Historia regional y local del Valle del Tuy

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Efemérides de los Valles del Tuy (Septiembre)

Por: Iván López.

01/09/1814.- Ese día se inicia un juicio en contra de José María Aguilar y Verde y otros clérigos, Aguilar y Verde aparece registrado en la historia como un cura revolucionario en los Valles del Tuy, por sus acciones a favor de la causa patriótica, ejercidas según acusaciones por su “carácter eclesiástico”, los acusadores directos fueron el Gobernador Político Juan Nepomuceno Quero y el auditor de Guerra Interino, doctor Isidro González, terminando José María Aguilar y Verde y otros curas expulsados de la provincia de Venezuela.

04/09/1930.- Nace en San Francisco de Yare, Francisco Barreto, Primer cronista oficial de su población, su labor investigativa llevada a cabo de manera autodidacta le ha servido para ser hoy el más antiguo cronista oficial activo de los Valles del Tuy (desde principios de la década del 70). Trabajó en la educación sanitaria por más de treinta años. Publicó en 1972 el poemario Mensajes y poemas, así como numerosos folletos y libros de bolsillo sobre la historia de Yare y de sus famosos Diablos Danzantes. Igualmente ha asesorado multitud de libros y enciclopedias sobre la cultura venezolana precisamente en las secciones correspondientes a su pueblo natal. Es también miembro de la Academia de la Historia del Estado Miranda.

Francisco BarretoFrancisco Barreto Cronista de San Francisco d Yare

07/09/1895.- Nace en Cúa, Estado Miranda, Ramón Armando Rodríguez Lugo, Autodidacta, escritor, periodista, traductor, En 1936 constituye con otros coterráneos un comité para la construcción del primer Hospital de la población de Cúa, el cual empezó a funcionar en 1937 con el nombre del ilustre médico Dr. Rafael Osío, en la antigua casa del “Tesoro Escondido”, esquinas de San José con Florida, hoy conocido como Ateneo.  Durante más de 20 años se dedicó a escribir el primer gran Diccionario de Venezuela el cual logró editar e imprimir en España en 1957. Meritorio cueño, poco conocido por las nuevas generaciones.

Ramón Armando Rodríguez LugoRamón Armando Rodríguez Lugo

08/09/1846.-  Ezequiel Zamora, tuyero nacido en la población de Cúa, se reúne con Francisco “El Indio” Rangel en la Sierra de Carabobo y es reconocido como General del Pueblo Soberano y Jefe Supremo de la Revolución Liberal, esto en los inicios de la llamada Revolución Popular ocurrida entre 1846 a 1847 en Venezuela.

Ezequiel Zamora leyendo para los amigos en su pulperíaEzequiel Zamora, El General del Pueblo Soberano. 

10/09/1822.- Ese día el Bandolero Dionisio Cisneros, ataca con su tropa de facciosos, al pueblo de Santa Lucía directamente en su cuartel militar, realizando una terrible masacre, el hecho fue registrado por el teniente cura, párroco de Santa Lucía con el escrito siguiente:

Santa Lucía 10 de septiembre de 1822.

     Estando en el sitio de Macarapa, distante como siete leguas, fue informado a las nueve de la mañana que en este se estaban batiendo inmisericordemente. Me puse en marcha con tres carabineros que me acompañaban aunque fue precipitado no llegó en tiempo de estorbar la catástrofe que nos ha causado el faccioso sisneros que con secenta y siete a cuchillo y a sangre fría a diez y nueve después de rendidos y ofrecidos por principal condición no atentar contra sus vidas, habiendo antes asesinado al ministro en justicia en su propia casa, y a otro en el camino del amarillo…

Solo salvaron la vida 02 tamborileros que por ordenes de Cisneros fueron sumados a su tropa.

13/09/1791.- El Abogado Francisco Silvestre Espejo Caamaño, oriundo de Santa Lucía del Tuy, es electo Decano del Colegio de Abogados de Caracas, además de ser miembro fundador de esa institución, le correspondió en ese cargo, presidir la sesión solemne de su instalación definitiva en 1792.

