Historia regional y local del Valle del Tuy

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LA MAGDALENA, UN TESORO ESCONDIDO EN BUSCA DE INVERSIONISTAS.

Por: investigaciones TUCUY.

Vista de los Valles del Tuy desde la Capilla de la Magdalena, Foto de Iván López, año 2008.

El Futuro y el Pasado se unen

     Algunas leyendas tuyeras nos hablan de un inmenso tesoro enterrado en predios de La Magdalena por el famoso guerrillero realista Dionisio Cisneros, esto ocurrió, según cuentan, cuando estas tierras formaban parte de Colombia y la Presidencia la ejercía El Libertador Simón Bolívar. Algunos, con la ambición de la riqueza rápida, buscando las famosas “morocotas” han incursionado en sitios como El Trompillo, La Fila, Curujur, la Cueva. Solo algunos han visto luces, otros, según cuentan ellos mismos, han padecido las “maldades” del bandido. Pero nadie ha encontrado el tesoro. (Ver en Leyendas Tucuy  “El Inmenso Tesoro de Dionisio Cisneros…).

     El Tesoro existe, pero solo algunos visionarios tienen el privilegio de percibirlo, de creer en él, uno de esos favorecidos es el Ingeniero  y Comunicador Juan Quintana, también  su esposa la profesora Isaura Villaparedes de Quintana, sus hijos, algunos residentes, agricultores, artesanos, comerciantes como la Familia Delpiani y una gran mayoría de Magdalenenses ha descubierto que el verdadero tesoro está en desarrollar a la Magdalena como el principal polo turístico del Tuy; las condiciones están dadas, la naturaleza le ha dotado del mejor clima de los valles, tierra generosa para la producción agropecuaria, el Estado Venezolano le ha construido la mejor infraestructura vial de los caseríos rurales en la zona Tuy (Carretera Quebrada de Cúa- La Magdalena). La seguridad ciudadana no es difícil de organizar. Los otros servicios de infraestructura también son factibles a corto plazo. Sólo hace falta un Plan de Ordenamiento, para conservar en la Magdalena la arquitectura típica de los Valles del Tuy.

Juan Quintana y su Familia, Foto Iván López, Año 2008.

     Algunas obras públicas fundamentales como La Capilla es un ejemplo a seguir, la sencillez de esa desaparecida forma de construcción está en armonía total con el medio ambiente. El Ingeniero Juan Quintana y su familia, en 17 años de  paciencia pueden mostrar a los visitantes una “casa museo”, donde se rescatan las vivencias y la historia menuda de Charallave y del Tuy, a través de los objetos de invalorable y fiel referencia, a los personajes, a los hechos, a las raíces de un pasado que no se puede borrar invocando la “modernidad” mal entendida. No conforme con esta loable iniciativa, para disfrute y remembranza de quienes por nuestros años vivimos aquella “nuestra” época dorada; hoy las nuevas generaciones pueden conocer e interesarse por ejemplo: En la biografía de Don Policarpo Farrera,  respetable  Juez de Charallave, de su hijo el Polifacético Gustavo Farrera (Chucuto), músico, político, comerciante, emprendedor y de su nieto Gustavito Farrera Luna, el Cantante, el historiador, el recopilador de las anécdotas de su pueblo. Solo para poner un ejemplo entre los miles existentes en el museo.

     No conforme con esto el Ingeniero Juan Quintana ha construido un Parque Temático que nos transporta al pasado charallavense, no como el simple recuerdo de algo sin retorno, sino como un pasado histórico que sienta las bases para un futuro mejor, para hacernos entender en forma didáctica: Que sin ese pasado, sin la labor de esos hombres y mujeres que en muchos casos ya se fueron, no tendríamos presente, ni futuro. Una sociedad que no respeta su memoria, ni la hace conocer, tiende a diluirla, a descomponerse, las raíces sociales y el sentido de pertenencia representan la mejor barrera para la anomalía que nos destruye socialmente. La obra de la familia Quintana es verdadera labor de Patria.

