Historia regional y local del Valle del Tuy

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La plaza Bolívar de Santa Lucía: Epicentro socio-cultural del pueblo Luciteño

Por: Juan Manuel Carrasco.

     La Plaza Bolívar de Santa Lucía, una de las poblaciones de los Valles del Tuy que aún conserva su aspecto colonial, es el espacio público más importante y resaltante del municipio Paz Castillo del estado Miranda, dado que en ese sitio tienen lugar las diversas actividades socio-culturales que tanto autoridades como ciudadanos tienen a bien ejecutar, alcanzando de ese modo el título de “epicentro” social, cultural, económico y político de esa entidad.

Plaza Bolívar de Santa Lucía del Tuy.Panorámica de la Plaza Bolívar de Santa Lucía del Tuy, Foto de Juan Manuel Carrasco.

Historia

     Hablar de este espacio es remontarse a los inicios mismos de Santa Lucía como pueblo mixto, a partir del año 1750, cuando es gestionada por el presbítero Marcos Reyes Cueto -refundador de esa población- la construcción del templo parroquial de la localidad. Hasta ese momento, el sitio que más adelante sería destinado a la “Plaza Pública y Cementerio” consistía en un promontorio, una baja meseta entre las quebradas El Tigre y Agua Bendita, y que hacía parte de unos terrenos adquiridos por el propio Reyes Cueto para la edificación de la nueva población. En aquellos primeros tiempos, la plaza, llamada “de armas”, era tan solo una cuadra frente a la iglesia, desprovisto de árboles, posiblemente empedrado, con un cementerio colindante en su borde norte, y divididos por una acequia que llevaba el agua del río Guaire hasta los campos cultivados de las haciendas, así como a las casas de las familias más acaudaladas.

     La mitad norte de la actual Plaza Bolívar, como se mencionó más arriba, sirvió de descanso eterno para muchos de los primeros moradores de la Santa Lucía de Reyes Cueto, y perduró en ese lugar desde 1750 hasta 1842, año este último de su mudanza al actual Cementerio Viejo, al norte de esa población.  Como dato curioso, durante las remodelaciones hechas a la plaza en 2006 por el Gobierno Municipal de Paz Castillo, trabajadores que excavaban las bases para el pedestal de la estatua de El Libertador en el centro de la mitad norte de la plaza, hallaron varios restos humanos, huesos y cráneos que se pulverizaron al tratar de sacarlos.

     A partir de 1842, y después de haber retirado los restos de los sepultados en el antiguo cementerio, la plaza Bolívar fue ensanchada, es decir: el espacio ya no se limitaría a una cuadra, sino que abarcaría el espacio del viejo cementerio, formando, en vez de un cuadrado, un rectángulo. La acequia sigue en su lugar, pero ya no divide visualmente la plaza, tomando la forma “alargada” que tiene hoy en día..

Escenario de honra y muerte

     La plaza Bolívar Luciteña no estuvo lejos de los acontecimientos históricos del pasado venezolano, y se conocen al menos dos hechos de cierta relevancia cuyos testigos fueron las esquinas de ese espacio público. El primero, acaecido en junio de 1821, cuando el victorioso general José Francisco Bermúdez, luego de vencer en la Batalla de Altos de Macuto, y haciendo uso de la gallardía propia del estamento militar de la época, rinde honores y funerales militares en esta plaza a su contrincante español, general Lucas González, muerto en esa batalla. Su cuerpo está aún sepultado bajo los arcos de la iglesia parroquial Luciteña.

     El segundo hecho acaecido en los espacios de la referida plaza, más lamentable, fue la masacre realizada en el antiguo Cuartel Militar (hoy sede del Banco Occidental de Descuento de Santa Lucía) de un total de 19 efectivos militares, en 1822, a manos de las hordas del sanguinario bandolero Dionisio Cisneros. La historia cuenta que Cisneros emboscó de noche a los soldados, un total de 20, los cuales a su vez lo esperaban según un plan para capturarlo. El bandolero pudo hacerse con el cuartel y todo el parque militar, mandando luego a pasar por las armas a 19 soldados, salvándose sólo uno, según la leyenda, porque sabía tocar el redoblante. Los condenados, luego de ser fusilados frente a la plaza, fueron cargados hasta un lugar, hoy en día desconocido, siendo luego “alanceados” y destrozados los cuerpos a bayonetazos, y según dice la leyenda, “la sangre corrió hasta llegar detrás de la iglesia”.

