Historia regional y local del Valle del Tuy

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La Fotografía de La Hacienda Marín en la Población de Cúa, Valles del Tuy.

Por: Iván E. López C.

     Si bien la intención con este artículo es el de describir la fotografía o imagen gráfica que se presenta junto al mismo, se hace necesario referir primero a ustedes una breve crónica de esta importante Hacienda que estuvo ubicada en los ejidos de la actual población de Cúa, Valles del Tuy del Estado Miranda, en Venezuela, el trapiche de dicha hacienda se encontraba ubicado en la ribera norte del Río Tuy, a la altura de lo que hoy es la zona industrial Marín, esto con el fin de brindarles la mayor suma de elementos para facilitar la comprensión del contexto de la imagen a describir. 

Hacienda Marín del Sr. Carlos Hernáiz, Cúa, Cojo Ilustrado Nº 069 1 de Nov de 1894Fotografía de la  Hacienda Marín del Sr. Carlos Hernáiz, Cúa, Cojo Ilustrado Nº 069, 01 de Noviembre de 1894.

Reseña.

     Para ello debemos remontarnos al año de 1577 cuando se logra la pacificación del “Valle de la Nueva Salamanca” (hoy Valles del Tuy) por acciones de Garcí González Da Silva, Francisco Infante  (a los cuales se les concedió el territorio por real Cédula como encomenderos) y de Sancho García conquistador que logra capturar y asesinar a los caciques Guacima, Acuareyapa y Apacuana, esta última, valiente mujer Quiriquire que opuso feroz resistencia a la conquista del valle. (más…)

Las viejas pulperías de mi pueblo.

Por: Manuel V. Monasterios G.

Calles de Cúa, carboncillo.

     Las crónicas y los historiadores han sido un poco mezquinos al describir el origen, la fundación y el crecimiento de nuestras ciudades y pueblos, colocando en lugar muy oculto, tal como si fuese pecado hablar de las pulperías y los pulperos. La verdad es que en un pueblo podían que pasar años para construir el templo, la casa de gobierno, la cárcel y el hospital, pero desde el primer día estaba el pulpero como centro económico de la nueva ciudad, para garantizarle a la comunidad el suministro de los comestibles y el estipendio de alcoholes a la nueva población.

Anuncio Publicitario, Semanario Cué 1932.

Anuncio Publicitario en RETO 70 año 1970.

     Los hidalgos que llegaron de la madre patria consideraban el trabajo en general como una actividad impropia de su condición aristocrática. Un caballero español, un noble aunque fuese de baja categoría jamás se podría dedicar a profesiones reservadas a las clases bajas. Pulpero, médico, artesano, agricultor no eran las profesiones de los “hijos de alguien” o hidalgos. Ellos podían pertenecer a Las Milicias de Blancos, hacerse curas o letrados en leyes. Para los trabajos manuales estaban los esclavos. Para la pulpería llegaban los canarios (Nativos de la islas Canarias). Eran los isleños los pulperos, los mayordomos de las haciendas cacaoteras, los arrieros que llevaban y traían mercancías. Eran los cosecheros medianeros. Los fundadores de pueblos. Los Tenientes de Justicia. Jueces de Comisos, como Juan Francisco de León, canario fundador de Panaquire, en la región de Barlovento y cabeza visible del alzamiento de hacendados y cosecheros contra el monopolio impuesto por la Real Compañía Guipuzcoana en el siglo XVIII.

     F. Depons, viajero francés, investigador y cronista nos describe la pulpería caraqueña de comienzos del siglo XIX:”Su surtido consiste en cerámica, quincalla barata, herramientas, vinos, azúcar, jamón, grasas, frutos secos, queso, tafia, etc. Sobre otras tiendas tiene la ventaja de no estar obligadas a cerrar los días de fiesta y los domingos. Son tan necesarias que hay que tenerlas abiertas desde el alba hasta las nueve de la noche. (….)Para no engañarse, no hay objeto que se venda con menos del ciento por ciento de beneficio, a menudo el doble o el triple. Es así, a costa de detalles desagradables y penosos como se  echan las bases de fortunas que no se dan en ningún otro oficio”.

