Historia regional y local del Valle del Tuy

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Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Cúa para 1926.

Por: Iván López CaleroIglesia Nuestra Señora del Rosario de Cúa, Año 1926 (2)

  La fotografía es una herramienta de expresión muy poderosa, cada imagen encierra en sí misma un conjunto de anécdotas o historias, algunas veces complejas y otras muy sencillas, pero todas dignas de ser narradas, esto último podemos hacerlo a través de la foto descripción o la narración descriptiva de una imagen, con la finalidad de contar esas crónicas o historias, de lo observado y capturado por algún fotógrafo, en algún determinado momento y lugar. Susan Sontag en su obra “Sobre la fotografía” 1973, expresa lo siguiente:

Toda fotografía tiene múltiples significados; en efecto, ver algo en forma de fotografía es estar ante un objeto de potencial fascinación. La sabiduría esencial de la imagen fotográfica es la superficie, Ahora piensen o más bien sientan, intuyan, qué hay más allá, cómo debe de ser la realidad si ésta es su apariencia. Las fotografías, que en sí mismas no explican nada, son inagotables invitaciones a la deducción, la especulación y la fantasía.

     Por tanto toda fotografía tiene a cuestas una o varias historias y al usarla únicamente como una herramienta para contar una historia, estaremos haciendo “narración descriptiva de una imagen”. De allí que la fotografía pasa a tener un papel protagónico como documento primario en la reconstrucción del discurso histórico y no solo a ser accesorio complementario de éste, incluso el registro gráfico de lo construido en una población o ciudad por el hombre, (edificios, monumentos, carreteras, trenes, etc.) ya a través de la pintura o de la fotografía, constituye una imprescindible fuente primaria para la revisión del pasado de éstas, que nos permite apreciar  y comprender con mayor amplitud el ordenamiento o el flujo de las diversas transiciones que se debieron realizar para el desarrollo o crecimiento de esos espacios geográficos. 

     Partiendo de lo antes expuesto, y empleando esta técnica de narración descriptiva, en el presente artículo revisaremos una fotografía de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario de la población de Cúa, con la finalidad de realizar una breve relación histórica o crónica de la misma y la descripción de la citada imagen que resguarda un momento específico de relevante importancia en su historia.

La crónica

     La iglesia nuestra señora del Rosario ubicada en la población de Cúa, del actual Municipio Urdaneta del Estado Bolivariano de Miranda, es según las diversas crónicas esgrimidas por diversos investigadores el quinto templo, iglesia o recinto de la religión católica referido en sus diversos escritos y que ha tenido esta población de Cúa.

      La primera referencia acerca de un recinto religioso católico o iglesia en la población de Cúa es el de una pequeña capilla o curato, ubicada dentro de las tierras de la hacienda Marín para principios del siglo XVII, (cosa que por cierto en la época era común que en cada hacienda hubiese una capilla)  la cual se considera como la primera hacienda en las tierras de la hoy Cúa, al parecer esta capilla fue construida para la doctrina de los aborígenes y de los esclavizados africanos y que por ser la única en varias leguas a la redonda también usaron los blancos, son varias las hipótesis acerca de en advocación ha cual santo estaba dedicada, ya que algunos exponen que a la Virgen de la Barbanera, otros que al Jesús Nazareno, pero la teoría que al final se ha impuesto es la de en advocación a la Virgen de Santa Rosa de Lima,incluso al primer poblado,que al parecer quedaba dentro de la hacienda, se le conoció con el nombre de Santa Rosa de Marín.

     Posteriormente el año de 1641 se registra un terrible terremoto en Caracas con réplicas de catastróficas consecuencias para este poblado, lo que hace pensar a los pobladores (que por cierto en su mayoría eran esclavos) que el pueblo se debe mudar, cosa que no ocurre pues los dueños de las haciendas no lo permiten, luego se registran constantes inundaciones que sufriera la hacienda por el constante crecimiento del Río Tuy lo cual se regía por condiciones climáticas periódicas en su mayoría impredecibles (el niño, temporada de huracanes del Caribe, la niña, entre otros), razón que determina mudar el poblado.

     Para mediados del siglo XVIII se comienza a construir en las llamadas tierras de la Cúa o la Cuana un poblado, esto en una loma alta que quedaba fuera de los terrenos de la llamada hacienda Marín, es en este lugar donde se registra la construcción del segundo templo católico o la segunda iglesia, (que realmente vendría a ser el primero construido con esa utilidad) aún en advocación a Santa Rosa de Lima,el Obispo Don Diego Antonio Diez de Madroñero en una visita pastoral realizada a la población de Cúa el 1° de Noviembre de 1762 señaló en sus escritos lo siguiente:

Que la nueva iglesia se está construyendo en el sitio de la Cúa o la Cuana y que estaba a medio construir, la ubicación de este nuevo Templo no contaba con el apoyo de los dueños de haciendas, pues en su mayoría eran partidarios en que el pueblo debía continuar en terrenos de la hacienda del Marques del Toro, o sea en Marín. (Sic)

     Al parecer estas tierras de la Cúa o Cuana habían sido adquiridas por la Religión Católica, y por tanto el Obispo Madroñero se empeñó en que se construyera allí el nuevo poblado, incluso lo ordenó a los hacendados rehaceos en un comunicado posterior donde expresaba:

“El Obispo Madroñero, bajo pena de excomunión, dispone que se forme pueblo en el sitio señalado de la Cúa o Cuana. Por ser terrenos propios, con bastante paz y descubierto terreno, el lugar es apropiado y se puede formar una grande plaza y alrededor de ella situar muchas casas”. (Sic)

