Historia regional y local del Valle del Tuy

Entradas etiquetadas como ‘panteón nacional’

Revista Matria Nº 6

Subido por: Iván López Calero.

     El Grupo de investigación histórico – cultural de los valles del Tuy MATRIA, es un colectivo nacido de las inquietudes de un grupo de amigos de esta región del estado Bolivariano de Miranda, con intereses afines por la historia regional y local  y que desde hace ya algunos años se han venido desempeñando en distintas actividades, grupos, colectivos o de forma individual en pro de la investigación, compilación, escritura y difusión de la historia regional y local y las distintas manifestaciones culturales del Valle del Tuy.

     La REVISTA MATRIA tiene el reto de crear un vínculo entre el lector, sus recuerdos y la revista, por medio de artículos de investigación relacionados con lo más cercano al tuyero, es decir, sus orígenes, sus poblados, sus haciendas, sus medios de comunicación, sus comercios, centros de distracción, parques, gente, la esquina, el barrio, la poesía, sus edificaciones, la iglesia… la MATRIA.

Revista Matria Nº 6

Editorial.

     Los aniversarios hay que festejarlos y más cuando vienen acompañados de conmemoraciones históricas bicentenarias. En el caso del grupo de investigación de revista Matria nos complace celebrar junto a los lectores y colaboradores el primer año de vida de la revista, tratando de cumplir con las expectativas creadas desde aquel primer número en mayo de 2013.

     El aniversario lo celebramos con esta publicación Nº 6 de la revista, cumpliendo así la meta de la edición bimensual, que tanto esfuerzo y sacrificio ha costado por parte del colectivo de investigación. La satisfacción está en saber que la revista ha abierto diálogos y debates tanto en los valles del Tuy como fuera de la región.

     Sobre el bicentenario es importante citar tres de suma importancia para los tuyeros en 1814: el primero es el de la “Batalla de la Victoria”, representa en la historia nacional y regional el episodio que levanta los ánimos de los patriotas ante las huestes de Boves que sitiaban a los insurgentes, es José Félix Ribas que junto a jóvenes estudiantes se enfrenta y gana la batalla para después asistir en la ayuda de los valles del Tuy siguiendo las órdenes de Simón Bolívar; el segundo son las batallas que se libran en los valles del Tuy para controlar la región más cercana a Caracas y que demuestra la importancia geoestratégica del Tuy por su cercanía a la capital y de tierra fértil productora de alimentos para los mantuanos de Caracas.

     Por otro lado, es el bicentenario del fallecimiento del abogado, político y prócer de la independencia Francisco Silvestre Espejo Caamaño, nacido en Santa Lucía del Tuy, que se destacó durante el proceso de la Independencia por luchar activamente en favor de la causa republicana, aunque inicialmente fue fiscal de la Real Audiencia al servicio de los realistas en el proceso contra Gual y España, fue miembro de la Junta Patriótica y del segundo Triunvirato, presidente de la Corte Suprema y gobernador de Valencia, es hecho prisionero por el ejército realista, y fue fusilado por orden de José Tomás Boves, en la plaza mayor de Valencia. Santa Lucía debería llevar su nombre como epónimo y tenemos la deuda histórica de llevar sus restos a reposar en el Panteón Nacional.

     Para finalizar, este número aniversario también rinde honor al Presidente Húgo Chávez que forma parte de la historia inmediata de Venezuela y Latinoamérica, es por ello que publicamos tres artículos críticos sobre el legado dejado por el Presidente Chávez, a cargo del sociólogo argentino-venezolano Dr. Hugo Calello, el historiador Dr. Juan Romero y el periodista, político y escritor Modesto Emilio Guerrero.

Arturo Lev Álvarez Abreu

Portada de la Revista Matria Nº 6

Anuncios

Efemérides de los Valles del Tuy (Diciembre)

Por: Iván López Calero.