Imagen de La Azucena la casa comercial más antigua de Cúa.

Esta publicidad aparecida en el primer periódico de Cúa el “Semanario Cué” data de 1933.

     Las grandes fortunas amasadas durante el período colonial están atadas a la producción de cacao y añil con la explotación mano de obra esclava y a la venta de mercancías a través de  las pulperías y tiendas. Los” grandes cacaos” o los mantuanos eran propietarios de estos expendios de mercancías, pero tenían prohibido atenderlas, para lo cual siempre contaban con los emigrantes canarios. Éstos casi siempre terminaban montando pulpería propia. En la historia colonial hay casos muy interesantes como el terorense (Gran Canaria) Don Bernardo Rodríguez del Toro ( Primer Marqués) quien además de gran hacendado, era mercader importador y exportador, armador propietario de barcos mercantes y propietario de una cadena de pulperías y tiendas en las principales ciudades del país. Todas atendidas por sus paisanos. Don Juan Vicente Bolívar y Ponte, el padre de Simón Bolívar, era propietario en el puerto de la Guaira, específicamente en el callejón Muchinga, detrás de la casa de Compañía Guipuzcoana de varios almacenes para surtir de mercancía importada el comercio caraqueño, además de ejercer el cargo de oficial real (Agente aduanero para controlar el contrabando).

     Muy conocido es el caso del canario Don Sebastián Francisco de Miranda, portuense (Puerto de la Cruz), padre del Precursor Generalísimo Don Francisco de Miranda, quien era un mercader con una tienda de géneros alternada con víveres, se le acusa de indigno de portar el uniforme y distintivos de la Milicias de Blancos, por su condición de pulpero y amasador de pan (Panadero). La sociedad colonial era totalmente estamentaria, muy rígida en los usos sociales.

Por decisión del Consejo de Indias, el 20 de diciembre de 1804 estableció la diferencia entre bodegueros y pulperos, considerando que la bodega se dedica a las mercancías importadas  (Mayoreo). Los pulperos estaban en el último escalafón de la sociedad colonial venezolana.

     La Independencia nacional, en los primeros años de gran violencia, tuvo como protagonistas algunos pulperos que cambiaron el mostrador por las armas. José Tomás Boves, fue un exitoso comerciante radicado en Calabozo. Francisco Rosete, el azote de Ocumare del Tuy en el pavoroso año de 1814, era un aventajado pulpero en el pueblo de Taguay.  El General Ezequiel Zamora, máximo caudillo militar de la Guerra Federal en 1859, también fue un próspero pulpero de Villa de Cura.

     La pulpería durante el siglo XIX y parte del siglo XX era el alma de las comunidades, allí lo mismo se vendía una libra de tasajo, o un kilo de queso; se discutía del último alzamiento de algún caudillo colorado o azul; se leía la prensa nacional; se prestaba dinero a interés; se jugaba en la trastienda una partida de dominó, de blanco y negro; se jugaba  a los gallos de pelea, o se apostaba al boche clavado en el anexo campo de bolas criollas. Es cierto que su actividad era machista, las damas debían estar en su casa y jamás pisar esos “clubes masculinos” llamados pulperías. Generalmente el padre de familia era el encargado de realizar las compras personalmente. Las muchachas del servicio también realizaban las compras y recibían los bonos, cartoncitos donde se marcaban los gastos hechos, por ejemplo si se gastaba un bolívar se le anotaba un bono de seis céntimos. Estos bonos se cambiaban por efectivo, también se gastaban en la misma pulpería. A los muchachos que también hacían los mandados se les daba la ñapa, la cual podía ser un caramelo, “rule” como le decían al papelón, o San Simón que era papelón con queso blanco llanero.

Publicidad año 1932 Primera venta de gasolina que funcionó en Cúa (Los Corrales).

Publicidad  Reto 70 año 1969.

     En las pulperías se fiaba a algunas personas que trabajaban y cobraban semanal o quincenal, religiosamente los sábados o el fin de quincena se cancelaba, porque si no le cortaban el crédito. El “fiao” se aplicaba a personas selectas, en todas las pulperías había letreros muy grandes, aunque mucha gente no sabía leer, que confirmaban la acción del fiar o no.