Capilla en advocación a la virgen de la Magdalena, pueblo de la Magdalena, Foto Iván López, año 2008.

     Para los habitantes y nativos de este hermoso caserío, tan cerca de Caracas, gracias al Ferrocarril Ezequiel Zamora, columna vertebral de futuro desarrollo planificado y organizado del Tuy. Debe ser un paradigma a seguir lo realizado hasta hoy, un ejemplo a seguir para logar el bienestar.

     La Magdalena está llamada por todo lo señalado a convertirse en una “Colonia Tovar” a la venezolana, solo necesitamos un poquito de imaginación para ver crecer una agricultura sustentable, incluso el café, tratando de desarrollar una “Marca de origen” con un café orgánico, cotizado hoy en el mundo a precios superiores al petróleo, Una escuela local de artesanos de la madera, el barro, la tela y otras áreas que le distingan a nivel nacional e internacional como ocurre hoy con Magadaleno en Aragua, una ruta gastronómica tuyera y venezolana, volver al cultivo de la piña y de los frutos tradicionales de la zona, rescatar la fabricación del famoso queso de mano, un centros para la practica de deportes como el  senderismo, hasta la Cueva de Ña` Plácida y otros lugares, la caminata, la escalada, la observación de la multitud de pájaros, el inmenso paisaje de todos los Valles del Tuy, deportes extremos como el vuelo en parapente, las posibilidades se pierden de vista. Esto daría no solo a La Magdalena una economía sustentable, sino al Tuy otra visión reconfortante, de calidad de vida, un polo de atracción para la inversión nacional e internacional.

Detalle de la Capilla de la Virgen de La Magdalena, Foto Iván López,año 2008.

     Desde TUCUY felicitamos a los habitantes de este Caserío, al Gobierno Nacional, por llevar adelante estos hermosos proyectos de infraestructura, al Ingeniero Juan Quintana y Familia por atreverse a construir el futuro con fe, trabajo, constancia y amor a su tierra. En la Magdalena se puede demostrar que cuando los planes del Estado se unen a la iniciativa privada y caminan por la misma ruta, el éxito está asegurado.

     La Magdalena puede ser un modelo para muchas regiones del país, una comunidad en  movimiento positivo donde todos pueden ganar si se actúa con inteligencia.

      Invitamos a los habitantes del Tuy, de Venezuela y del mundo a visitar La Magdalena, a invertir en proyectos sustentables y generadores de empleo, no en engorde de tierras. Visitar La Magdalena es aproximarse a la Venezuela posible y comprender de forma directa que un presente de trabajo y constancia, de visión y esfuerzo sostenido, representan el verdadero tesoro enterrado por José Dionisio Cisneros en 1825 en ese Caserío.

Capilla de la virgen de la Magdalena, pueblo de la Magdalena, Foto Iván López, año 2008.

Origen de la Propiedad, (Historia Local)

Caserío La Magdalena. Primera Parte

     El antiquísimo Caserío de La Magdalena, ubicado hoy día en los límites entre los Municipios Urdaneta, Cristóbal Rojas y Guaicaipuro, con más de un 70% de su territorio en Urdaneta, pero vinculado en lo económico, social, y político a Charallave, por descuido inveterado de las autoridades del hoy Municipio Rafael Urdaneta. Tierras hermosas, con vocación agrícola, cuyo origen  se remonta al período Colonial con el nombre de “Altos del Palmar”,  (Hacienda El Palmar) vieja posesión cacaotera propiedad del  “Marquesado de Mijares”, cuyos linderos se extendían desde la orilla del río Tuy, hasta la fila de la Magdalena, por una parte (Sur-Este) y por la otra la “Hacienda San José”, conocida posteriormente como Quebrada de Cúa, cuyos Linderos también se extendían desde las riberas del  Tuy hasta la fila de la Magdalena.(Sur-Oeste), siendo el lindero natural entre los dos latifundios( Quebrada de Cúa o San José y El Palmar) el curso la Quebrada de Cúa, o de Cabuya, desde su naciente hasta la desembocadura en el Tuy. (Hoy Lecumberry).

