Historia regional y local del Valle del Tuy

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Tácata: Una aproximación a las tierras Quiriquires

Por: Manuel Almeida Rodríguez

      El pueblo de Tácata nació entre leyendas de heroísmo real maravilloso. Según Adolfo Salazar Quijada el nombre de este poblado altomirandino es una voz Caribe que significa “Lugar Bosque adentro”. También se alude el origen a una onomatopeya: Ta-Ca-Ta, originada por el imaginario popular que la denomina hoy: El pueblo de los tres golpes. Esta localidad, perteneciente hoy al municipio Guaicaipuro, tiene también una tradición geohistórica ligada a los Valles del Tuy pues su centro se encuentra entre los Ríos Tuy y Guare.

comunidad-caribe-venezolana

      Antes de la conquista la población estaba compuesta por algunos grupos Teques y principalmente por los pueblos Quiriquires. Esta región que hoy conocemos como Valles del Tuy era llamada Súcuta por los originarios y luego fue nombrada Salamanca por los conquistadores que incursionaron en este territorio en la década de los 70 del siglo XVI. Las primeras incursiones fueron protagonizadas por Gabriel Ávila en 1573, luego Francisco Infante y Francisco Carrizo y posteriormente la labor sería encomendada a Garci–González de Silva que junto a 30 hombres realizó varias expediciones por el territorio y confrontó a Conopoima y Acaprapocon, principales Teques aun en resistencia a los que el español logró doblegar solo después del secuestro de sus chozas, sus mujeres y sus hijos.

luchas en la conquista

      Los Quiriquires son mencionados desde 1574 en los relatos de la conquista y son descritos como aguerridos y muy bien organizados en los que se realza lo real maravilloso de en las historias que perviven hoy, como por ejemplo un encuentro mítico entre Yoraco, Héroe mítico oriundo de Tácata, de gran valor y capacidad de combate y Garci-González de Silva, conquistador descrito de forma enamorada por José de Oviedo y Baños como poseedor de sorprendentes capacidades de combate que rayaban en lo sobrehumano. Ambos hombres se enfrentaron en combate singular de leyenda que terminó con la muerte del quiriquire. Se dice que el nativo poseía además un collar de cuentas coloradas que impedían mágicamente su sangramiento y al fallecer este artefacto fue tomado por el conquistador, que según dice la leyenda lo cedió al Rey Felipe II. Este combate aún pervive en el imaginario de los tacateños.

Colección de estampillas Caciques de Venezuela (Circulación 9101998) con la obra de la artista Primi ManteignaColección de estampillas Caciques de Venezuela, (Circulación 9/10/1998) con la obra de la artista Primi Manteigna. 

      La Fase inicial de la conquista culminó con la confrontación entre Garci-González de Silva y Parayauta, muy cercano a Yoraco que no logró detener el avance de Silva y fue derrotado; sin embargo, Silva le perdonó la vida y le liberó acordando la paz con su grupo. Al culminar las confrontaciones se instaló una encomienda que quedó en manos del propio González de Silva y su pariente Francisco Infante.

      El lugar fue bautizado como San Joseph de Tácata consolidando así la presencia del conquistador y los inicios de la pacificación del resto de los pueblos, cosa que tardaría un tiempo más.

Artículo publicado originalmente en el blog: rielesyneblinas.wordpress.com.

Pueblo de Sabana de Ocumare

Subido por: Iván López Calero

Transcripción sin Corregir (SIC)

Pueblo de Sabana de Ocumare

Obispo Mariano Martí

Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas

Apuntes del Libro Personal

Sabana de Ocumare

         Día 7 de junio de 1783, salimos del pueblo de Marín a las seis de la mañana, y llegamos a las nueve y tres quartos a este pueblo de la Sabana de Ocumare, distante cinco leguas. El camino no es malo, y ahora lo es por las lluvias. Cerca del camino hay muchas haziendas de cacao. El terreno tiene algunos cerritos no muy grandes. Antes de llegar a este pueblo de Ocumare, a distancia de casi un quarto de legua, pasamos el río del Tuy, y antes y después de passar el río, passamos algunas azequias para el riego de las haziendas. La hierba que producen estas tierras es de muy buena calidad, que llaman gamelote.