Árboles centenarios

     La Plaza Bolívar Luciteña, hoy en día, luce en sus jardines, además de cuatro hermosas fuentes -que lamentablemente funcionan sólo durante las fiestas patronales- un techo vegetal formado por la unión de árboles de diferentes especies (en su mayoría árboles de mamón), cuyas características son las de ser “siempre verdes”. Alberga también plantas ornamentales y coloridas, así como un ejemplar del “Roso Blanco”, árbol emblemático del Estado Miranda, y un araguaney que florece entre marzo y mayo.

     Esta “alameda”, como era conocida en épocas pretéritas, fue creada entre los años 1872 y 1876, según los libros de actas del Concejo Municipal de esos años, por orden de los concejales de la época, basándose en la moda del momento para los espacios públicos, influenciada por el “afrancesamiento” traído al país por el “Ilustre Americano”, Antonio Guzmán Blanco. Durante muchos años fue centro de esta plaza un busto de El Libertador, colocado sobre una columna de apariencia clásica, otorgándole un aspecto afrancesado, por lo que se deduce que dicho busto fue colocado en época Guzmancista. Hoy, sobre un pedestal de concreto recubierto por mármol gris oscuro, una estatua de Bolívar con la espada desenvainada mira desde sus alturas a la sociedad Luciteña, sin que ésta se dé cuenta de que él está allí aún.

PLAZA EN PELIGRO

     Muchos de los que aún aprecian a esta población, sus calles y especialmente su Plaza Bolívar -una de las más hermosas de los Valles del Tuy-, en donde las familias Luciteñas se sientan en las tardes con sus hijos y amigos para distraerse o descansar, ven con preocupación cómo estos espacios son poco a poco destruidos por el mal uso que ciertas personan le dan, y ante la mirada pasiva de las autoridades. Inconsciencia, irrespeto, uso de bicicletas, patines y patinetas, alcohólicos, vándalos, colocación de afiches y demás actividades destructivas, tienden a quitarle a este espacio la virtud de ser el lugar por excelencia para el encuentro social y cultural de Luciteños y Luciteñas.

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FUNDACIÓN DE OCUMARE DEL TUY.

Por: Juan José Flores †

Iglesia de Ocumare del Tuy.

     Hubo de transcurrir 11 años, ya pacificados Los Teques y los Mariches, enemigos de los QUIRIQUIRES, para que corriendo el año 1574, los españoles puedan penetrar en el corazón mismo del gran Valle que fertiliza el Tuy y donde se encuentra la Sabana de Ocumare. Esta penetración es posible, gracias a la tenacidad del Teniente de Gobernador Francisco Calderón; es de hacer notar que los conquistadores andaban y desandaban la ribera Norte del Río Tuy pero jamás habían cruzado su caudal y llegado a la ribera Sur.

     Sólo Calderón logra esta hazaña y en efecto sale de Caracas, con una expedición compuesta de 80 soldados españoles y más de 600 indios vasallos de Aricabuto, Cacique de los Mariches, entrando por el sitio que denominaron Salamanca; con este nombre designaron los conquistadores, lo que es hoy el lindero entre las poblaciones de Charallave y Ocumare, nombre que también le fue confirmado por Juan Rodríguez Suárez, aún existen en la jurisdicción del Municipio Ocumare dos sitios con ese nombre; el Cerro de Salamanca y la Hacienda Salamanca, este Territorio le fue dado en encomienda a Garci-González y a Francisco Infante en ese mismo año de 1574.

     Calderón se conformó con dejar en ese sitio una pequeña guarnición al mando de Francisco Infante y siguió hacia el Sur, llegó hasta la ribera Norte del Río Tuy, caminó hacia el Este paralelamente al Río y a pocos metros de la desembocadura del Río Súcuta, lo vadea y hace un pequeño giro hasta llegar al sitio denominado hoy Marare, cerca de lo que hoy se conoce como Sabana de la Cruz. Es necesario hacer notar que desde su salida de Caracas hasta su llegada a Marare, Calderón no encontró un solo indio en pie de guerra, ya que las Tribus hostiles habían abandonado sus poblados internándose en lo mas intrincado de las montañas.

