Historia regional y local del Valle del Tuy

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EL TERREMOTO DE CÚA

Por: Manuel V. Monasterios G.

El 12 de abril se cumplen 134 años del devastador terremoto de 1878.

Ruinas de la iglesia Cúa después del Terremoto de 1878, Foto publicada en el Cojo Ilustrado del año 1894

     En 1878 Cúa era la capital del Distrito Guzmán Blanco, integrado por Charallave, Tácata  y Cúa, con una población, según el censo de 1876, de 16.444 habitantes y 3263 casas, en todo el distrito. Cúa era conocida como La Perla del Tuy por su movimiento económico como puente entre Caracas y los llanos de Guárico y Apure, casas comerciales como Santana Hermanos, Hedrich & Compañía, Eraso Hermanos, Rohl & Compañía; tenían representación en esta población y cumplían las funciones de banca comercial en el manejo de préstamos y resguardo de dinero en efectivo, ya que se movilizaban grandes montos en el negocio ganadero  y agrícola.

     Cúa, conjuntamente con Ocumare del Tuy eran los mayores productores de Cacao durante la colonia, esa riqueza permitió la fundación de las poblaciones tuyeras durante la segunda mitad del siglo XVIII. Para el año 1876, dos años antes del terremoto el censo nos indicaba que la producción de cacao había declinado a 43.010 kilogramos, sin embargo el mismo censo ordenado por Guzmán Blanco deja constancia que Cúa era el mayor productor en los siguientes rubros: Café 1.117.800 Kg.; aguardiente 392.000 litros; papelón 478 800 Kg; maíz 4.388.400 Kg; caraotas 2.210.750 Kg; Almidón 4600 Kg.

     Estas cifras evidencian que Cúa para el momento del terremoto del 12 de abril de 1878 era la población más floreciente económicamente en los valles del Tuy, la Sociedad Liberal de Obras y Mejoras, había logrado la construcción de la carretera del sur: Cúa-San Casimiro, inaugurada personalmente por el Presidente General Antonio Guzmán Blanco en agosto de 1875, quien además donó un reloj para la torre del templo y una campana. La plaza conocida hoy como Zamora tenía el nombre de Roscio y donde hoy está la plaza Bolívar había un amplio terreno conocido con los nombres de Plan de San José y posteriormente como plaza de Santa Rosa.

     Cúa en 1878 se perfilaba con un  presente de gran prosperidad y un futuro muy promisor, lastimosamente la llamada falla tectónica de Cúa, que corre paralela al rio Tuy desde Tácata hasta Ocumare del Tuy se activó la noche del viernes de Concilio del 12 de abril de 1878 y destruyó totalmente a la población con un  saldo inmenso de fallecidos, heridos y de emigrados. El censo de 1881, seis años después del terremoto nos indica que la población había disminuido a 3.666 habitantes y a 663 casas, contando solo Cúa y Charallave, pues Tácata  había pasado a formar parte de Guaicaipuro.

    En este destructor evento también comprometió a las otras poblaciones del Tuy pero su epicentro fue en Cúa, las posibilidades de recurrencia siempre están presentes, por eso es urgente y necesario desarrollar una cultura de prevención, estar conscientes que se está construyendo sobre una falla geológica y Dios nos libre de otro 12 de abril.

     Alrededor del terremoto se ha tejido una leyenda sobre la maldición de un cura al que le colocaron una culebra en el copón y durante la misa, por poco no es víctima del veneno o de un infarto por el susto. Pero esta leyenda es objeto de otra crónica.

Cuadro de Cristóbal Rojas, Las Ruinas del Templo de Cúa, pintado en el año 1880, En este estado de destrucción quedó el templo de Cúa, el cual estuvo ubicado en el mismo lugar de la Plaza Zamora, donde está hoy el nuevo templo.

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EZEQUIEL ZAMORA CORREA

Texto Tomado de Fundación Polar.

Ezequiel Zamora Campesino, Óleo por Rafael D´ Montijo, 2009.

