Historia regional y local del Valle del Tuy

Por: Juan M. Carrasco D.

     ¿Qué nuevas cosas podremos narrar acerca de nuestra Santa Lucía? ¿Qué hemos hecho nosotros, sujetos activos de la historia, para dejar constancia de nuestras acciones individuales o colectivas? ¿Acaso nosotros, seres comunicantes, hemos registrado los nuevos hechos, las acciones de nuestra generación, del presente, para que sean conocidas por quienes nos seguirán, en vez de seguir repitiendo estérilmente, año tras año y autor tras autor, lo ya conocido y gastado, sin nada nuevo qué agregar y que merezca la curiosidad indómita de buenos investigadores? ¿Quién ha obviado las diferencias culturales o políticas que siempre dividen al hombre y osó vez alguna contar la historia de nuestros hermanos y hermanas venidos de Vargas o los aciertos de una gestión que finalmente converge en esa poderosa “panacea social” llamada Poder Popular?1

Vista aérea del casco colonial de Santa Lucía (capital del municipio Paz Castillo, Valles del Tuy, Edo. Miranda). Tomada hacia mediados de la década de 1950, por el fotógrafo luciteño Emilio Yamín (q.e.p.d.)

     Estas y otras interrogantes fulminan desde hace ya mucho tiempo mi intelecto, cuando pasaba horas sumergido en los pocos libros que podrían contarme a mí, venido a este pueblo desde la capital hace 15 años, acerca de nuestro pueblo, su historia, y guiarme sobre qué podría yo agregarle de valor y novedad. Tenía por entonces tan sólo 13 años.2

Santa Lucía

Dulce tú, pueblo, en laudes coronado,
Por recias cumbres y campos ya sembrados,
Perla luciente, bella madre mía,
Santa Lucía.

Si te empeñaste en que a ti yo te escribiera
De tus paisajes así y o consentido,
En tus tranquilas calles y tus lares
Yo aquí me quedo.3

     Santa Lucía, llamada “del Tuy” por unos, “de Pariaguán” en sus orígenes, y “del Guaire” por críticos y muy serios historiadores,4 nació originalmente entre las frías y húmedas montañas del sureste de Caracas como una “encomienda”, un día como hoy, 23 de Enero de 1621. Venidos desde el recién fundado pueblo de Baruta, un tropel de hombres y mujeres de casta aborigen y guiados por el juez poblador Don Pedro José Gutiérrez de Lugo y el juez comisario y representante de la Iglesia Católica, Padre Gabriel de Mendoza, hasta el sitio de “Paria-Húa”, que en lengua caribe significa “Mar Eterno” o “Gran Valle”, fundando en la cabecera de la legendaria y mágica quebrada de Prepo, que en lengua mariche quiere decir “caña brava”, lugar que fuera durante la invasión española hogar de una pequeña tribu de igual nación y subordinada al mandato de los caciques Tamanaco y Aricabacuto.

     España empuñaba, una vez más en un olvidado e inhóspito lugar de nuestra América del Sur, la espada y la cruz. Quedaba así compuesta la nueva comunidad, integrada por indígenas de raza otomana, cumanagota, mariche, caquetía y caraca, mezcla que hicieran los españoles como método para destruir la unidad e identidad de nuestros pueblos aborígenes, con el fin de facilitar su dominación. Desde ese momento y por un poco más de 80 años, la primigenia Santa Lucía vivió, a la luz de los documentos que dicen de sus primeros días y que se han hallado, en parte, en San Diego de Los Altos y otros archivos eclesiásticos,5 como una comunidad pacífica dedicada a las labores del campo y al aprendizaje de la doctrina cristiana, de la mano de sacerdotes, aquellos curas llamados “doctrineros”, encargados de instruir a los indígenas en religión y en los europeizantes aspectos de la cultura invasora.