     Imaginaos la Sabana como un efebo gigante descansando su cabeza a los pies del Sistema Montañoso del Interior, mientras sus extremidades eran bañadas por las refrescantes aguas del Río Tuy; con su tórax y miembros pletóricos de cedros, araguaneyes, apamates, bucares, jabillos, ceibas, pardillos, zapateros, moras, robles, guayacanes, bambúes y sus chaparrales de guatacaro; hermosa tierra poblada de pájaros multicolores y aves cantoras, con árboles frutales, raíces comestibles, caza y pesca en abundancia para satisfacer los gustos más exquisitos.

     Tal fue el paraíso que hallaron los Castellanos en esta Sabana del Tucuy de los Ocumares, rodeada a su vez por los cinco ríos que circundan: Lagartijo, Súcuta, Marare, Araguita y Ocumarito. Ya en Marare, Calderón comprendió la imposibilidad de conquistar el Territorio y mantenerlo en paz, mientras no se afirmara un establecimiento definido, y por tal inspirado motivo, resuelve fundar en él una población escogiendo para tal fin el valle de Ocumare; al principio la idea le pareció buena a sus compañeros, se hicieron los primeros palenques de defensa y se construyeron algunas viviendas, luego cambiaron de parecer se opusieron a continuar la obra, alegando que esta fundación perjudicaría a las Ciudades de Caracas y Caraballeda, esta disparidad de opiniones y controversias disgustaron seriamente a Calderón, que enojándose de tal manera puso preso a los revoltosos, entre los que se encontraban Juan Rivera, Sebastián Díaz y Juan Gómez y con ellos detenidos regresó a Caracas; esta acción le valió su destitución, cuya empresa, al principio de una gran hazaña se transformó en un rotundo fracaso.

     Con esta penetración a los Valles del Tuy, lograda por Calderón, no se logró su pacificación. Tres años después o sea en el año 1577, los QUIRIQUIRES instigados por su líder la india Apacuana y al mando del Cacique Acuareyapa, atacaron en Salamanca a los encomenderos Francisco Infante y Garci-González, salvando éstos la vida gracias al valor de Garci-González, el cual aun herido cargó en sus hombros al también mal herido Infante, hasta ponerse a salvo, logrando alejarse del campo en refriega. Los alcaldes de Caracas como también los vecinos españoles se indignaron de tal manera ante este acontecimiento y resolvieron enviar una fuerza para castigar a los indios, la cual fue integrada por 50 españoles; unos a caballo y otros acompañados de perros de presa y por supuesto provistos de arcabuces y además le seguían una cantidad de indios Teques: siendo todos ellos puestos a la orden de Sancho García. 

Portada del Libro “Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela” de Fray José de Oviedo y Baños, publicado originalmente en 1725.

    Denodado trabajo le costó a este conquistador penetrar en ese territorio, pues todos los caminos estaban defendidos por indios emboscadas, luego de un duro trajinar, llegó al fin al pueblo y lo incendió, así como también todo lo que fue encontrando a su paso destruyendo también las sementeras que cubrían aquel ameno Valle. Mientras Sancho y su gente se hallaban en tan criminal operación, los indios se habían ido organizando, ideándose ésta para reunirse y caer sobre el destacamento español, cuando por mala suerte para ellos, un indio que se ocupaba de colocar púas envenenadas en una vereda, fue sorprendido y hecho prisionero por los invasores; sometido este desgraciado a tormentos atroces fue obligado a confesar cuanto sabía, lo cual era: la proyectada concentración de los indios y el punto de reunión.

