Historia regional y local del Valle del Tuy

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La Carta de Jamaica

     La Carta de Jamaica, fue dictada por El Libertador Simón Bolívar, a su secretario Pedro Briceño Méndez, el 6 de septiembre de 1815, en Kingston, capital de la entonces colonia británica de Jamaica, en respuesta a una misiva de Henry Cullen, un comerciante jamaiquino de origen británico residente en Falmouth, cerca de Montego Bay, y su título original es Contestación de un Americano Meridional a un caballero de esta Isla.

     No se había podido localizar el manuscrito original español ni se conocía copia alguna entre 1815 y 1883, salvo las dos publicadas en inglés de 1818 y 1825, El original más antiguo que se conocía es el manuscrito borrador de la versión inglesa conservado en el Archivo General de la Nación de Bogotá, en el fondo Secretaría de Guerra y Marina, volumen 323. La primera publicación conocida de la Carta en español apareció impresa en 1833, en el volumen XXI, apéndice, de la Colección de documentos relativos a la vida pública del Libertador, compilada por Francisco Javier Yánez y Cristóbal Mendoza.

      Gracias al investigador ecuatoriano Amílcar Varela Jara, quien en 2014 halló en el Fondo Jacinto Gijón, del Archivo Histórico del Banco Central del Ecuador, en Quito, una copia en español, por lo cual disponemos hoy del manuscrito original tomado de la voz de Bolívar, cuya autenticidad ha sido corroborada por un equipo de especialistas calificados.

   La presente versión incluye el enigmático párrafo faltante en la divulgada transcripción española –aunque conocido en las traducciones inglesas de la época–, con lo que se colman todas las lagunas que podían existir en torno a este precioso texto componente del legado intelectual de Simón Bolívar.

La Carta de JamaicaPulse acá para descargar La Carta de Jamaica 1815 – 2015

General de División José María Carreño Blanco

Por: Iván López Calero

       Este ilustre prócer de la independencia de Venezuela nació el año de 1792 en la población de Cúa, Provincia de Caracas, de la aún para entonces Capitanía General de Venezuela, se desconoce su día y mes de nacimiento esto debido al hecho que no se ha encontrado su “Fe de Bautismo”, algunos historiadores afirman que nació el 19 de marzo, pero según dato suministrado por el Cronista oficial del Municipio Urdaneta (Cúa)Adolfo Angulo Pérez y publicado en su obra “12 Grandes Hijos de Cúa“ (1998), expresa que:

Los Cronistas Don Juan José Flores, fallecido, (Ocumare del Tuy); Don Francisco Barreto Bolívar (Yare) y Don Santiago Navas, fallecido (Santa Lucía), fijan como fecha de nacimiento del General José María Carreño el 14 de Junio de 1792, esto hasta tanto no aparezcan documentos probatorios que señalen lo contario. 

      Por tal razón y tomando en cuenta las aseveraciones de estos cuatro investigadores tuyeros se toma como fecha de nacimiento del General José María Carreño el 14 de Junio de 1792.

General de División José María Carreño Blanco, oleo sobre tela, Autor Rafael D`Montijo, año 2012General de División José María Carreño Blanco, oleo sobre tela,  Autor Rafael D` Montijo, año 2012 (más…)

LINO GALLARDO

Por: José R. Méndez F.

Lino Gallardo.

     Nació en Ocumare del Tuy, probablemente en 1773 y murió en Caracas el 22 de diciembre de 1837. Lino Gallardo se destacó como compositor de canciones patrióticas, director de orquesta y ejecutante del violín, violonchelo y contrabajo. Fue discípulo de Juan Manuel Olivares en la Academia de Música de Caracas que fundara el Padre Sojo en 1874 (Pedro Ramón Palacios y Sojo, tío de Simón Bolívar). El sitio de reunión era la Hacienda La Floresta, del padre Sojo (hoy Urbanización La Floresta) y en la Hacienda San Felipe, del padre García Mohedano (hoy La Castellana) y en los terrenos de Bartolomé Blandín (que hoy son el Country Club), tierras para entonces de cultivo, ubicadas en torno al pueblo de Chacao, actualmente parte de Caracas.