     Cabe destacar que hace poco pude darme cuenta que, para el momento de esa “primera fundación” -después vendrían la segunda, que se cree forma parte de las muy bien conocidas por nosotros como “Ruinas de la Ermita de Macuto”, y la tercera, obra de vida de nuestro visionario Padre Marcos Reyes Cueto y que conforma nuestro actual pueblo- asistió al acto un personaje nativo llamado por los españoles “Don Diego de Baruta”, al parecer principal o cacique de los indios encomendados que formarían a esa primera Santa Lucía y a los pueblos de Baruta y Petare. Hace años leí acerca de la historia de este personaje, que fue cacique de los indios teques y caracas, hijo y heredero de la corona de cuatro plumas que llevaba su padre, el gran cacique “El que gobierna las “Muchas Aguas” (¿Gran Valle? ¿Gran Nación?), Púa Aguda”, Kuapo-tolli Waika E’puru ,6 o para nosotros simplemente Guaicaipuro. Dicho personaje parece haber sido el mismo Cacique Baruta, ya entrado en años, puesto como “principal” de estos nuevos poblamientos o encomiendas.7

     Entre el 14 de febrero 1696, fecha en la cual se registra el último entierro en el sitio de Pariaguán, y el 6 de junio de 1700, dicha comunidad primera de Santa Lucía parece haberse visto sumergida en una pequeña “edad media”: enfermedades, discrepancias entre caciques y pobladores, la fiereza de la naturaleza del lugar, el difícil acceso de los animales de carga… en fin, situaciones que no están documentadas pero que suponen un motivo para que hayan abandonado esa primera Santa Lucía. Encontramos por entonces a un grupo de indios desgajados de esa encomienda poblando un segundo sitio, llamado por ellos “Messi” o “Sitio de las Yeguas o Yaguas”, esto hacia el año de 1702, y muy a pesar de los esfuerzos de la Corona Española y el Gobernador de la Provincia de Venezuela, nunca pudieron volverlos al abandonado sitio de Pariaguán, por las dificultades de llegar de nuevo hasta aquel lugar. Se fundaba así, el actual pueblo de San Diego de Los Altos.

     Pero un segundo grupo de indios, aquellos que se resistieron a la mudanza de lugar desde Santa Lucía de Pariaguán hasta Messi, apelando a que “Pariaguán era el sitio de sus ancestros”, aguantó por muy poco tiempo los desaires de esa naturaleza boscosa y húmeda a orillas de la quebrada Prepo, y rompiendo con el lazo que los unía al “lugar de sus ancestros” terminaron huyendo de la inclemencia del agua, el barro y las enfermedades, bajando por dicha quebrada de Prepo hasta la quebrada Tusmare o “Río Primero” en lengua mariche, pasando luego al Río Guaire, donde pudieron haber embarcado para bajar a otro pequeño valle, que los indios tamanaku de la nación mariche denominaban “Súa-Paria” y “Chi-quir-quir”, en lengua caribe “Pequeño Valle” o Soapire, y “Hasta aquí los Quiri-Quires”, nuestro amado Siquire.

     A orillas del Río Guaire, en una pequeña meseta frente a la desembocadura del Río Siquire, y siguiendo, a pesar de los más de 80 años de españolización, la costumbre religiosa de los Mariches de erigir sus templos o “naguas” en sitios altos, aquel segundo grupo de pre-luciteños se estableció de forma desordenada, construyendo de barro, piedras y caña amarga la Ermita de Macuto. Permanecería este grupo humano en ese nuevo lugar durante 50 años. La comunidad estaría desde 1700 hasta 1721 sin cura doctrinero.

