Historia regional y local del Valle del Tuy

Por: Manuel V. Monasterios G.

José Antonio Páez.

     En 1831 el General José Antonio Páez (Presidente de la República)  y el bandido  Dionisio Cisneros (El último Realista)  se entrevistaron  en las cercanías de Ocumare del Tuy.

     La Batalla de Carabobo no significó la desaparición total de la resistencia armada realista en territorio venezolano, en las montañas de la Cadena del Interior al sur de los Valles del Tuy, en los límites con los llanos de Guárico, en los altos de Guatopo, se mantuvo una guerrilla, de más de doscientos bandidos, capitaneados por Dionisio Ramón del Carmen Cisneros Guevara, sargento del “Ejército Español” durante la guerra de Independencia. Entre 1821 y 1832 se dedicó con ferocidad y violencia al pillaje, al secuestro, al cobro de “vacuna de protección” en nombre del Rey Fernando VII, desconociendo al gobierno de Colombia, representado en el Departamento de Venezuela por el General José Antonio Páez.

     La situación de anarquía representó un grave problema para encausar positivamente la producción agropecuaria de los Valles del Tuy, granero y despensa de la capital. Es el mismo General José Antonio Páez en su” Autobiografía”  es quien narra los hechos de este encuentro con Cisneros, el cual resumimos:

     Los hacendados abandonaron los campos tuyeros, la escases de comida en Caracas, especialmente de maíz para la elaboración de arepas, obligó al gobierno a la búsqueda de una solución, el mismo Arzobispo de Caracas Dr. Méndez se queja ante el General Páez de la ausencia del pan de maíz. El Gobierno comisiona al General Felipe Macero, en septiembre de 1830, para que busque en sus madrigueras al bandido Cisneros, éste se escurre por los caminos que solo él conoce, se hace casi imposible someterlo, sin embargo capturaron a un hijo de Cisneros y lo trasladaron a Caracas. El general Páez  considera oportuno llevar adelante un plan distinto para vencer al bandido Cisneros, para lo cual asume una postura de protección y cariño con el muchacho, lo colocó en un colegio, lo vistió, le puso zapatos, lo cual era considerado en aquella época como un ascenso social. El General Páez decía que si le podía poner unos zapatos a Dionisio Cisneros estaba seguro que abandonaría el monte y sus acciones de pillaje guerrillero. Además le sirvió de padrino de Confirmación, con lo cual creaba un vínculo de compadrazgo, el cual era muy respetado por Cisneros quien era un católico ultramontano.

     El General Páez, Presidente de la recién creada Republica de Venezuela, busca las vías conciliatorias para ganarse a Cisneros, quien tenía a Caracas pasando necesidad por la baja producción de comida en el Tuy. Se ve obligado en 1831 a separase de la Presidencia provisionalmente y trasladarse a la hacienda Súcuta, propiedad del Marqués del Toro, instalarse en el lugar cercano a Ocumare, donde llegaban campesinos que sabían dónde estaba Dionisio Cisneros. Organiza grandes saraos donde se toca, se canta y se baila un género musical antecedente del joropo tuyero, denominado “Carrizo”. Se elaboraban sancochos, carne asada y las ya famosas hayacas y lógicamente todo regado con el aguardiente de caña. Así logro que lléguese a Cisneros el mensaje. “El Presidente Páez, el taita, quiere una entrevista para buscar la paz”.

     Es así como se fija la entrevista en el sitio de Lagartijo al sur del rio Tuy, el General Páez llega a estos montes acompañado de dos edecanes y un antiguo lancero llanero que la acompañaba desde 1819. Páez ordena el lancero que anuncie su llegada al jefe de los bandidos, para lo cual tiene que subir a una roca inexpugnable donde se hallaba atrincherado Cisneros con más de doscientos bandidos todos armados con trabucos, pistolas y machetes. Media hora después regresa el lancero y le informa a Páez de la situación altamente peligrosa para su vida, pues Cisneros le había dicho con una sonrisa tenebrosa que sería recibido como se merece.

     Páez asume el reto con sangre fría, sabe que estos seres primitivos, peligrosos, violentos sienten admiración por los hombres valientes, condición indispensable del caudillo de la época, quien en gesto romántico y caballeresco se juega la vida con arrojo para el logro de sus objetivos. Sube la cuesta y llega a un paraje donde de repente del monte salen más de 200 hombres armados, dispuestos a poner fin a la vida del primer lancero del mundo, al enemigo jurado del Su Majestad Don Fernando VII. Al fondo de la espesura aparece la figura de un hombre alto, fornido, con rasgos indígenas en rostro, armado con dos pistolas en el cinto, en la mano una carabina de dos cañones, el cual se dirige al General Páez en los siguientes términos:

_Páez ¿Cómo se atreve a subir hasta aquí?  ¿Qué viene a buscar, lo que no se ha perdido?

El general Páez le responde:

_Vengo sólo a entenderme contigo para poner fin a esta guerra inútil, eres el último realista.

Responde Cisneros:

_Páez, no hay guerra inútil cuando se lucha por Dios y Su Majestad, a quienes soy fiel hasta el final.

