Historia regional y local del Valle del Tuy

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La plaza Bolívar de Santa Lucía: Epicentro socio-cultural del pueblo Luciteño

Por: Juan Manuel Carrasco.

     La Plaza Bolívar de Santa Lucía, una de las poblaciones de los Valles del Tuy que aún conserva su aspecto colonial, es el espacio público más importante y resaltante del municipio Paz Castillo del estado Miranda, dado que en ese sitio tienen lugar las diversas actividades socio-culturales que tanto autoridades como ciudadanos tienen a bien ejecutar, alcanzando de ese modo el título de “epicentro” social, cultural, económico y político de esa entidad.

Plaza Bolívar de Santa Lucía del Tuy.Panorámica de la Plaza Bolívar de Santa Lucía del Tuy, Foto de Juan Manuel Carrasco.

Historia

     Hablar de este espacio es remontarse a los inicios mismos de Santa Lucía como pueblo mixto, a partir del año 1750, cuando es gestionada por el presbítero Marcos Reyes Cueto -refundador de esa población- la construcción del templo parroquial de la localidad. Hasta ese momento, el sitio que más adelante sería destinado a la “Plaza Pública y Cementerio” consistía en un promontorio, una baja meseta entre las quebradas El Tigre y Agua Bendita, y que hacía parte de unos terrenos adquiridos por el propio Reyes Cueto para la edificación de la nueva población. En aquellos primeros tiempos, la plaza, llamada “de armas”, era tan solo una cuadra frente a la iglesia, desprovisto de árboles, posiblemente empedrado, con un cementerio colindante en su borde norte, y divididos por una acequia que llevaba el agua del río Guaire hasta los campos cultivados de las haciendas, así como a las casas de las familias más acaudaladas.

     La mitad norte de la actual Plaza Bolívar, como se mencionó más arriba, sirvió de descanso eterno para muchos de los primeros moradores de la Santa Lucía de Reyes Cueto, y perduró en ese lugar desde 1750 hasta 1842, año este último de su mudanza al actual Cementerio Viejo, al norte de esa población.  Como dato curioso, durante las remodelaciones hechas a la plaza en 2006 por el Gobierno Municipal de Paz Castillo, trabajadores que excavaban las bases para el pedestal de la estatua de El Libertador en el centro de la mitad norte de la plaza, hallaron varios restos humanos, huesos y cráneos que se pulverizaron al tratar de sacarlos.

     A partir de 1842, y después de haber retirado los restos de los sepultados en el antiguo cementerio, la plaza Bolívar fue ensanchada, es decir: el espacio ya no se limitaría a una cuadra, sino que abarcaría el espacio del viejo cementerio, formando, en vez de un cuadrado, un rectángulo. La acequia sigue en su lugar, pero ya no divide visualmente la plaza, tomando la forma “alargada” que tiene hoy en día..

Escenario de honra y muerte

     La plaza Bolívar Luciteña no estuvo lejos de los acontecimientos históricos del pasado venezolano, y se conocen al menos dos hechos de cierta relevancia cuyos testigos fueron las esquinas de ese espacio público. El primero, acaecido en junio de 1821, cuando el victorioso general José Francisco Bermúdez, luego de vencer en la Batalla de Altos de Macuto, y haciendo uso de la gallardía propia del estamento militar de la época, rinde honores y funerales militares en esta plaza a su contrincante español, general Lucas González, muerto en esa batalla. Su cuerpo está aún sepultado bajo los arcos de la iglesia parroquial Luciteña.

     El segundo hecho acaecido en los espacios de la referida plaza, más lamentable, fue la masacre realizada en el antiguo Cuartel Militar (hoy sede del Banco Occidental de Descuento de Santa Lucía) de un total de 19 efectivos militares, en 1822, a manos de las hordas del sanguinario bandolero Dionisio Cisneros. La historia cuenta que Cisneros emboscó de noche a los soldados, un total de 20, los cuales a su vez lo esperaban según un plan para capturarlo. El bandolero pudo hacerse con el cuartel y todo el parque militar, mandando luego a pasar por las armas a 19 soldados, salvándose sólo uno, según la leyenda, porque sabía tocar el redoblante. Los condenados, luego de ser fusilados frente a la plaza, fueron cargados hasta un lugar, hoy en día desconocido, siendo luego “alanceados” y destrozados los cuerpos a bayonetazos, y según dice la leyenda, “la sangre corrió hasta llegar detrás de la iglesia”.

Árboles centenarios

     La Plaza Bolívar Luciteña, hoy en día, luce en sus jardines, además de cuatro hermosas fuentes -que lamentablemente funcionan sólo durante las fiestas patronales- un techo vegetal formado por la unión de árboles de diferentes especies (en su mayoría árboles de mamón), cuyas características son las de ser “siempre verdes”. Alberga también plantas ornamentales y coloridas, así como un ejemplar del “Roso Blanco”, árbol emblemático del Estado Miranda, y un araguaney que florece entre marzo y mayo.

     Esta “alameda”, como era conocida en épocas pretéritas, fue creada entre los años 1872 y 1876, según los libros de actas del Concejo Municipal de esos años, por orden de los concejales de la época, basándose en la moda del momento para los espacios públicos, influenciada por el “afrancesamiento” traído al país por el “Ilustre Americano”, Antonio Guzmán Blanco. Durante muchos años fue centro de esta plaza un busto de El Libertador, colocado sobre una columna de apariencia clásica, otorgándole un aspecto afrancesado, por lo que se deduce que dicho busto fue colocado en época Guzmancista. Hoy, sobre un pedestal de concreto recubierto por mármol gris oscuro, una estatua de Bolívar con la espada desenvainada mira desde sus alturas a la sociedad Luciteña, sin que ésta se dé cuenta de que él está allí aún.

PLAZA EN PELIGRO

     Muchos de los que aún aprecian a esta población, sus calles y especialmente su Plaza Bolívar -una de las más hermosas de los Valles del Tuy-, en donde las familias Luciteñas se sientan en las tardes con sus hijos y amigos para distraerse o descansar, ven con preocupación cómo estos espacios son poco a poco destruidos por el mal uso que ciertas personan le dan, y ante la mirada pasiva de las autoridades. Inconsciencia, irrespeto, uso de bicicletas, patines y patinetas, alcohólicos, vándalos, colocación de afiches y demás actividades destructivas, tienden a quitarle a este espacio la virtud de ser el lugar por excelencia para el encuentro social y cultural de Luciteños y Luciteñas.

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Estación Santa Lucía del Ferrocarril Central de Venezuela.

Por: Iván López

     Hace poco revisando el libro “Ferrocarriles en Venezuela (historia complicada)” publicado por el Instituto de Ferrocarriles del Estado el año de 2006,  con intenciones de encontrar alguna anécdota, comentario, imagen u otro referente para las investigaciones sobre las estaciones del Ferrocarril Central de Venezuela al Valle del Tuy, nos topamos con unas imágenes interesantes, pero igual de resaltantes son las palabras halladas en el prólogo, y que llaman mucho la atención, es tal vez,  porque comulgan con la visión trazada o que sentimos en nuestra búsqueda hacia la historia del Valle del Tuy, esas palabras son las del presidente del IAFE para ese año, Ángel García Ontiveros:

“Nos propusimos auspiciar cuanto permitiese atender y recoger las voces, lecturas e informaciones aprovechables, pero dispersas, con las cuales reconstruir nuestra historia ferroviaria. La de aquellos momentos esplendorosos del último tercio del siglo XIX.

 … Así lo siento debido al convencimiento de que contribuir a cubrir la carencia de textos de divulgación histórica e informativa que le permita a nuestro pueblo conocerse mejor, iguala la trascendencia de poner en circulación trenes modernos…”

    Desde Tucuy.wordpress.com compartimos este sentimiento de tomar y recoger las voces, lecturas, imágenes gráficas y toda información aprovechable del Valle del Tuy, que además sabemos muy, pero muy dispersa, para así reconstruir nuestra historia regional y local con bases un poco más solidas, no pretendiendo ser dueños de la verdad o imponer una verdad, sino compilarla, sistematizarla y difundirla a las actuales y nuevas generaciones y ser un punto de partida, o un referente para investigaciones más profundas.

      De este libro del IAFE se han tomado dos (02) fotografías que se presentan a ustedes con la intención de describir los rasgos de la ya lamentablemente desaparecida Estación Santa Lucía del FCV, en ese afán de mostrar a través de las imágenes gráficas, la historia o la crónica de los Valles del Tuy, legando y resaltando a las generaciones actuales y futuras lo que fue la existencia de esta importante vía férrea, hoy desaparecida casi en su totalidad. (más…)

Guatopo: Yacimientos de Oro y la Conquista.

