Historia regional y local del Valle del Tuy

Por Manuel V. Monasterios G.

…Deje vagar los ojos por las vegas, hasta que se perdía la vista en las cañas amargas y las guaduas que servían de dique a las crecientes del río Tuy, ancho, profundo y majestuoso, aun así prisionero entre  juncos y bambúes.

PEONIA novela del siglo XIX, cuyo ambiente corresponde al Tuy de aquellos años, escrita por Manuel Vicente Romero García

Paso de los Claveles Río Tuy (Cúa 1930) Foto cortesía de familia Monasterios.

     Los valles del Tuy deben su nombre al noble río, llamado Tucuy por los indios Quiriquires, pero en más de 60 años la negligencia, la indiferencia, la falta de conciencia lo transformaron en un cadáver, desde el período pre-hispánico el río Tuy fue el  epicentro de la vida de estos pueblos, las aldeas indígenas se asentaban en las cercanías del río, los primeros pueblos del período colonial también fueron ubicados cerca del curso del río al igual que las primeras haciendas cacaoteras, se fundaron en sus vegas, los tablones de caña y los viejos trapiches se movían gracias a la fuerza hidráulica que generaba por las acequias de calicanto, construidas con mano de obra esclava. El Tuy lo mismo calmaba la sed de sus pueblos, regaba plantaciones, movía trapiches, servía a la recreación en sus límpidas aguas y  además producía alimentos. El río era la vida y a veces la muerte por las enormes crecidas, en invierno era muy difícil vadearlo y había que esperar que la creciente bajara para continuar el camino.

     Hasta hace 50 años los tuyeros tenían sus playas para aplacar el calor en los pozos del río, fue muy famosa en los años 40 y 50 la presa de Marín en (Cúa) construida por el gobierno del General López Contreras para el riego de la recién creada “Colonia Mendoza”  el verdadero “granero de Caracas” por su inmensa riqueza agrícola. Era costumbre en los fines de semana, carnaval y semana santa acudir en plan recreativo familiar al rio y complementarlo con el famoso “sancocho de corroncho”, llevando solo la verdura y la olla, pues el corroncho estaba en el río. Esa costumbre se extinguió, es doloroso observar lo que queda de aquel majestoso y cristalino río. El Tuy sirvió de “Camino” para sacar por Barlovento las grandes cosechas de cacao, durante el período colonial.

     Hasta los años 40 la población Cúa se surtía de agua de los aljibes que se abrían en sus orillas, la profesión del “aguador” con su burrito con dos pipas de agua, que vendían por encargo, también desapareció. A finales de los años 30 Don Elías Acosta y el coronel Tomás Hugo Quiroba construyeron el primer acueducto.

     El río Tuy tenía una gran variedad de peces y mariscos,  se destacaban además del corroncho, la guabina, las sardinas, los menos recordados como la Yuca (un pez que se soterraba en los fondos pantanosos del río), La Panaca con sus variedades de barba y aguja, el Mataguaro, el Bagre Tuyero, el Roncador y el Coporo Tuyero. Resulta increíble para la gente de hoy que ese hilo de aguas pestilentes, tuviese  en épocas pasadas tal variedad de peces, además, el río Tuy tenía variedad de camarones a los cuales se les denominaba por su tamaño en Caballas y Caballos, Cangrejos de varios tipos y una especie de Langosta de rio, denominada Camacuto. Una fauna rica que era aprovecha para la alimentación de los tuyeros. No había llegado el seudo-progreso, Lo que le  llevó millones de años  a la naturaleza  en construir para ofrecérnosla generosamente, lo destruimos en menos de 100 años y todavía no entendemos que estamos obligados a volver a la madre naturaleza.

     No es sustentable el futuro, aún con toda la tecnología que manejamos hoy día, si no tomamos conciencia de la necesidad de respetar la naturaleza y de hacer todo lo posible por volver al recate de ríos y quebradas, a la siembra de árboles, hoy en los valles del Tuy el termómetro marca unas grados más que hace 50 años, el calor es insoportable, se acabaron las frondosas arboledas de Guamos y Bucares que daban sobra a los cafetales, se cortaron los enormes Mijaos y Caros que crecían en las riveras de quebradas y ríos, el tractor acabó con la Vera, el Araguaney, los Apamates, los Bambúes y hasta la caña amarga, que servía para el cobijo de los techos de teja. Por los hechos se de muestra que durante 70 años la deforestación ha sido implacable con los árboles del Tuy, se contamina el ambiente sin medir las consecuencias.

     Es justo recordar aquellas autoridades como el general Luís Ramos a comienzos del siglo XX que ordenaron plantar Mamones en la recién construida Plaza Bolívar de Cúa ( 1911) sembrar Apamates en la calle Cruz Verde y Pueblo Nuevo, y nuevo cementerio, el coronel Tomás Hugo Quiroba, quien a fuerza de multas a quienes dañaban la naturaleza o amarraban burros en la plaza Bolívar logró reunir dinero suficiente para comprarle a Doña Tula Osío el corralón que servía de cine, para construir el primer mercado publico que tuvo Cúa.