     Era el lugar de la cita el fondo de una quebrada, posiblemente la Quebrada de Charallave cuando llegaron los castellanos, sólo había algunos Caciques que como con quinientos indios esperaban a los otros; en la marcha les cayó encima García ya pesar del valor desplegado por el Cacique Acuareyapa, quien murió de un lanzazo por la espalda, en el encuentro fueron dispersados o muertos; esta batalla fue fatal para los nativos debido al temor que le infundieron las armas de fuego, los perros y caballos. Entre los que cayeron vivos en manos de los vándalos españoles se encontraba la india Acuapana, madre del Cacique Guácima, a la cual ahorcaron inmediatamente porque se decía que era ella que había aconsejado la muerte de Infante y Garci-González.

     El feroz García, dejó colgado el cadáver de esta infeliz mujer, en un árbol a la margen del camino, este espectáculo y la pérdida de más de 200 indios que tuvo lugar en los encuentros siguientes, atemorizaron tanto a los demás que al fin pidieron la paz, y como los españoles también la querían, le fue otorgada de mil amores. Así, después de 79 años del descubrimiento de Venezuela. Logran al fin los españoles la conquista del Valle del Tuy.

     La fundación de Ocumare como la de otras ciudades de nuestro país, tienen fechas inciertas, las cuales muchas veces confunden la verdad histórica, pero también es cierto que los historiadores exponen a los pueblos en tres acciones diferentes: formación, fundación y erección; particularmente considero, que desde el primer momento en que se levantan los palenques de defensa y se construyen las primeras viviendas, es la fundación de un pueblo, a todo esto cabe agregar, son muy pocas las actas levantadas por los conquistadores cuando formaban una colectividad; en cuanto a la erección como Parroquia o Entidad Municipal, se debe tomar muy en cuenta, que para llegar a una posición de tanta significación, debe existir un conglomerado representativo para exigir tan elevado rango.

    Por esta razón, la cual considero de mucha importancia, es lo que motiva a no estar de acuerdo con la opinión de algunos historiadores que sitúan la fundación de Ocumare en el año 1673; al contrario, comulgo con la apreciación del diligente y afanoso historiador Aníbal Laidera Villalobos, cuando nos da a conocer y sitúa la fundación de este pueblo en el año 1597. Este último año considero debe ser el punto de partida para hablar de la Fundación de Ocumare del Tuy.

     La fundación de la Sabana del Tuy de Ocumare, se logra al fin y puede asegurarse se consolida el 5 de diciembre de 1597. Veamos a continuación lo que a este respecto dice el laborioso escritor historiador Don Aníbal Laidera Villalobos. “Tengo a mano todos los datos referentes a la fundación primogénita de la Villa de Ocumare o Villa de la Sabana de Ocumare; pero tengo también referencias objetivas tocantes a la segunda fundación entre Marare y Súcuta en 1593. Primera 1574. Acto de posesión, toma el sitio, demarcación y campamento para 80 soldados y 600 aborígenes aliados, expedición al mando del Teniente de Gobernador Francisco Calderón.

    Una fuerte oposición de los acompañantes eliminó el intento, a pesar de la distribución de tierra y la resistencia a dos acometidas de los QUIRIQUIRES, dirigidos por Yarecuare. Pero la real y definitiva fundación tuvo lugar en el sitio Mararito y la Sabana el 5 de diciembre de 1597, cuatro años después de la segunda. Primero el reparto de las tierras, después el trabajo de añil, maíz, chícharos, ganado y frutas. Para el año 1625 se levanta la primera capilla; el comercio de vacunos y granos demanda una balsa de gran capacidad que contratan a los carpinteros de Caracas en contrato suscrito en 1643. Como necesitaban un sacerdote fijo en 1693 gestionaron erigir el curato. No obstante las primeras haciendas datan de 1597; entre los conquistadores mas crueles de entonces figuran; Francisco Carrizo, Garci-González de Silva, Francisco Infante, Sancho García y empalador de oficio llamado José Sánchez, pariente del asqueroso ladrón Diego Sánchez. El 13 de noviembre de 1625 llegó a Ocumare la primera imagen de San Diego de Alcalá”.