   Más hacia Este, en el camino de Charallave nos encontramos con las haciendas: La Unión, y El Vapor. Por el Norte con Paracotos, están las antiguas haciendas cafetaleras de los Ufano, Delgado, Morantes, Rosales.

     Las tierras de los “Altos del Palmar” llegaron a manos de Don Juancho Gómez y sus herederos, a comienzos del siglo XX, formando parte del gran latifundio, llamado durante el Gomezalato “La gran posesión Mendoza” La cual reunió en una sola hacienda casi todas las posesiones desde Cúa hasta Ocumare del Tuy. Una vez muerto el Dictador Juan Vicente Gómez, los bienes de la familia pasan a la Nación venezolana, mediante juicio de expropiación y el gobierno del General  Eleazar López Contreras, funda la Colonia Mendoza con 60 familias canarias procedentes de Cuba, a través del Instituto Colonización e Inmigración, posteriormente en el año 48 pasa al Instituto Agrario Nacional, el cual se ocupa fundamentalmente de la parte baja y colindante al canal de riego construido al efecto desde Marín hasta Ocumare.

Bodega del Señor Delpiani en La Magdalena, Foto Iván López,año 2008.

     Con relación a la finca San José o Quebrada de Cúa a partir de las últimas décadas del siglo XIX, empieza a desmembrarse o a producir mutaciones; La primera es la venta que Don Carlos Hernaiz, dueño también de la Hacienda Marín, le hace al Presidente del Gran Estado Miranda General  J.M. García con la finalidad de destinarlos al Municipio de Cúa, para la ampliación del pueblo. Esta compra permite a posterioridad construir la Plaza de Santa Rosa (a partir de 1911, Plaza Bolívar), la calle Cruz Verde (Hoy General José María Carreño), Pueblo Nuevo. (Hoy Monseñor Pellín)

     A partir de este desmembramiento deja de llamarse Finca San José y se empieza a denominar Hacienda Quebrada de Cúa, con varios propietarios entre ellos Carlos Hernaiz quien vende a Don Doroteo Angelino en 1893, el general Hugo Guardia compra en 1914, nuevamente pasa a manos  Don Doroteo Angelino en 1918, los herederos de Don Doroteo Angelino le venden a Doña Rosa Acosta de Marrero en 1925, agregando a la venta la posesión el Potrero que Don Doroteo había adquirido del general Laureano Carballo. Don Félix Sosa apoderado de la familia Marrero Acosta vende a Don Andrés Cruz Orta en 1939, éste vende al Dr. Julio Molina en 1941, Este vende al Mayor del Ejercito Francisco Angarita Arvelo, primo del Presidente General Isaías Medina Angarita en 1942. Don Jesús Sánchez, apoderado del Mayor Angarita Arvelo, vende a Don Domingo Palacios en 1948, éste vende a Alejandro Arzola M. y a Alejandro Arzola De Armas, en 1948 y éstos a su venden al  Instituto Agrario Nacional en 1953.

Adobe, Pueblo de Antaño, Foto de Gladys Zambrano, año, 2009.

     El I.A.N.  en 1953 otorga al municipio un lote de terrenos para ampliación de la población, (Hoy Hospital Dr. Osio, Centro Comercial Aparay, Polideportivo, Industrias PAVCO, antigua Tubemplast.) Por la Misma fecha el Directorio del I.A.N. vende un lote de terreno al Coronel del Ejército Roque Yoris, quien instala un Haras de caballos pura sangre, en esa época era Presidente del Viejo Hipódromo del Paraíso, quedando en manos del I.A.N. el caserío Quebrada de Cúa y el caserío La Magdalena.