     Fue un grupo de músicos de altísima calidad dedicado a cultivar el repertorio religioso con personalidad propia, aún cuando haya recibido alguna influencia de Pergolesi, Scarlatti, Haydn y Mozart. Integrado entre otros por Bartolomé Bello (el padre de Andrés Bello), José Francisco Velásquez, José Angel Lamas, Juan José Landaeta, Cayetano Carreño (hermano de Simón Rodríguez), Lino Gallardo, José Francisco Velásquez, Pedro Nolasco Colón, Juan Francisco Meserón, Atanasio Bello Montero (empresario musical, entusiasta difusor de grandes óperas y composiciones europeas del primer tercio del siglo XIX), José María Izasa (socio de Bello Montero en La Compañía) y José María Montero. En los quince años que más o menos duró esta Academia, salieron de allí algunos de los más grandes músicos que hemos tenido. El más celebrado entre ellos fue José Angel Lamas, autor de la más conocida pieza de música sacra: “Popule Meus”. Otros distinguidos discípulos de la Academia del Padre Sojo fueron Marcos Pompa, Pedro Pereira, Mateo Villalobos, Dionisio Montero y muchos más.

     Se resintió seriamente la salud del Padre Sojo, lo que lo indujo a firmar el 17 de junio de 1799 su testamento, según el cual legaba a Juan José Landaeta «el violín y la viola que tiene en su poder», y a Lino Gallardo el violoncello, por ser estos sus más “destacados alumnos”.

     El 26 de diciembre de 1794, Gallardo contrajo matrimonio con María del Carmen Araujo y al enviudar se casó con María Catalina Pereira, el 30 de abril de 1799.

      Juan José Landaeta, quien hasta ahora se ha tenido como el autor de la letra del Himno Nacional de Venezuela nace el 10 de marzo de 1780. Landaeta compuso algunas obras de carácter religioso, como “Benedictus” y “Pésame a la Virgen”. Perteneció a la clase social de los pardos y desde el comienzo de la revolución manifestó sus simpatías por la causa independentista. Así, se le vio entre los conspiradores del 19 de abril de 1810. Esta misma pasión revolucionaria lo llevó a componer varias canciones patrióticas, entre ellas una con motivo de la instalación del primer Congreso de Venezuela, en 1811. La letra comenzaba con la frase «Gloria, americanos».

     Se ha tenido hasta ahora a Juan José Landaeta como autor de la música del Himno Nacional de Venezuela, pero no ha aparecido ningún documento que dé validez a esta aseveración. Sólo existe la tradición oral, ya que ni siquiera Guzmán Blanco al decretar el «Gloria al Bravo Pueblo» como Himno Nacional, mencionó en el decreto a los autores. En cambio, hay más posibilidades de que sea Lino Gallardo el autor de la música patriótica. Dicho decreto, expedido en Caracas el 25 de mayo de 1881. Dice así, en la parte pertinente: 

“Considerando:

1o.: Que debe perpetuarse en la memoria de los venezolanos todo lo que en la época de nuestra emancipación política contribuyó a la realización de sus triunfos.

2o.: Que el Himno Nacional, conocido con el nombre tradicional de Gloria al Bravo Pueblo, fue el canto patriótico con que los hijos de la Gran Colombia celebraban sus victorias y se alentaban en la adversidad:

Decreto: Artículo

1o.: El Himno: Gloria al Bravo Pueblo, se declara Himno Nacional”.

Por encargo del Presidente Guzmán Blanco, el Dr. Eduardo Calcaño valioso compositor y músico, cumplió idóneamente la tarea de fijar el texto musical del Himno, lo cual hizo conservando la brillantez marcial de la melodía, sin pretender alterarlo ni darle otra expresión.”

     Landaeta, como buen patriota, fue perseguido por los realistas apenas cayó la primera República. Hecho prisionero, pudo salir al regresar Bolívar a Caracas, en 1813. Acompañó al Libertador en la penosa emigración a Oriente, en 1814, pero con mala fortuna, pues fue apresado y fusilado por Boves en ese mismo año.

   Gallardo compuso la música de la Canción americana, escrita años antes por los conjurados de 1797 y estuvo comprometido en las conspiraciones de 1808 y 1810 y fue miembro de la Sociedad Patriótica. Después de la caída de la Primera República (julio de 1812), fue apresado en las bóvedas de La Guaira por sedicioso (15 de diciembre de 1812). En 1818, bajo el régimen realista, fundó la Sociedad Filarmónica de Caracas, que era escuela de música y sociedad de conciertos a la vez; Gallardo fue el director de la orquesta de conciertos, director y profesor en la escuela. El 9 de agosto de 1824, fue nombrado maestro mayor de música de Caracas.