     Aunque otros autores difieren de la exposición realizada por el Licenciado Laidera Villalobos, personalmente considero muy positiva su interpretación por estar basada en hechos históricos irrebatibles, cuyos argumentos ayudan a esclarecer la verdad que determina con certeza la fundación de Ocumare. Para la época que nos ocupa, Santiago de León y San Sebastián de los Reyes se disputan la jurisdicción de la Sabana de Ocumare. Corriendo el año de 1585, el Cabildo de San Sebastián, se transporta a la citada Sabana para tratar de adherirla a su mandato, en un intento de impedir que Caracas imponga su hegemonía en la entrada del Valle Tuyero; a pesar de estas diligencias, Caracas hizo caso omiso a las mismas y repartió tierra en propiedad en toda la sabana.

San Sebastián no se quedó atrás en su intento y en el 1592, otorgó al hijo de Sebastián Díaz Alfaro, Mateo Díaz Alfaro, tierra para el pastaje de ganado y también para siembras, e igualmente logran asentamiento Juan Rodríguez y Juan Román. El año 1593, abre con Caracas, entregando establecimientos en tierras de la Sabana, consideradas de su potestad, a Alfonso García Pineda ya Juan Pérez de Medina, estos nuevos amos junto a los antiguos encomenderos: Infante, Garci-González y Díaz Alfaro, son los fundadores que se adueñan del Territorio. Cabe preguntar: ¿No es acaso este acontecimiento la fundación de un Pueblo?, porque todo lo que se funda, erige o se instituye se establece, y ellos junto a otros moradores de la zona, para el día 5 de diciembre de 1597, vivían establecidos en la Sabana del Tuy de los Ocumares.

PARROQUIA

     Fue erigida en Parroquia, según auto firmado por Monseñor Doctor Diego de Baños y Sotomayor, Obispo de Caracas y Venezuela, el día 7 de febrero de 1693, bajo advocación del piadoso lego San Diego de Alcalá, el cual es su patrón cuyas festividades se celebran todos los día 13 del mes de noviembre. Esta petición fue escrita y firmada por varios hacendados, a la cabeza de los cuales se encontraban Don Juan Nicolás Ponte, Don Juan Ascanio, Doña Juana María Lovera y Doña Catalina de Castro; ellos se compartían a costear la manutención del cura de almas y los gastos de la conservación del templo, el cual comenzó a construirse en ese año 1693 y se terminó en el año.1700. Su primer Sacerdote fue el Padre Manuel de Alesón y Segundo Cura José Ignacio Ramírez.

ORIGEN DE SU NOMBRE

     La etimología del vocablo Ocumare, dice el Doctor y Sabio Don Arístides Rojas, se deriva de Cumari, nombre de una planta textil de la cual sacaban hilo para fabricar hamacas los indios Tacarigua. También es posible su derivación venga de la raíz llamada ocumo, voz de origen caribe al igual de Cumaná, cumanagoto y otros de muy parecida fonética; como es sabido el ocumo es una planta muy de los lugares húmedos, y la región de Ocumare es una de las más húmedas del centro del país, el ocumo es una planta, como se sabe, cultivable, pero que nace silvestre, solamente en Venezuela se le da ese nombre, en otros países como Cuba, se le denomina malanga; por lo tanto no tiene nada de extraño que al llegar los castellanos a la región, encontraron una gran extensión de sembradíos de dicha planta y al saber por los naturales su nombre, llamaron a esta tierra la Sabana de los Ocumares, luego al correr del tiempo vendría la corrección por la Sabana de Ocumare.

     En cuanto a su segundo nombre, el cual determina su binomio, dice el sabio Arístides Rojas lo siguiente: “El vocablo Tuy es Castellano”, en realidad existe en la Provincia de Pontevedra, España una ciudad con el mismo nombre, continúa diciendo el Dr. Rojas, “Y parece haber sido dado a este hermoso río por la semejanza con el nombre indígena”. ¿Cuál fue éste? Los Cumanagotos llamaron Tucuy al agua de yuca. Tucuy se llamó también entre los caquetíos de Barquisimeto, una pequeña paloma y de aquí los Tocuyos o Tucuyos, nación que habitó a orillas del río Tocuyo.