        Dirigente popular y estratega militar, primer lider de los movimientos sociales en el siglo XIX Venezolano. Nació en Cúa, Edo. Miranda, el 1º de Febrero de 1817. Hijo de Alejandro Zamora y de Paula Correa, modestos propietarios pertenecientes al estrato de los «blancos de orilla». Recibe la rudimentaria instrucción que podía brindarle una zona rural todavía convulsionada por las luchas de la emancipación. Luego, en Caracas, prosigue estudios primarios en la escuela lancasteriana. Es la única educación formal que conoce. Sin embargo, gracias al temprano acercamiento a su cuñado, el alsaciano Juan Caspers, adquiere informaciones sobre la situación política y sobre los movimientos revolucionarios de Europa, por cuyas contingencias se interesa en extremo.

         Los años que transitan de la infancia a la adolescencia cuentan con la compañía y las noticias de Caspers, a las cuales se agrega la presencia y la posición progresista del abogado José Manuel García, también vinculado a su familia; éste último le explica filosofía moderna, historia universal y fundamentos de derecho romano, hablándole también de los «principios de igualdad» y de la necesidad de su implantación en Venezuela. No se sabe qué entendía el abogado por «principios de igualdad», seguramente la necesidad de hacer cumplir las promesas de justicia pendientes desde la Independencia.

         Provisto de estas ideas en torno al mundo y al cambio social, el joven Zamora comienza a viajar hacia el Guárico con el objeto de comerciar con ganado, pero pronto se establece en Villa de Cura (Edo. Aragua) para fundar una tienda de víveres. La tienda prospera por la seriedad que pone en sus tratos el recién llegado, quien expande sus nexos mercantiles, apenas reducidos al menudeo de reses, caballos y productos agrícolas, hasta las aledañas localidades de Cúa, San Francisco, San Juan, San José, El Pao, Calabozo y algunas aldeas de Apure.

Ezequiel Zamora, Óleo por Martin Tovar y Tovar 1884.

       El desarrollo de su prestigio de comerciante probo y de sujeto respetuoso en las transacciones con los modestos clientes lo convierten en una respetable referencia en el mundillo de los negocios locales, situación que ya es una realidad estable cuando comienzan en Caracas, los enfrentamientos cuyo desarrollo provocará la escisión del grupo político dirigente. La brecha entre los descontentos y el gobierno aumenta hasta el punto de que el malestar junta las voluntades refractarias en un movimiento cuya primera evidencia de oposición frontal es la fundación del Partido Liberal y la edición de El Venezolano en 1840.

       El general José Antonio Páez es la cabeza del sector oficial y Antonio Leocadio Guzmán desde las columnas de El Venezolano se convierte en jefe de la bandería antagónica. Las críticas del liberalismo originan un animado debate a través de la prensa y un interés cada vez mayor por los negocios públicos. Merced al carácter sencillo de las censuras a la gestión gubernamental hechas a través de El Venezolano y otros periódicos que lo imitan en provincia, nace un movimiento liberal masivo en el cual se inscribe el joven pulpero de Villa de Cura.

    Desde la fundación del partido, Zamora se convierte en dirigente regional y en lector asiduo del periódico oposicionista. Quienes ya lo conocen por su intachable desempeño como mercader parroquial, se aproximan confiados a escuchar el mensaje que comenta siguiendo las pautas de la prensa partidaria. Mas su discurso no es idéntico al de los voceros liberales. A los editoriales políticos, agrega comentarios sobre la injusticia predominante, sobre la mala distribución de la tierra y sobre la explotación del pueblo por los «godos», en un lenguaje tan llano como el del pueblo.

       Los campesinos que, en crecido número, habitan una región en la cual se siente seriamente la crisis agrícola y el peso del latifundio, encuentran un nuevo líder en Zamora quien explica, de manera tan próxima a sus problemas, los planteamientos del Partido Liberal. Por consiguiente, el influjo de Zamora traspasa los confines mercantiles para fraguar un ascendiente que controla poco a poco a la gente humilde. A la sazón aumenta la beligerancia de los liberales en la capital y crece el prestigio de Antonio Leocadio Guzmán, de cuyas prédicas surge la primera clientela masiva en torno a una bandería política.