     Gallardo fue amigo y compadre de Simón Bolívar y este le compensó de su actuación al lado de los patriotas, nombrándolo “Fiel de peso” en la aduana de La Guaira (1827). A Lino Gallardo se le atribuye, si no la música, al menos su participación en la canción patriótica Gloria al Bravo Pueblo, que en 1881 fue decretada Himno Nacional. Investigaciones del estudioso de la historia de la música, Alberto Calzavara, han replanteado el tema de la posible autoría de la música de dicha composición por parte de Gallardo.

    Nuestro Himno Nacional, más que un canto revolucionario, fue un grito de solidaridad al Rey de España, ya que surgió como un canto emocional del 19 de abril de 1810, que como se sabe, fue cuando la oligarquía caraqueña declaró su fidelidad al rey de España, creando la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII.

     Se dice que el autor de la letra del “Gloria al Bravo Pueblo” fue el médico y poeta Vicente Salias, quien en un momento de euforia improvisó la canción en una de las sesiones de la Sociedad Patriótica, nacido en Caracas el 23 de marzo de 1776; era poeta y escritor, además de médico. Fue fusilado en el castillo de Puerto Cabello el 17 de septiembre de 1814, en momentos en que Bolívar sufría su segundo exilio rumbo a Cartagena. El mejor estudioso de la vida de Salias, José Rafael Fortique, lo confirma. Aunque tradicionalmente se ha escrito que la improvisación de Salias se produjo en el seno de la Sociedad Patriótica de Caracas, esto no parece probable, pues aquel canto patriótico existía ya a fines de abril o muy a comienzos de mayo de 1810, en tanto que la Sociedad Patriótica sólo inició sus actividades a partir de diciembre de ese año.

     Después de los sucesos del 19 de abril de 1810 el intendente de Ejército y Real Hacienda Vicente Basadre, fue apresado por las nuevas autoridades y recluido en el castillo de San Carlos de La Guaira, hasta su expulsión el 5 de mayo siguiente. Durante esos días que iban del 19 de abril al 5 de mayo de 1810 (decía Basadre en un informe escrito el 4 de julio, al llegar a Cádiz), los “caballeros mantuanos” que le custodiaban en el castillo día y noche por turnos, le dijeron que “…en todos los pueblos se habían compuesto canciones alegóricas alusivas a la libertad, a la independencia…” El funcionario español recuerda con indignación en Cádiz algunas de las canciones que oyó o leyó poco antes en La Guaira: “Pero lo más escandaloso fue las canciones alegóricas que compusieron e imprimieron de su independencia. Convidaban a toda la América española para hacer causa común, y que tomasen a los caraqueños por modelo para dirigir revoluciones”. Estas palabras de Basadre son una paráfrasis bastante exacta de la tercera estrofa de la canción patriótica de 1810, convertida en 1881 en Himno Nacional: 

“Unida con lazos

que el cielo formó

la América toda

existe en Nación;

y si el despotismo

levanta la voz

seguid el ejemplo

que Caracas dio”.

     Con letra de Salias y música de Landaeta o de Gallardo, pues los 3 se hallaban en Caracas entonces, el Gloria al bravo pueblo data de los días que siguieron al 19 de abril de 1810. No fue la única canción patriótica de esa época, pues también estuvo entonces en boga la que comenzaba: “..Caraqueños, otra época empieza…”, con letra de Andrés Bello y música de Cayetano Carreño. Pero fue el Gloria al bravo pueblo el canto que tuvo mayor aceptación y más rápidamente se popularizó; tanto llegó al corazón del pueblo, que se arrullaba a los infantes para dormirlos con el “Duérmase mi niño…” con la música del Himno Nacional, lo cual también servía como contraseña ante cualquier circunstancia.