     Tenemos pues que Tocuyo y Tucuy, como equivalentes de una paloma y del agua de yuca, tienen origen semejante. Probablemente al actual río Tuy, se conoció con el nombre de Tucuy; y de aquí la contracción castellana de Tuy, dado al río por los conquistadores; las labranzas indígenas a orillas del río, antes de la llegada de los conquistadores, y el cultivo que se hacía de yuca, hacen presumir que el nombre dado por algunas tribus al agua de yuca, es decir Tucuy, fue el que llevara el río.

     Por lo antes expuesto, se deduce que el nombre original de la región diría así: Sabana del Tucuy de los Ocumares.

OCUMARE DEL TUY Y LA INDEPENDENCIA

     La época colonial transcurrió con cierta y normal tranquilidad, propia de la vida rural, de una población de agricultores en cuyas sementeras se cosechaban: ñame, ocumo, yuca, hortalizas; granos como: arroz, maíz, caraotas, guaracaros, quinchonchos, frijoles y frutas de diversos sabores y en sus ríos se pescaban: camarones, corronchos, guabinas y bagres.

     Ocumare estaba rodeado de grandes haciendas, donde comienza  por cultivar el añil, luego el cacao y el café, la caña de azúcar, también poco a poco se va incrementando la cría de ganado vacuno gracias a la llegada de ejemplares desde el llano a través de los senderos de la serranía del interior hasta llegar a esta ciudad, tránsito éste que se hace obligado y con el correr del tiempo sirve, por ser la vía más expedita, para la traída de ganado desde los llanos guariqueños hasta la capital nacional. Las puntas de ganado salían desde Achaguas, vía Altagracia de Orituco – Ocumare, hasta llegar a Caracas, trayecto éste que recorrían en 90 días, siendo esta vía ayer y hoy la mas corta comunicación entre los llanos centrales y la capital de la República; estas son las razones por los cuales hasta la década del 70 en el presente siglo, Ocumare fue el granero de Caracas. Es de hacer notar que las primeras semillas de café, que el Padre Mohedano, sembró en Caracas, fueron recogidas en las haciendas de Ocumare.

     Ocupada en sus quehaceres agrícolas, la población es sorprendida con el alba luminosa del19 de Abril. Ocumare, que había sido escenario de levantamientos de los negros en busca de su Libertad, quizás no, en el concepto exacto y universal que encierra la palabra, sino por la simplicidad del individuo que anhela vivir libremente como lo hacían en áfrica sus antepasados, recibe con beneplácito la buena nueva del movimiento revolucionario. que no sólo fue la base de la independencia de Venezuela sino también la de la América meridional y es tal el entusiasmo que la noticia despierta, que se lanzan fuegos artificiales, las campanas repican jubilosas y se realizan tardes de toros coleados, como una demostración de solidaridad con Caracas, cuna del Libertador y de la Libertad.

     En el terrible año 1814, cuando se cumple con toda su secuela de odios y tragedia, el Decreto de Guerra a Muerte, firmado en junio del año anterior, la Villa de Ocumare es ultrajada. violada, asesinada, saqueada, cuando en los días aciagos del11 de febrero y 6 de marzo del mismo año, es tomada por el asesino y depredador Francisco Rosete, quien no respetó ni el sagrado recinto del Templo, cuyas puertas derribó a golpes de hacha, matando a todos los que en él se hallaban refugiados, dejando una tétrica estela que abarca templos, casas, calles y plazas de la ciudad, dejando a su paso más de 700 cadáveres insepultos; entre estos cadáveres se encuentran el del Profesor de Latín José Domingo Cáceres, padre de Luisa Cáceres de Arismendi.

     EI 14 de marzo del trágico año, Ocumare es testigo presencial de la matanza realizada por Rosete. quien embosca y asesina a sus puertas a unos 700 jóvenes caraqueños de los 800 muchachos que al mando del General Arismendi pretenden hacerle frente a los 3.000 vándalos que comanda el isleño asesino. En esta matanza cae prisionero y fusilado en la Plaza de esta ciudad el joven, de apenas 14 años, Félix Cáceres, hermano de la Heroína Luisa Cáceres de Arismendi.

