Historia regional y local del Valle del Tuy

UN PUEBLO Y DOS PATRONOS

Por: Fermín Luque Olivo.

     Hace más de trescientos años, la población de Charallave fue fundada por el padre Cirilo de Ontoniente, bajo la advocación de dos patronos: Santa Rosa de Lima y Santo Tomás, con indios libres que poblaban estas inmediaciones, especialmente las que conformaban el núcleo que se asentaba en las estribaciones de la antigua Plaza Vieja, hoy denominada Plaza Páez.

     Los indios Charavares o Charaguares habían llegado a esta zona en el año de 1600 empujados por una larga y prolongada sequía, procedentes del sitio que llamaban Corocoruma o Coruma, donde se había constituido una encomienda.

     En estas estribaciones montañosas permanecieron hasta que se presentaron los colonizadores y misioneros capuchinos, en 1681.

     Allí los encontró el padre Ontoniente, invocando la protección de Santo Tomás y Santa Rosa de Lima, fundó el pueblo anexo al de La Guáyra de Paracotos, hasta el año de 1735; cuando se le agregaron algunos indios pertenecientes a las naciones de los Otomanos, Taparitas y Yaruros, recogidos por los religiosos capuchinos andaluces en los predios de Apure, los depositaron aquí y así permanecieron hasta que en el año de 1745, en que habiéndola renunciado los supra dichos capuchinos, volvió a quedar anexo a La Guayra de Paracotos, del cual fue desmembrado y erigido en distinto Curato y Doctrina por Auto de fecha 11 de octubre de 1762.

     La segunda fundación de Charallave se registró en 1735, por el padre Salvador de Cádiz, pero únicamente lo hizo bajo la advocación de Santa Rosa de Lima; suponemos que debido a su celo y devoción por la Virgen peruana y a la influencia ejercida por el Obispo Antonio López de Acuña; quien antes fuera Superior del Convento de Dominicos de Lima y Promotor de la causa que elevó a Isabel Flores Oliva a los altares de la santidad en América.

     Indudablemente, que debido a la influencia de este prelado floreció la devoción por Santa Rosa de Lima en nuestro país, durante el periodo de su obispado en Caracas, que se prolongó desde 1672 hasta 1682.

     Los pormenores de esta segunda fundación de Charallave, los describe el padre Miguel de Olivares, quien en el Libro Primero del Archivo dejó escrita parte del acta que aún se conserva, y en la que asienta:

“Este pueblo es doctrina de indios tributarios y de ellos únicamente habitado, por cuanto, aunque hay algunos vecinos españoles y de otras castas en su territorio parroquial, viven todos en los campos donde tienen algunas haciendas de cacao, caña dulce y principalmente sementeras de maíz y otros granos”

     Presumimos que la exclusión de Santo Tomás el Apóstol como patrón de Charallave obedeció a una omisión u olvido de aquellos misioneros fatigados, enfermos y desamparados.

     Pero la memoria y devoción por Santo Tomás el Apóstol misionero de Jesús, no murió en Charallave. Su nombre y su figura está íntimamente ligado no sólo a su historia, sino a su espiritualidad ya que una de las leyendas del pueblo se remonta a los tiempos prehispánicos, donde según la tradición quedó impresa su pétrea huella en medio del cauce de la quebrada que mitigó la sed de los Charavares a la altura de “Los Peñones”. Allí está grabada sobre las calendas de los siglos: El Pié de Santo Tomás.

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