     Uno de los compañeros del canónigo José Cortés de Madariaga en su misión diplomática a Bogotá (que salió de Caracas en diciembre de 1810) se lo había aprendido, y ya al regreso, el 18 de junio de 1811, mientras navegaban el río Meta abajo, tomó “…la flauta para ejecutar la canción de Caracas, Gloria al bravo pueblo, etc., y al resonar el suave instrumento unieron sus voces los que sabían la letra…”; así escribía, emocionado, Cortés de Madariaga en el Diario que llevaba durante el viaje. No sólo el flautista aficionado sabía la música, sino que varios de sus compañeros conocían también la letra. Aunque no hay constancia expresa de ello, es probable que el Gloria al bravo pueblo hubiese sido ejecutado y coreado en Caracas el 19 de abril de 1811, cuando se conmemoró el primer aniversario de la revolución de 1810 con la participación de varias orquestas dirigidas por músicos-compositores como Juan José Landaeta, Cayetano Carreño, Lino Gallardo, José María Cordero, entre otros.

     Juan Vicente González, refiriéndose a la época de la Primera República, escribe que “…el inspirado Gallardo hacía resonar las calles con la Marsellesa venezolana…”, aludiendo así, muy probablemente, al “Gloria al bravo pueblo”. Mientras que algunos historiadores afirman que la música no es Juan José Landaeta sino del músico ocumareño Lino Gallardo; no sólo por la tradición oral de la familia Gallardo, sino por el testimonio de numerosos personajes de la época, que dan fe que la música del Himno la escribió este fervoroso patriota y que, además, porque su nombre aparece en partituras antiguas, lo que no ocurre con Landaeta.  

     Pasado el período de la Independencia, el canto revolucionario siguió prendido en la mente del pueblo y se convirtió, por común aceptación, en la “canción nacional” aunque careciese de sanción oficial. El manuscrito de su música más antiguo que se conoce corresponde a mediados del siglo XIX, según el historiador José Antonio Calcaño, quien lo reproduce en su libro “La ciudad y su música”. En él no se menciona autor, pero figura como título lo siguiente: “núm. 1.- Violín. Canción Nacional. Gloria al bravo pueblo. Paso redoblado”.

     Este notable músico que ejecutaba con maestría el violonchelo, murió en Caracas el 22 de diciembre de 1837. Se dice, que su hija menor, Francisca de Paula, quemó todas las partituras de las obras compuestas por Gallardo, en protesta contra Guzmán Blanco, de quien era enemiga, al decretar éste, el 25 de mayo de 1881, la canción de su padre como Himno Nacional de Venezuela. Se cuidó mucho el Presidente Guzmán de no nombrar en su Decreto a los autores del Himno, gracias a lo cual todavía se polemiza y se trabaja en busca de la verdad.

     De las seis naciones que fueron liberadas por el Libertador (Colombia, Venezuela, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia), sólo las de Bolivia y Colombia hacen mención del Padre de la Patria, Simón Bolívar, mientras que Venezuela, cuna del Libertador, en su Himno Nacional, en sus tres estrofas y coro, para nada hace mención de tan ilustre venezolano.

HIMNO DE LA REPÚBLICA DE BOLÍVIA

Esta tierra inocente y hermosa   

que ha debido a Bolívar su nombre   

es la patria feliz donde el hombre  

goza el bien de la dicha y la paz

HIMNO DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA

Bolívar cruza el Ande

que riegan dos océanos,

espadas cual centellas

fulguran en Junín.

Centauros indomables

descienden a los llanos,

y empieza a presentirse

de la epopeya el fin.

     Quizás algún día, cuando el bolivarianismo, más que una organización política de moda hoy y tergiversada, sea una energía que revitalice el espíritu de lucha por la justicia y la libertad de los pueblos de América, en el Himno Nacional de Venezuela se incluya la estrofa poética de Pablo Neruda:

“Yo conocí a Bolívar una mañana larga,

en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,

Padre, le dije, eres o no eres o quién eres..?

Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:

Despierto cada cien años

cuando despierta el pueblo”

Partitura del Himno Patriótico de Venezuela, Música de Lino Gallardo y letra de Andrés Bello López.

Fuentes consultadas:

• Fundación Polar (1997). Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas. Venezuela.

• Gran Enciclopedia de Venezuela. Caracas: Editorial Globe, 1998.

• Biografías de la Biblioteca Nacional (Jorge Mier Hoffman)

• Himno Nacional, por: Manuel Pérez Vila.

MARIA TERESA CASTILLO. UNA TUYERA DE PROYECCION UNIVERSAL

Por: investigaciones TUCUY.