         Esta iglesia es baxo la invocación de San Diego. Es de una sola nave, cubierta toda de obra limpia, sus paredes de tapias y rafas. Tiene Baptisterio bien decente al entrar a la Iglesia, a la banda de la Epístola, Coro alto y cementerio a la misma banda de la Epístola, a distancia de pocas varas de la pared de la misma Iglesia. Su Divina Magestad está colocado continuamente, y he dispuesto que sólo esté colocado en el altar mayor, y que se quite el Sacrario del altar colateral del cuerpo de la Iglesia a la banda de la Epístola, y que el pixis para dar la Comunión se traslade al altar mayor, y que para mayor comodidad, al pie del Sacrario de la custodia se forme un Sacrario pequeño para el pixis y para el relicario del Viático, y que en ínfima grada de Presbyterio se administre la Comunión. La Sacristía esta tras del altar mayor y está provista decentemente de ornamentos y alhajas. En el Coro hay órgano, que ahora no se toca porque el Organista está en Caracas. Hay una puerta a cada lado, a más de la principal. La torre de las campanas tiene una cúpula o cimborio de bóveda. Véase el inventario. En el nicho principal del altar mayor esta la Virgen de la Candelaria, de bulto, y sobre ésta un quadro bueno de pintura del titular San Diego. Supongo que la Virgen de la Candelaria será la patrona.

         Me dize este cura que estas gentes son de un genio tal que si los convidan para un bayle, todos acuden a él, y si los convidan para un exercicio piadoso en la Iglesia, acuden todos igualmente a dicho exercicio piadoso; que acá no hay vicio particular o predominante; que acá hay frecuencia de Sacramentos y devoción, pero unos domingos con otros se confesarán unas seis personas y en las festividades de Jesuchristo y de María Santíssima se confesarán hasta cinquenta personas, la mayor parte mujeres, y que estas gentes son de buena índole, y no de genio caviloso y malicioso.

         El día 18 de diziembre de 1762 se hallava acá de visita el señor Madroñero. (más…)

Pueblo de Santa Lucía

Subido por: Iván López Calero

Transcripción sin corregir (SIC) 

Pueblo de Santa Lucía

Obispo Mariano Martí

Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas

Apuntes del Libro Personal

Santa Lucía

      El día 26 de junio de 1783, llegamos a Caracas y nos detuvimos allí hasta el día 12 de enero de 1784, en que salimos de dicha ciudad de Caracas a las seis menos quarto de la mañana, y llegamos a las diez y media al sitio de Oripoto, hazienda de don Joseph Cocho, distante cinco leguas y media. Día 13 de enero de dicho año 1784, salimos de dicha hazienda, trapiche o sitio de Oripoto medio quarto antes de la seis de la mañana, y llegamos a las tres y media de la tarde a la casa o hazíenda de cacao de don Francisco Joseph Sereso y Landaeta, la qual casa comúnmente llaman de los Vitores, en el sitio de Nuestra Señora del Rosario de Suapire, distante dose leguas o a lo menos cerca de dose leguas. Día 14 de enero de dicho año de 1784, salimos de dicha hazienda o casa de don Francisco Joseph Sereso a las seis y quarto de la mañana, y llegamos a este pueblo de Santa Lucia a las ocho menos quarto, distante dos leguas por el camino por donde hemos pasado. Dizen que hay otro camino no más breve. Desde el pueblo de Baruta hasta la quebrada de Suapire habrá diez leguas, pasando por el cerro que llaman de […], que es lo menos malo. Es este camino todo de cerros, muy malo y con muchos [vola]deros.

      Esta Iglesia es baxo la invocación de Santa Lucía, todas sus paredes de mampostería, cubierta de obra limpia, Coro alto, tribunas al lado de la Epístola, una en el cuerpo de la Iglesia y otra en el Presbyterio, de la qual se puede oyr Missa en el altar mayor, Baptisterio al entrar a la Iglesia. A más de la puerta principal hay a cada lado una puerta colateral. La Sacristía está a la banda de la Epístola, decentemente ornamentada y alajada. Su Divina Magestad está colocado de continuo. A la banda de la Epístola hay una Capilla honda, medianamente grande, y en el Presbyterio de dicha Capilla hay un pilar, y de allí se forman los arcos y forman como dos Capillas para dos altares. En la banda del Evangelio de dicha Capilla está colocado el altar del Santo Christo, y a la banda de la Epístola está colocado el altar de Nuestra Señora del Rosario. Parte de esta casa es de alto, en donde yo vivo, y este alto consiste en un corredor al igual del Coro, y por dicho corredor se va al Coro, al campanario y a las tribunas, y en el aposento donde yo vivo está la tribuna del Presbyterio. Por dicho corredor se pasa también a una tribuna que sirve de Coro de la Capilla colateral honda, que queda sobrerreferida. Véase el inventario. (más…)

Fotografías de La Estación de Servicios Guárico y el Portón de Los Anafres en Santa Teresa del Tuy.