    Todo crimen, tiene su sentencia y condena, Rosete encuentra ambas en la espada justiciera del invencible General José Félix Ribas, quien en dos oportunidades venga con creces las atrocidades del vil canalla, expulsándolo para siempre del Valle del Tuy; la primera derrota se la proporcionó el día 20 de febrero en Charallave y la Segunda en Ocumare el día 20 de marzo, todas en el mismo año 14. Estas derrotas le valieron a Rosete, el caer en desgracia ante Boves, quien lo destituye del cargo que ejercía como Comandante Militar de Camatagua y los Valles del Tuy.

     Años más tarde, ya llegando a la creación de la Tercera República, Ocumare es el escenario de la entrevista entre el General Páez y el Guerrillero Dionisio Cisneros, con este acto de valentía del Héroe de las Queseras del Medio, al enfrentarse solo ante Cisneros, logra convencerlo y después de muchas peripecias se obtiene la pacificación de los Valles del Tuy.

     Viene la guerra de la Federación y Ocumare es teatro de infinidad de escaramuzas y su territorio es paso obligado de uno y otro bando, ya que por lo estratégico de su posición geográfica, le servía de escondite en algunos casos a los sediciosos y en otras oportunidades a los centralistas.

     Ocumare a pesar de habérsele considerado territorio aislado, fue y sigue siendo la ciudad más importante del Tuy, por cuya hegemonía y por disposición de la Constitución de 1904 día 27 de abril, auspiciada por el General Castro, se le designa capital del Estado Miranda, tal designación le dura hasta el14 de enero de 1927. Su nombramiento como capital estatal, da nuevos bríos a la naciente ciudad, florecen las artes, se fundan museos, teatros, escuelas, el periodismo aflora, la Legislatura crea nuevas leyes, se compone el Himno del Estado y el Escudo Provincial, se crea la Policía Estadal y su primer código, se funda la Biblioteca del Poder Judicial, llega la electricidad, la aducción de agua potable, florecen las industrias; en fin Ocumare es el artífice que sirve de base al actual Estado Miranda que hoy conocemos.

     El Ocumare de hoy, es una zona eminentemente residencial y comercial en vías de mayor desarrollo, que sólo espera la terminación de la Autopista La Peñita – Ocumare y la construcción de la Carretera Altagracia – Ocumare; obras éstas que una vez concluidas y unidas al Aeródromo Metropolitano harán de Ocumare una zona privilegiada y encrucijada del tránsito tanto terrestre como aéreo del país.

EL INMENSO TESORO DE DIONISIO CISNEROS ENTERRADO EN LA MAGDALENA (1825 -1833)

Por: Manuel V. Monasterios G.

     La guerra de Independencia había terminado, pero en la zona del Tuy como en otras regiones del país, las guerrillas de pardos, negros libertos, esclavos alzados, indios y zambos seguían sembrando el terror y el pillaje. Uno de estos bandoleros  fue el famoso Dionisio Cisneros, un sargento de las tropas realistas, nacido en Baruta. Comandaba el forajido un grupo guerrillero integrado por unas 200 personas, caracterizados por una violencia patológica, donde el objetivo no solo era robar, saquear haciendas y despojar de todo objeto de valor a los viajeros, arrieros y transeúntes que se atrevían a tomar la vía del llano, sino las perversidades que les hacían a sus pobres victimas, golpeándolas,  violándolas e incluso llegando al crimen. Muchos  fueron los intentos del gobierno de Páez, en esa época Venezuela era  un Departamento de la Gran Colombia. (1825-1830), para someter al  guerrillero, incluso intentando sumarlo al ejercito de la República. Todo fue en vano, Cisneros continuó con sus ataques a las haciendas de la zona. La guarida principal del bandido estaba en los montes de la Fila de La Magdalena, jurisdicción de Cúa, era un sitio custodiado por familiares del bandido,. donde enterraba el producto de sus robos, con el mayor cuidado, para que ninguno de sus guerrilleros supiese el lugar.

     El miedo que producía Cisneros a los hacendados les obligaba a abandonar sus fincas o  buscar la forma de ganarse su amistad, agasajándolo y cancelándole sumas de dinero para que les diera protección y les permitiera trabajar sin sobresaltos. Los obligaba a compartir sus ganancias. Así fue el bandido guerrillero acumulando muchos pesos y onzas de oro. Sin embargo lo que más dinero le generó,  fueron dos asaltos legendarios para época. En julio de 1827, suficientemente informado, se dirigió de Súcuta a los llanos de Altagracia de  Orituco, por las montañas de Quiripital, allí se apodero de más de 72.000 pesos en oro, producto de la Renta del Tabaco.