Adobe, Pueblo de Antaño, Foto de Gladys Zambrano, año, 2009.

     En 1957, faltando pocos días para la caída del Dictador Marcos Pérez Jiménez, el Directorio del I.A.N. vende a Tobías Darwin Uribe un lote de terreno, el cual denominan “Posesión o Hacienda ña-Placida”, pues incluían la venta  de tierras y de la cueva.

     En esta apresurada venta se inician una serie de  irregularidades (Enero 1958) tales como:

  • No existe tradición legal de una Hacienda denominada Ña-Placida.ya que éstos  terrenos incluida la Cueva, forman parte de Altos del Palmar y no de Quebrada de Cúa.
  • La documentación de venta de la Hacienda ña-Placida corresponde a la tradición de la Hacienda Quebrada de Cúa Antigua San José.
  • Es decir que el Directorio del I.A.N. venda un lote de terreno con documentos y tradición de otra hacienda.
  • Se puede inferir que la razón fundamental de una documentación diferente a la que le correspondía, era que para esa fecha el I.A.N no era el propietario de Altos del Palmar, pues formaba parte del conjunto de bienes expropiados a la Sucesión de Juancho Gómez (hacienda El Palmar) y el Procurador General de la República Dr. Juan José Abreu ordenó el registro a nombre de la Nación Venezolana y no se había hecho el traspaso de bienes al I.A.N. Esta transferencia se produjo en el año 1985. Para la venta un bien nacional era necesario que se produjese la desafectación y autorización del Congreso Nacional y lo urgente de la transacción, pues la dictadura estaba agonizando, no daba tiempo para cumplir con los tramites de ley y se anexó de forma ilegal a la tradición de la hacienda Quebrada de Cúa.(antigua San José)

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EL INMENSO TESORO DE DIONISIO CISNEROS ENTERRADO EN LA MAGDALENA (1825 -1833)

Por: Manuel V. Monasterios G.

     La guerra de Independencia había terminado, pero en la zona del Tuy como en otras regiones del país, las guerrillas de pardos, negros libertos, esclavos alzados, indios y zambos seguían sembrando el terror y el pillaje. Uno de estos bandoleros  fue el famoso Dionisio Cisneros, un sargento de las tropas realistas, nacido en Baruta. Comandaba el forajido un grupo guerrillero integrado por unas 200 personas, caracterizados por una violencia patológica, donde el objetivo no solo era robar, saquear haciendas y despojar de todo objeto de valor a los viajeros, arrieros y transeúntes que se atrevían a tomar la vía del llano, sino las perversidades que les hacían a sus pobres victimas, golpeándolas,  violándolas e incluso llegando al crimen. Muchos  fueron los intentos del gobierno de Páez, en esa época Venezuela era  un Departamento de la Gran Colombia. (1825-1830), para someter al  guerrillero, incluso intentando sumarlo al ejercito de la República. Todo fue en vano, Cisneros continuó con sus ataques a las haciendas de la zona. La guarida principal del bandido estaba en los montes de la Fila de La Magdalena, jurisdicción de Cúa, era un sitio custodiado por familiares del bandido,. donde enterraba el producto de sus robos, con el mayor cuidado, para que ninguno de sus guerrilleros supiese el lugar.

     El miedo que producía Cisneros a los hacendados les obligaba a abandonar sus fincas o  buscar la forma de ganarse su amistad, agasajándolo y cancelándole sumas de dinero para que les diera protección y les permitiera trabajar sin sobresaltos. Los obligaba a compartir sus ganancias. Así fue el bandido guerrillero acumulando muchos pesos y onzas de oro. Sin embargo lo que más dinero le generó,  fueron dos asaltos legendarios para época. En julio de 1827, suficientemente informado, se dirigió de Súcuta a los llanos de Altagracia de  Orituco, por las montañas de Quiripital, allí se apodero de más de 72.000 pesos en oro, producto de la Renta del Tabaco.