Dr. Francisco Espejo Retrato figurativo del Dr. Francisco Silvestre Espejo, por el profesor Julio Escobar CortézDr. Francisco Silvestre Espejo Caamaño. 

24/09/2003.- Duelo por la muerte de la muy recordada maestra Consuelo Hernández, distinguida maestra nacida en Lezama, estado Guárico que trabajó ejerciendo la profesión docente en Cúa, Valles del Tuy desde el 01 de octubre de 1947 hasta el 01 de octubre de 1974 fecha en que fue jubilada, su legado es muy apreciado en Cúa, incluso una unidad educativa lleva su nombre.

Consuelo HernándezMaestra Consuelo Hernández.

25/09/1903.- Nace en Cúa, valles del Tuy, Lope Díaz Milano, Músico, multi-instrumentista, maestro de capilla, artesano, funda la Escuela de Música Germán U. Lira en 1922 Por sus sabias enseñanzas Cúa hoy sigue siendo el semillero más importante del Tuy del que hacer musical.

Lope Díaz MilanoLope Díaz Milano.

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La plaza Bolívar de Santa Lucía: Epicentro socio-cultural del pueblo Luciteño

Por: Juan Manuel Carrasco.

     La Plaza Bolívar de Santa Lucía, una de las poblaciones de los Valles del Tuy que aún conserva su aspecto colonial, es el espacio público más importante y resaltante del municipio Paz Castillo del estado Miranda, dado que en ese sitio tienen lugar las diversas actividades socio-culturales que tanto autoridades como ciudadanos tienen a bien ejecutar, alcanzando de ese modo el título de “epicentro” social, cultural, económico y político de esa entidad.

Plaza Bolívar de Santa Lucía del Tuy.Panorámica de la Plaza Bolívar de Santa Lucía del Tuy, Foto de Juan Manuel Carrasco.

Historia

     Hablar de este espacio es remontarse a los inicios mismos de Santa Lucía como pueblo mixto, a partir del año 1750, cuando es gestionada por el presbítero Marcos Reyes Cueto -refundador de esa población- la construcción del templo parroquial de la localidad. Hasta ese momento, el sitio que más adelante sería destinado a la “Plaza Pública y Cementerio” consistía en un promontorio, una baja meseta entre las quebradas El Tigre y Agua Bendita, y que hacía parte de unos terrenos adquiridos por el propio Reyes Cueto para la edificación de la nueva población. En aquellos primeros tiempos, la plaza, llamada “de armas”, era tan solo una cuadra frente a la iglesia, desprovisto de árboles, posiblemente empedrado, con un cementerio colindante en su borde norte, y divididos por una acequia que llevaba el agua del río Guaire hasta los campos cultivados de las haciendas, así como a las casas de las familias más acaudaladas.

     La mitad norte de la actual Plaza Bolívar, como se mencionó más arriba, sirvió de descanso eterno para muchos de los primeros moradores de la Santa Lucía de Reyes Cueto, y perduró en ese lugar desde 1750 hasta 1842, año este último de su mudanza al actual Cementerio Viejo, al norte de esa población.  Como dato curioso, durante las remodelaciones hechas a la plaza en 2006 por el Gobierno Municipal de Paz Castillo, trabajadores que excavaban las bases para el pedestal de la estatua de El Libertador en el centro de la mitad norte de la plaza, hallaron varios restos humanos, huesos y cráneos que se pulverizaron al tratar de sacarlos.

     A partir de 1842, y después de haber retirado los restos de los sepultados en el antiguo cementerio, la plaza Bolívar fue ensanchada, es decir: el espacio ya no se limitaría a una cuadra, sino que abarcaría el espacio del viejo cementerio, formando, en vez de un cuadrado, un rectángulo. La acequia sigue en su lugar, pero ya no divide visualmente la plaza, tomando la forma “alargada” que tiene hoy en día..