Por: Sixto Laya Gimón.

INTRODUCCIÓN:

     En las crónicas de la conquista y colonización del territorio de la otrora Provincia de Venezuela, se nos presenta una concisa visión de cómo el oro (Aurum del latín y Aurós del griego) se transformó en argumento incitador para la conquista y los descubrimientos.  El principal objetivo de los primeros  invasores europeos, era la localización y rápida explotación de minas de oro y plata  que pudieran estar ubicadas en los inexplorados territorios  de la costa septentrional de Suramérica, conocida  para ese entonces como “Tierra Firme”. En el presente estudio, daremos una rápida mirada a las aventuras de los primeros  europeos “buscadores de oro”, en la región centro norte costera de la naciente Provincia de Venezuela, donde geopolíticamente están enclavadas las subregiones del Tuy y la del Orituco, refiriéndonos muy especialmente  al territorio que hoy ocupa el Parque Nacional Guatopo, como lo veremos más delante.

Cuenca del Caribe.Cuenca del Caribe. FUENTE: Elaborado por el autor en base al análisis documental consultado.

ANTECEDENTES:

     La incorporación de las “Indias Occidentales” a la Real Corona de Castilla fue proclamada por Carlos V, en 1519: “Por donación de la Santa Sede Apostólica y otros legítimos títulos somos Señor de las Indias Occidentales, Islas y Tierra Firma del Mar Océano, descubiertas y por descubrir; y están incorporadas en nuestra Real Corona de Castilla” [Recopilación de las Leyes de Indias (1680): Libro III, Ley I].  El Rey “Carlos I de España” (1516 -1556), fue el primero que unió en su persona las coronas de Castilla, Aragón y Navarra, ostentando luego en 1520, el titulo de Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como “Carlos V de Alemania”, y se le apodó “El César Carlos”. 

Detalle de Carlos V y su escudo de armasDetalle de Carlos V  y su escudo de armas.

     El Emperador Carlos V mediante una “Capitulación” firmada en  Madrid el 27 de marzo de 1528, arrienda temporalmente la Provincia de Venezuela a los Welser o Belzares, familia de banqueros alemanes de Augsburgo, con los que el Rey había contraído fuertes deudas. En pago, les fue concedido un contrato para conquistar y colonizar el territorio de la costa noroccidental de al actual Venezuela, que se conocería como el “País de los Welser” (que los alemanes denominaron “Klein-Venedig”: Pequeña Venecia), convirtiéndose en una de las primeras gobernaciones alemanas en América. Quedaba así constituida la Provincia de Venezuela, cuyo límite occidental estaba situado en el Cabo de la Vela en la península de la Guajira, y por el Oriente hasta Maracapana (Cerca de la hoy Barcelona), […] “con todas las islas que están la dicha costa, ecebtadas las que están encomendadas y tiene a su cargo el factor Juan de Ampíes”…

Provincia de Venezuela (1528)

     Coincidiendo con la llegada a Santa Ana de Coro (24 de febrero de 1529), de la expedición conquistadora, que había partido desde La Española, comandada por el alemán Ambrosio Alfinger (en alemán Ambrosius Ehinger), es cuando se da inicio formal a la desenfrenada búsqueda del preciado mineral de oro en todo el territorio de la recién creada Provincia de Venezuela (1528). Recayó sobre Alfinger el honor de ser su primer Gobernador, en representación de Los Welser o Belzares. Desde un principio quedo muy claro, que la motivación de los Welser y por lo tanto de Alfinger no era otra que la de comerciar y reunir riquezas. En las crónicas de dicha conquista, se nos presenta al gobernador Ambrosio Alfinger como un encarnizado depredador de los aborígenes del Nuevo Mundo, caracterizándose por una violencia desmesurada en su contra, y a quienes arrebataba sus prendas y amuletos de oro, llegando eventualmente a reunir  por esta vía, un botín con un valor estimado en 90.000 pesos de oro. Como no logró descubrir ninguna mina en su gobernación, decide apelar a una rápida fuente de ingresos, dando inicio a la horrenda “cacería humana” de los aborígenes, apresándolos  para luego venderlos como “esclavos” en la isla antillana de La Española, donde serían sometidos a trabajo forzoso en las minas de oro que los españoles explotaban en el Valle del Cibao y en otras regiones.

Viajes de los Welser, detalle de Theodor de BryViajes de los Welser, detalle de Theodor de Bry.

     En esa isla, la población indígena precolombina había sido diezmada brutalmente a consecuencia de la opresión, el trabajo forzoso, el hambre, las enfermedades y asesinatos en masa, de tal forma que de los 400,000 indios “taínos” que originalmente habitaban la isla en 1492, tan solo existían alrededor de 50.000 para 1508, y  para 1535, sólo 6.000 estaban vivos. En consecuencia, la demanda de mano de obra esclava para la explotación de dichas minas, despertó la codicia de los Gobernadores alemanes de la Provincia de Venezuela, quienes progresivamente transformaron a Santa Ana de Coro en el principal centro de acopio de esclavos indígenas, los que luego serían vendidos a mercaderes esclavistas de La Española y San Juan (Puerto Rico), configurando la mayor escalada en el exterminio de la población nativa.

    Entre 1529-1556, los gobernadores alemanes organizaron innumerables expediciones en busca del preciado mineral. Partiendo desde Santa Ana de Coro, se internaron por el Occidente, Sur y Oriente de la provincia, desde donde trajeron oro arrebatado a los indígenas, pero en ningún caso dejaron registro de las localidades, ni de los yacimientos auríferos de donde procedía este mineral. Sin embargo, años más tarde,  se consiguió algo de oro en la zona de Barquisimeto, El Tocuyo, Valencia y el puerto de Borburata. Pero no es hasta la década de 1560, cuando se difundió la noticia de minas del codiciado metal, en el territorio ocupado por la etnia de los aguerridos indios Caracas, en la región centro-norte-costera de la Provincia de Venezuela, como veremos más delante.

Grabado de Theodor de Bry.Grabado de Theodor de Bry.

     Con el fin de regularizar la extracción de minerales preciosos en todas las colonias hispanas en América, el Rey Don Felipe II mediante la Ordenanza de Valladolid del 10 de enero de 1559, establece de modo expreso y solemne la incorporación a la Corona de todas las minas de oro, plata y azogue existentes en Tierra Firme de las Indias del Mar Océano, así: “Primeramente reducimos, resumimos e incorporamos en Nos y en nuestra Corona y Patrimonio todos los mineros de oro y plata y azogue, de estos, nuestros Reinos, en cualquier partes y lugares que sean y se hallen, Realengos, o de Señorío o Abadengo, agora sea en lo público, consejil o en heredamientos y partes y suelos de particulares” (Capítulo I. Ley 4a, Título I, Libro 6).[ Amorer, E.:1991]

La explotación de las minas:

     La empresa conquistadora de Tierra Firme se caracterizó por ser un proceso donde el conquistador español sometía por la fuerza de las armas a los naturales y los “reducía” a una oprobiosa esclavitud. Desde un comienzo los nativos fueron violentamente presionados para que revelaran la procedencia del oro de sus adornos, y se procedió al saqueo para hacerse con el metal precioso (los llamados “RESCATES”). A través de la licencia que otorgó su majestad católica la reina Isabel en el año 1503 para “reducir” a los indios caribes, se dio autorización abierta para cazar (“cacería humana”) con la espada y el arcabuz a cuantos indios quisieran los ambiciosos esclavistas; a quienes les importaba muy poco la filiación de los cautivos, puesto que para ellos todo indio era caníbal, es decir, antropófago.  Esto se convirtió en la acusación para justificar el exterminio, y de esta forma inhumana fueron asesinados miles de indígenas a manos de los mercaderes esclavistas.

