de la música; funda la Escuela de Música Germán U. Lira en 1922 Por sus sabias enseñanzas Cúa hoy sigue siendo el semillero más importante del Tuy del que hacer musical. Se destacan entre otros como sus discípulos y a su vez nuevos maestros: Don Ángel Ramón Serrano (fallecido). Don Lucio Isturiz (fallecido), Don Luís Villegas, Don Esteban Vásquez, Don Alejandro García Mackle (fallecido), Don Estanislao Echezuría, Don Julián Méndez (fallecido), Don Alejandro Palma (fallecido), Don Pedro Antonio Díaz (fallecido), Don Lope Palacios,  Don Genaro Estrada (fallecido), Don Guillermo Palacios, Don Magín Guevara (fallecido), Don Pedro Prim (fallecido), Don Teodomiro Rivero (fallecido) quien a su vez siembra la semilla de la música en Charallave, dando origen, conjuntamente con hombres como Don Eulogio Serrano a todo un movimiento musical charallavense con vigencia hasta hoy, a Don Rito Prim, Don Jesús Pérez, Don Ramón Castro, el Dr. Héctor Honorio Hernández Medina, El gran director musical Alejandro Marrero, el compositor, arreglista, interprete y pedagogo Bernardino Pacheco, Don Luís Tabasque (fallecido) para nombrar solo algunos de sus discípulos.

     En 1932 contrajo matrimonio con Doña Alejandrina Hernández, fundado un hogar ejemplar con sus hijos Francisco, Elena, Cristina, Belén, Alejandrina (fallecida), Luciano, Isabel , Nelly y Carmen.

     Sus hijos políticos Ana de Díaz, Jesús Angelino (fallecido) Salvador Minicozzi, José Luque, Luís Palacios, Águeda de Díaz, Gilberto Alzuru, Antonio Santana, Franco Giraldi, sus innumerables nietos y bisnietos, una familia paradigmática para sus conciudadanos.

Algunos reconocimientos recibidos por Don Lope Díaz:

     Orden “Cristóbal Rojas en su Primera Clase”. Concejo Municipal del Distrito Urdaneta. Año 1974.

     Diplomas y Reconocimientos (Varios) a su labor en la Música, el Deporte y la Cultura.

    Placa de Reconocimiento a su  labor durante 55 años, como Maestro De Capilla de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Cúa.

    Y la distinción honorífica de mayor trascendencia: La Maravillosa Orquesta Juvenil Venezolana dirigida por el Prof. José Antonio Abreu, en su núcleo Valles del Tuy (Cúa) lleva el nombre del Maestro de Maestros “Don Lope Díaz Milano”.

     Se nos fue físicamente a los 78 años de edad, el 21 de diciembre de 1981, pero su legado está presente y estará entre nosotros por siempre.

Hospital “Santa Teresa de Jesús” en Santa Teresa del Tuy

Por: Jesús A. Silva Y. 

Celebración del 71 Aniversario del Hospital Santa Teresa de Jesús, Ubicado en Santa Tersa del Tuy. 

     La atención a la salud de los habitantes de la Santa Teresa del Tuy agropecuaria a comienzo del siglo XX, no difería mucho de la salud de los tereseños de los dos siglos anteriores; entre curanderos y parteras se atendían las enfermedades más comunes de esos tiempos como el paludismo y la tuberculosis, y se atendían los partos en el hogar. 

     Será  entre otros con la contribución del Padre Manuel Cañizares a partir de 1910 a este pueblo que aun no llegaba a los 8000 habitantes que se empiezan a dar pasos en firme para que los tereseños sean atendidos de manaera científica en sus afecciones a la salud.

   Según las reseñas históricas consultadas, el padre Cañizares organizo en el pueblo abajo de Santa Teresa del Tuy, relativamente cerca del río  Tuy y de la plaza Miranda un pequeño dispensario, seria esa una mas de sus contribuciones en Pro del crecimiento y desarrollo del pueblo al que le sirvió por 44 años.

    Para 1938 en General López Contreras hará una gira en ferrocarril por los Valles del Tuy acompañado del su esposa, del General Elbano Mibelli Gobernador de Caracas, del Gobernador del estado Miranda Ramón Ayala, y del Ministro de Sanidad  Dr. Julián  García Álvarez, oportunidad que aprovechan los tereseños  pedir a López Contreras  un dispensario que cuente con un medico para la atención diaria a la salud, cosa que se logro para el año de 1940 con la llegada del Dr. José Sahaún Torres.