Escenario de honra y muerte

     La plaza Bolívar Luciteña no estuvo lejos de los acontecimientos históricos del pasado venezolano, y se conocen al menos dos hechos de cierta relevancia cuyos testigos fueron las esquinas de ese espacio público. El primero, acaecido en junio de 1821, cuando el victorioso general José Francisco Bermúdez, luego de vencer en la Batalla de Altos de Macuto, y haciendo uso de la gallardía propia del estamento militar de la época, rinde honores y funerales militares en esta plaza a su contrincante español, general Lucas González, muerto en esa batalla. Su cuerpo está aún sepultado bajo los arcos de la iglesia parroquial Luciteña.

     El segundo hecho acaecido en los espacios de la referida plaza, más lamentable, fue la masacre realizada en el antiguo Cuartel Militar (hoy sede del Banco Occidental de Descuento de Santa Lucía) de un total de 19 efectivos militares, en 1822, a manos de las hordas del sanguinario bandolero Dionisio Cisneros. La historia cuenta que Cisneros emboscó de noche a los soldados, un total de 20, los cuales a su vez lo esperaban según un plan para capturarlo. El bandolero pudo hacerse con el cuartel y todo el parque militar, mandando luego a pasar por las armas a 19 soldados, salvándose sólo uno, según la leyenda, porque sabía tocar el redoblante. Los condenados, luego de ser fusilados frente a la plaza, fueron cargados hasta un lugar, hoy en día desconocido, siendo luego “alanceados” y destrozados los cuerpos a bayonetazos, y según dice la leyenda, “la sangre corrió hasta llegar detrás de la iglesia”.

Árboles centenarios

     La Plaza Bolívar Luciteña, hoy en día, luce en sus jardines, además de cuatro hermosas fuentes -que lamentablemente funcionan sólo durante las fiestas patronales- un techo vegetal formado por la unión de árboles de diferentes especies (en su mayoría árboles de mamón), cuyas características son las de ser “siempre verdes”. Alberga también plantas ornamentales y coloridas, así como un ejemplar del “Roso Blanco”, árbol emblemático del Estado Miranda, y un araguaney que florece entre marzo y mayo.

     Esta “alameda”, como era conocida en épocas pretéritas, fue creada entre los años 1872 y 1876, según los libros de actas del Concejo Municipal de esos años, por orden de los concejales de la época, basándose en la moda del momento para los espacios públicos, influenciada por el “afrancesamiento” traído al país por el “Ilustre Americano”, Antonio Guzmán Blanco. Durante muchos años fue centro de esta plaza un busto de El Libertador, colocado sobre una columna de apariencia clásica, otorgándole un aspecto afrancesado, por lo que se deduce que dicho busto fue colocado en época Guzmancista. Hoy, sobre un pedestal de concreto recubierto por mármol gris oscuro, una estatua de Bolívar con la espada desenvainada mira desde sus alturas a la sociedad Luciteña, sin que ésta se dé cuenta de que él está allí aún.

PLAZA EN PELIGRO

     Muchos de los que aún aprecian a esta población, sus calles y especialmente su Plaza Bolívar -una de las más hermosas de los Valles del Tuy-, en donde las familias Luciteñas se sientan en las tardes con sus hijos y amigos para distraerse o descansar, ven con preocupación cómo estos espacios son poco a poco destruidos por el mal uso que ciertas personan le dan, y ante la mirada pasiva de las autoridades. Inconsciencia, irrespeto, uso de bicicletas, patines y patinetas, alcohólicos, vándalos, colocación de afiches y demás actividades destructivas, tienden a quitarle a este espacio la virtud de ser el lugar por excelencia para el encuentro social y cultural de Luciteños y Luciteñas.

EL ENCANTO DE MAURICIO EN LA CUEVA DEL PEÑÓN Ocumare del Tuy.

Por: Mongo Santacoloma.