Por: Iván López.

     Cada ciudad, cada pueblo, cada comunidad o urbanización, poseen lugares emblemáticos y atractivos a los habitantes propios o foráneos que en ellos se encuentran, los cuales ya sea por acciones del imaginario popular, por la actividad comercial, por hechos violentos (guerras, asesinatos, retos a duelos etc…) o por actos políticos, se vuelven de interés de los muchos y que comúnmente son muy concurridos en busca de distracción, retiro espiritual o el sustento diario, entre otros, generalmente las plazas, iglesias y mercados destacan como estos centros de atracción de masas.

         Pero cada pueblo a su vez posee teatros, museos, estaciones de antiguos ferrocarriles, mangas de coleo, cines, restaurantes, entre otros, donde las personas con intereses comunes se reúnen para departir o convivir, en torno a un hecho intangible o a un bien tangible, apropiándose a través del uso, de la expresión ritual o de la celebración festiva de los mismos, de año en año, trasmitiéndolo así colectivamente de generación en generación, aportando elementos en cada una de ellas, creando de esta manera una expresión cultural o un valor patrimonial propios de ese entorno geográfico.

         En palabras de Joan Santacana tenemos que:

“Si la palabra “patrimonio” la aplicamos a una colectividad, a una ciudad o un país, se entiende que nos referimos a todo aquel  bagaje cultural del que sus ciudadanos disponen. Al tratarse de una “herencia” recibida, no significa que no pueda incrementarse; así una ciudad puede poseer un patrimonio importante heredado de las generaciones anteriores, pero a su vez, la generación actual puede incrementarlo con nuevos aportes, ya fueren edificios, obras de arte, composiciones musicales u otros elementos.”

     Dentro de este legado podemos insertar la labor del fotógrafo, de ese cronista gráfico, muchas veces anónimo, otras veces muy poco conocido, que registra a través del lente de su cámara, estos lugares emblemáticos, esos centros de diversión, lugares destacados, de ritos religiosos o de actividades que son dignas de inmortalizar para las generaciones futuras, mostrando así el rostro de los pueblos, de sus gentes, de sus hechos y lugares en cada época, donde muchos vivieron momentos que marcaron su vida y recordaron o recordarán por el resto de la misma.     (más…)

Las viejas pulperías de mi pueblo.

Por: Manuel V. Monasterios G.

Calles de Cúa, carboncillo.

     Las crónicas y los historiadores han sido un poco mezquinos al describir el origen, la fundación y el crecimiento de nuestras ciudades y pueblos, colocando en lugar muy oculto, tal como si fuese pecado hablar de las pulperías y los pulperos. La verdad es que en un pueblo podían que pasar años para construir el templo, la casa de gobierno, la cárcel y el hospital, pero desde el primer día estaba el pulpero como centro económico de la nueva ciudad, para garantizarle a la comunidad el suministro de los comestibles y el estipendio de alcoholes a la nueva población.

Anuncio Publicitario, Semanario Cué 1932.

Anuncio Publicitario en RETO 70 año 1970.

     Los hidalgos que llegaron de la madre patria consideraban el trabajo en general como una actividad impropia de su condición aristocrática. Un caballero español, un noble aunque fuese de baja categoría jamás se podría dedicar a profesiones reservadas a las clases bajas. Pulpero, médico, artesano, agricultor no eran las profesiones de los “hijos de alguien” o hidalgos. Ellos podían pertenecer a Las Milicias de Blancos, hacerse curas o letrados en leyes. Para los trabajos manuales estaban los esclavos. Para la pulpería llegaban los canarios (Nativos de la islas Canarias). Eran los isleños los pulperos, los mayordomos de las haciendas cacaoteras, los arrieros que llevaban y traían mercancías. Eran los cosecheros medianeros. Los fundadores de pueblos. Los Tenientes de Justicia. Jueces de Comisos, como Juan Francisco de León, canario fundador de Panaquire, en la región de Barlovento y cabeza visible del alzamiento de hacendados y cosecheros contra el monopolio impuesto por la Real Compañía Guipuzcoana en el siglo XVIII.