05/12/1967 – Para ese día es constituido el Distrito Independencia (hoy municipio independencia) al ser separado del distrito Paz Castillo, designando como su capital a Santa Teresa del Tuy, este acto fue realizado por orden de la Asamblea Legislativa del estado Miranda presidida por el Diputado Domingo Morales Torrella, junto a Gonzalo Álvarez presidente de la Junta Comunal y Gustavo Rodríguez Ramos concejal.

Creación del distrito Independencia05-12-1967Firma de las Actas de creación del Distrito Independencia el 05 de diciembre de 1967.

08/12/1951 – Es fundado el Centro Social Cultural “Juan España”, hoy Casa Municipal de la Cultura “Juan España” ubicado en Santa Teresa del Tuy.

10/12/1859 – Se libra la Batalla de Santa Inés, en la cual el ejército Federal liderado por el General Ezequiel Zamora, cueño de nacimiento, derrota al ejército centralista; se considera esta batalla como fundamental en el proceso de la Guerra Federal y como testimonio de las excepcionales cualidades de Zamora como conductor de tropas.

Ezequiel Zamora por Ciro Rivas, 2005Ezequiel Zamora a caballo.

13/12/2013 – Día de las fiestas patronales de Santa Lucía en el Valle del Tuy.

Santa Lucía martirSanta Lucía mártir.

15/12/1858 – Nace en Cúa Cristóbal Rojas, afamado pintor venezolano cuya obra comprende varias etapas artísticas que van desde el claroscuro pasando por el simbolismo, el materialismo, el paisajismo y la figura natural, sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 27 de diciembre de 1958.

Cristóbal RojasCristóbal Rojas Poleo.

17/12/1837 – Ese día llega José Antonio Páez al Valle del Tuy, específicamente a la hacienda del General Castillo-Veitía, en compañía de algunos oficiales entre ellos Felipe Macero. Páez salió a encontrarse con Dionisio Cisneros en  su cantón del Cerro del Lagartijo y como resultado del encuentro se dio fin a las andanzas guerrilleras del Fiel Indio al Rey (Dionisio Cisneros).

22/12/1837 – Muere en Caracas el Ocumareño Lino Gallardo, llamado el Haydn de Venezolano, compositor de canciones patrióticas, director de orquesta y ejecutante del violín, violonchelo y contrabajo. A este destacado músico se le atribuye la creación de la música original del himno nacional de Venezuela. Fue discípulo de Juan Manuel Olivares en la Academia de Música de Caracas que fundó el Padre Sojo en 1784 (Pedro Ramón Palacios y Sojo, tío de Simón Bolívar).

Lino GallardoLino Gallardo.

23/12/1846 –  Es fusilado en la plaza de San Jacinto (hoy Plaza Bolívar de Caracas) Rafael Flores “El Calvareño” guerrillero alzado de la Revolución Popular, oriundo de Caujarito, cantón de Charallave valles del Tuy, según las leyendas, el Calvareño se mantuvo sereno y sin miedo ante el pelotón de fusilamiento.

Guerra Federal

27/12/1958 – Son llevados al panteón nacional los restos del pintor Cueño Cristóbal Rojas Poleo, con motivo de la conmemoración de los cien años de su nacimiento.

Panteón Nacional de VenezuelaPanteón Nacional de Venezuela; Foto Iván López.

El espanto de la calle Roscio

Por: Manuel V. Monasterios G.

     Los cuentos de aparecidos forman parte de las tradiciones y leyendas de nuestros pueblos. En este cuento se unen la leyenda y la hipótesis histórica, alrededor de la inmensa figura del general Ezequiel Zamora.