Introducción:

    Para ingresar al mundo de los encantos, debemos vencer el universo racionalista o el prejuicio materialista que responde a la idea que solo existe el mundo que se ve, el que podemos percibir por los sentidos. Sin embargo  en todas las culturas y civilizaciones el mito y la leyenda han sido sustento importante en la explicación de los fenómenos herméticos y el hombre siempre ha creído en la existencia de un mundo paralelo donde seres de diversa naturaleza han convivido con lo humano y han influido en sus acciones. Sin embargo el racionalismo ha buscado de borrar de la memoria colectiva la dimensión cósmica, ese mundo paralelo al humano donde se mueven los ángeles, los duendes, los gnomos, las hadas, los demonios y los encantos.

       No es cuestión de afirmar o negar la existencia de estos seres, es aceptar que estas leyendas llenan las lagunas de la historia, que sería de Grecia y de Roma sin su mitología, de la Europa medieval sin la noche de San Juan, el solsticio de verano con la magia del fuego purificador, el cual se nos presenta en Venezuela mestizo, de la mano del negro, bailando al compás del “culo e puya” del tambor redondo.  María Lionsa  el mito de los montes de Sorte en el Estado Yaracuy, el Anima del Pica-Pica en las cercanías de Santa María de Ipire en el Estado Guárico, el folclor venezolano  está lleno de leyendas hermosas.

      Hemos querido recrear la leyenda  del Encanto del Peñón, en Ocumare del Tuy, Mauricio el muchacho encantado por la Ninfa Potámides protectora de las aguas de los ríos, de los bosques, de la naturaleza. Hoy más que nunca la irracionalidad se ha encargado de destruir nuestras florestas. El Río Tuy agoniza y la indiferencia de la gente complica su futuro y compromete al planeta.  El  espíritu protector de la madre naturaleza simbolizado en la leyenda de Mauricio tiene mucho trabajo en estos valles, donde la deforestación, el crimen ecológico y la impunidad se dan la mano. Se recrea esta leyenda como una contribución a que los tuyeros  nos reconciliemos con el medio ambiente  tan golpeado en los últimos años.

MAURICIO EL ENCANTO DEL PEÑÓN

      Dionisio Cisneros, llegó cansado  de sus andanzas de “bandido justiciero”, defensor de un rey que jamás vio, ni siquiera en pintura, estaba reventado de andar de “seca a la meca” perseguido por las fuerzas militares de la República de Colombia. Empezaba el año de 1827, se decía que El Libertador Presidente vendría al Departamento de Venezuela a meter en cintura al  “Centauro de Carabobo” a quien los godos le calentaban la oreja para que desconociera la autoridad ejercida desde Bogotá.

     Dionisio además de gustarle las Morocotas robadas y de tener la costumbre de enterrarlas en diversos parajes del Tuy, también se inclinaba ante la  belleza femenina, tenía más de 40 hijos, una india, descendiente de los bravos Quiriquires, asentados en las últimas estribaciones de los montes de Guatopo le tenía obsesionado, era un enamoramiento jamás visto en un hombre acostumbrado a acostarse con las hembras sin quitarse los pantalones para poder huir rápido si la necesidad le obligaba. Dionisio Cisneros “se arranchaba” con la hermosa María y su séquito de malandrines se burlaban a “soto voce” de la actitud de su jefe, mientras esperaban el momento oportuno para asaltar el estanco del tabaco en los valles de Orituco.

      La india María quedó embarazada y a los nueve meses, el 22 de septiembre, día de San Mauricio Mártir, nació un niño, la partera dijo que ese muchacho tenía el signo de los elegidos, había nacido “enmantillado”  y además la noche de su nacimiento llovió en  demasía, los ríos y quebradas se desbordaban, los animales de la montaña rodearon el rancho como esperando un acontecimiento muy especial, apenas se escuchó el llanto del niño se oyeron en los montes ruidos que venían desde las profundidades de la tierra, los árboles crepitaban, el viento silbaba, era la sinfonía de la naturaleza que rendía homenaje al nacimiento de aquel niño, el hijo del último realista y de una descendiente de los aborígenes primigenios de los Valles del Tuy: Los Quiriquires.