María Teresa Castillo.

     Queremos dese TUCUY.COM rendir un humilde homenaje, en nombre de las mujeres y los hombres del Tuy, coterráneos de la cueña más relevante del siglo XX.

    MARÍA TERESA CASTILLO nació en el mismo pueblo caluroso donde salieron venezolanos de la talla de José María Carreño, Ezequiel Zamora, Cristóbal Rojas, Emma Soler, Evencio Castellanos, Luis  Ordáz, Miguel García Mackle, para mencionar sólo algunos de los hijos e hijas ilustres de Cúa. Corría el año de 1908, la dictadura del General Cipriano Castro se balanceaba entre  el seudo nacionalismo y la enfermedad que lo obliga a dejar la presidencia en manos de su compadre el General Juan Vicente Gómez , quien aprovecha la oportunidad y lo saca del poder mediante un golpe seco, el 19 de diciembre de 1908. Nace María Teresa Castillo el 15 de octubre de aquel año, en la colonial hacienda de Bagre, propiedad de su familia, dedicada  a la producción de café para la casa exportadora Dumlop & Cia.

     Cúa era como todos los pueblos de la época, abandonada a su suerte, analfabetismo, pobreza y miedo caracterizaban la vida de una región donde apenas 50 años antes existía la esclavitud como motor de la economía, ya no era el amo o el caporal con el látigo y cepo quien imponía la autoridad, sino algún coronel de montonera, “chacharo” o “capachero”, como les llamaban despectivamente los centrales, a esos hombres de la montaña, acompañantes del General Castro que llegaron con la Revolución Restauradora del año 99 y se hicieron los nuevos amos de “la gran hacienda llamada Venezuela”. Generalmente eran aventureros que “tiraban la parada” en busca de dinero y poder, un coronel arbitrario, lujurioso y ladrón, lo primero que hacía era ponerle el ojo a las fincas más productivas y hermosas de la zona, luego le ponía el ojo a la hija del hacendado y por cualquier método: El matrimonio por conveniencia, hasta llegar al  encarcelamiento del propietario por “enemigo” del gobierno. Pasaba por obra de arbitrariedad, el abuso y la violencia de guerrillero” come casabe” a “señor feudal” de la región, amo y padrote hasta donde le alcanzaba la vista.

      Así fue como el hermano del general Juan Vicente Gómez: Don Juancho se hizo dueño de todas las tierras desde Cúa hasta Ocumare del Tuy, uniendo en una sola posesión los antiguos latifundios de los Condes y Marqueses, los “grandes cacaos” del período colonial, esas colosales haciendas cacaoteras, ya deforestadas, se les llamó la Gran Posesión Mendoza con una extensión de más 300 Km2. También el la zona de Santa Teresa se apoderó de la gran posesión Tumuso, que abarcaba el triangulo Santa Teresa, Charallave, Santa Lucía. Además Don Juancho Gómez, Hermano del Vicepresidente, era el Presidente del Estado Miranda, como se le denominaba en la época a la figura que hoy llamamos gobernador. La capital del Estado Miranda  estuvo en Ocumare del Tuy desde  1904 hasta 1927.

     Ser hacendado, en aquellos años era estar sometido a la presión terrófaga de los Gómez, quienes ya tenían el monopolio de todos los mataderos del país. Venezuela todavía no se perfilaba como país productor de petróleo. El General Gómez en 1908 representaba el poder económico surgido a la sombra del gobierno del parlanchín General Cipriano Castro; éste se había convertido en un escollo, por sus desplantes ante las potencias mundiales, para los nuevos ricos que buscaban el poder sin Castro. Un castrismo sin Castro representado por el hombre que se había transformado, en nueve años de ejercicio de la Vicepresidencia de Venezuela, en el verdadero y máximo poder económico y político del país.

     En esa época semifeudal nace María Teresa, en un medio social muy duro para sobrevivir y progresar y si se era mujer el único destino era “parir como Dios manda” y obedecer, primero al padre y luego al marido. Esto se cuenta hoy y no se tiene la dimensión exacta de lo poco que significaba en la Venezuela de comienzos del siglo XX ser mujer. La mayoría de los espacios eran ocupados por los hombres, una señorita “digna” no podía, estudiar sino en colegios de monjas, solo en Caracas y algunas capitales. La formación era para ser madre “ejemplar”: Perfecta ama de casa, soportar las “queridas” que su marido tenía, pues eso era normal y aceptado socialmente, la esposa era una “sierva”, nacida para sufrir pacientemente, eso si con mucha dignidad,  sin derechos sociales, económicos y mucho menos políticos.