Ezequiel Zamora con Sombrero y Quepis por Carlos Vargas (Óleo, 1992)

      A partir de 1843, se profundiza la crisis económica y brotan signos de malestar que anuncian la proximidad de una convulsión. Cuando el general Carlos Soublette accede a la presidencia ese año, suben de tono la crítica a los «godos» y el ardor de la polémica. Zamora asienta entonces su influjo como jefe regional del liberalismo, cuya campaña proselitista dirige con vistas a las elecciones de 1846. Se presenta en ellas como candidato a «elector» por el cantón de Villa de Cura, pero su nominación es objetada a través de procedimientos que él y sus partidarios tildan de compulsivos e ilegales.

      El episodio refleja una tensa situación a escala nacional, cuyo cruento desenlace pretende evitarse mediante una entrevista entre José Antonio Páez y Guzmán. El jefe liberal cuenta a Zamora entre su comitiva y en su guardia de honor, pero la reunión de los 2 líderes es frustrada por alzamientos espontáneos de campesinos en la región central que obligan al séquito liberal a dispersarse. Zamora llama inmediatamente a «hacer la guerra a los godos» en beneficio de los pobres, mientras Páez es nombrado jefe del ejército. En definitiva, Zamora se levanta en armas el 7 de septiembre de 1846, en la localidad de Guambra. «Tierra y hombres libres», «Respeto al campesino», «Desaparición de los godos», son las consignas esenciales de quien la gente comienza a llamar «general del pueblo soberano».

       A poco reconocen su jefatura, El Indio Francisco José Rangel, quien antes ha asaltado la hacienda Yuma de Ángel Quintero, figura clave del oficialismo; Zoilo Medrano y José de Jesús González, el Agachado, que ya han propuesto la libertad de los esclavos y la muerte violenta de los blancos. Se trata de líderes analfabetas de procedencia genuinamente popular, que ven en su nuevo jefe el factor de cambio real. Con un ejército de base campesina, Zamora entra en San Francisco de Tiznados y libra las acciones victoriosas de Los Bagres y Los Leones, pero debe batirse en retirada después del combate de Pagüito.

Ezequiel Zamora leyendo para los amigos en su Pulpería de Villa de Cura.

       No pierde entonces oportunidad de insistir en la urgencia de una transformación que favorezca a los pobres. El 26 de marzo de 1847 es capturado y puesto a disposición del juez de primera instancia, en Villa de Cura; el tribunal lo condena a muerte el 27 de julio, pero lo libra del cadalso su fuga de la cárcel. Luego, el presidente José Tadeo Monagas le conmuta la pena y lo coloca a su servicio en el batallón de Villa de Cura. Entre enero de 1848 y septiembre de 1849, Zamora participa en las campañas del gobierno contra el paecismo alzado. Barinas, Quisiro, Cabimas y San Carlos, son los sitios en los que demuestra su valor y su talento militar. Le corresponde entonces la responsabilidad de conducir prisionero a Páez, de Valencia hasta Caracas.

       En adelante, ocupa la comandancia de las siguientes guarniciones durante el monagato: Maracaibo, Ciudad Bolívar, Barcelona y Cumaná. Se le asciende al grado de general de brigada en 1854; pero no sólo lo favorece la fortuna desde el punto de vista castrense: en 1856 se casa con Estefanía Falcón, viuda de un propietario extranjero y hermana del general Juan Crisóstomo Falcón, factor político de importancia en el occidente del país; oficia las nupcias el arzobispo Silvestre Guevara y Lira y es testigo la esposa del presidente José Tadeo Monagas. Zamora se retira entonces del servicio activo para fomentar las fincas de su esposa, en la provincia de Coro. Retorna a la vida pública cuando estalla la Revolución de Marzo de 1858 que, junto con los principales cabecillas del liberalismo, lo persigue y lo condena al exilio. En Curazao anima inmediatamente clubes federales y establece contacto con sectores subversivos de occidente, mientras Juan Crisóstomo Falcón hace lo mismo desde la isla de Saint Thomas. Los alzados que provocan el estallido de la Guerra Federal en Coro, el 20 de febrero de 1859, reconocen a Falcón como caudillo supremo del movimiento; con el objeto de ponerse al frente de las operaciones bélicas, el 23 de febrero Zamora desembarca en La Vela de Coro.