      Mauricio crecía bajo los cuidados de su madre, su padre muy poco veía por él, desde muy chico le ocurrían  hechos prodigiosos que sorprendían a todos. Un día su madre le dejo solo en el rancho mientras buscaba leña y  al regresar  lo encontró jugando con un enorme cunaguaro, como si el animal fuese un gato, el tigre al ver la madre de Mauricio abandono el rancho y con frecuencia se le veía como un perro guardián cuidando los primeros pasos del niño, Ya más grandecito se internaba en los montes, donde los adultos temían pasar, por el tigre, las culebras y la peligrosa fauna de aquella montaña, pero a Mauricio nada le ocurría, por el contrario estaba protegido, animales feroces le escoltaban.

      Su madre preocupada le decía que no se alejara de la casa y él le contestaba que tenía que verse con una hermosa señora que vivía en el pozo del guácimo, su madre decía que eran fantasías de muchacho y que en ese pozo no podía vivir nadie, sin embargo en la medida que el muchacho crecía más era el tiempo que pasaba en el pozo.

    Sorprendía a quienes le conocían por los conocimientos que demostraba en su conversación, los labriegos le preguntaban si se podía sembrar en esos días y él con humildad les indicada si las lluvias serían abundantes o escasas, si era momento de siembra o no, a todos los que le consultaban les decía que había que cuidar el monte porque podría llegar un momento en que el agua  dejaría de salir de los manantiales y que los animales se debían respetar y no matarlos por el gusto.

      En más de una ocasión se enfrentó a cazadores, no con la violencia, sino  que se trasmutaba en animal y los llevaba monte adentro, los perdía en la espesura de los bosques y era tanto el susto que le hacía pasar que los furtivos cazadores  jamás volvían a aquellos lejanos montes y llevaban al pueblo los cuentos que destacaban a un muchacho llamado Mauricio protector de animales, árboles, manantiales y ríos. Tenía el poder de mimetizarse en un tronco de árbol, se hacía invisible  cuando quería asustar a los intrusos o ante los peligros que le asechaban. Decía la gente que habitaba en los montes, en las aguas, que podía imitar el canto de los pájaros, el rugido de los tigres y las onzas.

      Un día Mauricio desapareció de su casa, la madre le buscó por todos los lugares que frecuentaba, pasaron los días y no daba señales de vida, a las dos semanas apareció nuevamente en su rancho y la madre le interrogó:

– Dónde estabas Mauricio, qué te pasó

– Nada mamá estaba con la señora del pozo del guácimo.

– Me llevó a recorrer las hermosas galerías que comunican estas montañas con las tierras de la Magdalena, cosas jamás vistas por ojos humanos, allí moran los espíritus protectores de los montes, de las aguas y de la vida. Me indicaron mi misión en estas tierras, que no es otra sino la de ser su intermediario ante los hombres, la de buscar sal y miel como ofrendas permanentes a quienes sean los escogidos. Por los siglos de siglos estaré aquí para defender de los intrusos destructores los montes sagrados. Los bosques, las aguas, los manantiales no son de nadie, son un préstamo que los hijos de nuestros hijos nos han hecho y debemos devolvérselos cuidados y mejorados. Si los hombres no entienden esto por las buenas lo comprenderán por las malas cuando las lenguas corroídas por la sed, clamen por un vaso de agua fresca y limpia y el líquido sagrado de la vida sea motivo de guerras y muertes.

     La madre oye pacientemente a Mauricio, no entiende nada de lo que dice, llega a pensar que de tanto andar por aquellos montes y quebradas ha perdido el juicio.

     Mauricio saca del bolsillo una reluciente moneda de plata y se la entrega a su madre como prueba de su viaje a las profundidades acompañando a esa hermosa mujer que le mostró su destino y le dice a su madre:

– Debo ir al pueblo a conocer y a comprar la sal pues la miel de arica la hay aquí en abundancia-

     Fue así como Mauricio bajó de las montañas de Guatopo en los límites con los llanos de Orituco donde siempre había vivido, al pueblo de Ocumare del Tuy, llegó  donde funcionaba una alcabala que controlaba el paso de transeúntes, mercancías y ganado por el camino al llano a Taguay y Camatagua. Al solicitarle el cabo de la guardia de alcabala el salvoconducto necesario para transitar por los caminos en aquellos lejanos años, no tenía nada que mostrar, ni papel alguno que le acreditara como peón, agricultor, ganadero o arriero.