Algunos de estos letreros afirmaban:

Aquí murió el fiar /y el prestar también murió /Porque lo ayudó/a morir el mal pagar.

Otro impreso decía en letras grandes y negras:

Si fío pierdo lo mío/ Si cobro, al cobrar molesto/ y para librarme de esto/Ni fío, ni doy, ni presto.

Hoy no fío, mañana, sí.

.- El que fía no está, salió a cobrar.

.- Sólo confiamos en Dios los demás pagan de contado.

.- El que fiaba murió  saludos le dejó.

.- Sólo le fiamos a los mayores de cien años que traigan a sus abuelos como fiadores.

    El clásico de todos los avisos una policromía, por el vestuario se podía deducir que eran norteamericanos. El cuadro generalmente enmarcado con veradas de caña amarga, dividido por la mitad, del lado izquierdo un personaje arruinado, flaco, con ropas roídas, las manos en la cabeza, rodeado de ratas y papeles, con la caja fuerte vacía y el letras arqueadas las palabras: “Yo vendí a Credito” y del lado derecho un personaje gordo , bien vestido, reflejando bonanza, con la caja de caudales llena que decía:” Yo vendí al contado”.

     Este cromo impreso a color debe haber influido mucho en el inconsciente colectivo del venezolano. El estereotipo del triunfador y del fracasado por el manejo adecuado del “fiao” o venta a crédito. En esos años se usaban poco los bancos, todas las operaciones se realizaba con moneda de curso legal. Nadie emitía un cheque, eran más aceptados los vales, los pagarés y los giros para operaciones de mayor cuantía. 

     La mejor ubicación de las pulperías era en las esquinas de la cuadra, porque tenían tres o cuatro puertas por el frente y una por la esquina. El mostrador de madera ocupaba todo lo ancho, dejando un espacio para los clientes, en los andenes, generalmente de ladrillo se habían  adosado unas argollas donde se amarraban los burros y las mulas, utilizados como transporte de mercancias, al final del día había un muchacho encargado de recoger los cagajones que dejaban las bestias.

    Contra la pared estaban las armaduras de madera donde se colocaban en orden pre-establecido gran parte de la mercancia. Papelones, botellas de ron, aguardiente legal, pues el de contrabando estaba en una caleta, cerveza, anis del mono,, vino tinto. Había en la armadura un departamento especial para las velas, unas eran de cera y otras de cebo, estas últimas estaban colgadas en un especie de racimo. Al lado los mazos y las cajetillas de cigarrillo, los tabacos artesanales, junto al papel de escribir, los sobres, los lápices,las plumas, las plumillas, la tinta, entre otros.

La bodega del Señor Delpiani en La Magdalena, Una reliquia y una añoranza de otras épocas.

TORTA COLONIAL DE HARINA DE MAIZ TOSTADO.

Por: Iván López Calero

(POSTRE PREFERIDO DEL LIBERTADOR)

 

Ingredientes:

5 Topochos Maduros.

1/8 de queso llanero rallado.

1 Taza de Melado de Papelón.

1 Taza de Harina de Maíz Tostado.

1 Cucharada de ralladura de limón verde.

1 Cucharada de canela en polvo.

½ Cucharadita de nuez moscada.

1 Taza de Leche.

3 Huevos.

100 gramos de mantequilla (o margarina)

Bicarbonato de soda (goma blanca, bicarbonato)

 

Preparación:

         Deben pelarse los topochos, los picamos en pedacitos y deben machacarse (o licuarse) con el papelón y los huevos, luego se coloca la mezcla en un recipiente ancho y se le coloca la mantequilla derretida, la ralladura de limón, la canela, la nuez moscada y el queso rallado. La taza de harina de maíz tostado la cernimos con una cucharadita de bicarbonato de soda, la unimos a la mezcla anterior alternando con la taza de leche. Debemos “enmantequillar” un molde para tortas espolvorear con harina (preferiblemente de maíz tostado o de trigo) colocar toda la mezcla y llevar al horno a 350º por una (01) hora.