   Corre el año de 1739. Al sitio de la “Ermita de Macuto de Santa Lucía y Siquire”, lugar que poco a poco fue convirtiéndose en lugar de congregación católica de negros esclavos e indios de las más de 26 haciendas del lugar, habíase llegado desde Guarenas un laborioso franciscano de 31 años,8 que vio en esa segunda población de Santa Lucía la posible materialización de una obra para Dios y para el Rey: construir un pueblo mejor distribuido urbanísticamente y habitado por buenas y trabajadoras almas. Demostraba así su carácter de visionario, de hombre interesado por el colectivo, de hombre social, en desapego de las cosas materiales. Diez años más tendrían que pasar para que las ideas de nuestro Padre Reyes Cueto pudieran cumplirse, pues el 13 de Diciembre de 1949, Día de Nuestra Patraña Santa Lucía Virgen y Mártir, fue nombrado como cura propio de Santa Lucía.

     A partir de ese momento comenzó un debate entre la disposición de Reyes Cueto para mudar el pueblo a mejor sitio y el egoísmo de algunos de los 26 hacendados que se negaban a que esto se hiciera realidad, diatriba que el hábil franciscano supo contrarrestar en 1750 a través de un poderoso y magnífico alegato al Rey, denominado “Razones sobre el por qué hacer un pueblo” (sic). Ese mismo año, el Provisor y Vicario General Don Pedro Thamarón y el Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, Don Julián Arriaga, otorgan los permisos necesarios para que se mude el pueblo al sitio de “Agua Bendita” y se construya un nuevo templo con todo lo requerido por el para entonces estricto ritual eclesiástico. Entre el 19 de marzo de 1751 y el 3 de abril de 1755, el ahora Presbítero Marcos Reyes Cueto, hombre de consenso e inestimables valores socialistas, dio rienda suelta a su empeñosa y proverbial hazaña de cristiana caridad: construye el actual Templo y Santuario parroquial de Santa Lucía con la ayuda de esclavos, indios y pardos, a la vez que dona sin gravamen alguno y ad infinitum todas sus tierras a los más pobres, tierras que hoy por hoy conforman esas perfectas cuadras y calles de nuestra eterna Santa Lucía, a la cual amamos, admiramos, cantamos, pintamos y gobernamos. Sigamos, pues, esa senda que nos trazó Reyes Cueto, haciendo de su enseña nuestro lema:”Para edificar y plantar”.9

Vista del casco central de Santa Lucía, desde el cerro El Amarillo. Fotografía de Juan Manuel Carrasco Davila, 2009 

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1 En este primer párrafo y a manera de introducción, usando la figura de las “preguntas retóricas”, reflejo aquello que ha sido siempre mi inquietud: ¿quién se ha encargado de registrar la historia reciente? Sabemos que muchos podemos acumular hechos y acciones durante un determinado período de tiempo, que si los difundimos oralmente pueden caer en la simple anécdota o leyenda y que si, por el contrario, los anotamos o recogemos de forma escrita pueden perdurar por siglos, contando con exactas palabras esos hechos y acciones del presente. Es un grito al colectivo para que asuman el registro de la historia reciente, sin alejarse de lo pasado.

2 Ciertamente pasé muchas veces recostado sobre algún libro que me hablase de la historia de ese pueblo al que vine a vivir por disposición de mis padres, muchas veces metido en la Biblioteca Pública.

3 Este pequeño poema, escrito imitando los sáficos del poeta clásico Horacio, es un pequeño homenaje a esa disposición mía de no querer abandonar el pueblo al que me debo.

4 “Santa Lucía, llamada “del Tuy” por unos, “de Pariaguán” en sus orígenes, y “del Gualre” por críticos y muy serios historiadores”, referencia semi-satírica que hago sobre aquella confusión a la que a veces tendemos los luciteños cuando tratamos de referenciar geográficamente a nuestro pueblo. Santa Lucía del Tuy, usada hasta por una prestigiosa casa de estudios privada de esta ciudad, a mi parecer, está mal que se use, pero es del común del colectivo. Santa Lucía de Pariaguán, a mi juicio, la mejor acepción como nombre, pues se ajusta a nuestros orígenes y respeta la toponimia ancestral, pero desafortunadamente poco conocida por las nuevas generaciones. Y, finalmente, Santa Lucía del Guaire, otra acepción justa para una versión extendida de nuestro común gentilicio, pero que horrorizaría a cualquiera, pues “Guaire” ha pasado a ser sinónimo de “sucio, asqueroso y detestable”. Esta última torma de llamar a nuestro pueblo fue profusamente utilizada por el historiador tuyero Diógenes Molina, en su edificante libro El Granero de Caracas, “un crítico y muy serio investigador”.