     José Francisco Machuca, coronel liberal, jefe de partidas en el alzamiento de “el mocho” Hernández, derrotado en todas las escaramuzas que con pretensiones épicas había librado. Sus trofeos de guerra fueron las vacas, los cochinos y las gallinas que sus tropas confiscaban con fines militares. Comenzando el siglo XX, por primera vez, formaba parte de la burocracia gubernamental, aquellos empleados que pasaban hasta tres años sin cobrar sus sueldos; el gobierno recién estrenado del general Cipriano Castro lo premió por sus méritos, con el cargo de jefe civil y militar de Cúa. Tenía intenciones de pasar una larga temporada, en el pueblo tuyero, incluso pensaba adquirir alguna finca para el engorde de ganado. Lo único que le molestaba era el intenso calor que hacía en aquel año, pues el día que llegó dejó la montura al sol y se le derritieron unos adornos de metal que tenía la chocontana, que había comprado en La Villa. El año anterior había azotado la langosta y el vómito negro, además, como complemento, tenía casi un año sin llover y las cosechas se habían perdido.

     Sin embargo era mejor convivir con aquel cúmulo de problemas que seguir como un proscrito, huyendo por aquellos caminos y montes, sin rumbo fijo, pasando hambre, durmiendo mal, con la esperanza de derrocar el gobierno para hacer justicia ante tantos desmanes. Su primera misión fue arrestar a cuatro “enemigos” del gobierno de La Restauración y remitirlos amarrados a la vieja prisión de La Rotunda en Caracas. Las detenciones eran sin formula de juicio. Llegaba la comisión a la casa del futuro preso, con mucha educación le decían: el coronel quiere hablar con usted, puede pasar por la jefatura; el candidato a los grillos, respondía que pasaría más tarde. Entonces el agente policial le decía que era ahora, porque la cosa era urgente y así lo llevaban, una vez en la jefatura, lo encerraban y le decían: “usted está a la orden del jefe civil”. La causa de la detención era variada, quizás por haber emitido una opinión contraria al nuevo gobierno, la cual llegaba a oídos del jefe civil gracias a los informantes, personajes existentes en todos los gobiernos. La principal función del jefe civil y militar era mantener el orden y la paz, evitar conspiraciones en la zona.

     El coronel José Francisco empezó la búsqueda de una casa que llenara sus aspiraciones familiares. Estaba cansado de vivir en la “galería acondicionada” en la casa de sus suegros en El Valle. Ellos le permitieron que se “arrimara” por su situación de revolucionario, ya que muy pocas veces estaba en el hogar. Ambicionaba una casa amplia con varias habitaciones, sala, comedor, cocina, patio, lavandero y corral, algo digno de su investidura de primera autoridad.

—Quiero vivir como gente respetable, Luisa merece una casa como siempre la ha soñado, donde ella sea la que mande y no este sometida a la voluntad de doña Anita, la suegra, muy buena pero siempre tirando puntas: “el que se casa, casa quiere”, “ya la galería le queda pequeña por los niños”.
—Ya es hora de vivir como Dios manda —decía el coronel—. Por ahora alquilo, después compro.

     En su búsqueda se enteró que el general Carballo tenía una buena casa por la Calle Roscio y la tenía desocupada, desde hacía algún tiempo. La fue a ver y le gustó, estaba bien conservada, con una “lechada” quedaba como nueva, además el alquiler no llegaba a 20 pesos. Así concretó el negocio con el General. Además contrató a un ebanista “machero” quien le elaboró los muebles de paleta, la cama grande y las dos de los muchachos, el comedor y el resto del moblaje lo trajo de El Valle.
     En menos de un mes estaba instalada la familia en su nuevo hogar, quejándose del calor, pero felices por la comodidad de la casa. Como era costumbre en la época se ofrecieron al vecindario y recibieron las visitas de cumplido de vecinos y amigos. Así empezaron a integrarse a la comunidad cueña de comienzos del siglo XX.Cada uno de los hijos tenía su propio cuarto, doña Luisa contrató dos muchachas como servicio de adentro, José, el aguador, fue contratado para llevar agua desde río Tuy hasta la casa, hacer los mandados y llevar a los dos niños hasta la escuelita “paga” de las hermanas Lugo.
     Una tarde estaba doña Luisa ocupada zurciendo unas sabanas y se acercó María Salomé, una de las muchachas de servicio, y le preguntó:

—Doña Luisa, ¿quién es ese catire con pelo “pasúo” que está sentado en el corral?
—María Salomé, seguro que te mojaste después de planchar y estás desvariando. Cuidado con un pasmo. ¿De qué catire hablas tú?
—Doña Luisa, yo no hablo “pajuatadas”. Allá en el corral, sentado en una silla de cuero, está ese señor. Yo pensaba que era de la familia.
—Vamos a ver.