     Este templo es una construcción modesta con techos de rafas y palmas con paredes de bahareque aunque de mayor tamaño que su predecesor. El 10 de diciembre de 1765 es bendecido ese nuevo templo e incluso se celebra la primera misa por el padre Juan José de la Sierra. El día 21 de octubre de 1766 ocurre otro terremoto en Caracas a eso de las 4:30 de la tarde, cuyas réplicas también se sienten en Cúa y ocasionan destrozos, incluida la iglesia la cual queda muy debilitada, luego en el año de 1774 por orden o disposición del provisor Padre Dr. José María Muñoz se designa a la Santísima Virgen del Rosario como patrona titular de Cúa y como patrona menos principal a Santa Rosa de Lima, el cura párroco para ese momento era don Nicolás Antonio Colón y Soto, quien prestó servicio en ese Curato de Marín desde el día 19 de febrero de 1772.

    El día 2 de junio de 1783 visita la población de Cúa el Obispo Mariano Martí y describe la iglesia en su Libro personal con las siguientes palabras:

Su titular es Nuestra Señora del Rosario. Su fábrica material es de una nave cuyas paredes son de tapias y raphas encaladas por dentro y fuera y el techo de Texas sobre tablas alfardas y tirantes labrados, obra limpia y hermosa. Tiene poco más de nueve varas de ancho en limpio y quarenta de largo, inclusive diez que ocupa la capilla mayor, distinguida del cuerpo de la Iglesia con gradas en el pavimento, techo superior en forma de encapillado y un hermoso y elevado arco de ladrillo. Tiene tres puertas grandes, las dos en los costados y la una al frente con su fachada de ladrillo y sobre esta puerta está formado el Coro de tablas y vigas y a un lado de la fachada hai un torreon de mamposteria cubierto con media naranja de ladrillo dividido en dos cuerpos, de los quales el bajo sirve de baptisterio con puerta de arco hacia la iglesia y en el mas alto están las campanas”. (Sic, pág. 283)

     Ese segundo templo fue destrozado por las secuelas del terremoto ocurrido en Caracas el año de 1812 y reconstruido posteriormente en 1846 por Fray Blas Giner, y para ese momento el cura párroco de Cúa era Mariano Arocha, haciéndolo más grande en tamaño, altura y se le da la forma de iglesia a tres naves, se mejoran los materiales de construcción ya que fueron usados ladrillos en vez de adobes, los techos elevados y construidos con maderas y tejas de arcilla, con grandes puertas y ventanales, convirtiéndose así en el tercer templo o Iglesia de la población de Cúa, el mismo sería bendecido en 1855 por el presbítero Guevara y Lira, éste templo sería destruido por un terremoto cuyo epicentro fue justamente la población de Cúa el 12 de abril de 1878 a las 8 y 30 minutos de la noche.

Ruinas de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Cúa, Foto publicada en el Cojo Ilustrado Nº 69 año III del 1º de Noviembre de 1894Ruinas de la Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Cúa, Foto publicada en el Cojo Ilustrado Nº 69, año III, del 1º de Noviembre de 1894.

     Fueron muchas las pérdidas humanas y materiales ocasionadas por el  terremoto de 1878 a la población de Cúa y a ésta le costó mucho tiempo recuperarse de tal situación, el templo quedó completamente en ruinas, no se toma la decisión de reconstruir rápidamente pues existen otras prioridades y por no contar con presupuesto para su recuperación, se tomó la decisión de acondicionar un lugar como provisional para las funciones de la iglesia, a éste lugar y con el paso del tiempo las personas del pueblo lo llamaron “La Iglesita” siendo éste el cuarto templo católico de la población, el cual funcionó como provisoria hasta 1929 cuando se reinauguró el actual templo, la misma quedaba al final de la Calle que hoy tanto el lugar donde estuvo emplazada como la calle se le conocen como “La Gruta”  pues luego de haberse caído la capilla, allí se construyó una gruta dedicada a la virgen de La Coromoto.

Antigua Iglesita de Cúa sobre la calle la Gruta, Cúa, Año 1922.Antigua Iglesíta de Cúa sobre la calle la Gruta, Cúa, Año 1922.

     Después de varios intentos para reconstruir la antigua iglesia en el mismo lugar donde estaba el segundo y tercer templo, se comienza firmemente su recuperación por iniciativa de la propia comunidad cueña y el 22 de Mayo de 1909 (según datos suministrados por Manuel Vicente Monasterios) se constituye la primera junta para la reconstrucción del templo, integrada por el Padre Mejías como Presidente, Don José Arvelo como Tesorero, Don Julián Carías como Secretario de Correspondencia y Don Francisco Manzo como Secretario de Actas. Se nombraron juntas subalternas en los caseríos y vecindarios para motivar la participación de la feligresía, conseguir fondos y organizar las llamadas fajinas, trabajo comunitario y voluntario donde participaba toda la población.

     El día 27 de enero de 1917 se colocó en acto solemne la piedra fundacional para la reconstrucción del templo, con la presencia de Monseñor Dr. Felipe Rincón González, Arzobispo de Caracas. Los trabajos terminaron el año de 1929 y la directiva de la Junta que finaliza la construcción en ese año estaba presidida por el padre Juan Bautista Miralles, el General Roseliano Luque como Vice-Presidente, el Coronel Don Tomás Hugo Quiroba como Tesorero y Don Francisco Manzo como Secretario. Se abrió al público con una misa en la cual el Monseñor Dr. Felipe Rincón González, bendijo el templo el 27 de enero de 1929, este templo fue consagrado el 09 de octubre de 2009, por Monseñor Freddy Jesús Fuenmayor Suárez.