     Gonzalo Fernández de Oviedo (1478-1557), conocido historiador y cronista, autor de la  “Historia general y natural de las Indias, islas y Tierra Firme del mar Océano” (1535), en sus páginas nos muestra una concisa visión de cómo el oro se transformó en argumento incitador para la conquista y los descubrimientos. Viajó a las Indias en 1513 con la expedición de Pedrarias Dávila, gobernador de Castilla del Oro (territorio que comprendía los actuales países de Nicaragua, Costa Rica, Panamá y la parte norte de Colombia). Desde la óptica de un minucioso observador de la naturaleza y las costumbres del Nuevo Mundo, se reveló como un firme defensor de los conquistadores y un encarnizado enemigo de los indígenas: “Esta particularidad de minas es cosa mucho para notar, y puedo yo hablar en ellas mejor que otro, porque hace doce años que en la Tierra Firme sirvo de veedor de las fundiciones de oro y de veedor de minas (en Castilla del Oro), al católico rey don Fernando, que en gloria está, y a vuestra majestad, y de esta causa he visto muy bien cómo se saca el oro y se labran las minas… y he hecho sacar oro para mí con mis indios y esclavos” …  “Estas minas de sabana o halladas en tierra siempre han de buscarse cerca de un río o arroyo o quebrada de agua o balsa o fuente, donde se pueda labrar oro, y ponen ciertos indios a cavar la tierra, que llaman escopetar; y cavada hinchan  bateas de tierra,  y otros indios tienen cargo de llevar las dichas bateas hasta donde está el agua donde se ha de lavar esta tierra” “y hace de notar que para un par de indios que lavan son menester dos personas que sirvan de tierra a cada uno de ellos, y dos otros que escopeten y rompan y caven, e hinchan las dichas bateas de servicio, porque así se llaman, de servicio, las bateas en que se lleva tierra hasta los lavadores… De manera que una batea es, a lo menos en todo lo que es dicho, cinco personas ordinariamente”. [FERNÁNDEZ DE OVIEDO, Gonzalo (1535): Sevilla, España].

Grabados de Theodor de Bry Grabados de Theodor de Bry.

     Consecuencias Fatales: Ante esa inhumana actuación de los conquistadores hispanos en las Indias, el padre Bartolomé de las Casas, abogaba ante la Corona de España, para que se tomaran las medidas necesarias y así lograr extirpar y  remediar tantos males, tantas maldades y traiciones…  “La causa por que han muerto y destruido tantas y tales e tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días e subir a estados muy altos e sin proporción de sus personas…”. Así lo denunciaba el padre Bartolomé de Las Casas en su obra  “Brevísima relación de la destrucción de Indias” (Sevilla 1552), al mismo tiempo que comparaba la explotación de perlas en la isla de Cubagua, con la explotación de minas de oro en Tierra Firme: “La tiranía que los españoles ejercitan contra los indios en el sacar o pescar de las perlas es una de las crueles y condenadas cosas que pueden ser en el mundo; no hay vida infernal y desesperada en este siglo que se le pueda comparar, aunque la de sacar oro en las minas sea en su género gravísima y pésima”. [Las Casas, Bartolomé de: 1552] 

Producción de Oro en Venezuela – Siglos: XVI – XVII

     El investigador Earl J. Hamilton, en su obra «El tesoro americano y la Revolución de los precios en España, 1501–1659», publicada inicialmente en 1934,  describe que en los siglos XVI y XVII, desde 1503 y durante los 160 años siguientes, arribaron a España, al puerto de San Lúcar de Barrameda, 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata (1503 y 1660), desde la América colonial. [Hamilton, Earl J. (1934): 1975].

     En la Provincia de Venezuela, la producción de oro de fue relativamente baja si lo comparamos con las otras colonias en las Indias Occidentales. Es solamente a mediados del siglo XVI con el  descubrimiento de las minas de oro de San Felipe de Buria (hoy en el Estado Yaracuy), cuando se inicia formalmente la extracción de oro en territorio venezolano, proporcionando la primera base firme para el desarrollo de la Colonia. “En 1551, Damián del Barrio, a la orden de Juan de Villegas, descubrió las minas de Buría”… [Memoria de la Dirección General de Estadística del Ministerio de Fomento de 1873].

     Aunque de escaso rendimiento, ese descubrimiento originó la fundación de la ciudad de Nueva Segovia, hoy Barquisimeto (1552), y otras villas como Valencia y Borburata. Ese mismo año, el Gobernador Juan de Villegas descubrió otra veta de oro en el sitio de San Pedro, así como también se menciona haber encontrado muestras de oro en la Quebrada de Cocorote. Tanto la mina de Buría como la de San Pedro fueron objeto de explotación por corto tiempo y luego fueron abandonadas a causa de la hostilidad de los indígenas y finalmente por el agotamiento de los yacimientos. En la misma época, hacia la segunda mitad del siglo XVI, se consiguió algo de oro en la zona de El Tocuyo, Valencia y el puerto de Borburata. Pero no es hasta la década de 1560, cuando se difundió la noticia de minas del codiciado metal, en el territorio ocupado por la etnia de los aguerridos indios Caracas, en la región centro-norte-costera de la Provincia de Venezuela. [LÓPEZ, Víctor M.: 1981].

Santiago de León de Caracas (1567)

     En 1560, el mestizo capitán Francisco Fajardo (1530 -1564) descubre una mina de oro en el territorio de los indios Teques, como resultado de una serie de viajes exploratorios que desde su isla natal Margarita, lo llevan a descubrir el codiciado valle del río Guaire, al cual bautizó “Valle de San Francisco”, futuro asiento de la ciudad de Santiago de León de Caracas. Como producto de su insistencia y tenacidad, descubre las minas en los predios de los indios Teques, en el sector “altos de las Lagunetas”, enviando a la ciudad de Santa Ana de Coro algunas muestras del mineral al Gobernador y Capitán  General de la Provincia de Venezuela, Don Pablo Collado. Craso error, puesto que le costara la envidia general de todos los conquistadores españoles y del propio Gobernador,  quien le revocó los títulos y poderes previamente concedidos, nombrando para sustituirle en la prosecución de  dicha conquista  a Pedro Miranda, quien una vez obtenido algunas muestras de oro de las minas descubiertas por Fajado en el sitio de las Lagunetas, se dirige a El Collado (futura Caraballeda), donde lo apresa y lo remite al puerto de Borburata y de allí al Tocuyo, donde el Gobernador Collado lo deja en libertad, y para enmendar los maltratos que había sufrido, le nombra Justicia Mayor de la Villa de El Collado, a donde retorna muy descontento.

     Convencido el gobernador Collado de la importancia de la provincia de Caracas por la relación que le hizo Pedro de Miranda de la riqueza de sus minas de oro, de la salubridad de sus tierras, y del gran número de indios que la poblaban, decide enviar (1561), al prestigioso capitán Juan Rodríguez Suárez para que prosiguiese con la conquista y poblamiento del valle de San Francisco, recomendándole muy especialmente que estableciese la explotación del “real de minas” descubierto por Fajardo (cerca de Carrizal, Miranda) en territorio de los aguerridos indios Teques. El valeroso cacique Guaicaipuro en alianza con los demás caciques de la región costera (incluyendo entre ellos a los más poderosos: Catia, Guaimacuare, Guaicamacuto y Naiguatá; mientras que Pariata, Curucutí, Guaracarumbo, Maiquetía, Guarauguta, Carapaica, entre otros, tendrían menos territorio, menos hombres y, por lo tanto, menos poder)  trató de impedir la penetración de los españoles y la explotación de las minas de oro. Rodríguez Suárez se alía con el capitán Francisco Fajardo y vence al Cacique de los Teques en las batallas de San Pedro y La Quebrada. Pero finalmente, Guaicaipuro y su aliado Paramaconi lo vencen y le dan muerte (1561), en el sitio de Las Lagunetas (Estado Miranda). Guaicaipuro se convirtió en la figura principal y central en la sublevación de todas las tribus nativas de la provincia de Caracas, y logra unirlas a todas bajo su mando.

     Los intentos por conquistar el valle de los indios Caracas (Valle del Miedo, como también se le conoció), se estrellaron por muchos años ante la fuerte resistencia de los aborígenes. Es tan solo a mediados del año 1567, cuando el capitán Diego de Losada, por encomienda del gobernador de la provincia, Pedro Ponce de León (Período: 1566-1569), acomete cautelosamente la conquista y pacificación del valle caraqueño. Logra (re)fundar la ciudad de Santiago de León de Caracas el 25 de julio de 1567, el día de Santiago, en el mismo sitio donde inicialmente Francisco Fajardo había fundado el “pueblo” de San Francisco (1560), y posteriormente Juan Rodríguez Suárez la “Villa de San Francisco” (1561). Después de la muerte de Losada (Borburata, 1569), algunos conquistadores (Garci González de Silva entre otros) continuaron la explotación del “real de minas” descubierto por Fajardo. En 1575 el capitán español Gabriel (o Gustavo) de Ávila encontró de nuevo la mina y la llamó “Nuestra Señora”, pero a los pocos años la misma fue “abandonada y olvidada” (hacia 1580).