     Se dirigen al corral ambas mujeres, pero allí no hay rastros del catire.

—¿Te fijas, María Salomé, que son imaginaciones tuyas? ¿Dónde está?
—Yo sólo sé que allí estaba. Dónde está ahora, no lo sé. 

     A los pocos días de aquel encuentro, doña Luisa, a eso de las seis de la tarde, fue al corral a recoger una ropa. Cuando regresaba, fijó la mirada hacia la mata de tamarindo y vio a un joven, vestido de militar, con un kepis, sobre la gorra militar un sombrero y en el sombrero una flor amarilla. Era en verdad un catire flaco y perfilado. Doña Luisa, temblando, trancó la puerta y se fue a la sala donde estaban sus hijos, no hizo comentarios para no angustiar a los muchachos. Apenas llegó el coronel, le dijo:

—Francisco José, tengo que decirte algo muy importante, sin que los muchachos se enteren.

     Se dirigen a la cocina y doña Luisa en voz baja le dice:

—En el corral está apareciendo un hombre que por su vestimenta es militar de la federación, aparece bajo el tamarindo sentado en una silla de cuero. Lo vio María Salomé hace días y yo lo vi hoy a las 6:00pm.
—Tú sabes bien Luisa, que yo soy escéptico. No creo en apariciones de muertos, creo en apariciones de vivos, puede ser un vecino que entra al solar a molestar, o tal vez buscando una de las muchachas de servicio. Vamos a ponerle atención y ya verás la “planazón” que le vamos a dar.
—Ojalá que sea así José Francisco, pero yo creo que es un espanto. No se sorprendió al verme, ni dio muestras de nerviosismo, solamente estaba sentado revisando unos papeles.

      No había pasado una semana y el hijo mayor del matrimonio, llamado Jacinto Antonio, le dice a su mamá que había estado conversando con un señor que estaba en el corral.

—Mamá ese señor es un militar como mi papá, me dijo que se llama Ezequiel, que estaba esperando a mi papá para hablar con él. Me dijo que había nacido en esta casa.

     La madre, sin poder articular palabra, no responde a las informaciones de su hijo. Apenas llega el coronel, le cuenta lo ocurrido. Este se dirige al corral en busca del extraño, pero en el corral no hay señales del militar. El coronel José Francisco busca datos clarificadores en el pueblo sobre aquella casa de la calle Roscio, donde vivía con su familia. Don Luis Hermoso, el registrador, le informa que esa casa perteneció a don Antonio José Zamora, hermano de don Alejandro Zamora el padre del general Ezequiel Zamora. Fue esa la casa donde nació el general de la federación, porque esa era la casa que tenían en este pueblo, desde donde se comerciaba con el llano desde la época colonial, don Antonio José Zamora era un rico comerciante del Apure y a esa casa siempre llegaban los Zamora cuando venían del llano o de Villa de Cura.

—Según refieren los viejos vecinos que el general Zamora estuvo varias veces en esa casa. En el año 1846, cuando las guerrillas de Guambra, después en 1856 cuando se casó con Estéfana Falcón, hermana del general Falcón y en 1858 antes de salir a Curazao. Dicen que en esa casa no hay familia que dure, porque sale un militar, según es el general Ezequiel Zamora.
—Con razón el general Carballo me la alquiló tan barata.
—Mire don Luis, a mí no me van a embaucar con ese cuento, aquí hay otra cosa y la voy a descubrir.

