Historia regional y local del Valle del Tuy

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CARLITOS LARA: SIETE DÉCADAS DELEITANDO AL PÚBLICO CON SU GUITARRA.

Por Juan M. Carrasco D.

     Carlos Lara, “Carlitos”, como es también nombrado, es una leyenda local, regional y, por qué no, nacional, de la ejecución musical en la guitarra de manera autodidacta. Ha recorrido tantos lugares como géneros musicales existen, desde música popular norteamericana, pasando por la música folklórica venezolana del siglo XX, Nueva Onda y demás géneros musicales modernos.

CARLOS LARA.Carlos Lara tocando en la Plaza Bolívar de Santa Lucía, foto de Juan Manuel Carrasco.

     Nació en la ciudad de Guarenas, un 14 de octubre de 1931, pero a los 3 años de edad se muda a Santa Lucía con su familia. Estudió en la célebre y antigua escuela local de varones “Félix María Paredes”. Sus primeros contactos con la música se dan a la edad de 15 años en Santa Lucía, a través de un conjunto musical legendario de esa localidad tuyera, denominado “Perolito”. “Éramos unos muchachos con la inquietud por la música. Después de la escuela, de hacer los mandados y de recoger y cargar leña, tocaba algo parecido a una guitarra en esa agrupación, pero hecha con una tabla, no sonaba bien, pero ahí le dábamos”, refiere Lara, agregando que tiempo después una señora del pueblo les regaló una guitarra “de verdad”. “Pero como yo soy zurdo, aprendí a hacer los acordes al revés, y hasta el sol de hoy toco la guitarra de esa manera. Eso sucedió en la década de 1940”, aseguró. Cantó por esa época también con la Orquesta de los Hermanos Domínguez.

     A los 17 años tuvo que viajar a Caracas para trabajar en un taller de fundición, “pero allí no duré mucho tiempo, pues el músico caraqueño Miguelito Rodríguez ‘Su Majestad del Arpa’ me invitó a participar en su conjunto ‘El Trío Azul’, como ejecutante de la guitarra”, dijo, añadiendo que también estuvo en las filas del cuarteto musical “Los Lancers”, del músico académico Eduardo Lanz.

     En la década de 1960, donde ya se perfilaba como cantante y ejecutante solista, fue fundador del grupo “Los Siete”, y participó con el músico Federico Betancourt en “Los Selectos”, que luego se transformó en “Federico y su Combo Latino”, y con Jimi Jeffers en el “Trío Hawaiano”. “Fue una década de mucha actividad musical en clubes de prestigio, como el Country Club -donde en una oportunidad acompañé en el bajo al músico Daniel Montes- y restaurantes de fama reconocida en esos años”.

     Ya para finales de la década de 1970, radicado ya en Santa Lucía, formó parte de la agrupación “El Combo Dinámico”, junto al desaparecido maestro de la música luciteña, Don Marcos Correa, con quien compartió escenario en infinidad de oportunidades. “En esta carrera se me han presentado muchas oportunidades para viajar al exterior, a las islas del Caribe, Texas y demás ciudades, pero no las llegué a probar por mi miedo a los viajes en avión y en barco”, comenta, agregando que “de todas maneras no me ha hecho falta, pues el reconocimiento de mis coterráneos y del público de los lugares donde me he presentado ha sido suficiente para mí”.

     Hoy en día, Carlos Lara se dedica a amenizar diferentes eventos sociales particulares, con la compañía del cantante luciteño Víctor Mejías y acompañándose a su vez de una guitarra eléctrica, un generador electrónico de ritmos y su amplificador. “Hay que estar actualizado”, agrega jocosamente.

“Yo le agradezco mucho a la música y al pueblo de Santa Lucía, donde he recibido mucho reconocimiento de la gente, pues este es un pueblo con mucha tradición para la música”, añade.

ANÉCDOTAS.