Río Guárico: Minas de San Juan; Morros de Tucurapana (1579)

     La búsqueda incansable de afloramientos auríferos por parte de los conquistadores españoles, continuó febrilmente en toda la región centro-costera de la Provincia. Avivan las esperanzas de   obtener oro, los cateos y el establecimiento de un “Real de minas” que hiciera el célebre capitán Garci González de Silva en 1579 a las riberas del río Guárico.  […] el Real de minas de San Juan, que el dicho Garci González pobló cuando descubrió las dichas minas. … en comarca y vertientes del dicho río Guárico.  ….que está en las juntas que hazen este dicho río de Guárico y el del Pao… que es donde el dicho Capitán Garci González tuvo alojada su jente cuando fue a la conquista de los Cumanagotos… ubicadas en las proximidades del… “Morro e Peñoles que los cristianos llamamos los Morros del Guárico” (Tucurapana de los indígenas caribes). [Archivo General de Indias. Santo Domingo 207. Traslados Academia Nacional de la Historia. Nº  109- V- II; p.  367]

Real de Minas de San Juan.Real de Minas de San Juan, FUENTE: Elaborado por el autor en base al análisis documental consultado.

     Esa famosa expedición al oriente, comandada por el capitán González de Silva, estaba  destinada a la conquista de la indómita provincia de los Cumanagotos. Siguiendo el mandato del Gobernador Juan de Pimentel, la expedición salió de Santiago de León el 06 de abril de 1579, con rumbo a los valles de Aragua, para luego continuar por la antigua “ruta   de los llanos”, siguiendo el cauce del Guárico, marchando luego paralelamente al piedemonte meridional de la Serranía del Interior, hasta llegar a la costa donde desemboca el rio Unare al Mar Caribe. Había partido con 130 soldados españoles, González de Silva decidió tomar ese camino,… “huyendo de que los Cumanagotos tuviesen noticia de su entrada, dejó la vereda de la costa que era la más conocida, y formando un  medio circulo para los valles de Aragua, atravesó por los llanos”… [Oviedo y Baños, José de (1992) p. 302]. Necesariamente, González da Silva y su gente debió cruzar el valle del Orituco, pero lamentablemente no quedó referencia alguna al respecto.

Fundación de San Juan de la Paz (1584) y San Sebastián de los Reyes (1585)

     Teniendo como objetivo fundamental asegurar una comunicación permanente con la región oriental (Cumaná), y establecer el control y dominio de la comarca al Sur de Caracas, el Gobernador Don Luís de Rojas, decide comisionar al capitán Sebastián Díaz de Alfaro para la “pacificación y conquista” de las  naciones de indios de la zona sur de la capital.

     Al Sur de Santiago de León, sólo se conocía el valle de Salamanca (Valles del Tuy Medio). Sin embargo, más allá de la serranía del Interior, (límite hidrográfico entre las cuencas del mar Caribe y la del río Orinoco), quedaba inexplorada la inmensa  y desconocida región de los llanos centrales, que se alargaba al Sur hasta las riberas del Orinoco (Uyapari).

Distribución de la población aborigen antes de la Conquista

Distribución de la población aborigen antes de la Conquista. FUENTE: Elaboración del autor en base al análisis documental consultado.

     El Gobernador Don Luís de Rojas le participo al Rey su determinación, en una carta fechada en Santiago de León el 27 de octubre de 1584: “He despachado al Capitán Sebastián Díaz con sesenta hombres bien aderezados, a procurar que busque sitio cómodo en donde poder hacer un pueblo, de suerte que se pueda comunicar el pueblo de Cumaná con éste, de donde se pueda proveer de las comidas necesarias de maíz y carne; es hombre que se halló en poblar esta ciudad y tiene experiencia de todo” [Archivo General de Indias. Santo Domingo, 193. Ramo1. Traslados Academia Nacional de la Historia. Tomo 132. vit. 2, p 128]

     El Capitán Díaz de Alfaro y sus expedicionarios arribaron a las “Sabanetas de Ocumare”, donde establecieron una ranchería en un estratégico sitio a la margen derecha del río Tuy, donde muy posteriormente se asentará la actual población de Ocumare del Tuy. El 17 de octubre de ese mismo año, partieron a la conquista “pacifica” de las provincias de los Quiriquires, Tomusas y Aruacos. Continuaron su expedición siguiendo el curso del río Tuy, aguas abajo, y conforme al relato del Escribano de la expedición Alonso García de Pineda, el Capitán Díaz Alfaro “corrió las dichas provincias y las apuntó, y en las riberas del río que llaman Tuy pobló una ciudad, a la cual puso por nombre San Juan de la Paz”. [Archivo General de India. Escribanía de Cámara. Legajo 658-A. Ramo 4. Pieza Primera, f. 33] 

“El Capitán Díaz de Alfaro fundó en las orillas del río Tuy (cuatro leguas más abajo de donde junta sus aguas con el Guaire) la ciudad de San Juan de la Paz”. [Oviedo y Baños, José: 1992].

Ubicación de San Juan de la Paz.Ubicación de San Juan de la Paz. FUENTE: Elaboración del autor en base al análisis documental consultado.

     El sitio exacto de su primitiva ubicación no ha podido ser determinado hasta ahora, solamente se tiene referencia de que fue fundada a las orillas del Tuy, como lo afirma el cronista Oviedo y Baños (en su obra escrita en 1705 y publicada inicialmente en 1723).

     Recordemos que, como ya se mencionó anteriormente, la expedición salió de las “Sabanetas de Ocumare” el 17 de octubre de ese año, siguiendo el cauce del Tuy, el cual después de recibir las aguas del río Guaire por su margen izquierda, entra en una especie de estrechura montañosa donde se acaban los Valles del Tuy y se abren los de Barlovento, justo en el territorio dominado por los indios Tomusas, que para esa época vivían dispersos en las selvas barloventeñas y en las intrincadas montañas del tramo oriental de la Serranía del Interior. Respecto al asiento original de San Juan, afirma el investigador Castillo Lara: las cuatro leguas señaladas por Oviedo estarían  cerca del actual sitio de Aragüita. Es posible, incluso, que la ubicación fuera un poco más abajo, siempre a las riberas del Tuy. [Castillo Lara, Lucas (1984): Tomo I; pp.32- 33].

     De la misma opinión es el autor Telasco MacPherson, en su obra publicada en 1891: “probablemente en el sitio que hoy ocupa Aragüita fue fundado el pueblo de San Juan de la Paz por Sebastián Díaz Alfaro, a orillas del río Tuy y en sus inmediaciones se descubrieron las minas auríferas que enriquecieron a San Juan”.

      “[…] Su Merced pobló en nombre de Su Majestad en la dicha ribera del Tuy, Provincia de los Tomusas, una ciudad a la cual puso “San Juan de la Paz” […] [Acta de la Fundación de San Sebastián de los Reyes (Copia expedida el 07-08-1762): Archivo General de la Nación. Diversos. Tomo XXXVI, Años 1762 a 1764, Nº 10. ff. 163 a 175].

     La fecha de su fundación no ha quedado explícitamente fijada en los documentos conocidos hasta ahora, pero teniendo la certeza de que la expedición había salido de las Sabanetas de Ocumare el 17 de octubre de ese mismo año, el investigador Castillo Lara, propone, que dicha fundación podría fijarse para fines de noviembre o principios de diciembre de 1584. [Castillo Lara, Lucas (1984): Tomo I; p. 32]. Una vez elegido el sitio y lugar donde se poblaría la ciudad, se hizo la ceremonia que los Capitanes de Su Majestad solían y acostumbraban hacer, pasando a poblar la ciudad, asignándole unos treinta vecinos, es decir, casi  la mitad de los que llevaba en la expedición. Luego nombró a los Regidores y Alcaldes, y conforme a los poderes y facultades que tenía, distribuyó solares a los vecinos y les repartió las “encomiendas de los naturales” de la comarca.

Detalle viajes de Sebastian Díaz de AlfaroDetalle viajes de Sebastián Díaz de Alfaro en 1585, FUENTE: Elaboración del autor en base al análisis documental consultado.