La descripción de la Imagen de 1926

      La imagen que ha motivado este artículo, con la finalidad de ser descrita, fue tomada el año de 1926, originalmente es de color sepia, en material fotográfico con dimensiones de 06 x 03 pulgadas y ha sido resguardada por la familia Fuentes – Robles de la población de Cúa, algo que nos llama mucho la atención es que la imagen fue impresa invertida en sus laterales y al digitalizarla se realizó la inversión tomando como referencia la cordillera del interior.

     Al revisar la fotografía la primera pregunta que surgió fue ¿desde qué punto fue capturada la imagen? y la respuesta se obtiene al ubicar la sección de la cordillera del interior que corresponde hoy día al pie de monte de la llamada Colonia Mendoza,  entre los Cerros del Tigre y Cerro Colorado, lo que permite a su vez identificar la ubicación del fotógrafo, aproximadamente sobre la estructura de la antigua Iglesíta la cual quedaba al final de la Calle La Gruta y sobre la Calle Bolívar, esto también porque desde ese lugar justamente da una visión de la cara lateral derecha de la iglesia con relación a su construcción orientada de sur al norte.

Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Cúa, Año 1926 (2)

     En la imagen el elemento principal es el edificio de la Iglesia y se puede apreciar su cúpula posterior y el remate en forma de capullos de flor de las dos torres delanteras destacando en color blanco, también resaltan unos andamios que apoyados sobre la cara frontal de la iglesia en la torre izquierda se usaban en el trabajo de mampostería de la fachada en ese momento, además se observa que el resto de la estructura se encuentra en obra limpia, esto es sin ser recubiertos los ladrillos o adobes empleados en la construcción con yeso, cemento o algún otro tipo de argamasa.

     Al observar la foto no dejan de llamar la atención los techos de tejas con sus caídas a medias aguas y los diferentes patios internos de las casas y es que como hemos afirmado la fotografía fue tomada desde la antigua torre de la Iglesíta (hoy desaparecida) y por tanto ese detalle permite justamente ir escudriñando y al mismo tiempo revelando la ubicación de la Calle Comercio y de la Calle Zamora e incluso del lugar que después conoceríamos como Las Oficinas del Sistema de Riego y luego como  La Purina o una tienda de venta de productos avícolas que funcionó desde la década de los setentas hasta bien entrados los 80.

     En esta foto se puede apreciar casi en su centro una pared blanca que permite identificar el final de la Calle Comercio de Cúa, uniéndose con la Calle Gral. Zamora, ese lugar es conocido como la esquina de Los Cuatro Vientos, como nota anecdótica agregamos que en esa casa de pared blanca estuvo ubicada la carpintería de Salvador Minicozzi en la década de los 50.

      A la izquierda del que observa se puede apreciar en extensión hasta el pie de monte de la serranía del interior una llanura poblada de árboles y es que llama nuestra atención justo porque en ese lugar hoy día se encuentra ubicada la Urbanización Lecumberry y que en la imagen se puede apreciar cómo era en la época las tierras de La Hacienda, incluso revelando los límites del pueblo que solo llegaban hasta lo que se llamaban los corrales en la hoy avenida perimetral (Avenida que acotamos no existía para la época de esta foto).

     A través de esta imagen se constatan las crónicas de la reconstrucción de la iglesia hasta el año de 1929, ya que se observa en ella los andamios y los indicios de la restauración y reconstrucción del templo, además permite observar los avances que ha recibido la estructura al contrastarla con las variaciones que la misma iglesia ha sufrido hasta la actualidad, también se pueden verificar las variaciones que han sufrido las casas, las calles de Cúa y las tierras de la Hacienda Lecumberry llevadas de productivos cultivos a urbanización residencial en la década de los años 70, una imagen que permite contrastar lo observado en el ayer y el hoy,  reforzando las crónicas de la ciudad de Cúa y el Municipio Urdaneta, fortaleciendo así la identidad local y el sentido de pertenencia de los Cueños y porque no decirlo, también de los tuyeros.

Fuentes Consultadas              

  • Archivo fotográfico de la familia Fuentes-Robles.
  • Archivos de la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Cúa.
  • Martí, Obispo Mariano. Documentos Relativos a su visita Pastoral de la Diócesis de Caracas. (1771-1784). Caracas, Academia Nacional de la Historia, Imprenta Torino, Tomo II, Libro personal, 1998. 746 pp.
  • Monasterios Gómez, Manuel, “Crónicas de Cúa”, Editorial Francisco de Miranda, Los Teques, Venezuela, 2012, 456 pp.
  • Revista “El Cojo Ilustrado” Nº 69, año III, del 1º de Noviembre de 1894.
  • Sontag, Susan, “Sobre la Fotografía” Alfaguara, Santillana Ediciones Generales, Litografía Ingramex S.A. de C.V., México D.F., México, Primera Edición, 2006, 290 pp.
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Efemérides de los Valles del Tuy (Octubre).

Por: Iván López Calero.

01/10/1947.- Llega la Maestra Consuelo Hernández con el cargo de Maestra Nº 4 a la Escuela Federal Graduada Lesbia Platers población de Cúa.

Consuelo HernándezMaestra Consuelo Hernández.