      Una joven si los 18 años no se había casado, se decía que se había quedado para “vestir santos”. Si una mujer tenía que trabajar fuera de casa era calificado en aquella sociedad venezolana como “fin de mundo. Una mujer respetable tenía que estar en su casa y salir acompañada por un hombre de la familia, solo las muchachas del servicio de adentro salían solas. Uno de los primeros trabajos que cumplieron las mujeres fuera de su casa  fue como operadoras de los teléfonos de manillita y con las primeras máquinas de escribir, empezó muy tímidamente, entre familiares con bufete, la figura de la mecanógrafa.

El escritor argentino, Julio Cortázar, conversa con María Teresa Castillo, compañera de Miguel Otero Silva, en Macondo, antigua casa  de Otero Silva ubicada en Caracas, hoy demolida.

     En esa Venezuela, tan lejana en el tiempo, en las costumbres y en los valores, le tocó nacer, crecer, formarse y sobre todo luchar par a María Teresa Castillo como paradigma de la mujer venezolana del siglo XX, como la máxima representante del mundo cultural venezolano, de las inmensas tareas de las pioneras para alcanzar la igualdad ciudadana. En nuestro país la máxima discriminación no era contra el negro, sino contra las mujeres, pues no contaban ni siquiera con el apoyo de la familia, cuando querían abrirse paso en el mundo masculino.

     María Teresa llega a Caracas muy niña, una aldea de 300.000 mil habitantes; una joven inquieta, se le hace imposible ingresar a la Universidad, pero sigue muy de cerca los acontecimientos de la juventud universitaria del año 28. Tiene sus primeros contactos con los movimientos sociales de izquierda marxista existentes clandestinamente en Venezuela.  La dictadura gomecista, atornillada en el poder, durante 20 años, no daba tregua a la represión en las tenebrosas mazmorras de las fortificaciones españolas de Puerto Cabello y Maracaibo, en la famosa Rotunda de Caracas, el los campos de concentración existentes en las carreteras del país. Se contaban por miles en ese entonces los presos políticos quienes además cargaban con unos grilletes del período colonial, con un peso de más 60 kilos. Entre esos jóvenes opuestos al dictador, estaba su futuro esposo el gran escritor, poeta, periodista y humorista Miguel Otero Silva.

     La muerte de Juan Vicente Gómez abre las compuertas del siglo XX, por primera vez se ve una luz en oscuro túnel que venía desde el siglo XIX. Es cierto que el gobierno del General López Contreras ordena la demolición de la Rotunda y se lanzan al mar los grillos en Puerto Cabello, pero eso no significó el cese de la represión, del 36 al 40 se persiguen como “enemigos de la patria” a los llamados comunistas como Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, Juan José Palacios, José Antonio Mayobre, Raúl Leoní, Manuel Ramón Oyón ( de Ocumare del Tuy),Rodolfo Quintero, Miguel Acosta Saignes entre otros y se decreta la expulsión del país, La cárcel del cerro El Obispo ocupa el espacio de la Rotunda.

     María Teresa Castillo, quien venía luchando desde la época gomecista junto a mujeres del temple y tenacidad de una Mercedes Fermín, desde la Federación de Maestros, fundada por Luís Beltrán Prieto en el año 31, Ana Mercedes Pérez, la primera reportera que tuvo Venezuela, Carmen Clemente Travieso, Imelda Campos, primera mujer que lanza como oradora ante una multitud en el Nuevo Circo de Caracas para condenar los hechos del 14 de febrero del 36; Luz Machado de Arnao, Ida Gramcko, Josefina Palacios. La mujer venezolana se abría paso y participaba en la construcción de aquella Venezuela, todavía sin instituciones sólidas, buscando el camino democrático, después de la muerte de Gómez.

     María Tersa Castillo pasó un año detenida en la Jefatura Civil de la Pastora, por su vinculación como activista del movimiento comunista de la época, por revoltosa, la detuvo la policía repartiendo panfletos prohibidos y un periódico hecho por ellos mismos denominado “Aquí está” y también el semanario Tribuna Popular, órgano de Partido Comunista Venezolano en la clandestinidad.