     Cuenta Lara, entre sus anécdotas, que “una noche tocaba yo en un “botiquín”, tocaba en una guitarra acústica unos boleritos para los presentes, que eran bastantes, y de repente un hombre se me acercó y me dijo que tocara “La Chipola”, a lo que le contesté, con educación, que no me la sabía. El hombre insistió dos veces más con empujones, pero yo le decía que no me sabía ese tema. Pero como seguía empujándome no tuve más remedio que ‘plantarle’ la guitarra en la cabeza, que además era prestada. Una semana después volví al lugar para tomarme un cafecíto, pero el operador de la máquina de café me dijo ‘mire, piérdase ¿oyó? El hombre al que le estrelló la guitarra hace una semana es de la Seguridad Nacional, y lo anda buscando”.

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Crónicas del Río Tuy, “Vivencias de ayer y de hoy, recuerdos para mañana”

Por Manuel V. Monasterios G.

…Deje vagar los ojos por las vegas, hasta que se perdía la vista en las cañas amargas y las guaduas que servían de dique a las crecientes del río Tuy, ancho, profundo y majestuoso, aun así prisionero entre  juncos y bambúes.

PEONIA novela del siglo XIX, cuyo ambiente corresponde al Tuy de aquellos años, escrita por Manuel Vicente Romero García

Paso de los Claveles Río Tuy (Cúa 1930) Foto cortesía de familia Monasterios.

     Los valles del Tuy deben su nombre al noble río, llamado Tucuy por los indios Quiriquires, pero en más de 60 años la negligencia, la indiferencia, la falta de conciencia lo transformaron en un cadáver, desde el período pre-hispánico el río Tuy fue el  epicentro de la vida de estos pueblos, las aldeas indígenas se asentaban en las cercanías del río, los primeros pueblos del período colonial también fueron ubicados cerca del curso del río al igual que las primeras haciendas cacaoteras, se fundaron en sus vegas, los tablones de caña y los viejos trapiches se movían gracias a la fuerza hidráulica que generaba por las acequias de calicanto, construidas con mano de obra esclava. El Tuy lo mismo calmaba la sed de sus pueblos, regaba plantaciones, movía trapiches, servía a la recreación en sus límpidas aguas y  además producía alimentos. El río era la vida y a veces la muerte por las enormes crecidas, en invierno era muy difícil vadearlo y había que esperar que la creciente bajara para continuar el camino.

     Hasta hace 50 años los tuyeros tenían sus playas para aplacar el calor en los pozos del río, fue muy famosa en los años 40 y 50 la presa de Marín en (Cúa) construida por el gobierno del General López Contreras para el riego de la recién creada “Colonia Mendoza”  el verdadero “granero de Caracas” por su inmensa riqueza agrícola. Era costumbre en los fines de semana, carnaval y semana santa acudir en plan recreativo familiar al rio y complementarlo con el famoso “sancocho de corroncho”, llevando solo la verdura y la olla, pues el corroncho estaba en el río. Esa costumbre se extinguió, es doloroso observar lo que queda de aquel majestoso y cristalino río. El Tuy sirvió de “Camino” para sacar por Barlovento las grandes cosechas de cacao, durante el período colonial.

     Hasta los años 40 la población Cúa se surtía de agua de los aljibes que se abrían en sus orillas, la profesión del “aguador” con su burrito con dos pipas de agua, que vendían por encargo, también desapareció. A finales de los años 30 Don Elías Acosta y el coronel Tomás Hugo Quiroba construyeron el primer acueducto.