     Es justo también recordar con cariño los viejos pescadores del Tuy cueño, como Santiago Riobueno, Isidro Vera, Pio Rosendo, Manuel “el sordo”, el famoso Chiva de Oro, Valentín Sequeda, Gregorio Moreno. Los últimos pescadores del Tuy fueron los hermanos Gregorio y José Vera. Todos ellos sin ser ecologistas sabían aprovechar los recursos del río respetando su integridad, sabiduría popular.

     El Tuy también tiene sus leyendas de “encantos” como Macario en el pozo la piedra de Juaniquito, quien fue llevado al fondo del rio, a un mundo maravilloso por una hermosa mujer,  cuenta la leyenda que Macario apareció años después flotando en el pozo, y que cuando era llevado al cementerio no se sentía peso alguno en el ataúd, se percibía un suave perfume de rosas y al momento de enterrarlo una nube de mariposas azules se posé sobre su tumba.

     La riqueza ecológica, la magia de las leyendas se las llevó la contaminación, ojalá que toda esta beneficiosa campaña, por los nuevos medios, de concientización para salvar nuestro planeta de la autodestrucción, empiece por descubrir lo que tenemos más cerca, por salvar y recuperar nuestro río Tuy y nuestros hermosos valles;  río que otrora fuese centro generador de la vida económica, cultural, y recreativa de estos valles. Soñemos con un “río parque” desde Tácata hasta Guatopo, libre de aguas servidas, que nos dé calidad de vida, soñemos con la recuperación de su fauna, con la siembra de árboles en sus cabeceras y riveras, Hay un presupuesto millonario para tal fin, desde hace muchos años, aprobado por el Poder Legislativo y manejado por el INOS, pero no estamos informados si se está ejecutando adecuadamente.

Salvar al río Tuy de tanta podredumbre es reconciliarnos con la vida. 

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Comentarios en: "Crónicas del Río Tuy, “Vivencias de ayer y de hoy, recuerdos para mañana”" (3)

  1. Rafael Angel Terán B. dijo:

    Felicitaciones al profesor Manuel Monasterios por esta interesante crónica. Saludos!!!

  2. Paulo De Andrade Gómez dijo:

    Excelente y verídica crónica, lo que allí plasma el Profesor Manuel Vicente Monasterios, es la vida compenetrada con la naturaleza de aquellos hermosos años, donde se vivía sencillamente de los frutos y riquezas de la madre tierra, pero sin maltratarla, sin dañarla, respetándola en sumo grado, pero llegó lo que llaman el progreso, la tecnología y se olvidaron completamente de ese ser vivo que nos dejó el Dios Supremo y que no es otra cosa que la madre naturaleza, y así empezó la enfermedad, la agonía y el apocalípsis con el jinete de la pestilencia a la cabeza de las hordas depredadoras de este legendario y vital río, que nace en el Picacho Cadazzi cerca de la Colonia Tovar en el Estado Aragua y desemboca en un pueblíto llamado Paparo en Barlovento y atraviesa prácticamente toda la mitad del Estado Miranda, imagínense ustedes si este río es lo que el Nilo para Egipto.
    Todavía no presenciamos su muerte, que noble es, pero si no hacemos nada para salvarlo, porque tiene salvación, irremediablemente el Tucuy se nos irá para siempre, dejando tras de sí una estela de desolación, podredumbre y aves de rapiña.
    Me viene a la mente citar a un escritor amigo Carlos Angulo en su obra “Zaraué, Bandadas de noche”, cito: “Zaraué, el pueblo sin maldad en las enseñanzas. Llamado así porque no tenía castigos sino ejemplos. Era un pueblo que nunca tuvo ejércitos por eso nunca hizo la guerra: No sabían de enemigos, porque no los sabían crear. Eso fue cuando todavía no había llegado el indoblegable destino. Qué más se podía necesitar entre el círculo y el punto, que mide la distancia de vivir de morir. Nunca se usó el miedo para edificar nada. Lo que se hizo, se levantó al ras de la necesidad, fue su mejor enseñanza ejecutada. Allí confluyeron los ríos modelos de sociedades horizontales. Un equilibrio milenario, donde jamás se sintió estar separado de la naturaleza. Una distribución hermanada, de los bienes disponibles. Y una atención comunal y sagrada de la tierra, de los árboles y de las aves.” P.(28 y 29).

  3. henry aviles dijo:

    recuerdo con tristeza todo lo que se comente del rio tuy, yo lo viví en mi niñez, lo del sancocho de corroncho, los baños en sus refrescantes aguas

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