Historia regional y local del Valle del Tuy

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Ocumare del Tuy en 1825, “Historias Mirandinas”

Por: Juan de Dios Sánchez.

     Las tierras y poblados que forman hoy el municipio Tomas Lander de los Valles del Tuy eran, en 1825, tierras del llamado Cantón de la Sabana de Ocumare, que limitaba con los cantones de Santa Lucía por el este y con el de Petare, al sur con los cantones de San Sebastián y Orituco y al norte y oeste con los de Caracas y La Victoria. Su capital era la ciudad de Ocumare que había sido erigida parroquia eclesiástica el 7 de febrero de  1693 y tenía una superficie de 23 leguas cuadradas, cuyas tierras fértiles y clima templado pero agradable la hacían ser el centro de acción de la zona.tomas 

     El cacao era la principal producción de setenta de sus haciendas en las que se alzaban, ricas y pródigas, casi 800 mil arboles de cacao. La producción de café iba en segundo lugar ya que, en casi 80 plantaciones se superaban el millón 700 mil árboles de café. La producción de añil, de caña de azúcar, de arroz, maíz y algodón completaban una zona de alta calidad y riqueza. Más de 30 haciendas de café, servían como eficientes productores mientras que los plátanos, cambures, yuca y muchas otras plantas y raíces alimenticias completaban el círculo de producción que permitía una buena calidad de vida para sus habitantes.

     La Sabana de Ocumare tenía bueyes, mulas de cargas, burros, caballos, yeguas, más de 50 mil reses, cabras, carneros y cerdos completaban el cuadro de animales de tarea y de alimentos. Abundaba la cacería mientras que sus bosques, producían maderas de gran calidad estando limitada su producción mineral a almagre, piedras de chispa y yeso.

     El Cantón Sabana de Ocumare estaba formado por cinco parroquias que eran Ocumare, San Francisco de Yare. Cúa, Charallave y Tacatá, de cuyas ubicaciones guarda la crónica de aquellos tiempos deliciosas descripciones donde se destacan de modo esplendido sus ríos y quebradas y otros accidentes geográficos.

     Casi once mil personas donde se sumaban más de 6800 mujeres libres o esclavas, ya casadas, solteras, párvulas y jóvenes así como 5 sacerdotes y más de 1800 hombres entre libres y esclavos era la base poblaciones de Ocumare en 1825. Casi tres mil niños completaban la cifra señalada de 11000 habitantes en las parroquias de la Sabana de Ocumare en 1825.

Noche de terror cerca de Cúa

Por: Juan de Dios Sánchez.

     Estaba a medio llenar uno de  los vagones del tren que nos llevaría desde Caracas hasta Cúa, la perla del Tuy a la que íbamos a participar en trabajos de reuniones sobre los hechos y personajes históricos esenciales de los pueblos mirandinos.

      Íbamos acompañados de uno de los nietos y su asombro no tenia linderos porque aquella inmensa maquinaria que empezaría a moverse pronto y las anchas ventanas le daban, sin duda, una hermosa sensación de poder, bienestar y felicidad. Cuando mi nieto se dio cuenta del paisaje advirtió con estupor muy tierno que todo era muy grande. Mientras mis ojos se llenaban de fulgida ternura pensé en Manuel Monasterios que es un artesano del amor que debemos tenerle a estas tierras y a quien me une afectos intensos y siempre avivados. Con su fuerza y sentido empezamos este viaje incluido nieto y el siempre vigente recuerdo de Manuel.

      Al frente iba un amable señor de edad indefinida, periódico en mano y amplia sonrisa, de fácil conversación y dispuesto a comentar todas las cosas que estaban ya impresas y en sus manos.

      Soltó dos breves comentarios sobre béisbol y sobre política y una inevitable pregunta que fue el final de una simple explicación. “Soy maestro, de la vieja escuela”, me dijo y todos los fines de semana vengo a visitar  una de mis hijas quien  vive en Cúa con su esposo, me dijo en su pulcro lenguaje de educador. Y usted, me preguntó: ¿viene a menudo a esta ciudad calurosa pero amable, llena de historia y de tradiciones?

      Le explique a lo que venia y sonrió pero con una infinita picardía en la mirada me dijo: “hoy es dos de noviembre, día de los muertos y este es un día para tener mucho cuidado en Cúa  sobre todo el sector llamado La Providencia y más concretamente en la curva del Jagüey porque esta noche y en ese sitio, una mujer de siniestra  sonrisa ronda para espantar a quien pueda o a quien no se ha cuidado de las advertencias” dijo,  acentuando su picardía y misterio.

      “Esta noche”, continuó hablando como si se refiriera a algo que había vivido en carne propia, “los muchachos y muchachas de La Providencia no salen de sus casas por el pavor que sienten y los consejos que prodigan padres y representantes que les indican que deben cuidarse”

      “Es un espanto horrible. Cuentan de ella que era muy hermosa y se vestía con gran elegancia. Esa belleza la muestra cuando se aparece ante usted y sus formas provocadoras le quitan el aliento, pero cuando habla su voz aunque es repelente se siente  agradable y cuando, después de haber entablado conversación con usted, le pide su nombre y usted se lo da, ella calla y deja ver su horrible cabeza que esta casi rebanada del todo y casi cuelga de lado. Es horrible, señor, horrible y asusta al más pintado”.