     F. Depons, viajero francés, investigador y cronista nos describe la pulpería caraqueña de comienzos del siglo XIX:”Su surtido consiste en cerámica, quincalla barata, herramientas, vinos, azúcar, jamón, grasas, frutos secos, queso, tafia, etc. Sobre otras tiendas tiene la ventaja de no estar obligadas a cerrar los días de fiesta y los domingos. Son tan necesarias que hay que tenerlas abiertas desde el alba hasta las nueve de la noche. (….)Para no engañarse, no hay objeto que se venda con menos del ciento por ciento de beneficio, a menudo el doble o el triple. Es así, a costa de detalles desagradables y penosos como se  echan las bases de fortunas que no se dan en ningún otro oficio”.

Imagen de La Azucena la casa comercial más antigua de Cúa.

Esta publicidad aparecida en el primer periódico de Cúa el “Semanario Cué” data de 1933.

     Las grandes fortunas amasadas durante el período colonial están atadas a la producción de cacao y añil con la explotación mano de obra esclava y a la venta de mercancías a través de  las pulperías y tiendas. Los” grandes cacaos” o los mantuanos eran propietarios de estos expendios de mercancías, pero tenían prohibido atenderlas, para lo cual siempre contaban con los emigrantes canarios. Éstos casi siempre terminaban montando pulpería propia. En la historia colonial hay casos muy interesantes como el terorense (Gran Canaria) Don Bernardo Rodríguez del Toro ( Primer Marqués) quien además de gran hacendado, era mercader importador y exportador, armador propietario de barcos mercantes y propietario de una cadena de pulperías y tiendas en las principales ciudades del país. Todas atendidas por sus paisanos. Don Juan Vicente Bolívar y Ponte, el padre de Simón Bolívar, era propietario en el puerto de la Guaira, específicamente en el callejón Muchinga, detrás de la casa de Compañía Guipuzcoana de varios almacenes para surtir de mercancía importada el comercio caraqueño, además de ejercer el cargo de oficial real (Agente aduanero para controlar el contrabando).

     Muy conocido es el caso del canario Don Sebastián Francisco de Miranda, portuense (Puerto de la Cruz), padre del Precursor Generalísimo Don Francisco de Miranda, quien era un mercader con una tienda de géneros alternada con víveres, se le acusa de indigno de portar el uniforme y distintivos de la Milicias de Blancos, por su condición de pulpero y amasador de pan (Panadero). La sociedad colonial era totalmente estamentaria, muy rígida en los usos sociales.

Por decisión del Consejo de Indias, el 20 de diciembre de 1804 estableció la diferencia entre bodegueros y pulperos, considerando que la bodega se dedica a las mercancías importadas  (Mayoreo). Los pulperos estaban en el último escalafón de la sociedad colonial venezolana.

     La Independencia nacional, en los primeros años de gran violencia, tuvo como protagonistas algunos pulperos que cambiaron el mostrador por las armas. José Tomás Boves, fue un exitoso comerciante radicado en Calabozo. Francisco Rosete, el azote de Ocumare del Tuy en el pavoroso año de 1814, era un aventajado pulpero en el pueblo de Taguay.  El General Ezequiel Zamora, máximo caudillo militar de la Guerra Federal en 1859, también fue un próspero pulpero de Villa de Cura.