    Para el año de 1946 estará en funcionamiento la maternidad pino que se construyo en la calle Libertad cruce con San Rafael, y es nombrada como directora de dicha maternidad María Jiménez Colorado, cuenta ella que no estuvo presente cuando se inauguró este centro materno pero los que si estuvieron fueron la Dra. Mery Alvarado y la enfermera Carmen Gómez,

     Con la llegada de la década de los años `50 y el gobierno perezjimenista, el Dr. Víctor Obregón asumirá la dirección de los servicios de Salud en Santa Teresa del Tuy. Será una época en la cual se construirá la medicatura al comienzo de la calle San Rafael cruce con Libertad, además se construirá la casa cuna “Berta Naranjo”, el primer kinder y por supuesto continúa funcionando la maternidad de pino dirigida por la Comadrona María Jiménez Colorado. Así mismo crea un pequeño plan de viviendas higiénicas financiada por Sanidad.

    Con la Dirección del Dr. Obregón en  los servicios de Salud en aquel municipio Santa Teresa  del Distrito Paz Castillo nuestro pueblo recibida a muchos médicos venezolanos y extranjeros con estudios fuera de Venezuela, los cuales deberán realizar sus cursos de reválida en esta población para ejercer en distintas regiones del país.

     En el Barrio San José una pequeña placita lleva el nombre y rinde homenaje al Padre Cañizares con un busto alegórico a su persona.

ALGUNOS MIEMBROS DEL PERSONAL DEL HOSPITAL DE  SANTA TERESA DEL TUY A TRAVÉS DEL TIEMPO. 

Algunos Médicos: Dr. Víctor Obregón, Dr. Carlos Montañés, Dr. Ismael Tovar, Dr. Salvador Sosa, Dr. Víctor Villalba, Dr. Gaslonde, Dr. Davila, Dr. Baez, Dr. Camel, Dr. Carrera, Dr. Carriso, Dr. Valeache, Dra. Meri Alvarado, Dra. Carmen Cabrera, Dra. Lina Costanzo, Dra. Ilich Tinedo

Odontología: Dra. Soto, Dra Consuelo Sánchez

Algunas Enfermeras: Carmen Gómez, María Jiménez Colorado, Bernarda Núñez, Vicenta Soto de González, Jacinta Oliveros, Dilia Franco, Inés Ribas, Arminda Solorzano, Biainei Blanco, Teresa Carmona, Jesica Cordobés

Laboratorio: Pastora Ríos de Jacob

Algunos Secretarios: José Antonio Rodríguez, Enrique Alzuru

Algunos Inspectores de Sanidad: Rodríguez Quintana, Juan Vejas Monzón  

SAN DIEGO DE ALCALÁ, PATRONO DE OCUMARE DEL TUY.

Por: Antonio Nieto.

San Diego de Alcalá.

    Empezamos esta breve silueta hagiográfica reparando una, no por lo generalizada menos digna de ser reparada, injusticia en la denominación del santoral español al designar a San Diego con el toponímico de Alcalá de Henares, en lugar del nombre de la villa de San Nicolás del Puerto, en la provincia de Sevilla.

     Insignificante por su demografía, es la villa de San Nicolás del Puerto uno de los lugares más típicos y pintorescos de la provincia andaluza. Se halla situado al norte de la misma, en pleno complejo montañoso, con gran riqueza hidráulica, que dan a sus alrededores extensas zonas cultivadas y amplias alamedas. Su altitud y arboledas hacen del lugar un oasis en la canícula sevillana.

     San Nicolás, en su insignificancia demográfica y urbanística, tiene un lugar en la historia por el mejor de los títulos que dan entrada en ella, por haber sido cuna de uno de los hombres que figuran en el santoral de la Iglesia católica. Hacia fines del siglo XIV, sin que sea posible concretar más la fecha, nació de humilde familia pueblerina el niño que había de llevar junto a su nombre en documentos reales y bulas pontificias el nombre del lugar que le vio nacer: San Diego de San Nicolás. El hecho al que hemos aludido al comienzo de estas líneas de que se le designe como San Diego de Alcalá no tiene más explicación que el haber sido la ciudad complutense su última residencia terrenal, lugar de su sepulcro hasta el presente, y que sus numerosos milagros hicieron bien pronto célebre en toda España.