 

Nota: Postre muy común desde el siglo XVII, en las mesas de Barlovento, Caracas y los Valles del Tuy, esta receta ha sido tomada del LIBRO “Que Fácil Es” Sección Dulcería Criolla, escrito de la Profesora Paula de Ortiz, ediciones del Ministerio de Educación, año 1970

EL TERREMOTO DE CÚA

Por: Manuel V. Monasterios G.

El 12 de abril se cumplen 134 años del devastador terremoto de 1878.

Ruinas de la iglesia Cúa después del Terremoto de 1878, Foto publicada en el Cojo Ilustrado del año 1894

     En 1878 Cúa era la capital del Distrito Guzmán Blanco, integrado por Charallave, Tácata  y Cúa, con una población, según el censo de 1876, de 16.444 habitantes y 3263 casas, en todo el distrito. Cúa era conocida como La Perla del Tuy por su movimiento económico como puente entre Caracas y los llanos de Guárico y Apure, casas comerciales como Santana Hermanos, Hedrich & Compañía, Eraso Hermanos, Rohl & Compañía; tenían representación en esta población y cumplían las funciones de banca comercial en el manejo de préstamos y resguardo de dinero en efectivo, ya que se movilizaban grandes montos en el negocio ganadero  y agrícola.

     Cúa, conjuntamente con Ocumare del Tuy eran los mayores productores de Cacao durante la colonia, esa riqueza permitió la fundación de las poblaciones tuyeras durante la segunda mitad del siglo XVIII. Para el año 1876, dos años antes del terremoto el censo nos indicaba que la producción de cacao había declinado a 43.010 kilogramos, sin embargo el mismo censo ordenado por Guzmán Blanco deja constancia que Cúa era el mayor productor en los siguientes rubros: Café 1.117.800 Kg.; aguardiente 392.000 litros; papelón 478 800 Kg; maíz 4.388.400 Kg; caraotas 2.210.750 Kg; Almidón 4600 Kg.

     Estas cifras evidencian que Cúa para el momento del terremoto del 12 de abril de 1878 era la población más floreciente económicamente en los valles del Tuy, la Sociedad Liberal de Obras y Mejoras, había logrado la construcción de la carretera del sur: Cúa-San Casimiro, inaugurada personalmente por el Presidente General Antonio Guzmán Blanco en agosto de 1875, quien además donó un reloj para la torre del templo y una campana. La plaza conocida hoy como Zamora tenía el nombre de Roscio y donde hoy está la plaza Bolívar había un amplio terreno conocido con los nombres de Plan de San José y posteriormente como plaza de Santa Rosa.

     Cúa en 1878 se perfilaba con un  presente de gran prosperidad y un futuro muy promisor, lastimosamente la llamada falla tectónica de Cúa, que corre paralela al rio Tuy desde Tácata hasta Ocumare del Tuy se activó la noche del viernes de Concilio del 12 de abril de 1878 y destruyó totalmente a la población con un  saldo inmenso de fallecidos, heridos y de emigrados. El censo de 1881, seis años después del terremoto nos indica que la población había disminuido a 3.666 habitantes y a 663 casas, contando solo Cúa y Charallave, pues Tácata  había pasado a formar parte de Guaicaipuro.

    En este destructor evento también comprometió a las otras poblaciones del Tuy pero su epicentro fue en Cúa, las posibilidades de recurrencia siempre están presentes, por eso es urgente y necesario desarrollar una cultura de prevención, estar conscientes que se está construyendo sobre una falla geológica y Dios nos libre de otro 12 de abril.

     Alrededor del terremoto se ha tejido una leyenda sobre la maldición de un cura al que le colocaron una culebra en el copón y durante la misa, por poco no es víctima del veneno o de un infarto por el susto. Pero esta leyenda es objeto de otra crónica.

Cuadro de Cristóbal Rojas, Las Ruinas del Templo de Cúa, pintado en el año 1880, En este estado de destrucción quedó el templo de Cúa, el cual estuvo ubicado en el mismo lugar de la Plaza Zamora, donde está hoy el nuevo templo.