Damas Blancas

      Parranderos buenos, de esos que no se cortan ante nada han dejado fiestas en la noche muy tarde y han regresado por los caminos en busca de su casa y se encuentran con la visión que, como le dije, es hermosa al principio y han hablado con ella. Al final han sido encontrados tendidos en el suelo, temblando de miedo y terror  y arrepentidos de no haber  respetado la noche de los muertos como fue el primer reclamo que le hizo la bella desconocida quien  se le acercaba lentamente con insinuosos y suaves movimientos”.

     “Yo, hace ya muchos años, cuando estos poblados parecían estar en otro mundo por lo difícil que era venir a ellos tuve informaciones que me dieron viejos representantes y  abuelos de mis primeros alumnos en Cúa. Me contaban que la mujer hermosa y dulce estaba casada y tenia un hijito pequeño pero que le hacia caso a los requerimientos amorosos de un vecino y sucedió lo peor. Una tarde regresó el marido y encontró a su amada en el lecho con su amante”.

     “Entró en ira y con un machete le cortó la cabeza de su hermosa esposa que cayo sin vida a sus pies. Su alma en pena eterna y sufriendo el terrible castigo  espanta a quien puede buscando encontrar a su hijo perdido para que él le perdone el horrible pecado”.

     Y llegamos a Cúa, la amplia estación del tren invitaba a caminar hasta el Terminal de pasajeros para trasladarnos al centro de la ciudad. Nos despedimos del nuevo amigo y mientras lo veía irse sin prisa sentí curiosidad de saber cuantas cosas  de  nuestras mejores tradiciones guardaba aquella cabeza humilde, generosa y sabia.

BOLÍVAR EN YARE, 192 AÑOS DESPUÉS

Por: Juan de Dios Sánchez

Simón Bolívar

    Hace ciento noventa y dos años, tal día como hoy 2 de septiembre en 1807, el futuro Libertador de Venezuela estaba viviendo en su hacienda del valle de Yare, actual municipio Simón Bolívar del Estado Miranda y en la placidez de las tardes disfrutaba de sus propiedades en largos paseos a caballos, concibiendo ampliar las operaciones agrícolas de sus haciendas con varias siembras de añil.

     Aquella decisión del futuro General causó grandes oposiciones, siendo una de ellas, la más activa, la del abogado y vecino Antonio Nicolás Briceño quien no solo se opuso a la actividad sino que activó con el resto de los propietarios para que se opusieran a Bolívar en sus planes.

      Las cosas llegan a un termino de conflicto cuando todos se oponen a que Bolívar construya un callejón que requiere para el transito de sus tierras a la oficina de comercio del añil y un canal de drenaje que, pasando por las tierras de Briceño, cayera en un río cercano.

     Aparentemente solo se trataba de una fanfurriña entre dos o tres terratenientes sin mayor significado ni trascendencia en la historia de aquel tiempo ni mucho menos capaz de impactar la historia ciento noventa y dos años más tarde.

Antonio Nicolás Briceño Briceño, “El Diablo”.

     Pero las cosas pasaron “de castaño a oscuro” con mucha facilidad porque Bolívar, a la cabeza de un piquete de negros esclavos, bien armados y dispuestos a todo, inició los trabajos del canal de desagüe que, empezando en las tierras del futuro Libertador avanzaban, inexorablemente, a las de Antonio Nicolás Briceño.

     Pasaron varias horas y aparece Briceño, con un piquete de hombres secundándolo, no menos grande ni amenazador que el de Bolívar y se dispone a interrumpir los trabajos por la fuerza.

     Pero Bolívar no se arredra y por el contrario, ordena que los trabajos prosigan, Briceño ardiendo en ira, desenfunda la pistola y apunta a Bolívar quien, rápido y certero, se lanza sobre él y lo desarma, las personas presentes, sin pedir ni dar explicaciones, separan a los dos hombres. La calma sustituye la violencia y todo queda allí. Bolívar se olvido del añil y del canal y Briceño retira sus amenazas no sin antes pedir las más sentidas disculpas.

    Meses más tarde el futuro Libertador tratara de nuevo el asunto por medio de una correspondencia dirigida a Briceño de la que se conserva una respuesta. La guerra, el ardor de la política y otros asuntos de mayor monta sacaron a Bolívar y a Briceño de los Valles del Tuy y los lanzaron, por caminos diferentes, a la inmortalidad.

     Problema incidente que ha podido significar quien sabe que extraño desvarío, que en la historia del mundo se planteó aquel día, hace ciento noventa y dos años: Bolívar herido o muerto en un obscuro incidente, sin mención de gloria, Briceño preso por homicidio. Los hechos trastocados y un proceso que, inevitablemente, los arrastraría a los dos en un incidente de menor monta.

      Gracias a la prudencia de los vecinos se bajó el arma y se aminoraron los bríos. Pronto Briceño saltaría a la inmortalidad como uno de los padres de la Patria al ser una de las voces esenciales en el Congreso Constituyente de la Nación en 1811. De carácter inflexible propondrá, en 1813, un plan terrible de exterminio de los españoles que se considera como cruel e injusto. Bolívar no compartirá sus planes por considerarlo inoportuno pero, el mismo día en que, en Barinas, es fusilado Antonio Nicolás Briceño por los españoles, Bolívar en Trujillo firmaba el Decreto de la Guerra a Muerte que iba a ser el hilo melódico esencial de la Guerra de la Independencia Venezolana.

Firma del libertador Simón Bolívar.