     El cabo de guardia no entiende lo que pretende explicar Mauricio y lo remite amarrado hasta la jefatura del pueblo, allí el jefe, un coronel de apellido González lo interroga y tampoco se entienden y Mauricio no podía explicar quién era, de donde venía y que buscaba en Ocumare. El coronel pensó que era algún guerrillero haciéndose pasar por loco y toma la determinación de enviarlo a Caracas. Mauricio viendo que la cosa se estaba poniendo muy mal para él, opta por amenazar con un diluvio si no lo ponían en libertad. El jefe militar se ríe de la ocurrencia de Mauricio y le dice:

-Mira muchacho que estamos en pleno verano, las chicharras están en su tiempo, hace meses que no llueve y señales de lluvia no hay en el horizonte. Tu chico jaquetón dices que tienes el poder de hacer llover a tu voluntad para asustarnos y obligarnos a darte la libertad, te voy a tomar la palabra, si mañana no amanece lloviendo te vas a acordar del día que naciste porque lo que va a llover va ser plan de machete que te voy a dar antes de mandarte con la comisión para Caracas.

     En plena semana santa a las doce de la noche para amanecer el jueves santo empezó a tronar, el cielo iluminado con rayos, las centellas se sentían caer por los lados de la Guamita, empezó a llover a la 1.00 a.m., toda la madrugada y la mañana sin amainar, los ríos estaban desbordados, sin embargo solo llovía en Ocumare, ni en Cúa, ni en Charallave caía una gota de agua, era realmente aquello un chaparrón, los actos del lavatorio de los pies en la iglesia parroquial se suspendieron, aunque el templo estaba lleno de feligreses que le pedían a Dios  su misericordia y que dejase de llover, pues el pueblo estaba a punto de desaparecer, el templo  era uno de los pocos lugares donde el agua no había hecho desastres.

      La jefatura parecía una laguna. Entre los habitantes asustados del pueblo de Ocumare  empezó a correr el rumor que había en  la jefatura  un joven que habían detenido en la Alcabala por no tener salvoconducto, otros dicen que es Mauricio el protector de la montaña y que amenazó al Coronel González con un “palo de agua” jamás visto en estas tierras que desbordaría  ríos y quebradas, si no lo soltaban de inmediato.

     En el templo se reúnen el cura y algunos notables de la comunidad  y nombran una comisión, se dirigieron por los barriales de las calles, con el agua que le llegaba a la cintura a conocer y solicitar la libertad de aquel extraño personaje llamado Mauricio, el cual era  capaz de dominar las fuerzas de la naturaleza, llegaron emparamados y muertos de frío a la jefatura. Ya el Coronel González  había liberado a Mauricio, no sin antes decirle que se fuera y  no volviera jamás pues si lo hacía él mismo le mataría con la ayuda de gente preparada con varios crucifijos y la oración de la magnífica.

   De pronto deja de llover, todo el pueblo quedó alucinado al ver no solo que el “palo de agua” había cesado completamente, sino que en el cielo brillaba un sol veranero como si jamás hubiese caído una gota de agua, la gente de Ocumare maravillados ante este prodigio empezaron a comentar el hecho y a buscar a Mauricio para conocerle, el cura dijo que esas eran cosas del demonio y que el pueblo tenía que hacer mucha oración y penitencia para alejar el espíritu del mal que había llegado a Ocumare para alejar a los creyentes del bien, había que regar las casas y las calles con agua bendita, especialmente la casa de la jefatura donde se debía rezar muchas oraciones y purificar con incienso quemado por siete días.