     El río Tuy tenía una gran variedad de peces y mariscos,  se destacaban además del corroncho, la guabina, las sardinas, los menos recordados como la Yuca (un pez que se soterraba en los fondos pantanosos del río), La Panaca con sus variedades de barba y aguja, el Mataguaro, el Bagre Tuyero, el Roncador y el Coporo Tuyero. Resulta increíble para la gente de hoy que ese hilo de aguas pestilentes, tuviese  en épocas pasadas tal variedad de peces, además, el río Tuy tenía variedad de camarones a los cuales se les denominaba por su tamaño en Caballas y Caballos, Cangrejos de varios tipos y una especie de Langosta de rio, denominada Camacuto. Una fauna rica que era aprovecha para la alimentación de los tuyeros. No había llegado el seudo-progreso, Lo que le  llevó millones de años  a la naturaleza  en construir para ofrecérnosla generosamente, lo destruimos en menos de 100 años y todavía no entendemos que estamos obligados a volver a la madre naturaleza.

     No es sustentable el futuro, aún con toda la tecnología que manejamos hoy día, si no tomamos conciencia de la necesidad de respetar la naturaleza y de hacer todo lo posible por volver al recate de ríos y quebradas, a la siembra de árboles, hoy en los valles del Tuy el termómetro marca unas grados más que hace 50 años, el calor es insoportable, se acabaron las frondosas arboledas de Guamos y Bucares que daban sobra a los cafetales, se cortaron los enormes Mijaos y Caros que crecían en las riveras de quebradas y ríos, el tractor acabó con la Vera, el Araguaney, los Apamates, los Bambúes y hasta la caña amarga, que servía para el cobijo de los techos de teja. Por los hechos se de muestra que durante 70 años la deforestación ha sido implacable con los árboles del Tuy, se contamina el ambiente sin medir las consecuencias.

     Es justo recordar aquellas autoridades como el general Luís Ramos a comienzos del siglo XX que ordenaron plantar Mamones en la recién construida Plaza Bolívar de Cúa ( 1911) sembrar Apamates en la calle Cruz Verde y Pueblo Nuevo, y nuevo cementerio, el coronel Tomás Hugo Quiroba, quien a fuerza de multas a quienes dañaban la naturaleza o amarraban burros en la plaza Bolívar logró reunir dinero suficiente para comprarle a Doña Tula Osío el corralón que servía de cine, para construir el primer mercado publico que tuvo Cúa.

     Es justo también recordar con cariño los viejos pescadores del Tuy cueño, como Santiago Riobueno, Isidro Vera, Pio Rosendo, Manuel “el sordo”, el famoso Chiva de Oro, Valentín Sequeda, Gregorio Moreno. Los últimos pescadores del Tuy fueron los hermanos Gregorio y José Vera. Todos ellos sin ser ecologistas sabían aprovechar los recursos del río respetando su integridad, sabiduría popular.

     El Tuy también tiene sus leyendas de “encantos” como Macario en el pozo la piedra de Juaniquito, quien fue llevado al fondo del rio, a un mundo maravilloso por una hermosa mujer,  cuenta la leyenda que Macario apareció años después flotando en el pozo, y que cuando era llevado al cementerio no se sentía peso alguno en el ataúd, se percibía un suave perfume de rosas y al momento de enterrarlo una nube de mariposas azules se posé sobre su tumba.

     La riqueza ecológica, la magia de las leyendas se las llevó la contaminación, ojalá que toda esta beneficiosa campaña, por los nuevos medios, de concientización para salvar nuestro planeta de la autodestrucción, empiece por descubrir lo que tenemos más cerca, por salvar y recuperar nuestro río Tuy y nuestros hermosos valles;  río que otrora fuese centro generador de la vida económica, cultural, y recreativa de estos valles. Soñemos con un “río parque” desde Tácata hasta Guatopo, libre de aguas servidas, que nos dé calidad de vida, soñemos con la recuperación de su fauna, con la siembra de árboles en sus cabeceras y riveras, Hay un presupuesto millonario para tal fin, desde hace muchos años, aprobado por el Poder Legislativo y manejado por el INOS, pero no estamos informados si se está ejecutando adecuadamente.

Salvar al río Tuy de tanta podredumbre es reconciliarnos con la vida.