5 El acta de fundación de Santa Lucía de Pariaguán -esa encomienda en la cual insisto que ha debido ser la primera fundación de nuestro amado pueblo- fue hallada en el Archivo Arquidiocesano de Caracas por el Lic. Álvaro García Castro, cuando era este miembro investigador de la Fundación Polar.

6 “Kua” = agua; “po” = partícula aumentativa que significa “mucho, bastante”; “tolli” o “tori” = El que gobierna, literalmente “la montaña”, de “to”, que significa “cerro”. Sobre el nombre de Guaicaipuro en dialecto aractoeque de la lengua Caribe: “waik” = púa; “e’puru” = agudo.

7 Para este dato importante sobre la posible presencia del cacique Baruta en la primera fundación de Santa Lucía reseñaré en otra entrega el relato completo de estas afirmaciones, basado en la información que digo haber hallado y contrastado.

8  Si tomamos como fecha de su nacimiento el año 1720 (García Castro, en su Cronología de Santa Lucía 1560 – 1749 – 1821) es posible que el Padre Marcos Reyes Cueto, fundador del pueblo de Santa Lucía en su sitio actual, haya tenido 31 años de edad para cuando llegó a la Ermita de Macuto.

9 En el documento escrito por el Padre Marcos Reyes Cueto como alegato al Rey, en latín “Ut Edifices et Plantes”, parece ser esta su enseña o frase impulsadora de su proyecto de refundación.

REFERENCIAS

GARCÍA CASTRO, Álvaro. Cronología de Santa Lucía 1560 – 1749 – 1821. Publicación de la Alcaldía de Paz Castillo, 1995.

NAVAS MORALES, Santiago. Anécdotas y Gente de Santa Lucía. 2da Ed., Los Teques, 1992.

PERERA, Ambrosio. Orígenes Históricos de Santa Lucía. Artículo que forma parte del libro Santa Lucía de Pariaguán. Un pueblo del Estado Miranda (1621 – 1981), pp. 11-17. Tomado a su vez del libro del referido autor Caracas. Siglo XVII. Tres primeros pueblos, 1967, pp. 73-80.

DE ARMELLADA, Fray Cesáreo. El Rdo. Pbro. Bachiller Marcos Reies Cueto, fundador de la Iglesia y Pueblo en el Valles de Santa Lucía (1749 a 1979). Artículo que forma parte del libro Santa Lucía de Pariaguán. Un pueblo del Estado Miranda (1621 – 1981), pp. 19-27.

MARIANCHICH, Fray Mariano. Calendario del Pbro. Br. Dn. Marcos Reies Cueto. Artículo que forma parte del libro Santa Lucía de Pariaguán. Un pueblo del Estado Miranda (1621 – 1981), pp. 29-34.

MOLINA CASTRO, Diógenes. El Granero de Caracas. Los Valles del Tuy: Del señorío colonial al urbanismo perolero. 1era Ed., FEDUPEL, 2002.

ALVARADO, Lisandro. Glosario de Voces Indígenas de Venezuela, de 1921, y Datos Etnográficos de Venezuela, de 1945.

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Comentarios en: "SOBRE EL ORIGEN DE NUESTRO PUEBLO SANTA LUCÍA (PARTE I)" (1)

  1. Excelente, que buenas notas investigativas acota nuestro amigo Carrasco… Felicitaciones!!! ah y usted es de Santa Lucía del Guaire, claro del Guaire histórico que se conoce… un abrazo…

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