     El nombre de Mauricio  y los hechos inexplicables ocurridos aquel jueves santo en Ocumare del Tuy se regaron por todos los Valles, los arrieros llevaron la noticia hasta Caracas, los llaneros que traían las puntas de ganado al Tuy lo contaban en su tierra y la gente se admiraba de hechos tan asombrosos. Muchos decían con cierto orgullo que en un lance de cacería lo habían conocido, otros decían que era hijo del bandido Dionisio Cisneros,  lo ocurrido se regó como pólvora. Otros comentaban que Mauricio era enemigo acérrimo de quienes cazaban por diversión y no por necesidad, que volvía locos a quienes quemaban los montes y además a quienes usaban el hacha y el machete para cortar los árboles para hacer conucos los perdía en la montaña y pocos podían regresar.

     Mauricio volvió a sus bosques, no le gustó el mal trato y los prejuicios que tenían contra él, entendió que aquella gente que se decía civilizada no comprendía que el futuro de esa civilización estaba en lograr la armonía entre lo creado por Dios y lo inventado por el hombre. Miró con lastima el futuro de aquella gente y se dedicó por siempre al cumplimiento de su misión, a castigar a los enemigos de los animales del monte, de las plantas y los manantiales.

    Mauricio es el espíritu guardián de la naturaleza, hoy conciencia viva del ecologismo. Todavía hay quienes se internan por aquellos montes del Peñón se lo han encontrado con su vestido de liquilique de aquellos años, su morral, su sombrero y alpargatas, o también para aquellos que llevan malas intenciones trasmutado en tempestad, árbol o animal. . Su leyenda nació de un extraordinario aguacero un jueves santo, todos supieron de sus poderes y todos le respetan desde entonces.

     LA CUEVA DEL PEÑÓN SANTUARIO DE LA LEYENDA ESPERA POR LA CONSTRUCCIÓN DE UN PARQUE TEMÁTICO Y ECOLOGICO COMO ATRACTIVO TURÍSTICO, DONDE SEA RECREADA LA LEYENDA Y LAS NUEVAS GENERACIONES SE VINCULEN ACTIVAMENTE A LA CONSERVACIÓN DE LA NATURALEZA.

ESCRITO EL JUEVES SANTO 1º DE ABRIL DEL 2010

EL INMENSO TESORO DE DIONISIO CISNEROS ENTERRADO EN LA MAGDALENA (1825 -1833)

Por: Manuel V. Monasterios G.

     La guerra de Independencia había terminado, pero en la zona del Tuy como en otras regiones del país, las guerrillas de pardos, negros libertos, esclavos alzados, indios y zambos seguían sembrando el terror y el pillaje. Uno de estos bandoleros  fue el famoso Dionisio Cisneros, un sargento de las tropas realistas, nacido en Baruta. Comandaba el forajido un grupo guerrillero integrado por unas 200 personas, caracterizados por una violencia patológica, donde el objetivo no solo era robar, saquear haciendas y despojar de todo objeto de valor a los viajeros, arrieros y transeúntes que se atrevían a tomar la vía del llano, sino las perversidades que les hacían a sus pobres victimas, golpeándolas,  violándolas e incluso llegando al crimen. Muchos  fueron los intentos del gobierno de Páez, en esa época Venezuela era  un Departamento de la Gran Colombia. (1825-1830), para someter al  guerrillero, incluso intentando sumarlo al ejercito de la República. Todo fue en vano, Cisneros continuó con sus ataques a las haciendas de la zona. La guarida principal del bandido estaba en los montes de la Fila de La Magdalena, jurisdicción de Cúa, era un sitio custodiado por familiares del bandido,. donde enterraba el producto de sus robos, con el mayor cuidado, para que ninguno de sus guerrilleros supiese el lugar.

     El miedo que producía Cisneros a los hacendados les obligaba a abandonar sus fincas o  buscar la forma de ganarse su amistad, agasajándolo y cancelándole sumas de dinero para que les diera protección y les permitiera trabajar sin sobresaltos. Los obligaba a compartir sus ganancias. Así fue el bandido guerrillero acumulando muchos pesos y onzas de oro. Sin embargo lo que más dinero le generó,  fueron dos asaltos legendarios para época. En julio de 1827, suficientemente informado, se dirigió de Súcuta a los llanos de Altagracia de  Orituco, por las montañas de Quiripital, allí se apodero de más de 72.000 pesos en oro, producto de la Renta del Tabaco.