     La pulpería durante el siglo XIX y parte del siglo XX era el alma de las comunidades, allí lo mismo se vendía una libra de tasajo, o un kilo de queso; se discutía del último alzamiento de algún caudillo colorado o azul; se leía la prensa nacional; se prestaba dinero a interés; se jugaba en la trastienda una partida de dominó, de blanco y negro; se jugaba  a los gallos de pelea, o se apostaba al boche clavado en el anexo campo de bolas criollas. Es cierto que su actividad era machista, las damas debían estar en su casa y jamás pisar esos “clubes masculinos” llamados pulperías. Generalmente el padre de familia era el encargado de realizar las compras personalmente. Las muchachas del servicio también realizaban las compras y recibían los bonos, cartoncitos donde se marcaban los gastos hechos, por ejemplo si se gastaba un bolívar se le anotaba un bono de seis céntimos. Estos bonos se cambiaban por efectivo, también se gastaban en la misma pulpería. A los muchachos que también hacían los mandados se les daba la ñapa, la cual podía ser un caramelo, “rule” como le decían al papelón, o San Simón que era papelón con queso blanco llanero.

Publicidad año 1932 Primera venta de gasolina que funcionó en Cúa (Los Corrales).

Publicidad  Reto 70 año 1969.

     En las pulperías se fiaba a algunas personas que trabajaban y cobraban semanal o quincenal, religiosamente los sábados o el fin de quincena se cancelaba, porque si no le cortaban el crédito. El “fiao” se aplicaba a personas selectas, en todas las pulperías había letreros muy grandes, aunque mucha gente no sabía leer, que confirmaban la acción del fiar o no.

Algunos de estos letreros afirmaban:

Aquí murió el fiar /y el prestar también murió /Porque lo ayudó/a morir el mal pagar.

Otro impreso decía en letras grandes y negras:

Si fío pierdo lo mío/ Si cobro, al cobrar molesto/ y para librarme de esto/Ni fío, ni doy, ni presto.

Hoy no fío, mañana, sí.

.- El que fía no está, salió a cobrar.

.- Sólo confiamos en Dios los demás pagan de contado.

.- El que fiaba murió  saludos le dejó.

.- Sólo le fiamos a los mayores de cien años que traigan a sus abuelos como fiadores.

    El clásico de todos los avisos una policromía, por el vestuario se podía deducir que eran norteamericanos. El cuadro generalmente enmarcado con veradas de caña amarga, dividido por la mitad, del lado izquierdo un personaje arruinado, flaco, con ropas roídas, las manos en la cabeza, rodeado de ratas y papeles, con la caja fuerte vacía y el letras arqueadas las palabras: “Yo vendí a Credito” y del lado derecho un personaje gordo , bien vestido, reflejando bonanza, con la caja de caudales llena que decía:” Yo vendí al contado”.

     Este cromo impreso a color debe haber influido mucho en el inconsciente colectivo del venezolano. El estereotipo del triunfador y del fracasado por el manejo adecuado del “fiao” o venta a crédito. En esos años se usaban poco los bancos, todas las operaciones se realizaba con moneda de curso legal. Nadie emitía un cheque, eran más aceptados los vales, los pagarés y los giros para operaciones de mayor cuantía. 

     La mejor ubicación de las pulperías era en las esquinas de la cuadra, porque tenían tres o cuatro puertas por el frente y una por la esquina. El mostrador de madera ocupaba todo lo ancho, dejando un espacio para los clientes, en los andenes, generalmente de ladrillo se habían  adosado unas argollas donde se amarraban los burros y las mulas, utilizados como transporte de mercancias, al final del día había un muchacho encargado de recoger los cagajones que dejaban las bestias.

    Contra la pared estaban las armaduras de madera donde se colocaban en orden pre-establecido gran parte de la mercancia. Papelones, botellas de ron, aguardiente legal, pues el de contrabando estaba en una caleta, cerveza, anis del mono,, vino tinto. Había en la armadura un departamento especial para las velas, unas eran de cera y otras de cebo, estas últimas estaban colgadas en un especie de racimo. Al lado los mazos y las cajetillas de cigarrillo, los tabacos artesanales, junto al papel de escribir, los sobres, los lápices,las plumas, las plumillas, la tinta, entre otros.

La bodega del Señor Delpiani en La Magdalena, Una reliquia y una añoranza de otras épocas.

Padre Marcos Reyes Cueto

Compilado Por: Juan M. Carrasco D.

Padre Marcos Reyes Cueto

“Para que edifiques y siembres” fue la base de su labor como refundador 

LUCITEÑOS TIENEN EN EL PADRE MARCOS REYES CUETO

UN EMPRENDEDOR Y BENEFACTOR EJEMPLAR

            Paz Castillo. El pueblo que hoy en día conocemos bajo el nombre -y protección- de Santa Lucía, en los Valles del Tuy, fue el producto de un proceso sucesivo de traslados poblacionales que comenzaron el 23 de enero de 1621 en las inmediaciones de la primitiva ciudad de Santiago de León de Caracas, como parte del sistema de organización social impuesto por la España Imperial, conocido como “encomiendas”.