07/10/1774  Celebración del Día de la Virgen del Rosario, como Patrona de Cúa, municipio Rafael Urdaneta, Estado Bolivariano de Miranda. 

Nuestra Señora del Rosario de Cúa 1Virgen del Rosario.

13/10/1932.- Nace en Santa Lucía del Tuy, Libio Figueroa, Gloria del beisbol regional y nacional, se dedicó al entrenamiento beisbolístico de niños, perteneciendo a la Organización Criollitos de Venezuela, con el Señor Del Vecchio… Luego pasó a equipos Federados, donde en el año 1981 quedó campeón contra el Estado Aragua, donde retuvieron el Título Nacional. Entrenó a muchos jugadores, que han sido célebres, como Baudilio Díaz, Catcher (de Cúa); Oswaldo Guillén, Short stop (de Ocumare del Tuy), Leonardo Hernández, “Trapera”, 3ra Base (de Santa Lucía), Alexander Ramírez (de Yare), Edgar y Edgardo Alfonzo, el primero Short stop y el segundo 2da y 3ra Base (de Soapire, Santa Lucía), Harold Valdirio, 3ra Base (de la Pastora, Caracas).

LIBIO FIGUEROALibio Figueroa.

14/10/1880.- Por decreto del Ilustre Americano, general Antonio Guzmán Blanco, es mandada a construir y erigir una escultura del general Ezequiel Zamora primer soldado de la Federación Venezolana, la misma fue construida por el escultor francés Vital Dubray y luego fue colocada en la plaza de la revolución de Abril (hoy plaza de capuchinos en Caracas) el 1 de septiembre de 1881.

Escultura de Ezequiel Zamora en la Plaza de la Revolución de Abril (Hoy Plaza de Capuchinos) realizada en Bronce por Vital Dubray en el Aó 1881.lEscultura de Ezequiel Zamora en la plaza de la revolución de abril.

15/10/1771.-  Celebración de las Fiestas Patronales de Santa Teresa del Tuy, municipio Independencia del Estado bolivariano de Miranda. esta Población de los Valles del Tuy fue elevada a Parroquia Eclesiástica el 14 de octubre de 1771 y celebra sus fiestas patronales el 15 de octubre, por ser el día de las fiestas de Santa Teresa de Jesús.

Iglesia Santa Teresa de Jesús, Municipio Independencia, Foto de Iván LópezIglesia de Santa Teresa del Tuy, Foto Iván López.

15/10/1908.- Nace en la hacienda cafetalera Bagre en Cúa, hoy municipio Rafael Urdaneta, María Teresa Castillo, destacada activista política, periodista y diputada venezolana, con una amplia trayectoria en la cultura de Venezuela, fundadora y Presidenta de la Fundación Ateneo de Caracas.

Maria Teresa CastilloMaría teresa Castillo.

18/10/1690.- Conmemoración de la Fundación del Pueblo de Cúa, actual municipio Urdaneta, del Estado Bolivariano de Miranda. Esto debido a la ausencia de un documento de fundación, desde principios del siglo XVIII los obispos de Caracas, Venezuela, tomaron del libro más antiguo (Libro de Bautizos) de la población de Cúa, el documento más antiguo (una partida de bautizo) fechada el 18 de octubre de 1690, convirtiéndose así, en el referente  para señalar la antigüedad de la población.

Iglesia de Cúa, Año de 1926Iglesia Nuestra Señora del Rosario, Cúa.

21/10/1766.- Ese día ocurre el llamado Terremoto de Santa Úrsula, el terremoto se sintió principalmente en Caracas, La Guaira y en los Valles del Tuy, en el Pueblo de Cúa específicamente, se tuvo como consecuencia que gran parte de la iglesia sufrió serios daños y se calló parte de la torre principal, esa iglesia había sido la primera construida entre 1758 a 1765, posteriormente a ese terremoto fue reparada.

21/10/1820.- El Gral. José María Carreño, nacido en Cúa e ilustre prócer de la Independencia, Dirige con el Cargo de Coronel, la batalla de Río de la Fundación en Colombia, contra las fuerzas realistas dirigidas por el general Vicente Sánchez de Lima en la cual salió victorioso el prócer venezolano.

José MarÍa CarreñoGeneral José María Carreño.

24/10/1788.- Nace en Maracaibo el General Rafael José Urdaneta Farías. Militar y político venezolano, prócer de la Independencia de Venezuela y la Nueva Granada, último presidente de la Gran Colombia. Epónimo de un Municipio del Estado Miranda, cuya Capital es Cúa.

General en Jefe Rafael José Urdaneta FaríasGeneral en Jefe Rafael José Urdaneta Farías, imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Rafael_Urdaneta

26/10/1821.- Ese día una partida guerrillera entró violentamente en el pueblo de Charallave gritando ¡Viva el Rey! Según las declaraciones de un vecino de aquella localidad, el capitán de la facción era:

“Una persona alta, delgada, de color zambo claro, con el pelo negro y de buena estampa, su nombre era Gerónimo Cisneros”.

Aquel día aquel realista asaltó en compañía de los hermanos Agustín, Chepito e Ignacio Castro, de José Armas, Tomás Alvarado, el catire José de la Cruz quien recientemente se había desempeñado como tambor del coronel español José Pereira, Francisco Ribas y otros cuyos nombres no recordó el testigo. Tal vez fue esta la única acción que comandó Gerónimo pues al saber que su primo, Dionisio Ramón del Carmen Cisneros Guevara, había levantado una partida mayor que la suya, por el sitio de Las Palomas jurisdicción de Tácata, decidió marchar y unirse a él.