Ezequiel Zamora, Óleo por Ciro Rivas, 2005

     Denominándose jefe de operaciones de occidente, hace que Coro se constituya en estado federal (25.2.1859) y organiza un gobierno provisional de Venezuela (26.2.1859). Resulta victoriosa la campaña que entonces realiza, gracias a la movilidad y disciplina que imprime a un ejército popular que crece constantemente, tanto en número como en entusiasmo, debido a su influencia personal. El 23 de marzo, triunfa en el encuentro de El Palito, a partir del cual planifica sus movimientos hacia los llanos occidentales. Toma San Felipe el 28 de marzo y reorganiza la provincia como entidad federal con el nombre de estado Yaracuy. A continuación, hace triunfales entradas en Yaritagua y Cabudare, mientras los jefes del gobierno lo persiguen sin ofrecerle combate. Primero León de Febres Cordero y luego, José Escolástico Andrade y José Laurencio Silva, fracasan en el objetivo de detenerlo.

      La lentitud y las previsiones del Ejército constitucional le permiten marchar con comodidad hacia Portuguesa, en cuyo territorio obtiene un sonado triunfo cuando bate a las fuerzas del gobierno en Araure, el 5 de abril de 1859.

       Después de intentar sin éxito la toma de Guanare, marcha hacia Barinas, cuyo asalto emprende el 16 de abril; ante la resistencia de los defensores, ordena el incendio de la plaza y se retira hasta San Lorenzo, donde aumentan sus tropas por la incorporación de nuevos contingentes populares. Con mayor fuerza intenta de nuevo la captura de Guanare, pero ante la proximidad de un poderoso ejército central, debe conformarse con entrar a la desguarnecida plaza de Barinas. Allí establece un nuevo estado federal y recibe el título oficial de valiente ciudadano (14.6.1859). Dedica entonces 3 meses a la organización de sus fuerzas, con vistas a realizar una acción decisiva que le permitiese después la marcha hacia el centro. Tal acción es la batalla de Santa Inés, ocurrida el 10 de diciembre de 1859, en la cual derrota al Ejército centralista; se considera esta batalla como fundamental en el proceso de la Guerra Federal y como testimonio de las excepcionales cualidades de Zamora como conductor de tropas.

Escultura de Ezequiel Zamora en la Plaza de la Revolución de Abril (Hoy Plaza de Capuchinos) realizada en Bronce por Vital Dubray en el Año 1881. (Fotografía Tomada del Cojo Ilustrado)

       Después de Santa Inés, el Valiente Ciudadano toma rumbo hacia el centro del país, a través de Barinas y Portuguesa, pero antes de aproximarse a Caracas, resuelve el asalto de la ciudad de San Carlos; durante las acciones preliminares para la toma de la plaza, recibe un balazo en la cabeza que le produce la muerte. Su deceso tuerce el rumbo positivo que tomaba el conflicto para los federalistas y produce la pérdida del más importante líder popular venezolano del siglo XIX. En la primera estación de su carrera política (1840-1847) insiste en planes que, como el reparto de las tierras y la liquidación de los «godos», implican un designio de carácter revolucionario. Durante la Guerra Federal, aparte de preparar con extraordinaria lucidez la estrategia castrense, se ocupa esencialmente de organizar las entidades federales y en afinar los mecanismos políticos de la futura nación, sin insistir en la orientación social del principio.

       Muere en San Carlos, Edo. Cojedes, el 10 de Enero de 1860. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 13 de noviembre de 1872.

Escultura de Ezequiel Zamora en la Plaza Ezequiel Zamora en Cúa, realizada en Bronce por Vital Dubray en el Año 1881 y colocada en esta plaza en el año 1959. (Fotografía de Iván López)

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