Las Minas de Apa y Carapa:

     El objetivo primordial de la expedición colonizadora que adelantó  el Capitán Díaz de Alfaro tuvo un claro impulso minero desde sus inicios. La codicia por obtener oro y el afán de lucro siempre presente en todos los conquistadores españoles, convirtió  la “entrada”  a la provincia de los Quiriquires, Aruacos y Tomusas, en una empresa netamente económica. Las expectativas de encontrar oro de aluvión en los lechos de los ríos y quebradas de esa provincia, quedaban avaladas por los descubrimientos previos en el territorio de los Teques, efectuados por Francisco Fajardo en 1560, y el establecimiento de un Real de minas de oro que realizó Garci González de Silva en 1579 en las riberas del curso medio del río Guárico, a nivel de su confluencia con el río Pao. En su afán por encontrar yacimientos auríferos, Díaz de Alfaro se internó en las montañas circunvecinas, por donde algunos indígenas le habían dado noticias de la existencia de oro de aluvión en los lechos de algunos ríos y quebradas de esa intrincada selva aledaña, en donde lo encontraban en forma de pepitas. Así lo declaraba su compañero de expedición Mateo de Laya Mojica, “Habiendo dejada repartida la tierra y naturales de ella en nombre de su Real Majestad,  el dicho Capitán por su propia persona salió a descubrir minas, ocupando algún tiempo en descubrimiento de ellas hasta que las descubrió muy ricas, de las cuales sacó muy gran cantidad de oro, del cual se llevaba en muestra a Su Majestad y su Real Consejo en pedazos de sesenta y de a cien pesos y de ciento cincuenta de oro fino cada uno, los cuales llevó Simón de Bolívar que en nombre de esta ciudad fue a pedir mercedes a Su Majestad, las cuales si hoy se labrasen se sacaría gran cantidad de oro porque prometen gran riqueza” [Archivo General de Indias. Escribanía de Cámara. Legajo 658- A, Ramo 4, f. 38]  

     En las inmediaciones de las quebradas de Apa y Carapa (afluentes del río Tuy), el capitán Díaz de Alfaro descubre las minas del mismo nombre, que dieron mucha fama y renombre a San Juan en sus principios, “pues habiéndose descubierto en su jurisdicción las minas de Apa y Carapa de tan opulenta riqueza, que en los dos meses primeros de su beneficio se sacaron cuarenta mil (40.000) castellanos de oro de veinte y tres quilates”.  [Oviedo y Baños, José de (1992) p. 314].

El Autor tras la pista de las Minas de Apa y Carapa    Foto: El Autor tras la pista de las Minas de Apa y Carapa en la hoya hidrográfica del río Taguaza (Aragüita – Edo. Miranda – Venezuela)

Abandono de San Juan de la Paz y sus minas de oro

     El influjo magnético del fino mineral aurífero descubierto en las inmediaciones de las quebradas de Apa y Carapa, tuvo una efímera duración, y a los pocos meses de iniciarse su laboreo, se detuvo la producción de las minas. Varias razones debieron influir para que el deseo de riqueza fácil y lucro inmediato de los conquistadores europeos, se disipara en tan corto tiempo y dejaran abandonadas tan fructíferas minas, habida cuenta de la registrada producción de oro fino obtenido de las mismas.

     Una de esas versiones es la del cronista José Luís de Cisneros (1764) […] “Se trabajó en un tiempo en la jurisdicción de San Sebastián de los Reyes, distante de esta ciudad, como veinte y cinco leguas, en dos pequeños cerros, que llaman Apa y Carapa unas minas, de cuyo metal precioso, y de superior calidad, se hizo una custodia, y diferentes alhajas, que aún permanecen en la propia ciudad, cuyo beneficio paró por la desgracia sucedida con los peones trabajadores de aquellas minas, a quien invadieron los indios bárbaros de nación Tomuzos, que haciendo una matanza de todos, pusieron en tal temor a los que fomentaban esta idea, que olvidados de su utilidad, por el miedo de los indios, desistieron de la empresa”. [Cisneros, José Luís de (1764/1981), pp. 79-80]

     Son gente brava y fiera: Las repetidas invasiones de los Tomusos, y las muertes de gente española a manos de esa “gente brava y fiera” fueron las razones fundamentales del abandono de dichas minas. Así lo relataba en una información testifical el renombrado conquistador Alonso Andrea de Ledesma en 1589: “…los indios Quiriquires, Tomusas e Guaiqueríes que son repartimientos encomendados a particulares vecinos de esta ciudad y de San Sebastián de los Reyes, muy cercana  de esta dicha ciudad,  no acuden al llamado de sus encomenderos y están todavía rebeldes, porque son gente brava y fiera, e inhumana, traidores, tales que cada día ofenden a cualquier cristiano que hallan cómodo para acometer, con tanta desvergüenza que no ha veinte días que a este testigo y a otras gentes que consigo tenía sacando oro en las minas de San Sebastián, salieron a ellos hasta setenta indios Tomusas e a traición le acometieron con muchos flechazos, y en la defensa perdió este testigo y le mataron un negro muy hombre e dos indios ladinos, e se comieron al negro asado en barbacoa”… [Archivo General de Indias. Indiferente General 3.088-C. Traslados Academia Nacional de la Historia. Tomo 74. Vitrina 1. p. 143. En: Castillo Lara, Lucas (1984): Tomo I; p. 52]

     Para el cronista José de Oviedo y Baños (1723), las razones fueron otras: “…aquella felicidad fue un relámpago que se apagó cuando empezaba a lucir, porque reconociéndose después ser el temperamento muy enfermo, por las muchas humedades del terreno… a que se añadía ser tan frecuentes las aguas, que solía pasarse un mes entero sin ver el sol, en un continuo llover, se fueron desabriendo los vecinos; y anteponiendo la salud a las conveniencias que pudieran adquirir en la labor de las minas, la fueron desamparando con tal prisa, que antes de los dos años quedó del todo despoblada, perdiéndose con el transcurso del tiempo hasta la memoria del paraje donde se sacaba el oro”.   [Oviedo y Baños, José de (1992) p. 314].

     También Telasco Mac Pherson (1891), en su obra ya mencionada, afirmaba que, “Cerca de estos morros están las minas abandonadas en las cabeceras del río Arenilla, entre Apa y Carapa […] que debido al rigor del clima y por las fiebres que afectaron a los mineros fueron abandonadas”.[Mac Pherson, Telasco: 1891]

     A este respecto opina el Dr. Rodrigo Infante, médico sanitarista y escritor orituqueño: “Es posible, digo, que la hipertermia que derrotó a los trabajadores de las minas hubiera sido fiebre amarilla selvática o con menos probabilidad, paludismo”. [En: López Garcés, Carlos: 1998]

     El investigador aragüeño Castillo Lara, concluye: “la causa de este abandono debió ser lo malsano de del sitio, las enfermedades, lo fragoso del lugar, la selva, lo inhóspito del clima y también el acechante peligro de unos indígenas enemistosos”. Al mismo tiempo nos refiere que, una vez descubiertas las minas por el Capitán Díaz de Alfaro, y estando presente en las mismas, sufrió una enfermedad de calenturas, tal y como lo relataba el Escribano Alonso García Pineda: “Estando el dicho Capitán Sebastián Díaz de Alfaro en la dicha quebrada de Apa personalmente, le dio cierta enfermedad de calentura que le fue fuerza desampararlo por no perder la vida, con respecto de ser tierra fragosa de montañas y enferma, y se vino a esta ciudad”. [Archivo General de Indias. Escribanía de Cámara. Legajo 658-A. Ramo 4. f. 33]- En: Castillo Lara, Lucas (1984): Tomo I; p. 50; Castillo Lara, Lucas (1977): Vol. 128; p. 297] 

Ciudad del Oro en OritucoCiudad del Oro en Orituco: San Sebastián de los Reyes (1585). Fuente: Elaboración del autor según datos de la obra de Adolfo A. Machado (1961).

La Ciudad del Oro en Orituco: San Sebastián De Los Reyes (1585)

     Don Adolfo A. Machado (FN: 01-09-1855;  : 01-07-1903) en su obra “Apuntaciones para la Historia” de Altagracia de Orituco, su pueblo natal, escrita entre 1875 y 1899, al referirse a los orígenes de la ciudad de San Sebastián de los Reyes (1585)  afirma apasionadamente que era la “Ciudad del Oro en Orituco” alegando dos razones para justificar esa célebre frase. Primeramente porque era el primer pueblo levantado por los conquistadores españoles en suelo orituqueño, y  porque además …”No por simple placer andarín ni por la gloria de ser fundador de pueblos, vino Díaz Alfaro a levantar en tierra orituqueña el primitivo San Sebastián de los Reyes, … sino atraído por los trabajos preliminares de explotación de las minas de oro del capitán José Silva, en el abra de la Quebrada de Mota, la cual tiene su nacimiento en el Cerro El Diamante; y las minas de oro descubiertas por Chacón a la margen derecha de la Quebrada las  Minas o de Apamate, al noreste de Altagracia de Orituco”(En los predios del actual Monumento Natural “Morros de Macaira”).

     Machado supone que la explotación de las minas descubiertas tanto por el capitán José Silva, como por el capitán Chacón debió realizarse en “tiempos anteriores” incluso a los descubrimientos de las minas de Apa y Carapa en la selva circunvecina a la ciudad ribereña del Tuy, San Juan de la Paz (1584).