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Los Cinco Cementerios de Cúa.

Por: Manuel V. Monasterios G.

     La conmemoración del día de  los difuntos en la población de Cúa siempre ha estado revestido de gran solemnidad, todo el pueblo en romería visita sus difuntos, les reza, coloca velas que simbolizan la luz del descanso eterno, los responsos acompañados de música sacra, toda esta tradición se mantiene, pero el sello característico que tenía Cúa, que  era  la conmemoración nocturna, hasta las 12 de la noche desapareció. Los peligros  de la noche, no por los fantasmas o los difuntos que dejan las tumbas, sino por los atracos y violaciones que ocurren con  frecuencia en el sagrado recinto. La violencia nos roba las tradiciones y los espacios.  Hay que recuperarlos.

Entrada del Cementerio de Cúa, Año 1985, Foto tomada por Manuel Vicente Monasterios.

     Tal vez muchos habitantes de Cúa no estén informados que nuestro pueblo en su devenir histórico haya tenido cinco templos y cinco cementerios.

Primer Cementerio: Ubicado en la Hacienda Marín donde se funda la capellanía  para la atención de esclavos con el nombre de Santa Rosa del Valle de Marín. (Aproximadamente 1650-1756)

Segundo Cementerio: Al trasladarse la población al sitio de la Cúa o Cuana, por orden del obispo Diez de Madroñero se ubica  el cementerio al  lado norte del templo, que hoy corresponde a la calle El Rosario, lateral norte de la Plaza Zamora, hasta la ladera de Chupulún ( 1756-1878)

Tercer Cementerio: El 12 de abril de 1878 el terremoto destruye el templo parroquial, las actividades religiosas se trasladan a los terrenos de la iglesia ubicada donde hoy está la Gruta de Nuestra Señora de Coromoto, en la ladera hacia la Vega y el Limón se ubicaba el cementerio (1878- 1893)

Cuarto Cementerio: Las autoridades municipales de Cúa asumen el control de los cementerios, de acuerdo a las nuevas normativas vigentes para la época, eliminándole la facultad de control a la iglesia católica, asumiéndolo el poder civil representado por el estado (Concejo Municipal). Se fundó el cementerio en tierras recién adquiridas de la Hacienda San  José. En el sitio denominado popularmente como “muerto parao”, hoy sector Pueblo Nuevo, donde se ubica la capilla de  la Dolorosa. (1893-1904)

Quinto Cementerio: Durante el gobierno del general Cipriano Castro, la primera autoridad de Cúa era el general Luís Ramos y se realizaron dos obras de gran importancia, el nuevo cementerio y el puente que comunicaba la Cruz Verde con el camino de Tácata, donde está ubicado actualmente, el terreno pertenecía a la hacienda Marín y fue donado por los propietarios al Distrito Urdaneta. Se inauguró en el año 1904 y continúa funcionando hasta hoy como Cementerio Municipal. Fue planificado  en cuatro cuadrantes sembrados de amapolas, apamates y olivos criollos. La saturación y caotización en la ubicación de tumbas, obligan a  que las autoridades competentes planifiquen su reordenamiento y declararlo “Parque camposanto.” (1904- hasta hoy).

EL TERREMOTO DE CÚA

Por: Lucas Manzano

     Si un caraqueño de los tiempos pasados surgiera nuevamente a la vida y contemplara, a la vez que la suntuosidad de los salones de nuestro gran mundo elegante, la exquisitez y el buen tono que van adquiriendo las cosas en las horas presentes, pensaría que aún extiende su influencia bienhechora el viejo tiempo ido. Era, cuando numerosas orquestas desgranaban sus sonoridades en el ambiente avileño, mientras las doñas, decoradas con gemas de incalculable valor, y ataviadas con las telas más ricas que importaban “El Louvre” y “La Unión”, de París, daban motivos para que el hidalgo caballero andante exclamara a guisa de cumplido: “Caracas es el París de América”.

     Algo había de aquesto, porque desde los petimetres que lucían alborozados en las fiestas de tronío sus pecheras de encajes, cónsonas con el último grito de la moda, hasta el infortunado cuarterón que luchaba por abrirse camino a través de los escollos que le opuso el fanfarrón engreído que se durmió en sus laureles ante el recuerdo leyendario de su abuelo conquistador, todos luchaban por mantener un sello de gentileza en el suelo de la ciudad procera que les vio nacer.

Ruinas de la Iglesia de Cúa, Valles del Tuy después del Terremoto de 1878, Obra  de Cristóbal Rojas del año 1882.

     Asistir a uno de esos saraos con derecho a bailar o como simple espectador,   a quien si le franqueaban las puertas del bar no le dejaban, en cambio, manos libres en el “buffet”, era privilegio que los abuelos calificaban de “bajado del cielo”; pues cuando en la Casa Amarilla o en la residencia de Conde a Carmelitas, abrían los salones para dar rienda suelta a la alegría, la gente de alto coturno disponía, para calzarse los guantes,   cuando menos  de un par de lacayos.

     No menos de tres días transcurrían mientras el sol evaporaba de los trajes de riquísimo gris, y de las mantillas de encajes chantilly, el olor penetrante aspirado en las cajas de cedro, en las cuales depositaban las abuelas’ y las jóvenes los perifollos que lucían para imponer en los salones, aspecto nunca soñado, bajo el brillo rutilante de las gemas que por entonces representaban fortunas fabulosas.