_Tu ves, con mis hombres puedo luchar contra tus ejércitos, no les temo. Te he obligado a venir hasta acá y ahora te puedo fusilar en menos de lo canta un gallo, quiero que veas la habilidad de mis hombres con las armas.

     El General Páez confía en su capacidad de mando, sabe perfectamente que el bandido lo somete a una prueba, si flaquea o demuestra debilidad es hombre muerto. Con voz firme Páez ordena algunas maniobras que los hombres ejecutan con marcial precisión, se coloca delante para ordenar una carga de fuego, sabe perfectamente que le pueden fusilar. Cargan las baquetas y en un gesto supremo de locura o heroicidad ordena:

-¡Fuego!-

Cisneros en el momento oportuno hace un gesto y los disparos pasan rosando la cabeza del General Páez.

Cisneros admirado por el gesto de suprema valentía, le dice:

_Lo que no lograron sus ejércitos lo hizo su valor, de hoy en adelante cuenta con un amigo en las buenas y en las malas.

     Fue así como el General Páez regresó a la Capital acompañado de Cisneros, se le dio el grado de coronel de la Republica. Años después le correspondió combatir el “Indio”  Rangel y Ezequiel Zamora, durante la “Revuelta Campesina” de 1846, en las cercanías de Villa de Cura.

     Dionisio Cisneros muchas veces se salía de las normas y la legalidad y volvía a sus andanzas de bandidaje y pillería, afirmaba que su pacto era con el General Páez, no con las leyes de una república en la cual no creía. Cansadas las autoridades  competentes de esas in subordinaciones, se le detuvo y  se le sometió a consejo de guerra en Villa de Cura y fue fusilado.

     Hoy queda el recuerdo de un terco realista, las leyendas y consejas de sus tesoros enterrados en diversos lugares del Tuy.

Fuentes: General José Antonio Páez “Autobiografía” Edición de la revista Bohemia. Caracas 1980.

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Comentarios en: "ENTREVISTA DEL GENERAL PÁEZ Y DIONISIO CISNEROS EN EL TUY." (3)

  1. Existe la versión del Coronel Edward Stopford, comandante de la Columna de Operaciones de los Valles del Tuy, y recogida en el diario del representante inglés ante el gobierno venezolano, Sir Robert Ker Porter. Aquí transcribimos el resumen que realiza Oscar Palacios Herrera, en “Dionisio Cisneros. El Último Realista”, editado por la Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, pp. 221-222:

    “El 17 de noviembre, sin darse tiempo para descanzar en Ocumare o Súcuta, Páez ascendió a las alturas de la montaña donde se ocultaba el cantón de Cisneros.

    Stopford relata los detalles del encuentro. Como el faccioso había rehusado dejar su guarida, Páez resolvió ir hasta él. El general Ortega, Macero, Castillo – Veitía y un reducido grupo de otros oficiales y hacendados formaban el grupo. Después de varias horas de camino llegaron al cantón. Por primera vez, Páez, Stopford y quizá el mismo Macero se vieron cara a cara con el empecinado insurrecto.

    Según el coronel británico, el escenario era realmente pintoresco. Los hombres de Cisneros, todos sobre las armas, eran jóvenes aguerridos, de buena presencia, aunque vestían los más disparatados uniformes. Panorama y personajes formaban un cuadro digno de Salvatore Rosa, dice nuestro relator.

    La entrevista fue conducida con la mayor seriedad. El ambiente de camadería que pronto se estableció no impidió que ambos bandos mantuviesen una actitud de vigilancia y cautela. Comentará Stopford a Porter, encareciéndole guardar la confidencia, que de haber conocido antes a Cisneros nunca hubiera propuesto el encuentro. El semblante del faccioso era a la vez singularmente triste y sanguinario, sin expresión alguna de inteligencia. ´Siendo un bruto, pienso que nada podría haberlo movido hacia un acto de magnanimidad. Sus concesiones, que fueron pocas, no las hizo por desconfianza en su posición o por miedo al General (Páez) sino por mostrar a éste su consideración… Yo lo creo sincero y fiel, aunque sólo por su vinculación con su compadre Páez. Unicamente de ese sentimiento habrá brotado cualquier cambio de conducta que haya podido manifestar´.

    Durante las conversaciones los visitantes hicieron notar la ausencia del segundo jefe de la facción, Aniceto Ramos. Cisneros explicó que se hallaba enfermo. Poco después confesó a Páez que lo había ultimado de un disparo por los excesos cometidos en el asalto de Cura, en momentos en que estaban aún abiertas las negociaciones.

    Ese mismo día, en el propio cantón de Lagartijo, siguiendo las indicaciones de Páez, Stopford redactó el tratado que puso fin a tantos años de desolación, persecuciones, combates y asesinatos.”

    Sobre la versión de Páez expuesta en su autobiografía, Oscar Palacios Herrera, al transcribirla acota “-dispensémosle este rasgo de vanidad”.

  2. Betty Vargas dijo:

    Muy interesante esta parte de la historia, pero aún no logro darle imagen al rostro de este Dionisio donde esta enterrado, y si tendran alguna ilustración de este ser, se los agradecería, así quitaría la nube de la foto mental que tengo. Gracias

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