     Pero tanto las historias primitivas del Santo como la bula de canonización expedida por Sixto V, no conocen otro lugar de referencia que San Nicolás. La tradición lugareña ha conservado ininterrumpidamente hasta el día de hoy la casa de su nacimiento. La devoción de sus paisanos, cobijados bajo su celestial patronato, respalda la designación del lugar de su nacimiento. El Santoral Hispalense, de Alonso Morgado, el más documentado elenco hagiográfico de santos sevillanos, así lo reconoce. Es, pues, de justicia devolver al humilde pueblo sevillano el mejor título de su historia, máxime cuando la ciudad complutense tiene tantos otros de rango universitario y literario que la encumbran en España.

     Muy poco se sabe de sus primeros años. La más segura de sus biografías, debida a la pluma de don Francisco Peña, abogado y promotor en Roma de la causa de canonización del Santo, y que debió, por lo mismo, poseer los mejores datos en torno a la vida de Diego, así lo reconoce. Don Cristóbal Moreno, traductor en el siglo XVI al castellano de la obra latina de Peña, también hace constar esta insuficiencia de datos sobre la niñez y primeros años de San Diego. Y hasta la Historia del glorioso San Diego de San Nicolás, escrita por el que fue guardián del convento de Santa María de Jesús, de Alcalá de Henares, donde vivió y murió el Santo, se concreta para esta época de la vida de Diego a las anteriores biografías de Peña y Moreno.

    La Historia de Rojo, el guardián complutense, aparecida en 1663, sesenta años después de la muerte de Moreno y a un siglo de distancia de la obra latina de Peña, no pudo ampliar con nuevos datos, como parecería lógico por haber vivido en el mismo convento de San Diego, lo que la bula y anteriores hagiógrafos nos comunican. Alonso Morgado tampoco nos enriquece el conocimiento de la niñez de Diego con aportaciones que llenen el vacío de sus primeros años.

     Deseosos de que esta silueta hagiográfica responda a la más estricta seriedad documental, tanto más exigida cuanto San Diego llegó a ser un taumaturgo popular en sus tiempos y en la España de los siglos de oro, nos vamos a dedicar tan sólo a destacar dos aspectos de su vida: sus itinerarios y las características de su santidad, tal como aparecen aquéllas en la bula de canonización.

     San Diego, nacido en el más pequeño lugar de la provincia de Sevilla, fue sin duda uno de los hombres de su tiempo y condición que más viajó. Podríamos trazar la línea de su constante andar con un gráfico que va de San Nicolás al cielo, pasando por Sevilla, Córdoba, las Islas Canarias, Roma y Castilla, rindiendo viaje en Alcalá de Henares, para saltar desde la gloria del sepulcro a los altares. En el polvo de sus sandalias quedaron adheridas y mezcladas tierras de innumerables caminos de España y Francia e Italia.

     De San Nicolás pasa a un lugar cercano a la villa para ponerse bajo la dirección espiritual de un santo sacerdote ermitaño, el primero que cultiva sus ansias generosas de total entrega de servicio a Dios. De allí, confirmada su voluntad de consagración al Señor, se traslada a Arrizafa, cerca de Córdoba, en cuyo convento profesa como fraile lego en los Menores de la observancia franciscana. Desde este lugar comienza su itinerario limosnero y misional por incontables pueblos de Córdoba, Sevilla y Cádiz, dejando detrás de su paso una estela de caridad y milagros que aún pervive en las tradiciones lugareñas de no pocos de esos pueblos.

     Pero el humilde fraile de «tierra adentro» había de enfrentarse, en su constante caminar, con las rutas del «mar océano», empresa en aquellos tiempos ni corta ni común. Las Islas Canarias, especialmente Fuerteventura, son ahora la meta de su itinerario misionero en calidad de guardián, para lo que fue designado hacia el año 1449. Su paso por las Islas Afortunadas quedó también marcado por obras maravillosas de apostolado y de caridad. Vuelto a la Península hacia el año 1450, en ocasión del jubileo universal proclamado por la santidad de Nicolás V, su piedad mueve sus pies camino de Roma para lucrar las gracias de aquel jubileo. Después de varios meses de peregrinar llega a la Ciudad Eterna al tiempo de la canonización de San Bernardino de Sena, cuyo acontecimiento, al congregar en Roma varios miles de religiosos franciscanos, había de ofrecer otra oportunidad a su celo y caridad ardiente con motivo de una epidemia habida entre los peregrinos llegados de varias partes. Fue el convento de Santa María de Araceli el lugar de su residencia durante tres meses.