     En apoyo a la hipotesis de Machado, pudieramos argumentar, que el capitán Sebastián Díaz de Alfaro, una vez asentada la incipiente ciudad, “unas cuatro leguas más abajo de la desembocadura del Guaire en el Tuy” (en las inmediaciones de la actual población de Aragüita); se interna personalmente en la selva circunvecina y descubre las célebres minas de Apa y Carapa. Esto debió ocurrir en los días finales del año 1584; y a pesar de los fructíferos rendimientos de dichas minas, el capitán fundador ordena y organiza rápidamente la continuación de su plan colonizador, retornando con parte de su gente hasta las Sabanetas de Ocumare, desde donde sin muchos titubeos se enrumba muy acertadamente por el abra del río Lagartijo, aguas arriba, trasmontando la Fila Maestra, para caer al valle de Buena Vista o de Curabe, “un pequeño valle como de un kilómetro cuadrado, en la desembocadura de una quebrada (Curabe) en la de Quere, tributaria del río Memo”; lugar seleccionado para fundar el primitivo San Sebastián de los Reyes el seis de enero de mil quinientos ochenta y cinco (06-01-1585)  (Machado, A: 1961, p 20). La precisa orientación y movilización de Díaz Alfaro y su gente en aquellas agrestes montañas, denotan un reconocimiento previo de la zona por parte de exploradores españoles, así como el descubrimiento de yacimientos auríferos en el Orituco realizado con anterioridad a la fundación de San Juan de la Paz (finales de 1584), por los ya nombrados capitanes Silva y Chacón; tal y como lo sugiere el historiador del Orituco Don Adolfo Machado, quien no duda ni un momento de la existencia de oro de aluvión en remotos tiempos, antes de la fundación de los pueblos del Orituco.

Monumento natural Morros de MacairaMonumento natural Morros de Macaira.

CONCLUSIÓNES:

     La búsqueda de afloramientos auríferos, se transformó en argumento incitador para la rápida conquista y colonización tanto de los valles del río Tuy como los del Orituco, utilizando la mano de obra esclava indígena, sometida por la fuerza de las armas de los conquistadores españoles, para que con su penoso trabajo abriera caminos, zapas y socavones, dispersos  por todas aquellas agrestes montañas y por los cauces de las quebradas, arroyos y ríos en una búsqueda frenética del preciado mineral de oro. El influjo magnético del fino mineral aurífero descubierto en las inmediaciones de las quebradas de Apa y Carapa (afluentes del Tuy), y de las minas de Silva y Chacón en el Valle del Orituco tuvo una efímera duración. La resistencia de las tribus Quiriquires y los Tomusas (dueños ancestrales del Tuy), condujeron al fracaso la aventura conquistadora y la explotación del oro de Apa y Carapa, obstaculizando el sostenimiento de San Juan de la Paz, el cual fue asaltado y asediado por los fieros guerreros caribes, provocando el abandono de la ciudad, por lo que muchos de sus vecinos retornaron a Santiago de León y algunos otros se unieron a los pobladores de San Sebastián en su primitivo asiento de Curabe (1585). Ante estas nuevas circunstancias, los conquistadores españoles enfocan su esfuerzo colonizador en el establecimiento de hatos de ganado vacuno. Cabe destacar, que a pesar del descubrimiento del fértil y boscoso valle del Orituco, con sus corrientes de agua cristalina de curso permanente durante todo el año, los nuevos colonizadores del valle no llegaron con la intención de cultivar la tierra. De allí que casi desde el principio, la cría de ganado se convirtió en la principal fuente de vida para la ciudad, la principal fuente de producción, a pesar de la promisoria perspectiva agrícola que les ofrecía los valles y vegas del río y sus afluentes.

REFERENCIAS

Acta de la Fundación de San Sebastián de los Reyes (1585): Copia expedida el 04-03- 1738; localizada y publicada por el investigador Lucas Guillermo Castillo Lara (1984) en el Archivo del Registro Principal del Distrito Federal, Cajas  Negras y Papeles Sueltos. Actualmente en el Archivo de la Casa Natal del Libertador.

Acta de la Fundación de San Sebastián de los Reyes: (Copia expedida el 07-08-1762): Archivo General de la Nación. Diversos. Tomo XXXVI, Años 1762 a 1764, Nº 10. ff. 163 a 175.

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Fernández de Oviedo, Gonzalo (1535) Historia general y natural de las Indias, islas y Tierra Firme del mar Océano; Sevilla, 1535.

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Las Casas, Bartolomé de [1552](1992) Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Edición de I. Pérez Fernández. Madrid: Editorial Tecnos, 1992.

López Garcés, Carlos A. (1998) Altagracia de Orituco: un topónimo y un gentilicio. Altagracia de Orituco, Estado Guárico: Edición del Concejo Municipal José Tadeo Monagas.

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Mac Pherson, Telasco A. (1973) Diccionario histórico, geográfico, estadístico y biográfico del Estado Miranda [1891]. Los Teques, Gobernación del Estado Miranda, edición facsimilar.

Machado, Adolfo (1961) Apuntaciones para la Historia de Altagracia de Orituco. Madrid, Publicaciones Amexco.

Oviedo y Baños, José de (1992) [1723] Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela. Caracas; Biblioteca Ayacucho, ISBN: 9802762148, 9789802762149; Vol. 175. . (Escrita en 1705 y Publicada en España en 1723)

Pino Iturrieta, Elías (2006) Historia global de Venezuela. Caracas; Editorial Globe C.A., ISBN 9806427130.

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SANTA LUCÍA NACIÓ HACE 389 AÑOS EN LAS MONTAÑAS DE TURGUA

Por: Juan M. Carrasco D.

     Han pasado ya 389 años desde que la primera comunidad que llevó el patronato de Santa Lucía en estas tierras, desde las montañas de Turgua en El Hatillo hasta las riberas del Río Guaire en su curso hacia el caudaloso Tuy, se instaló como una encomienda de indios mariches, teques, caracas y otros pueblos indígenas de otras latitudes de Venezuela. Era el 23 de enero del año 1621, ya la espada y la cruz habían hecho lo que la “España Imperial” requería se hiciera en estas tierras vírgenes: conquistar y adoctrinar en la Fe cristiana. Desde la primigenia Santiago de León de Caracas, los enviados del Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, Don Francisco de La Hoz Berrío, y el Obispo de Caracas, Fray Don Gonzalo de Angulo, se disponían a ejecutar desde finales de 1620 lo ordenado por la Real Cédula del 3 de agosto de ese año, es decir, la creación de un rosario de pueblos a lo largo y ancho de la provincia, utilizando como base la figura de las “encomiendas”, base estructural y social de la mayoría de los pueblos y ciudades en la América Latina.

Templo de Santa Lucia, Foto de Juan Manuel Carrasco, 2010.

     Los ejecutores de esa voluntad real, el Juez Comisario Pedro José Gutiérrez de Lugo y el Vicario de Caracas, Presbítero Gabriel de Mendoza, rodeados de población indígena de las encomiendas que hacían vida en los alrededores de la Caracas colonial, fueron fundando los pueblos de Guatire, Petare, Baruta y Santa Lucía, por nombrar los primeros de esa serie. En el caso de Santa Lucía –al que nos referimos en este artículo-, es, si se quiere, el único pueblo de esa serie que no conserva su ubicación original de fundación, como ya dijimos, realizada el 23 de enero de 1621, en un alto denominado por los pobladores indígenas de la región “Pariaguán”, en tierras del actual municipio El Hatillo, y a la cabecera de la quebrada denominada “Prepo” por los mariches.

     Esa comunidad primigenia permaneció entre las montañas de Turgua desde 1621 hasta 1696, es decir, 75 años. Según investigaciones realizadas por nuestro amigo el Licenciado Álvaro García Castro, en su “Cronología de Santa Lucía 1560 – 1749 – 1821”, junto al inolvidable Padre Mariano Marianchich, para ese año de 1696 se registra el último entierro en Pariaguán, donde existen aún restos de un cementerio, la iglesia y casa parroquial. La pregunta es ¿a dónde se trasladaron estos primeros “luciteños”? ¿por qué razón abandonaron ese primer sitio de fundación?. La primera interrogante nos la contesta el mencionado investigador en su “Cronología”: el 6 de junio de 1700 se menciona una Real Cédula dirigida al Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela de ese año, solicitándole un informe acerca del traslado de los indios de Santa Lucía de Pariaguán al sitio denominado como “Messi”, ubicado al parecer en los actuales Altos Mirandinos.