            Se conocen dos núcleos poblacionales previos al asentamiento actual, el primero ya descrito, comenzado en 1621, y el segundo realizado a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, en lo que se conoce hoy día como “Zona Histórica de Macuto”: un conjunto de evidencias físicas constructivas y arqueológicas que son los restos de la 2da fundación de Santa Lucía, de principios de 1700, donde se pueden observar las ruinas de una “ermita” rudimentariamente hecha y un cementerio indígena, a orillas del Río Guaire.

            Este segundo asentamiento poblacional se conformó posiblemente -y esas son las hipótesis de los historiadores- con pobladores aborígenes de la antigua encomienda de Santa Lucía, provenientes de las montañas de Turgua (donde se había fundado el pueblo en 1621), los cuales huyeron del primigenio lugar víctimas de plagas, las inclemencias del clima del lugar y el terreno montañoso, desplazándose hasta este valle a través del Río Guaire de entonces.

Padre Marcos Reyes Cueto, refundador

           El lugar actual y el aspecto que aún conserva esta población se deben a la iniciativa de un sacerdote, el Padre Marcos Reyes Cueto, cuyo propósito, desde el momento mismo en que se encargó de esa parroquia a partir de 1749, fue el de transformar el pobre asentamiento a orillas del Río Guaire, en Macuto, desordenadamente distribuido en un lugar insalubre, en un ordenado poblado, digno de tal nombre, con calles rectas, plaza e iglesia, bien dotada y adornada.

            Tal y como lo dice el investigador venezolano Álvaro García Castro, “el esfuerzo que este hombre emprendió, lo llevó a ir más allá de la mudanza y construcción mismas, tareas ya de por sí extraordinarias, para prever el crecimiento de la población, el ingreso de nuevos habitantes y los medios de subsistencia de los mismos y de su iglesia. Al seguir la trayectoria de su vida, podemos reconocer en él una personalidad benigna y serena, pero al mismo tiempo emprendedora, con las mejores cualidades del planificador y administrador ejemplar de recursos”.

          El Padre Reyes Cueto se convierte entonces, desde el 13 de diciembre -fecha de la patrona que da nombre al poblado- del año 1749, en el párroco de esta doctrina de indios, y que gracias a las labores emprendidas por él para su traslado al sitio actual, logra dar un salto desde su condición de “encomienda” a la de “pueblo mixto”, siendo planificado en el más mínimo detalle, desde sus calles, sectores para siembra, donaciones de terrenos ad aeternum para los más desposeídos e iglesia hasta los sistemas de riego para el progreso y feracidad de los cultivos.

            Este sacerdote dedicó toda la mitad de su vida a dejar en esta tierra una “obra de Dios”, muy importante como ejemplo en los tiempos modernos, desde el punto de vista del desprendimiento material y el amor por los más necesitados.

Nacimiento y formación

            No se conoce a ciencia el día de nacimiento del Padre Marcos Reyes Cueto, pero según la “Cronología” de Santa Lucía, compuesta por el historiador García Castro, nació en el año de 1708 (su partida de bautismo, según la manera de la época, sólo indica la fecha de ese acto religioso: 11 de Julio de 1708) en la ciudad de Caracas, de padre español -cordobés- y madre de origen también español, pero nacida en la ciudad de Porlamar, en la actual Nueva Esparta, y poseedora de uno de los apellidos más antiguos de la isla:

“Oy miercoles onse de julio de mil septescentos y ocho yo Santiago de la parra Clerigo Presbytero con lisencia de los señores curas baptizé puse Santo oleo y chrisma y di bendiciones a Marcos Joseph, hijo legitimo de Fran.co de los Reyes y de Maria de Robles y p. q conste lo firmo Ut Supra (Fdo) Santiago de la Parra”

 

(FUENTE: Archivo de la Catedral de Caracas (ACC). Libro 8 de Bautismos, folio 41. Transcripción respetando el castellano de la época)

            De su juventud no se sabe nada, pero se puede inferir, a través de sus propios documentos y sus actuaciones como presbítero, que fue educado dentro de un ambiente de de rectitud y valores cristianos. García Castro señala que “ingresó en el Seminario de Santa Rosa, de Caracas, donde cursó la carrera literaria y se graduó como Bachiller en Filosofía, ordenándose sacerdote. Su título oficial era el de Presbítero y Bachiller”.

