Historia regional y local del Valle del Tuy

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Cúa un pueblo con dos Patronas

Por: Manuel Vicente Monasterios.

Santa Rosa de Lima y Nuestra Señora del Rosario.

     La antigua hacienda Marín, ubicada en  los valles del Tuy es el núcleo fundacional de la actual población de Cúa, a finales del siglo XVII la adquiere el canario Don Bernardo Rodríguez del Toro, futuro Marqués del Toro, quien conjuntamente con todos los demás propietarios de las grandes haciendas de cacao, solicitan autorización eclesiástica para fundar una capellanía o curato para la atención de la población de esclavos en la administración de Sacramentos y la Misas, en concordancia con lo dispuesto por la Iglesia Católica.

     El 9 de septiembre de 1673 llega a la ciudad de Caracas Fray Antonio González de Acuña con el nombramiento de Obispo, éste sacerdote nacido en Lima (Perú) es el autor de la primera biografía de Santa Rosa de Lima  y además por mandato del Vaticano le correspondió llevar el juicio sobre la canonización de la santa peruana. Su gobierno eclesiástico de la provincia de Caracas (Venezuela) dura nueve años, hasta el 22 de febrero de 1882 con su fallecimiento. El  fervor del obispo por Santa Rosa se manifiesta promoviendo  en su jurisdicción la devoción por la milagrosa santa peruana. El Real Seminario de Caracas antecedente la la Universidad Central se coloca bajo la protección de Santa Rosa, igualmente se fundan pueblos como Santa Rosa de los Cerritos de las cercanías de Barquisimeto, entre otros.

Imagen de Santa Rosa de Lima.

Don Bernardo Rodríguez del Toro y los hacendados dueños de esclavos quienes tenían que cancelar los estipendios para el mantenimiento del cura, construir capilla, mantenerla con sus ornatos, imágenes y campana con decencia adecuada, solicitan autorización al obispo González de Acuña para que se designe como patrona a Santa Rosa. Es así que la capellanía o curato es denominado en los libros y documentos de la época como Santa Rosa de Marín, la fecha exacta de la fundación hasta ahora no se  tiene, se toma como fecha de fundación o erección el 18 de octubre de 1690 correspondiente a la primera partida del libro más antiguo de su archivo y está firmada por Don Pedro de Salas.

Desde finales del siglo XVII la imagen de la venerada Santa Rosa está unida a Fe de los habitantes de Cúa, primero como Patrona hasta el año 1774, año  en que por disposición del Provisor Eclesiástico Presbítero José Muñoz se escoge como patrona principal a Nuestra Señora del Rosario y como patrona menos principal a Santa Rosa de Lima. Al trasladar el templo a su nueva ubicación, la misma que tiene hoy, la venerada imagen de Santa Rosa quedó en un oratorio de la Hacienda Marín hasta 1914, por disposición del padre Luís Alejandro Yumar fue entregada al cuidado del señor Benigno Díaz, quien promueve su primera sociedad, la cual se instaló en 1921, el párroco era el padre Jesús María Pellín (Monseñor Pellín).Sociedad que sigue vigente hasta hoy.

Santa Rosa representa la fe de un pueblo católico, también está unida a la historia de Cúa, cuya primera denominación fue Santa Rosa de Marín,  la leyenda también se teje alrededor de una imagen que lloró anunciando la tragedia del 6 de abril de 1964, a las 11:58 de la noche, el tanquero Esso Maracaibo, cargado con 296.000 barriles de petróleo se estrelló contra las pilas 21 y 22 del Puente General Rafael Urdaneta, inaugurado dos años antes., ocurrió la tragedia de la caída del puente sobre el lago de Maracaibo.

Cúa celebra la fiesta de su primera patrona durante el mes de agosto y el día  30 sale en la tradicional procesión, de la misma forma como lo ha hecho por más de 300 años.

Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Cúa, estado Miranda, Venezuela.

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UN PUEBLO Y DOS PATRONOS

Por: Fermín Luque Olivo.

     Hace más de trescientos años, la población de Charallave fue fundada por el padre Cirilo de Ontoniente, bajo la advocación de dos patronos: Santa Rosa de Lima y Santo Tomás, con indios libres que poblaban estas inmediaciones, especialmente las que conformaban el núcleo que se asentaba en las estribaciones de la antigua Plaza Vieja, hoy denominada Plaza Páez.

     Los indios Charavares o Charaguares habían llegado a esta zona en el año de 1600 empujados por una larga y prolongada sequía, procedentes del sitio que llamaban Corocoruma o Coruma, donde se había constituido una encomienda.

     En estas estribaciones montañosas permanecieron hasta que se presentaron los colonizadores y misioneros capuchinos, en 1681.

     Allí los encontró el padre Ontoniente, invocando la protección de Santo Tomás y Santa Rosa de Lima, fundó el pueblo anexo al de La Guáyra de Paracotos, hasta el año de 1735; cuando se le agregaron algunos indios pertenecientes a las naciones de los Otomanos, Taparitas y Yaruros, recogidos por los religiosos capuchinos andaluces en los predios de Apure, los depositaron aquí y así permanecieron hasta que en el año de 1745, en que habiéndola renunciado los supra dichos capuchinos, volvió a quedar anexo a La Guayra de Paracotos, del cual fue desmembrado y erigido en distinto Curato y Doctrina por Auto de fecha 11 de octubre de 1762.

     La segunda fundación de Charallave se registró en 1735, por el padre Salvador de Cádiz, pero únicamente lo hizo bajo la advocación de Santa Rosa de Lima; suponemos que debido a su celo y devoción por la Virgen peruana y a la influencia ejercida por el Obispo Antonio López de Acuña; quien antes fuera Superior del Convento de Dominicos de Lima y Promotor de la causa que elevó a Isabel Flores Oliva a los altares de la santidad en América.