     Paralelamente, el Presbítero Vicente Núñez Colado, cura para ese entonces de Guarenas, atiende la Ermita de Santa Lucía y Siquire (conocida por los luciteños actuales como “Ermita de Macuto”), aldea conformada posiblemente por indígenas venidos de la primera fundación de Santa Lucía en el sitio de Pariaguán, junto a esclavos de las haciendas circundantes, a orillas del río Guaire y la desembocadura de nuestra quebrada Siquire. ¿Será que nuestros primeros pobladores, en vista de los problemas de insalubridad, excesiva humedad y frío, además de la imposibilidad de las comunicaciones a caballo por falta de caminos seguros y secos, se dividieron en dos grupos que decidieron tomar caminos diferentes para sobrevivir? De hecho, los primeros en abandonar el sitio de Santa Lucía de Pariaguán, los llegados al sitio de “Messi” o “de las Yeguas”, fundaron allí un poblado, que luego sería el San Diego de los Altos que todos conocemos. Una prueba de esta afirmación es que en los archivos parroquiales de esta población reposan los documentos más antiguos que hacen referencia al sitio “de Pariaguán”.

     El otro grupo, reacio a abandonar “el sitio y lugar donde reposan sus ancestros”, es decir, la Santa Lucía de Pariaguán fundada en 1621, hacían ya 79 años atrás, en vista quizás de un brote de enfermedades relacionadas con la excesiva humedad del ambiente selvático y de montaña del lugar, deciden renunciar a sus ancestros y permiten dejarse guiar, río abajo, hasta un lugar que les permita rehacer sus vidas en comunidad y religión. Es allí donde aparece entonces la comunidad alrededor de la “Ermita de Santa Lucía y Siquire” o “de Macuto”, situada a orillas del río Guaire, en una meseta o, como la denominaban los mariches en su lenguaje, “nagua”. Allí, sobre ese lugar, construyeron con piedras del río, barro y caña brava sus chozas y su iglesia: reconstruyeron allí sus vidas.

     Unos 49 años después de re-asentada la población proveniente de la 1era Santa Lucía, y después de convivir sin la guía regular de ningún cura doctrinero, fue apartándose de la formación cristiana. Dos curas enviados a rescatar “a estas almas descarriadas”, el Presbítero Pedro García Castellanos, primero, y Fray Marcos Reyes Cueto, después, darían forma a la sociedad actual de la Santa Lucía que conocemos. El primero decidió, en 1721, elevar la ermita de Santa Lucía y Siquire a nuevo curato. El segundo, más concretamente el verdadero refundador de nuestro pueblo, Padre Reyes Cueto, siendo cura de Guarenas, ya por 1739 comenzó a interesarse por el estado de los habitantes de la 2da fundación de Santa Lucía a orillas del río Guaire, tomando medidas legales para proceder a la reubicación del pequeño poblado. Por esto fue acusado por las autoridades de la época. Finalmente, su compasión y amor a los pobres que habitaban esa aldea de la Ermita de Macuto ganó. El 13 de diciembre de 1749, día de nuestra patrona, es nombrado cura propio de Santa Lucía. Podía ya entonces cumplir su deseo: mudar el pueblo y reordenarlo de mejor manera.

     Sin embargo, los más de 26 hacendados que rodeaban el sitio de la ermita se opusieron a la mudanza del poblado a donde actualmente se encuentra. En 1750 el padre Reyes Cueto escribe su encomiable alegato “Razones por qué hacer pueblo” (sic), con el cual los enfrenta legalmente. Entre el 13 de abril y el 21 de mayo de ese mismo año le son concedidos los permisos para mudar el pueblo y construir una nueva iglesia. El 19 de marzo del año siguiente, en 1751, coloca la primera piedra de la Iglesia de Santa Lucía V. y M., en el sitio de la quebrada Agua Bendita, y el 3 de abril de 1755, en un acto de verdadero desprendimiento, dona todas sus tierras a perpetuidad a los pobladores más desposeídos, quienes de esa manera darían forma al pueblo de Santa Lucía como lo conocemos hoy.

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FUENTE

GARCÍA CASTRO, Álvaro – MARIANCHICH, Fray Mariano. Cronología de Santa Lucía 1560 – 1749 – 1821. Publicación de la Alcaldía de Paz Castillo, 1995

FRANCISCO SILVESTRE ESPEJO

Por: Juan Ramón Ávila.

 Dr. Francisco Silvestre Espejo Caamaño.

     Vio la luz en la primera quincena del mes del abril del año 1758, hijo de Doña Bárbara Caamaño y Bermúdez y de Don Francisco Lorenzo Espejo, según partida de bautismo que reposa en los archivos parroquiales (no especifica el día exacto, pero según la costumbre el bautismo se produjo el 16 de abril y éste se realizaba los primeros días de nacido el niño).

     Su infancia y escuela primaria trascurren en un pueblo con 150 casas y 1500 habitantes entre blancos, negros e indios… Le rodeaban haciendas y sembradíos.  El río Güaire que hoy conocemos era navegable, quebradas como la de Siquire con agua abundante y propicia para la pesca y recreación.

Actividades:

1. Recibió el grado de Bachiller en Leyes en la Universidad Real y Pontificia de Caracas, el 30 de abril de 1.781.

2. En Caracas tuvo relevante actuación como Miembro Fundador del Colegio de Abogados, año 1.787.

3. En el Palacio Federal de Valencia redacta el Decreto Penal para castigar el “Delito de Deserción”.

4. En la ciudad de Caracas es Miembro de la Sociedad Patriótica germen de la Declaración de Independencia, año 1.810.

5. Participa junto a prominentes hombres de las provincias de Venezuela firmando el Acta de Independencia, el 5 de julio de 1.811.

6. En el Palacio Federal de Valencia escribe el “Decreto Penal contra Traidores, Facinerosos y Desafectos a nuestro Gobierno”, el 16 de abril de 1.812.

7. En el palacio Real de La Victoria, redacta “La Ley Marcial”, el 19 de junio de 1.812.

8. En la ciudad de La Victoria levanta “El Acta con motivo de la Capitulación de Miranda”, el 12 de julio de 1.812.

9. El Dr. Francisco Espejo es Miembro del Segundo Triunvirato, junto a Baltasar Padrón y Cristóbal Mendoza, que rige los destinos de la Segunda República, es su Primer Presidente en turno, año 1.812.

RECUERDOS DEL PUEBLO DE SANTA LUCÍA AL DR. FRANCISCO SILVESTRE ESPEJO CAAMAÑO…

1. LA PLAZOLETA CON SU BUSTO, al final de la calle  Dr. Espejo, frente al Cementerio Viejo.

2. CALLE, denominada DR. FRANCISCO ESPEJO.

3. FARMACIA DR. FRANCISCO ESPEJO, situada en la esquina que ocupaba la casa del Capitán Francisco Lorenzo Espejo, padre del Dr. Francisco Espejo.

4. LAPIDA CONMEMORATIVA, colocada en la pared frontal de la Casa de la Cultura de Santa Lucía, fecha 19 de abril de 1.924.

5. ADAPTACIÓN A LA TELEVISIÓN DE LA VIDA DEL DR. FRANCISCO ESPEJO, a cargo del periodista Félix Díaz Martínez (q.e.p.d.) y ADAPTACIÓN AL TEATRO del periodista y Cronista de la Ciudad Santiago Navas Morales. 

6. DECRETO ACUERDO, del ilustre Concejo Municipal del Distrito Paz Castillo, fecha 10 de julio de 1.968, donde dice: “Decretar el 15 de julio de cada año como fecha memorable que debe ser guardad por toda la colectividad en prueba de admiración y respeto a este glorioso mártir de la República”.  Presidente, Fulgencio Espejo; Secretario, Ramón A. Cañongo.

7. RETRATO DEL ILUSTRE PROCER, colocado en la Casa de la Cultura de Santa Lucía, autor el fallecido pintor Julio Escobar Cortés, 1.976.

8. CREACIÓN DE LA CONDECORACIÓN ORDEN “DR. FRANCISCO ESPEJO”, fecha 14 de Julio de 1.976 a cargo del Concejo Municipal del Distrito Paz Castillo.

Medalla “Orden Dr. Francisco Espejo”

9. INSCRIPCIÓN EN BRONCE, marca la tumba de los padres del Dr. Francisco Espejo, sepultados en el templo Parroquial de Santa Lucía V. y M., fecha 10 de febrero de 1.981.

10. INAUGURACIÓN DEL PLANTEL “GRUPO ESCOLAR DR. FRANCISCO ESPEJO” año 1.956.

11. SEMANA DEL PLANTEL Y SU EPÓNIMO, en el mes de abril de cada año.

12. Estudio sobre la vida de la familia Espejo, a cargo del Padre Mariano Marianchich (o.f.m.) págs. 35 al 63 SANTA LUCÍA DE PARIAGUAN, (1621 – 1981) Un pueblo del Estado Miranda (varios autores), Caracas, 1.982.