     El coronel se puso alerta tratando de comprobar aquella historia tan descabellada que le había contado don Luis Hermoso, pero pasaban los días y el difunto general no hacía su aparición, hasta que una tarde su hijo Jacinto Antonio le llevó un sobre que le enviaba el militar del corral, el papel escrito con una letra fina, de buenos rasgos, donde se leía claramente: “Coronel José Francisco Machuca. Necesito conversar con usted el próximo lunes, en la noche.” Sin firma, ni fecha, esto hizo que el coronel pensara en una trampa de los enemigos del gobierno. Sin embargo, dijo: “yo jamás le saco el bulto a un compromiso, así sea con espantos o con el mismo Satanás. Ya veremos el lunes”.
     Llegó el día indicado para el encuentro, el coronel desde temprano empezó sus preparativos, en primer término no le contó a nadie lo de la cita, pues si lo hacía, podían pensar que tenía miedo y no era capaz de enfrentar solo la situación. Preparó con las cargas necesarias dos revólveres Coll, su cola ‘e gallo, colocó un buen tirador dentro de la casa para protección de la familia. Su mujer le preparó un crucifijo bendito, una botellita con agua bendita y otra con cuerno de ciervo. Desde las siete de la noche se acomodó en una silla, solo, a esperar.
     A eso de las nueve de la noche, con el reflejo de la luna, el coronel ve a un militar con uniforme de general federal que se acerca, con paso firme y rápido. El coronel se pone de pie y al tener frente a frente al general Ezequiel Zamora, su instinto militar le hace poner firme y ejecutar un saludo militar.

—Descanse coronel, lo que le vengo a decir es una cuestión de honor, sólo usted me puede ayudar.
—Diga usted general.
—El general Antoñito Guzmán, mi secretario de guerra, en sus arrebatos de soberbia se llevó al panteón de la patria a un cuerpo que no era el mío. A mí me importaría un carajo ese error, pero los restos de esa sepultura del panteón son huesos de perro, no de humano. Mis despojos están en la sacristía de la iglesia parroquial de Los Teques. Coronel, haga usted las gestiones necesarias para remediar este mal y pueda descansar con dignidad. Si usted cumple con esta misión, podrá disponer del contenido de una caja de hierro donde está el tesoro que el indio Francisco José Rangel le confiscó en Yuma al Dr. Ángel Quintero. El indio me lo entregó para la revolución antes de morir.

     Dicho esto la figura se desvaneció y el coronel corrió a contar lo sucedido a su esposa.

—Luisa, lo ocurrido no puede salir de aquí, ni siquiera el guardia de confianza debe saber nada. Sólo puedo hablar y poner en conocimiento de los hechos a mi general Cipriano Castro, es el único que puede ayudar en este difícil compromiso.

     Mediante telegrama solicita la audiencia con su jefe, quien le recibe quince días después, le informa detalladamente del asunto y le solicita su cooperación para cumplir las aspiraciones del ilustre difunto, sin embargo, ladinamente no menciona para nada el tesoro del indio Rangel. Como prueba de su conversación con Zamora presenta el papel de la cita, el general Castro tiene sus dudas, sin embargo sabe de la seriedad del coronel, le dice:

—Es muy importante su relato, por la jerarquía del personaje para la causa liberal, pero debo investigar con reserva para no cometer un “papelón”.

     Los calígrafos al servicio del gobierno certifican que el papel fue escrito por el general Zamora con una extraña tinta. El general Castro solicita informes de los familiares de Zamora, del Dr. Lisandro Alvarado, biógrafo del ilustre liberal, del general Francisco Tosta García, familiar cercano del general del pueblo soberano. Todos corroboran la tesis: “los restos del panteón no son los del valiente ciudadano”. 