     Indudablemente, que debido a la influencia de este prelado floreció la devoción por Santa Rosa de Lima en nuestro país, durante el periodo de su obispado en Caracas, que se prolongó desde 1672 hasta 1682.

     Los pormenores de esta segunda fundación de Charallave, los describe el padre Miguel de Olivares, quien en el Libro Primero del Archivo dejó escrita parte del acta que aún se conserva, y en la que asienta:

“Este pueblo es doctrina de indios tributarios y de ellos únicamente habitado, por cuanto, aunque hay algunos vecinos españoles y de otras castas en su territorio parroquial, viven todos en los campos donde tienen algunas haciendas de cacao, caña dulce y principalmente sementeras de maíz y otros granos”

     Presumimos que la exclusión de Santo Tomás el Apóstol como patrón de Charallave obedeció a una omisión u olvido de aquellos misioneros fatigados, enfermos y desamparados.

     Pero la memoria y devoción por Santo Tomás el Apóstol misionero de Jesús, no murió en Charallave. Su nombre y su figura está íntimamente ligado no sólo a su historia, sino a su espiritualidad ya que una de las leyendas del pueblo se remonta a los tiempos prehispánicos, donde según la tradición quedó impresa su pétrea huella en medio del cauce de la quebrada que mitigó la sed de los Charavares a la altura de “Los Peñones”. Allí está grabada sobre las calendas de los siglos: El Pié de Santo Tomás.

LA SANTA PROTECTORA DE CHARALLAVE

Por: Fermín Luque Olivo.

SANTA ROSA DE LIMA.

   Eran los tiempos de la Guerra Federal. Por el antiguo camino de Coruma y Perro Seco, entre Santa Teresa del Tuy y Charallave, avanza en tropel un grupo guerrillero encabezado por un general de montoneras. En esos días turbulentos, las guerrillas infestaban los caminos del territorio nacional. Por todas partes cundía el torbellino de las rebeliones. Los grupos de bandoleros que asaltan impunemente los pueblos.

     Las improvisadas soldadescas cabalgaban como fugitivos.

  En Barlovento y Valles del Tuy se sublevaban las antiguas esclavitudes. Nuevamente se cierne sobre la patria un ambiente de guerra civil. En Río Chico una insurrección de negros incendió el poblado. Tacarigua, Curiepe, Guatire y Caucagua se transforman en escenarios de asaltos y contiendas.

    Los federales alborotan en Santa Lucía con una serie de revueltas y escándalos. Los esclavos se alzan en Ocumare del Tuy y Cúa, mientras que en Tácata denuncian la presencia de una banda de malhechores que aterroriza a sus humildes moradores.

     Las noticias de los desmanes vuelan de posta en posta.

  Pero la peor parte de esas contiendas las ha sufrido Charallave con los constantes saqueos y reclutas de sus hombres que han dejado a la villa abandonada y desprotegida.

    Sin embargo, su gente lucha y se defiende. Así ha sido siempre desde que se fundó el poblado en 1681; sus habitantes se han caracterizado por el amor al trabajo y permanente devoción a su patrona Santa Rosa de Lima, cuya imagen, una pequeña talla labrada en madera que tan sólo tenía una cuarta de tamaño (veinticinco centímetros), se veneraba en el Altar Mayor de aquella iglesia que levantó el Padre José Antonio Rolo, en la Plaza Vieja, construida de bahareque doble, techo de teja sobre obra limpia con siete tirantes de madera labrada, piso de ladrillos y abiertos corredores en los costados.

     Ese era el templo, donde la gente de este pueblo laborioso, humilde, caritativo y sencillo, rendía culto a su hermosa patrona Santa Rosa de Lima.

     Por el antiguo camino de Coruma y Perro Seco, avanza la diablada del pelotón de rostros siniestros que apenas se divisan en el claroscuro crepuscular tuyero. Lanzas en ristre y machetes al cinto.

    Las carabinas en las monturas y en las ancas de las bestias la estela de los ayes de sus víctimas.

   Jinetes sucios y harapientos con sus manchas de sangre en los aceros. Atrás van dejando las huellas de sus atrocidades, rastros de dolor y muerte, mientras remontan las estribaciones de Caiza y Los Anaucos. Galopan con ansias de caudillos.

    Y al anochecer deciden pernoctar en Gamelotal alrededor de una fogata. Esa noche durante la cena planifican, una vez más, saquear la población de Charallave al despuntar el día.

   Terminada la cena guindaron los “chinchorros” para descansar pensando en el botín de la mañana.

   Pero cuando la mayoría del pelotón dormía, una mano sacudió fuertemente las cabuyeras de la hamaca donde dormía el jefe de los guerrilleros, quien al tratar de levantarse sintió que no tenía fuerzas para hacerlo y vio ante sí erguida una hermosa joven con la cabeza orlada de rosas y el cuerpo cubierto con un manto estampado de flores que le dijo con voz firma y decidida: “No se te ocurra entrar a mi pueblo, con tus planes siniestros. Mejor sigue tu camino o te arrepentirás…” y luego la hermosa mujer desapareció entre el brillo de la noche.

   El jefe guerrillero se había quedado mudo, estupefacto, ante aquella fantástica aparición en la que reconoció a Santa Rosa de Lima, patrona de Charallave, y antes del amanecer, después que se repuso del susto, llamó a sus hombres y emprendió el rumbo sin destino cierto por los caminos de los Valles de Aragua.