    Por algo afirmaban los cronistas que quien vivía en la villa de Don Diego de Lozada, podría estar expuesto a que le destrozasen la epidermis en los cuchicheos de las solteronas; pero en cambio, gozaban tanto como el Rey Sol en los saraos del Trianón.

    Razones tenían los viejos para ponderar las cosas, pues grandes o chicas, las recepciones de los mantuanos, oscuras o turbias las calles de la ciudad y ocultas o a medio pulir las mozuelas del gran mundo, todo era cosa de la patria y como tal las aceptaban y las publicaban  los periódicos.

     Si había lucha de clases, también existía quien de cuando en vez llamaba a capítulo a los godos y los metía por una sola calle. Ese puédelotodo era nada menos que Dios, Comandante en Jefe del Cielo, el mar, el aire y la tierra.

    Obra suya, porque el Diablo no tiene poder para tanto, fué lo que ocurrió en el pueblo de Cúa en 1878. Componían el vecindario alemanes en mayoría, quienes haciendo valer su limpieza de sangre, se habían adueñado de los resortes necesarios para   imponer   su voluntad.

     Obstaculizaban al mismo gobierno, si no les enviaba un comisario albino y no había acto en el cual no dejaran ver los dientes. Ecos de estas cosas llegaban hasta la capital, cuyas autoridades se hacían la vista gorda dejando que cada quien hiciese cuanto le viniese en gana, con tal de que no intentasen arrebatarles el mando.

     Eso venía de atrás, pues cuando el venerable fraile Manuel de Alesón fundó en el año de 1690 el pueblo de Cúa, estuvo a punto de que los caciques le cortaran la cabeza. Decían éstos que el Misionero se interesaba en construir el caserío para atraerse los esclavos que se alzaron en las haciendas de Ocumare el año anterior, luego de darle a sus dueños tantas y tan merecidas palizas como pelos tuvieran en la cabeza. Fuéronse a la montaña, no ya como el negro Miguel cuando se rebeló contra sus dueños, y al formar gobierno hizo reina a su concubina la negra Guiomar a su hermano le colocó una mitra, porque un gobierno sin obispo es como un auto sin freno; y así anduvo hasta que el guapetón de Don Diego de Lozada le dio muerte. Los de Ocumare no eran así.

     Pacíficamente, lanza en ristre, por lo que pudiera acontecer, los ocumareños se adentraron en el monte hasta que el fraile los sacó de allí. Refieren las memorias de Fray de Alesón, que poco después de haber completado la fundación de Cúa, tuvo que ausentarse hacia Paracotos, pueblo que había él fundado el año anterior, para librarse de una tremenda conspiración tramada contra él por los caciques de las tribus Tumuces, Marasmas y Araizas, que tampoco le perdonaban el haberle quitado al pueblo el nombre indígena de Cúa, para bautizarle con el de: “El Rosario”.

     Cuando, en viaje a Ocumare iba el levita en su caballo cojo y el paraguas raleado, un fuerte temblor echó por tierra casas y templo; secó el río y sus manantiales afluentes,  y no dejó vivos animales ni gente.

   De los pocos sobrevivientes de aquella catástrofe, sólo quedaron para contar el cuento- don Carlos Blasco, con cuya amistad gozamos y a quien deseamos tantos años de vida como talentos él conserva en su ventripanzuda hucha.

     Al Padre Alesón le recordaban en Cúa; así, cuando los campesinos bajaban de las haciendas a recibir la paga, y luego de cruzarse de brazos ante sus dueños y besarles las manos en señal de respeto, íbanse a los tenduchines de la Plaza, donde el caporal tendía la cobija en la mesa, sacaba un par de dados “taqueados” o con las de perder por las cuatro caras, para que los peones dejasen cuanto habían ganado en la semana, sin que nadie protestase. Antes bien, era motivo de júbilo para los ignaros cuando, caballero en su potro pasitrotero, aparecía el hijo del señorito y en uno de esos gestos democráticos, que no escaseaban entonces, sacaba de la faltriquera las barajas que portaba y ante les alegres concurrentes, tallaba las tres cartas, regocijadamente, hasta quitarles los últimos centavos, sin peligro.

     Era cosa corriente en los pueblos; de tal suerte que el caso se repitió en la misma Cúa, en la histórica Semana Santa que había de celebrarse en abril de 1877, cuando el Padre Manuel María Céspedes, oscuro de color y párroco de aquel cantón, desfilaba por la plaza del pueblo con rumbo a la casona de la piadosa señora María Mariposa   a quien debía entregarle el   (ojo, ojo).

     Al entrar en la plazoleta, bajo el bullicio de ventorrillos de arepa con sardinas, chica, amargo de torco contra el pasmo, mal de amores y las bubas; de las jugadas públicas auspiciadas por elementos extranjeros, escapáronse griticos que hicieron detener al presbítero, quien reclamó, aunque en tono humilde, el respeto a que tenía derecho por el Ministerio que ejercía y cuanto había hecho en beneficio del Templo y la ciudad. Pero el bochinche crecía,   al extremo de haber tenido el levita que refugiarse en la iglesia; y creyendo darle paso a lo ocurrido, invitó a los católicos para que le acompañasen a cubrir los santos, a comienzo como estaban, de la Semana de Pasión. Pero respondiéronle en sus propias barbas, que no estaban dispuestos a tapar santos oscuros, ni a secundar al negro en la tapadera de las imágenes. Esto no fué tan grave, aunque hirió en lo profundo al anciano sacerdote, como lo que ocurrió al día  siguiente,   martes,  y  Santo,  por añadidura.