            Cueto comienza su ministerio como teniente cura y cura del pueblo de San Sebastián de Los Reyes  (Guárico), luego pasa a la ciudad de San Carlos de Austria (Cojedes) como teniente vicario y juez de diezmos. De allí pasó a la población de Guaiguaza, cerca de Valencia, donde ejerce el curato y capellanía. Desde allí hace oposición para optar al curato del pueblo de indios de Nuestra Señora de Copacabana de Guarenas, cargo al que logra ser promovido en 1736.

Diligencias para refundar el pueblo

            Ya a mediados de 1739, y después de vivir ciertas vicisitudes de orden legal durante su estadía en Guarenas como cura, por defender a los aborígenes de origen mariche de la ocupación ilegal de sus tierras de labranza, estaba fundando una hacienda en las inmediaciones de Santa Lucía, y se interesaba mucho por el estado de los primigenios pobladores de ese poblado.

            Frecuentemente se encarga de Santa Lucía como cura interino, y el 24 de septiembre de 1747 realiza un bautizo “como cura interino deste valle de Santa Lucía”. En 1749 renuncia al curato de Guarenas y solicita le sea conferido el de Santa Lucía, el poblado disperso en lo que conocemos como Alto de Macuto.

            El 13 de diciembre de ese mismo año, día de nuestra patrona, con alegría, recibe la “santa iglesia”, encargándose casi de inmediato en hacer las diligencias necesarias para trasladar el poblado a un nuevo lugar, más apto para el progreso y crecimiento de la ciudad. Promueve a su propia costa la agricultura, a través de sistemas eficientes de riego para los cultivos y una acequia; realiza el trazado de cuadras y calles; impulsa el comercio y el establecimiento de nuevos pobladores; y todo ello con la iglesia parroquial como centro y motorizador de toda su obra.

            Esta es la última refundación de Santa Lucía y la que hoy en día permanece y lucha por seguir adelante la enseña de este sacerdote ejemplar: “para que edifiques y siembres”.

            Reyes Cueto fallece en el año de 1773, a la edad de 65 años, en su hacienda de Las Plazas, que llamó “Santa Águeda”, no sin antes dejar todo dispuesto para que dicha hacienda sirviera de manutención para el templo y pueblo recién fundados. Sus restos descansan en nuestra Iglesia Parroquial, en un tramo de la antigua Capilla de la Caridad, actual Capilla del Santísimo y pasillo de los Santos, al lado derecho del templo que gracias a él vio la luz y dio luces al pueblo que tanto amó.

“Mientras más Pueblos, más ministros, más cárceles, más justicias repartidas. Y si todo esto es el Rey, luego mientras más Pueblos, más crece el Rey y su respeto. ¿Quién le da fama a una provincia? El Comercio. ¿Y el comercio quién lo descubre y facilita? Los Pueblos. Pues haiga Pueblos y tendrá la provincia fama, riqueza y comercio; auges en verdad de su señor y Rey.”

Marcos Reyes Cuetto, 1749

 

BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA CASTRO, Álvaro. Cronología de Santa Lucía 1560 – 1749 – 1821. Publicación de la Alcaldía de Paz Castillo, 1995.

GARCÍA CASTRO, Álvaro. El Presbítero y Bachiller Marcos Joseph de los Reyes Cuetto y Robles: refundador, constructor y Benefactor de la población de Santa Lucía, Estado Miranda. Ensayo biográfico. Documento inédito.

EL PARQUE TEMÁTICO “Adobe, Pueblo de Antaño”

Por: investigaciones TUCUY.