Fallecimiento:

Fue preso y fusilado por José Tomas Boves en Valencia el 15 de julio de 1814.

Padre Marcos Reyes Cueto

Compilado Por: Juan M. Carrasco D.

Padre Marcos Reyes Cueto

“Para que edifiques y siembres” fue la base de su labor como refundador 

LUCITEÑOS TIENEN EN EL PADRE MARCOS REYES CUETO

UN EMPRENDEDOR Y BENEFACTOR EJEMPLAR

            Paz Castillo. El pueblo que hoy en día conocemos bajo el nombre -y protección- de Santa Lucía, en los Valles del Tuy, fue el producto de un proceso sucesivo de traslados poblacionales que comenzaron el 23 de enero de 1621 en las inmediaciones de la primitiva ciudad de Santiago de León de Caracas, como parte del sistema de organización social impuesto por la España Imperial, conocido como “encomiendas”.

            Se conocen dos núcleos poblacionales previos al asentamiento actual, el primero ya descrito, comenzado en 1621, y el segundo realizado a finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, en lo que se conoce hoy día como “Zona Histórica de Macuto”: un conjunto de evidencias físicas constructivas y arqueológicas que son los restos de la 2da fundación de Santa Lucía, de principios de 1700, donde se pueden observar las ruinas de una “ermita” rudimentariamente hecha y un cementerio indígena, a orillas del Río Guaire.

            Este segundo asentamiento poblacional se conformó posiblemente -y esas son las hipótesis de los historiadores- con pobladores aborígenes de la antigua encomienda de Santa Lucía, provenientes de las montañas de Turgua (donde se había fundado el pueblo en 1621), los cuales huyeron del primigenio lugar víctimas de plagas, las inclemencias del clima del lugar y el terreno montañoso, desplazándose hasta este valle a través del Río Guaire de entonces.

Padre Marcos Reyes Cueto, refundador

           El lugar actual y el aspecto que aún conserva esta población se deben a la iniciativa de un sacerdote, el Padre Marcos Reyes Cueto, cuyo propósito, desde el momento mismo en que se encargó de esa parroquia a partir de 1749, fue el de transformar el pobre asentamiento a orillas del Río Guaire, en Macuto, desordenadamente distribuido en un lugar insalubre, en un ordenado poblado, digno de tal nombre, con calles rectas, plaza e iglesia, bien dotada y adornada.

            Tal y como lo dice el investigador venezolano Álvaro García Castro, “el esfuerzo que este hombre emprendió, lo llevó a ir más allá de la mudanza y construcción mismas, tareas ya de por sí extraordinarias, para prever el crecimiento de la población, el ingreso de nuevos habitantes y los medios de subsistencia de los mismos y de su iglesia. Al seguir la trayectoria de su vida, podemos reconocer en él una personalidad benigna y serena, pero al mismo tiempo emprendedora, con las mejores cualidades del planificador y administrador ejemplar de recursos”.

          El Padre Reyes Cueto se convierte entonces, desde el 13 de diciembre -fecha de la patrona que da nombre al poblado- del año 1749, en el párroco de esta doctrina de indios, y que gracias a las labores emprendidas por él para su traslado al sitio actual, logra dar un salto desde su condición de “encomienda” a la de “pueblo mixto”, siendo planificado en el más mínimo detalle, desde sus calles, sectores para siembra, donaciones de terrenos ad aeternum para los más desposeídos e iglesia hasta los sistemas de riego para el progreso y feracidad de los cultivos.

            Este sacerdote dedicó toda la mitad de su vida a dejar en esta tierra una “obra de Dios”, muy importante como ejemplo en los tiempos modernos, desde el punto de vista del desprendimiento material y el amor por los más necesitados.

Nacimiento y formación

            No se conoce a ciencia el día de nacimiento del Padre Marcos Reyes Cueto, pero según la “Cronología” de Santa Lucía, compuesta por el historiador García Castro, nació en el año de 1708 (su partida de bautismo, según la manera de la época, sólo indica la fecha de ese acto religioso: 11 de Julio de 1708) en la ciudad de Caracas, de padre español -cordobés- y madre de origen también español, pero nacida en la ciudad de Porlamar, en la actual Nueva Esparta, y poseedora de uno de los apellidos más antiguos de la isla:

“Oy miercoles onse de julio de mil septescentos y ocho yo Santiago de la parra Clerigo Presbytero con lisencia de los señores curas baptizé puse Santo oleo y chrisma y di bendiciones a Marcos Joseph, hijo legitimo de Fran.co de los Reyes y de Maria de Robles y p. q conste lo firmo Ut Supra (Fdo) Santiago de la Parra”

 

(FUENTE: Archivo de la Catedral de Caracas (ACC). Libro 8 de Bautismos, folio 41. Transcripción respetando el castellano de la época)

            De su juventud no se sabe nada, pero se puede inferir, a través de sus propios documentos y sus actuaciones como presbítero, que fue educado dentro de un ambiente de de rectitud y valores cristianos. García Castro señala que “ingresó en el Seminario de Santa Rosa, de Caracas, donde cursó la carrera literaria y se graduó como Bachiller en Filosofía, ordenándose sacerdote. Su título oficial era el de Presbítero y Bachiller”.

            Cueto comienza su ministerio como teniente cura y cura del pueblo de San Sebastián de Los Reyes  (Guárico), luego pasa a la ciudad de San Carlos de Austria (Cojedes) como teniente vicario y juez de diezmos. De allí pasó a la población de Guaiguaza, cerca de Valencia, donde ejerce el curato y capellanía. Desde allí hace oposición para optar al curato del pueblo de indios de Nuestra Señora de Copacabana de Guarenas, cargo al que logra ser promovido en 1736.

Diligencias para refundar el pueblo

            Ya a mediados de 1739, y después de vivir ciertas vicisitudes de orden legal durante su estadía en Guarenas como cura, por defender a los aborígenes de origen mariche de la ocupación ilegal de sus tierras de labranza, estaba fundando una hacienda en las inmediaciones de Santa Lucía, y se interesaba mucho por el estado de los primigenios pobladores de ese poblado.

            Frecuentemente se encarga de Santa Lucía como cura interino, y el 24 de septiembre de 1747 realiza un bautizo “como cura interino deste valle de Santa Lucía”. En 1749 renuncia al curato de Guarenas y solicita le sea conferido el de Santa Lucía, el poblado disperso en lo que conocemos como Alto de Macuto.

            El 13 de diciembre de ese mismo año, día de nuestra patrona, con alegría, recibe la “santa iglesia”, encargándose casi de inmediato en hacer las diligencias necesarias para trasladar el poblado a un nuevo lugar, más apto para el progreso y crecimiento de la ciudad. Promueve a su propia costa la agricultura, a través de sistemas eficientes de riego para los cultivos y una acequia; realiza el trazado de cuadras y calles; impulsa el comercio y el establecimiento de nuevos pobladores; y todo ello con la iglesia parroquial como centro y motorizador de toda su obra.

            Esta es la última refundación de Santa Lucía y la que hoy en día permanece y lucha por seguir adelante la enseña de este sacerdote ejemplar: “para que edifiques y siembres”.

            Reyes Cueto fallece en el año de 1773, a la edad de 65 años, en su hacienda de Las Plazas, que llamó “Santa Águeda”, no sin antes dejar todo dispuesto para que dicha hacienda sirviera de manutención para el templo y pueblo recién fundados. Sus restos descansan en nuestra Iglesia Parroquial, en un tramo de la antigua Capilla de la Caridad, actual Capilla del Santísimo y pasillo de los Santos, al lado derecho del templo que gracias a él vio la luz y dio luces al pueblo que tanto amó.

“Mientras más Pueblos, más ministros, más cárceles, más justicias repartidas. Y si todo esto es el Rey, luego mientras más Pueblos, más crece el Rey y su respeto. ¿Quién le da fama a una provincia? El Comercio. ¿Y el comercio quién lo descubre y facilita? Los Pueblos. Pues haiga Pueblos y tendrá la provincia fama, riqueza y comercio; auges en verdad de su señor y Rey.”

Marcos Reyes Cuetto, 1749

 

BIBLIOGRAFÍA

GARCÍA CASTRO, Álvaro. Cronología de Santa Lucía 1560 – 1749 – 1821. Publicación de la Alcaldía de Paz Castillo, 1995.

GARCÍA CASTRO, Álvaro. El Presbítero y Bachiller Marcos Joseph de los Reyes Cuetto y Robles: refundador, constructor y Benefactor de la población de Santa Lucía, Estado Miranda. Ensayo biográfico. Documento inédito.