     El otro asalto famoso lo hizo a un arreo de mulas y burros que venían de las costas del Orinoco, de la región de Caicara, donde un General Elías Acosta tenía varias minas de oro. El general Acosta había acumulado en varios años de trabajo más dos mil kilos de pepitas de oro y cachanos, pero el grave problema que tenía era que no quería venderla a las traficantes y compradores de la zona. Consideraba Acosta que el precio era injusto. Y si tomaba la determinación de sacar la carga de oro por el Orinoco, era seguro que sería asaltado en el Delta. Estratégicamente, fue acumulando el oro poco a poco en Cabruta y lo fue camuflando con un cargamento de pescado salado que cada año debía salir para el Centro, antes de Semana Santa. Llegado el momento, aparentemente el cargamento salió en curiaras por el Orinoco vía Trinidad, para despistar a los ladrones de Guayana, Pero en verdad el oro salió con el pescado salado vía Caracas, pasando por el Tuy. Treinta burros y mulas con cincuenta hombres armados tomaron el camino de recuas, pasaron Las Mercedes del Llano y remontaron por San Rafael para caer por el camino de Cúa, pasando por San Casimiro por ser la vía más segura. Llevaban dos semanas de viaje y pocas leguas faltaban para llegar a Cúa, En las vueltas de la cañafístula los esperaban 150 hombres dirigidos por José Dionisio.

     Para el bandido era un asalto más, no sabía que debajo del pescado venía el oro. Confiados en la seguridad del camino la gente del General Acosta venían desprevenidos y no pudieron defenderse, ni usar las armas La sorpresa fue total, el numero de asaltantes de tres a uno. Los dominaron sin hacer un disparo y los dejaron amarrados a los árboles cercanos al camino, llevándose los burros y mulas, su áurea carga y las armas que traían. Cisneros no sabía que estaba haciendo el mayor asalto en la historia delictiva de Venezuela, hasta que las bandas actuales empezaron a robar blindados y le quitaron el record… La sorpresa del bandolero fue muy grande, no podía creer que debajo del pescado medio podrido y de los quesos llaneros, lo que había era oro de 24 quilates. Para evitar que sus secuaces se dieran cuenta de la existencia de un cargamento disimulado, se lo llevo a lo profundo del monte, con unos 8 hombres de su total confianza y lo enterró, como acostumbra hacer en estos casos, mataba a los enterradores del tesoro para que las almas en pena fueses los guardas de la fortuna bajo tierra. El pescado lo repartió entre sus compinches que lo colocaron en los mercados, con el auxilio de los campesinos.

     Pasado el tiempo Cisneros fue  compadre del General Páez. En un acto de valentía del Presidente, al internarse en las montañas de Súcuta, sin escoltas, para conversar con Cisneros, se lo ganó para la paz. Pero poco después, Cisneros volvió por sus fueros, fue sometido a Consejo de Guerra y fusilado en Villa de Cura.

     El tesoro del bandolero Cisneros, uno de los mayores de la historia, quedo enterrado en algún lugar de la Fila de La Magdalena, algunos buscadores de tesoros se han llevado sus sustos al tratar de encontrar este tesoro: Dos toneladas de oro cochano y más de 100.000 pesos oro, representan una tentación, que bien merece un sustico y un sobresalto. Algunas personas que viven en la zona montañosa, cuentan que   en las noches de verano, cercanas a la Semana Santa, ven luces que se expanden y se cierran. También se oyen  gritos desgarradores pidiendo auxilio. Sobre estos hechos recibí información muy privilegiada, de mi gran amigo Jesús Manuel Reverón Blanco, quien también se sumó, hace muchos años, a los buscadores del tesoro y también paso su trago amargo. Tratando de encontrar el más grande de los tesoros todavía enterrado en la Fila de la Magdalena. También se dice que dejó otros tesoros en Tazón, Charallave y Súcuta.