Historia regional y local del Valle del Tuy

Por: Fermín Luque Olivo.

      Eran tres chorros de agua. Manantiales de reencuentros, al costado del Camino Real, Cántaros llenos con cantos del riachuelo y el corazón anclado.

      Esta era una estampa de mi pueblo, similar a otras historias pueblerinas. Las casas encaladas con sus topias de piedra y muros de ladrillos. La lumbre de fogones en las mañanas tibias. El asiento y la siembra. Las espigas, el aula y las huellas en esas calles largas con polen de otros días. La torre de la Iglesia y una Plaza. Repiques de campanas. Tertulias. Oración y quimeras.

      Este era un lugar de encuentros, conjurando ausencias. Alero de tres fuentes de vida primigenia en una Cruz bendita.

     Por aquí pasaron solemnes procesiones cantando misereres, vetustos combatientes detrás de los caudillos, arrieros de las lluvias y de los remolinos veraneros, senderos de aguadores cargados con el rumor del río, cual los chorros antiguos que calmaron la sed y lavaron sus almas, sus cuerpos hasta los pies de la gente sencilla.

     Y un día, nos llega el visitante y siembra el corazón y la tierra palpita de querencias inadvertidamente -, de puro amor, como una flor que brota y se reparte en los racimos de la brisa viajera.

    Hoy ocupa el lugar un portón que se abre con el rumor fraterno del agua cristalina, con su olor a rincón de los reencuentros, la barra y el mesón de la Tasca “La Locha”, donde el pan se comparte y el vino que se brinda es un viejo ritual de poesía y afectos.

     Aquí en esta morada, el afán y el quehacer de Mauro Rondón y Francisco Urea, reviven la lección de que el amor es más fuerte que las rocas y el tiempo. Y obligan a decir como los iniciados: Bendita sea esta tierra de fraternales brazos donde mis pies reposan junto a seres queridos y amigos preferidos.

     Bendita sea esta esquina encinta de tres fuentes de agua, arterias de arcoíris, palpitantes de savias, raíces infinitas y retoñar constante de este humano calor que en la bondad de Dios persiste, porque existe el pecado de amor, eternamente humano.

¡Salud!

A treinta de agosto del año 2001. Día de Santa Rosa de Lima, y a casi un Siglo de la inauguración de Los Tres Chorros, Charallave.

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