     Todas esa luchas de la mujer venezolana y sin embargo  no tenían derecho al voto, mucho menos a ser electas para cargos representativos, los prejuicios todavía se mantenían y fue en el año 47, con la nueva Constitución aprobada por la Constituyente del trienio adeco, donde se estableció que las mujeres tenían derechos políticos, al igual que los analfabetos y se instituyó el voto, directo, universal y secreto, como piedra angular del sistema democrático representativo. En el año 1941 habían egresado sólo 5 mujeres de los claustros de la U.C.V. La primera mujer electa para un cargo representativo (Asamblea Constituyente 1947), fue la poetisa Lucila Velásquez, la primera mujer concejal fue Margot Boulton de Bottome, en Distrito Federal 1947. La primera mujer que se graduó de ingeniera civil en Venezuela fue otra cueña,  la Dra. Elena Quiroba en 1944.

     La actividad cultural organizada tiene antecedentes que se remontan al siglo XIX, en la ciudad de Caracas, pero en el año 1931 por iniciativa de María Luisa González Gragirena de Escobar, motivada por la necesidad de abrir un espacio a la mujer en el mundo de la creación intelectual y artística se funda el Ateneo de Caracas, tiene su primera sede entre las esquinas caraqueñas de Marrón a Cují y durante doce años es presidido por María Luisa Escobar. También fueron Presidentes del Ateneo: Anna Julia Rojas, Luz Machado, Alicia Larralde, Ana Mercedes de Morales Lara, Conny Méndez y después de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958, es electa como presidenta María Teresa Castillo. Quien venía de ser reportera de Ultimas Noticias en 1941, integrante de la primera promoción de Periodistas de la U.C.V., Luchadora contra las dictaduras desde la época gomecista, exilada durante el régimen perezjimenista.

     María Teresa tuvo la visión necesaria para comprender que las luchas sociales y políticas carecen de base si no se alimentan del quehacer cultural y que la pervivencia de los valores de una nueva sociedad que nacía con el 23 de enero de 1958, no podían tener solamente el sustento político, era necesario promover las manifestaciones más altas del espíritu y es así como el Ateneo de Caracas se convierte en promotor de una compañía estable de teatro, dirigida inicialmente por Horacio Peterson y a partir de 1976 por Carlos Giménez con el nombre de Rajatabla. Se crea el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral, institución que ha recibido el respaldo nacional y el apoyo económico de la UNESCO. Bajo su auspicio se han organizado y celebrado en Caracas varias ediciones del Festival Internacional de Teatro, hoy imitado positivamente por ciudades como Bogotá.

     Además del desarrollo de una labor editorial, biblioteca, sala de exposiciones, dos salas de teatro y conciertos.

     El Ateneo de Caracas presidido por nuestra coterránea María Teresa Castillo es hoy un modelo a seguir, no solamente por diversos Ateneos de Venezuela, sino a nivel continental. Es una lastima que los actuales promotores de la cultura oficial, no reconozcan los méritos y la obra de María Teresa Castillo cuando llega a los 100 años de fructífera vida, María Teresa como persona no necesita de ese reconocimiento, pero si su obra que es el Ateneo de Caracas. María Teresa tiene en su haber las más altas condecoraciones que se otorgaban en la desaparecida Unión Soviética, las más altas otorgadas por Cuba, Francia, UNESCO, la mitad de los países europeos, Latinoamérica e incluso de EE.UU. y los más importante tiene el reconocimiento de los  artistas y creadores venezolanos, de su pueblo al que le ha dado lustre y tal vez es más humilde pero con el más grande de los amores y del respeto a su figura, el de los tuyeros y especialmente el de los cueños.

     No podemos terminar estas cortas expresiones de justicia, sin decir: Ojalá Venezuela tenga en las nuevas generaciones, la fuerza juvenil, la rebeldía, la inconformidad, la capacidad organizativa, el humor, la visión, la tenacidad y el amor por Venezuela de María Teresa Castillo a sus 100 años.

Falleció el 22 de junio del 2012 en Caracas a la edad de 103 años.

María Teresa Castillo en Compañía de Alejo Carpentier.