     Aprestábase el Padre Céspedes a celebrar la misa; el templo estaba totalmente invadido por la multitud entre quienes seguramente había creyentes de buena fe; el resto iba por hacer lo que los chupacirios llaman “morcilla para el diablo”: Delicioso trajín que consistía en prender los camisones de las viejas con alfileres de nodrizas; en regar el suelo de clavitos -con arena para gozar de los efectos por ello ocasionados a los creyentes que solían arrodillarse en el rudo suelo, o tocarse de codo para combinar “algo”, después de cumplir con Dios.

     Cuando el Padre alzaba para descubrir el vaso y escanciar el vino, saltó de su interior una cobra, de padre y muy señor nuestro, que por un tris le clava los colmillos en las manos.

     El levita, aunque muerto de pavor ante aquel sacrilegio, no interrumpió los oficios. En ese instante (según le confesó años después a sus amigos), hizo un ruego a Dios para que los culpables le confesasen su crimen. Fué obra divina cuando, concluida la misa y retirados los concurrentes, notó la presencia de una pareja indígena que se avalanzaba hacia él y luego de rogarle que les perdonase, confesáronle que por instigación de los extranjeros habían puesto en el vaso aquella serpiente, con la ayuda del monacillo, hijo de un extranjero corsario.

   Al día siguiente, Miércoles Santo, cuando el padre cura luego de recoger sus cosas salió del pueblo, y en el sitio por entonces conocido con el nombre de “La Cruz Verde”, maldijo al pueblo, y sacudió las sandalias en señal de que no deseaba llevar ni el polvo de éste, guió sus pasos hacia Caracas.

   Minutos después, un fuerte terremoto arrasó el templo y las casas todas, cubrió totalmente el cauce de los ríos, y destruyó íntegramente el pueblo de Cúa.

    Tal vez, lector, no crees en milagros ni en aparecidos; y tu razón tendrás, pero aquello sucedió y la tradición lo pinta con estos mismos colores.

Tomado del Libro: CARACAS DE MIL Y PICO de Lucas Manzano, año 1943.

EL TERREMOTO DE CÚA

Por: Manuel V. Monasterios G.

El 12 de abril se cumplen 134 años del devastador terremoto de 1878.

Ruinas de la iglesia Cúa después del Terremoto de 1878, Foto publicada en el Cojo Ilustrado del año 1894

     En 1878 Cúa era la capital del Distrito Guzmán Blanco, integrado por Charallave, Tácata  y Cúa, con una población, según el censo de 1876, de 16.444 habitantes y 3263 casas, en todo el distrito. Cúa era conocida como La Perla del Tuy por su movimiento económico como puente entre Caracas y los llanos de Guárico y Apure, casas comerciales como Santana Hermanos, Hedrich & Compañía, Eraso Hermanos, Rohl & Compañía; tenían representación en esta población y cumplían las funciones de banca comercial en el manejo de préstamos y resguardo de dinero en efectivo, ya que se movilizaban grandes montos en el negocio ganadero  y agrícola.

     Cúa, conjuntamente con Ocumare del Tuy eran los mayores productores de Cacao durante la colonia, esa riqueza permitió la fundación de las poblaciones tuyeras durante la segunda mitad del siglo XVIII. Para el año 1876, dos años antes del terremoto el censo nos indicaba que la producción de cacao había declinado a 43.010 kilogramos, sin embargo el mismo censo ordenado por Guzmán Blanco deja constancia que Cúa era el mayor productor en los siguientes rubros: Café 1.117.800 Kg.; aguardiente 392.000 litros; papelón 478 800 Kg; maíz 4.388.400 Kg; caraotas 2.210.750 Kg; Almidón 4600 Kg.

     Estas cifras evidencian que Cúa para el momento del terremoto del 12 de abril de 1878 era la población más floreciente económicamente en los valles del Tuy, la Sociedad Liberal de Obras y Mejoras, había logrado la construcción de la carretera del sur: Cúa-San Casimiro, inaugurada personalmente por el Presidente General Antonio Guzmán Blanco en agosto de 1875, quien además donó un reloj para la torre del templo y una campana. La plaza conocida hoy como Zamora tenía el nombre de Roscio y donde hoy está la plaza Bolívar había un amplio terreno conocido con los nombres de Plan de San José y posteriormente como plaza de Santa Rosa.

     Cúa en 1878 se perfilaba con un  presente de gran prosperidad y un futuro muy promisor, lastimosamente la llamada falla tectónica de Cúa, que corre paralela al rio Tuy desde Tácata hasta Ocumare del Tuy se activó la noche del viernes de Concilio del 12 de abril de 1878 y destruyó totalmente a la población con un  saldo inmenso de fallecidos, heridos y de emigrados. El censo de 1881, seis años después del terremoto nos indica que la población había disminuido a 3.666 habitantes y a 663 casas, contando solo Cúa y Charallave, pues Tácata  había pasado a formar parte de Guaicaipuro.

    En este destructor evento también comprometió a las otras poblaciones del Tuy pero su epicentro fue en Cúa, las posibilidades de recurrencia siempre están presentes, por eso es urgente y necesario desarrollar una cultura de prevención, estar conscientes que se está construyendo sobre una falla geológica y Dios nos libre de otro 12 de abril.