      El Sábado 31 de octubre se inauguró el primer parque temático y museo de los valles del Tuy, denominado “Adobe, Pueblo de Antaño”, el sueño compartido del Ingeniero Juan Quintana, su familiares, sus asociados, sus amigos, años de esfuerzo, de planificación, de inversión económica un inmenso trabajo, donde se evidencia que la fe mueve montañas y quien persevera llega a la meta. Solo los visionarios, los pioneros, los auténticos emprendedores son capaces abrir caminos y marcar derroteros. Juan Quintana, sus familiares y asociados no solamente han diseñado y construido un  hermoso pueblito que nos traslada al Charallave de los años 20, 30, 50, sino que han recogido con infinito amor, las vivencias, los personajes, los lugares emblemáticos, los muebles y hasta los “cachivaches” que nadie sabía para que servían y Juan ya les tenía un puesto en sus sueños de reconstruir la historia de su amado Charallave.

Parque Temático “Adobe, pueblo de Antaño”

       Desde TUCUY A.C. sentimos el orgullo de iniciar nuestra sección de turismo tuyero rindiéndole un homenaje al parque “Adobe, pueblo de Antaño”, a sus creadores, a La Magdalena, caserío colonial, de vetustas haciendas cafetaleras, de naranjales, de las mejores piñas del Tuy, del famoso queso de mano, un rincón de paz y tranquilidad, con el mejor clima de la zona. Esta propuesta  a los visitantes combina la historia, la tradición, el folklor, la gastronomía y el turismo nos coloca como una oferta de categoría mundial, hecha por venezolanos, combinando magistralmente calidad de primer mundo y  lo nuestro, lo telúrico  como motivo central del parque, eso marca la diferencia de los demás parques temáticos que tiene Venezuela. Creemos, sin exagerar, que es lo mejor que se hecho por el Tuy en esta materia en muchos años.  Sólo hacen falta nuevos visionarias, emprendedores e inversores para complementar con posadas, artesanías, gastronomía y otros atractivos la oferta turística de la Magdalena. Apenas se está comenzando y le auguramos no sólo el éxito económico que bien merece todo esfuerzo y trabajo, hecho con honestidad, sino el éxito del “Marketing  cultural”  contribuyendo al rescate de los valores de la tuyeridad perdida en la hojarasca del desarraigo.

         El Parque llega como agua fresca para revivir la historia local  de Charallave  seca por falta de cariño, para que los Charallavenses, se descubran  y valoren su pasado, su sentido de pertenencia, las raíces, los auténticos valores y renazca de las cenizas el inmenso valor de saber que son ciudadanos de  un pueblo y no simples habitantes de una ciudad dormitorio, las nuevas generaciones y quienes han llegado o están por llegar se asimilan a los valores humanos de una comunidad y todos compartamos el orgullo de ser charallavenses y tuyeros sin diferencias, así se hace labor de Patria. Dios bendiga a Juan a sus familiares, a quienes han creído en este proyecto. Todos los tuyeros  debemos promover con orgullo nuestro Parque Charallave de Ayer, su restaurante El Adobe, la bodega de Don Antonio Malo, la barbería de Agapito Lago, entre las muchas cosas que renacen de ese Charallave que se nos fue. La historia no es solo la gesta del heroísmo de los próceres, sino que se nutre de la cotidianidad, del día a día que deja sus huellas y nos vincula en esa red invisible y poderosa que nos hace sentir un origen común y un destino de hermanos por el terruño. Los objetos que pacientemente recopiló Juan Quintana a largo de años, no eran simplemente producto del capricho de un coleccionista, sino historia viva y lección para todos que aún los “feos peroles” que se botan al aseo, si se ven con creatividad y sentido de historia terminan transformados en el único vinculo que nos queda con el pasado y con los que se fueron e hicieron mucho por nosotros. Gracias a Juan, a su esposa, a sus hijos y familiares, a sus socios a todos los que contribuyeron a concretizar un sueño, gracias por reconciliarnos con el Tuy, gracias por levantarnos el ánimo y demostrarnos con hechos que aún en los peores momentos hay que tener fe en el poder transformador del ser humano para lo bueno.

          Acérquese con su familia, a sólo 15 minutos de Quebrada de Cúa, admire el hermoso paisaje, buena carretera, apoye a la gente noble y trabajadora de La Magdalena y sienta un renacer espiritual al ver que hay  venezolanos trabajando con creatividad y amor por un país posible.

Contactos:

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Sr. Juan Quintana: Teléfonos: 0414. 2623423 / 0414.3996685

Correo Eléctronico: (juanjquintanag@hotmail.com)