     El otro asalto famoso lo hizo a un arreo de mulas y burros que venían de las costas del Orinoco, de la región de Caicara, donde un General Elías Acosta tenía varias minas de oro. El general Acosta había acumulado en varios años de trabajo más dos mil kilos de pepitas de oro y cachanos, pero el grave problema que tenía era que no quería venderla a las traficantes y compradores de la zona. Consideraba Acosta que el precio era injusto. Y si tomaba la determinación de sacar la carga de oro por el Orinoco, era seguro que sería asaltado en el Delta. Estratégicamente, fue acumulando el oro poco a poco en Cabruta y lo fue camuflando con un cargamento de pescado salado que cada año debía salir para el Centro, antes de Semana Santa. Llegado el momento, aparentemente el cargamento salió en curiaras por el Orinoco vía Trinidad, para despistar a los ladrones de Guayana, Pero en verdad el oro salió con el pescado salado vía Caracas, pasando por el Tuy. Treinta burros y mulas con cincuenta hombres armados tomaron el camino de recuas, pasaron Las Mercedes del Llano y remontaron por San Rafael para caer por el camino de Cúa, pasando por San Casimiro por ser la vía más segura. Llevaban dos semanas de viaje y pocas leguas faltaban para llegar a Cúa, En las vueltas de la cañafístula los esperaban 150 hombres dirigidos por José Dionisio.

     Para el bandido era un asalto más, no sabía que debajo del pescado venía el oro. Confiados en la seguridad del camino la gente del General Acosta venían desprevenidos y no pudieron defenderse, ni usar las armas La sorpresa fue total, el numero de asaltantes de tres a uno. Los dominaron sin hacer un disparo y los dejaron amarrados a los árboles cercanos al camino, llevándose los burros y mulas, su áurea carga y las armas que traían. Cisneros no sabía que estaba haciendo el mayor asalto en la historia delictiva de Venezuela, hasta que las bandas actuales empezaron a robar blindados y le quitaron el record… La sorpresa del bandolero fue muy grande, no podía creer que debajo del pescado medio podrido y de los quesos llaneros, lo que había era oro de 24 quilates. Para evitar que sus secuaces se dieran cuenta de la existencia de un cargamento disimulado, se lo llevo a lo profundo del monte, con unos 8 hombres de su total confianza y lo enterró, como acostumbra hacer en estos casos, mataba a los enterradores del tesoro para que las almas en pena fueses los guardas de la fortuna bajo tierra. El pescado lo repartió entre sus compinches que lo colocaron en los mercados, con el auxilio de los campesinos.

     Pasado el tiempo Cisneros fue  compadre del General Páez. En un acto de valentía del Presidente, al internarse en las montañas de Súcuta, sin escoltas, para conversar con Cisneros, se lo ganó para la paz. Pero poco después, Cisneros volvió por sus fueros, fue sometido a Consejo de Guerra y fusilado en Villa de Cura.

     El tesoro del bandolero Cisneros, uno de los mayores de la historia, quedo enterrado en algún lugar de la Fila de La Magdalena, algunos buscadores de tesoros se han llevado sus sustos al tratar de encontrar este tesoro: Dos toneladas de oro cochano y más de 100.000 pesos oro, representan una tentación, que bien merece un sustico y un sobresalto. Algunas personas que viven en la zona montañosa, cuentan que   en las noches de verano, cercanas a la Semana Santa, ven luces que se expanden y se cierran. También se oyen  gritos desgarradores pidiendo auxilio. Sobre estos hechos recibí información muy privilegiada, de mi gran amigo Jesús Manuel Reverón Blanco, quien también se sumó, hace muchos años, a los buscadores del tesoro y también paso su trago amargo. Tratando de encontrar el más grande de los tesoros todavía enterrado en la Fila de la Magdalena. También se dice que dejó otros tesoros en Tazón, Charallave y Súcuta.