     Alrededor del terremoto se ha tejido una leyenda sobre la maldición de un cura al que le colocaron una culebra en el copón y durante la misa, por poco no es víctima del veneno o de un infarto por el susto. Pero esta leyenda es objeto de otra crónica.

Cuadro de Cristóbal Rojas, Las Ruinas del Templo de Cúa, pintado en el año 1880, En este estado de destrucción quedó el templo de Cúa, el cual estuvo ubicado en el mismo lugar de la Plaza Zamora, donde está hoy el nuevo templo.

LA MALDICION Y EL CURA

Por: Manuel V. Monasterios G.

Ruinas de Cúa después del terremoto de 1878 

        Durante el año 1877 llegó a Cúa el Padre JOSE MARIA CESPEDES, Este Sacerdote era bastante moreno de piel, pero con facciones muy finas. Guzmán Blanco había puesto de moda el anticlericalismo, los principios de librepensadores y masones chocaban con la Iglesia Católica. El Gobierno de Guzmán introduce el matrimonio Civil, el registro Civil, desliga las actividades del estado de la influencia de la religión católica El padre Céspedes era un antiguzmancista que utilizaba el púlpito para descargar en sus sermones las actitudes del Presidente Guzmán Blanco contra el Arzobispo Guevara y Lira, el cierre de los conventos, la demolición de iglesias.

       El gobierno de Guzmán Blanco demolió el convento de las monjas Concepciones y construyó en su lugar el Palacio Federal, hoy sede del Poder Legislativo, demolió la Iglesia de San Pablo y construyó el teatro Guzmán Blanco, hoy conocido como Teatro Municipal. Confiscó las propiedades de la Iglesia. Prohibió el pago de diezmos y primicias. Expulsó del país varias congregaciones. Desterró al Arzobispo de Caracas Monseñor Dr. Silvestre Guevara y Lira En síntesis en aquella época pelear con al Iglesia Católica era un signo de tener una mentalidad de avanzada y progresista. Además Guzmán protegió la Masonería.

      El padre Céspedes mantenía su lucha contra el gobierno guzmancista, pero también los partidarios del Gobierno asumieron una posición hostil contra el sacerdote, para obligarlo a dejar la parroquia. Los partidarios de Guzmán Blanco querían ser más libre-pensadores y anti-clericales que Guzmán. Necesitaban, como siempre ha sido, demostrar su incondicionalidad al jefe máximo, imitando al jefe en sus manías anti-clericales, en sus peleas con la Iglesia. Para ese fin estaba como víctima perfecta el padre Céspedes.

        La tradición señala que el cura en sus sermones decía que llegaría el castigo de Dios, que muchos tendrían que morir bajo la furia de grandes tragedias, que la tierra se abriría y se tragaría pueblos enteros y solicitaba el arrepentimiento de sus feligreses. Algunos tomaban aquellas palabras proféticas del padre Céspedes a burla, incluso se puso de moda un refrán que decía: “Dame medio de queso y la ñapa me la das de terremoto”. Cuenta en sus crónicas el escritor Lucas Manzano, del libro “Caracas de Mil y Pico”, según relato oral de su abuelo el General Pablo Manzano, a quien le correspondió dirigir el cuerpo de tropas que estableció la custodia de la ciudad después del terremoto, para evitar desórdenes, saqueos y robos, cuenta Don Lucas “que la situación entre algunos habitantes de Cúa, principalmente de origen alemán (Habían en Cúa 11 alemanes) y el sacerdote era muy tensa”.

     Un día el Padre Céspedes celebraba la misa y cuando destapó el Copón saltó una pequeña serpiente que habían ocultado dentro de la sagrada vasija. Estaba por comenzar la Semana Santa de 1878. Era el día jueves 11 de abril, el cura terminó la misa e informado de quienes habían sido los promotores de semejante sacrilegio, se fue a la casa parroquial, recogió sus cosas, las monto en un burro y tomó el camino a Charallave, al llegar a la salida del pueblo, donde hoy está la ceiba de la Cruz Verde, según dice la tradición y reafirma Don Lucas, lanzó una maldición contra el pueblo y sacudió sus sandalias, en señal de no querer llevar ni el polvo de Cúa.

       Esta leyenda se contaba de generación en generación, tal vez sea producto de la imaginación de los pueblos. Lo cierto fue que ocurrió lo que el cura anunciaba.

     Aquel viernes del Concilio 12 de abril de 1878 a las 8.00 p.m. la floreciente ciudad de Cúa quedó totalmente destruida. La población fue el epicentro de un terremoto, la mayoría de las casas quedaron en ruinas, los muertos y heridos se contaban por miles, la vieja casona de la Hacienda Lecumberry, fue una de las pocas que se salvó del poder de la naturaleza y se improvisó como hospital de campaña para atender a los heridos, el templo parroquial de Cúa quedó completamente destruido.

     Así, por mandato de la naturaleza termino la época de oro de la llamada PERLA DEL TUY.  Se inicia desde el primer momento el auxilio del gobierno nacional, presidido en ese momento, por el General Francisco Linares Alcántara, quien se hizo presente en la población. Se contaron por miles los muertos y heridos, los daños materiales sumaron varios millones por la destrucción de casi todas las viviendas del pueblo. El primer asilo de huérfanos de Caracas, fundado por iniciativa del Dr. Agustín Aveledo, para atender los huérfanos del terremoto. Esta tragedia, históricamente marca el comienzo de la decadencia de una ciudad que prometía gran progreso espiritual y material. El éxodo y el estancamiento dominan la vida cueña por décadas.

Iglesia de Cúa, Año de 1926