     El otro asalto famoso lo hizo a un arreo de mulas y burros que venían de las costas del Orinoco, de la región de Caicara, donde un General Elías Acosta tenía varias minas de oro. El general Acosta había acumulado en varios años de trabajo más dos mil kilos de pepitas de oro y cachanos, pero el grave problema que tenía era que no quería venderla a las traficantes y compradores de la zona. Consideraba Acosta que el precio era injusto. Y si tomaba la determinación de sacar la carga de oro por el Orinoco, era seguro que sería asaltado en el Delta. Estratégicamente, fue acumulando el oro poco a poco en Cabruta y lo fue camuflando con un cargamento de pescado salado que cada año debía salir para el Centro, antes de Semana Santa. Llegado el momento, aparentemente el cargamento salió en curiaras por el Orinoco vía Trinidad, para despistar a los ladrones de Guayana, Pero en verdad el oro salió con el pescado salado vía Caracas, pasando por el Tuy. Treinta burros y mulas con cincuenta hombres armados tomaron el camino de recuas, pasaron Las Mercedes del Llano y remontaron por San Rafael para caer por el camino de Cúa, pasando por San Casimiro por ser la vía más segura. Llevaban dos semanas de viaje y pocas leguas faltaban para llegar a Cúa, En las vueltas de la cañafístula los esperaban 150 hombres dirigidos por José Dionisio.

     Para el bandido era un asalto más, no sabía que debajo del pescado venía el oro. Confiados en la seguridad del camino la gente del General Acosta venían desprevenidos y no pudieron defenderse, ni usar las armas La sorpresa fue total, el numero de asaltantes de tres a uno. Los dominaron sin hacer un disparo y los dejaron amarrados a los árboles cercanos al camino, llevándose los burros y mulas, su áurea carga y las armas que traían. Cisneros no sabía que estaba haciendo el mayor asalto en la historia delictiva de Venezuela, hasta que las bandas actuales empezaron a robar blindados y le quitaron el record… La sorpresa del bandolero fue muy grande, no podía creer que debajo del pescado medio podrido y de los quesos llaneros, lo que había era oro de 24 quilates. Para evitar que sus secuaces se dieran cuenta de la existencia de un cargamento disimulado, se lo llevo a lo profundo del monte, con unos 8 hombres de su total confianza y lo enterró, como acostumbra hacer en estos casos, mataba a los enterradores del tesoro para que las almas en pena fueses los guardas de la fortuna bajo tierra. El pescado lo repartió entre sus compinches que lo colocaron en los mercados, con el auxilio de los campesinos.

     Pasado el tiempo Cisneros fue  compadre del General Páez. En un acto de valentía del Presidente, al internarse en las montañas de Súcuta, sin escoltas, para conversar con Cisneros, se lo ganó para la paz. Pero poco después, Cisneros volvió por sus fueros, fue sometido a Consejo de Guerra y fusilado en Villa de Cura.

     El tesoro del bandolero Cisneros, uno de los mayores de la historia, quedo enterrado en algún lugar de la Fila de La Magdalena, algunos buscadores de tesoros se han llevado sus sustos al tratar de encontrar este tesoro: Dos toneladas de oro cochano y más de 100.000 pesos oro, representan una tentación, que bien merece un sustico y un sobresalto. Algunas personas que viven en la zona montañosa, cuentan que   en las noches de verano, cercanas a la Semana Santa, ven luces que se expanden y se cierran. También se oyen  gritos desgarradores pidiendo auxilio. Sobre estos hechos recibí información muy privilegiada, de mi gran amigo Jesús Manuel Reverón Blanco, quien también se sumó, hace muchos años, a los buscadores del tesoro y también paso su trago amargo. Tratando de encontrar el más grande de los tesoros todavía enterrado en la Fila de la Magdalena. También se dice que dejó otros tesoros en Tazón, Charallave y Súcuta.