      Estos informes impulsan al presidente Castro a escribir un informe dedicado a la Academia Nacional de Historia titulado La verdad histórica sobre la muerte y enterramiento del general Ezequiel Zamora, fechado en Caracas, 1904. La gestión oficial no pasó de allí, por más que el coronel Machuca insistió la propuesta se quedó en el informe del presidente. Algunos académicos convencieron al general Castro de la inconveniencia política de aquella verdad, que era mejor para todos dejar las cosas así. Mientras tanto el coronel Machuca angustiado veía que el tesoro del indio Rangel se iba alejando, se le ponía muy difícil. No lo podía cobrar porque había incumplido su misión.

     El coronel empezó por su cuenta a romper y abrir huecos por todos los alrededores del tamarindo, abría un hueco y lo volvía a cerrar y nada que aparecía el tesoro. En las noches se empezó a sentir un machete que raspaban por los suelos, la ropa que se colocaba en el ropero, a la hora de dormir, amanecía en el corral, se perdían o cambiaban de lugar las ollas los cubiertos y los cuadros, era difícil dormir en aquella casa llena de extraños ruidos. A Doña Luisa no la dejaban tranquila, en un sólo día le quebraban una docena de huevos a su alrededor sin golpearla. Si continuaban en esa casa todos terminarían locos. Un día cansados del espanto, agarraron sus “corotos” y se mudaron a otra casa por la calle de la iglesita. El caserón lo compró el señor Panchito Bravo, hasta hoy nadie ha dado con el tesoro del indio Rangel. Los restos de Zamora continúan en Los Teques y en el Panteón Nacional todavía esperan por la verdad.

TRES TUYEROS EN EL PANTEÓN NACIONAL.

Por: Investigaciones TUCUY.

     Esperamos que estos años del Bicentenario sirvan para hacer justicia con uno de sus protagonistas.

     El 27 de marzo de 1874, el presidente General Antonio Guzmán Blanco decretó la transformación de la iglesia de la Santísima Trinidad, ubicada en La Pastora de la ciudad de Caracas en Panteón Nacional, cuyo objetivo fundamental es preservar los restos de los Próceres de nuestra Independencia y de eminentes personalidades. La iglesia de la Santísima Trinidad fue una iniciativa del ALARIFE José  del Sacramento Infante, quien en el año de 1774 recibió en donación el terreno de manos de Juan Vicente Bolívar, el Marqués del Toro y el Cabildo de Caracas. José del Sacramento murió antes de concluir la obra y fue  enterrado en el altar mayor. El templo se consagró en 1783, año del nacimiento de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, allí fue bautizado e hizo su Primera Comunión y  desde el 28 de octubre de 1876 reposan sus restos.

     El primer tuyero que llega al Panteón Nacional es el cueño General Ezequiel Zamora Correa, Prócer de la Federación Venezolana,  fue el 13 de noviembre de 1872, dos años antes de ser decretado como Panteón de la Patria la iglesia de la Santísima Trinidad. Existe una polémica sobre estos restos, hay documentos y evidencias que indican que los restos del General Zamora, están enterrados en la Catedral de Los Teques.

     El segundo tuyero que recibe el honor de acompañar al Libertador en el Panteón es el cueño General José María Carreño, llevado allí en 1876, Prócer de nuestra Independencia, primer gobernador del Istmo de Panamá, Gobernador de la Provincia de Santa Marta, fiel al ideario del Libertador. Acompañante el 17 de diciembre en San Pedro Alejandrino. Con señales en su cuerpo de las batallas en que alcanzó sus méritos, Ministro de Gobierno,  Presidente encargado de la República y víctima del odio y la venganza del general Antonio Guzmán Blanco, ya que su nombre debió ser escogido para que Cúa se denominara Distrito José María Carreño, hoy Municipio,  pero no fue así. Estamos en deuda con su memoria.

     El tercer tuyero  enterrado en el Panteón Nacional es el pintor cueño Cristóbal Rojas Poleo, quien llega tardíamente el 27 de diciembre de 1958, con motivo de la conmemoración de los 100 años de su nacimiento.

     Faltan  dos tuyeros en el Panteón Nacional la India Apacuana y el prócer luciteño Francisco Espejo.

¡HONOR A QUIEN HONOR MERECE!