     Vuelve a España. Y después de un tiempo en el convento castellano de Nuestra Señora de Salceda, llega en su última etapa terrenal a Alcalá de Henares, en cuyo convento de Santa María de Jesús había de vivir los últimos años de su vida mortal para nacer a la gloria y a la santidad de los altares.

     Esta breve consignación geográfica de sus itinerarios en aquellos tiempos, y en un humilde hijo pueblerino y religioso lego, es más que suficiente para poner de relieve su destacada personalidad, cuya base estribaba tan sólo en su santidad misionera y caritativa.

     Si hubiésemos de sintetizar la fisonomía de su espiritualidad, dentro siempre del estilo franciscano de su vida, no dudaríamos en destacar la obediencia hasta el milagro, la sencillez y servicialidad sin límites, la caridad heroica para con todos, como las virtudes que le encumbraron a la santidad y que le hicieron famoso y hasta popular en vida y después de su muerte. El humilde lego que hacía salir a su paso a todos para verle y acogerse a su valimiento delante de Dios mientras vivía, había de congregar junto a su sepulcro a los grandes de la tierra después de muerto.

     Cardenales y prelados de la Iglesia, reyes y príncipes, hombres y mujeres del pueblo habían de ir, sin distinción de clases, al humilde religioso franciscano. Enrique IV de Castilla, primero; cardenales de Toledo, príncipes de España, el mismo Felipe II después, acudieron junto a su tumba, llevados por el mismo sentimiento de confianza en su santidad milagrosa, o hicieron llevar sus restos sagrados hasta las cámaras regias, como en el caso del príncipe Carlos, hijo del Rey Prudente, a fin de impetrar de Dios, por su mediación, la curación y el milagro. Nada menos que el propio Lope de Vega había de inmortalizar en una de sus comedias en verso el milagro del príncipe Carlos, que había de cantar, en la poesía del Fénix de nuestros Ingenios, el pueblo todo de España.

     Nadie con más autoridad que Sixto V puede resumirnos las características de la santidad de Diego. «El Todopoderoso Dios –dice en la bula de canonización–, en el siglo pasado, muy vecino y cercano a la memoria de los nuestros, de la humilde familia de los frailes menores, eligió al humilde y bienaventurado Diego, nacido en España, no excelente en doctrina, sino “idiota” y en la santa religión por su profesión lego…, mostrándole claramente que lo que es menos sabio de Dios, es más sabio que todos los hombres, y lo más enfermo y flaco, más fuerte que todos los hombres… Dios, que hace solo grandes maravillas, a este su siervo pequeñito y abandonado, con sus celestiales dones de tal manera adornó y con tanto fuego del espíritu Santo le encendió, dándole su mano para hacer tales y tantas señales y prodigios así en vida como después de muerto, que no sólo esclareció con ellos los reinos de España, sino aun los extraños, por donde su nombre es divulgado con grande honra y gloria suya… Determinamos y decretamos –continúa la bula– que el bienaventurado fray Diego de San Nicolás, de la provincia de la Andalucía española, debe ser inscrito en el número y catálogo de los santos confesores, como por la presente declaramos y escribimos; y mandamos que de todos sea honrado, venerado y tenido por santo…»

     Lo humilde y pobre del mundo fue escogido por Dios para maravilla de los grandes y poderosos de la tierra. En Diego se cumplió una vez más de modo esplendente el milagro de la gracia.

   Así se consumaron las etapas del itinerario de San Diego de San Nicolás, quien entró en la inmortalidad bienaventurada el 13 de noviembre de 1463 en Alcalá, y en la gloria de los altares en julio de 1588, bajo el pontificado de Sixto V, culminando el proceso introducido por Pío IV en tiempos de Felipe II.

     No queremos cerrar esta silueta sin consignar aquí un deseo y una aspiración de todos sus paisanos, y que será la última etapa de sus itinerarios y hasta una solución a la soledad en que hoy se halla su sepulcro. La etapa, triunfal y definitiva, de Alcalá, donde hoy reposa, a San Nicolás, la villa que le vio nacer, y en la que la devoción popular al santo Patrono y paisano espera tenerle lo más cerca posible, no sólo para honrarle como su santidad y gloria merecen, sino incluso para conseguir por su mediación valiosa la completa y plena restauración de la vida cristiana de un pueblo pequeño y humilde, pero que conserva la fe en su Santo, al que lleva siglos esperando.

Referencias:
Andrés-Avelino Esteban Romero, San Diego de San Nicolás,
en Año Cristiano, Tomo IV,
Madrid, Ed. Católica (BAC 186), 1960, pp. 365-369.

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