Historia regional y local del Valle del Tuy

Entradas etiquetadas como ‘tradiciones’

Un cristal de Río de Piedras (Cipriano Alberto Moreno)

      El Sistema Nacional de Imprentas es un proyecto impulsado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura a través de la Fundación Editorial El perro y la rana, con el apoyo y la participación de la Red Nacional de Escritores de Venezuela. Tiene como objeto fundamental brindar una herramienta esencial en la construcción de las ideas: el libro. Este sistema se ramifica por todos los estados del país, donde funciona una pequeña imprenta que le da paso a la publicación de autores, principalmente inéditos.

     Con estas palabras de carácter institucional del SNI, mostramos lo grandioso de la iniciativa del Ministerio de la Cultura que apoya, publíca y difunde la obra de autores desconocidos, en toda la geografía de Venezuela.

     Hemos querido recomendar esta hermosa obra literaria llamada Un cristal de Río de Piedras escrita por Cipriano Alberto Moreno, nacido en Ocumare del Tuy el año de 1935, docente y cantautor de joropo tuyero, autor de la letra de la famosa canción Canto al amanecer tuyero y con varias grabaciones en su larga trayectoria musical. Un cristal de Río de Piedras es un anecdotario donde Cipriano nos lleva a recorrer parte de la serranía del interior central venezolano, montados en el recuerdo de sus vivencias en ese hermoso pueblo, donde no sólo fue maestro, sino donde persigue el amor de una mujer de firmes convicciones, de amor puro y sincero, que moldeó el carácter del hombre, que definió el resto de su vida.

Portada de Un cristal de Río de Piedras,de Cipriano Alberto Moreno.Pulse acá para descargar Un cristal de Río de Piedras de Cipriano Alberto Moreno

En palabras del mismo Cipriano:

“En este texto la descripción es distinta porque es una autobiografía de mis andanzas juveniles y de lo que más embellece las páginas de este impreso: el amor. Esta obra es mi vida, mis locuras, mis correrías, transcurridas en lo más bello de mi vida, en esa fase o ciclo de tiempo cuando todo es ilusorio y esperanzador, cosa muy natural y frecuente en la juventud, que después que se va no regresa jamás, dejando todo expandido en las praderas del recuerdo. Por eso, considero a esta novela fuera de mi literatura y estilo de mis otras novelas, aunque aquí narro con lujo de detalles el verdadero amor de mi vida”.

     Es además Un cristal de Río de Piedras una valiosa obra de relatos de vida, de anécdotas colectivas, de vivencias personales y de pareja, que reflejan la vida en el Valle del Tuy de las décadas de los años 40 y 50 del siglo XX, así como también es un documento descriptivo de la geografía y de los diversos pueblos, caseríos y viviendas incrustados en la serranía del interior central venezolano y que hoy por hoy ya están desaparecidos como consecuencia de la creación del Parque Nacional Guatopo el año de 1958.

     Al recorrer los pasajes de esta novela autobiográfica se observa que Cipriano se esmera en descripciones de las faenas cotidianas de las mujeres, de cómo bajaban al río a lavar, de las maneras y modales al atender a los visitantes en las casas, los juegos, las tertulias, las reuniones familiares en torno a los aparatos de radio, de sus fiestas y bailes, del romance, en fin, es un viaje a un pueblo y a un tiempo, montados en el hermoso carro del amor, que nos conduce a esos Valles del Tuy, que aunque de tiempo pasado aún se mantiene fresco y cercano en el recuerdo de nuestros abuelos, tíos y padres.

Los Cinco Cementerios de Cúa.

Por: Manuel V. Monasterios G.

     La conmemoración del día de  los difuntos en la población de Cúa siempre ha estado revestido de gran solemnidad, todo el pueblo en romería visita sus difuntos, les reza, coloca velas que simbolizan la luz del descanso eterno, los responsos acompañados de música sacra, toda esta tradición se mantiene, pero el sello característico que tenía Cúa, que  era  la conmemoración nocturna, hasta las 12 de la noche desapareció. Los peligros  de la noche, no por los fantasmas o los difuntos que dejan las tumbas, sino por los atracos y violaciones que ocurren con  frecuencia en el sagrado recinto. La violencia nos roba las tradiciones y los espacios.  Hay que recuperarlos.

Entrada del Cementerio de Cúa, Año 1985, Foto tomada por Manuel Vicente Monasterios.

     Tal vez muchos habitantes de Cúa no estén informados que nuestro pueblo en su devenir histórico haya tenido cinco templos y cinco cementerios.

Primer Cementerio: Ubicado en la Hacienda Marín donde se funda la capellanía  para la atención de esclavos con el nombre de Santa Rosa del Valle de Marín. (Aproximadamente 1650-1756)

Segundo Cementerio: Al trasladarse la población al sitio de la Cúa o Cuana, por orden del obispo Diez de Madroñero se ubica  el cementerio al  lado norte del templo, que hoy corresponde a la calle El Rosario, lateral norte de la Plaza Zamora, hasta la ladera de Chupulún ( 1756-1878)

Tercer Cementerio: El 12 de abril de 1878 el terremoto destruye el templo parroquial, las actividades religiosas se trasladan a los terrenos de la iglesia ubicada donde hoy está la Gruta de Nuestra Señora de Coromoto, en la ladera hacia la Vega y el Limón se ubicaba el cementerio (1878- 1893)

Cuarto Cementerio: Las autoridades municipales de Cúa asumen el control de los cementerios, de acuerdo a las nuevas normativas vigentes para la época, eliminándole la facultad de control a la iglesia católica, asumiéndolo el poder civil representado por el estado (Concejo Municipal). Se fundó el cementerio en tierras recién adquiridas de la Hacienda San  José. En el sitio denominado popularmente como “muerto parao”, hoy sector Pueblo Nuevo, donde se ubica la capilla de  la Dolorosa. (1893-1904)

Quinto Cementerio: Durante el gobierno del general Cipriano Castro, la primera autoridad de Cúa era el general Luís Ramos y se realizaron dos obras de gran importancia, el nuevo cementerio y el puente que comunicaba la Cruz Verde con el camino de Tácata, donde está ubicado actualmente, el terreno pertenecía a la hacienda Marín y fue donado por los propietarios al Distrito Urdaneta. Se inauguró en el año 1904 y continúa funcionando hasta hoy como Cementerio Municipal. Fue planificado  en cuatro cuadrantes sembrados de amapolas, apamates y olivos criollos. La saturación y caotización en la ubicación de tumbas, obligan a  que las autoridades competentes planifiquen su reordenamiento y declararlo “Parque camposanto.” (1904- hasta hoy).

El Nazareno de Lecumberry (Cúa, Venezuela)

Por: Manuel V, Monasterios G.

Tres Nazarenos sellan la Semana Mayor venezolana: EL nazareno de San Pablo, El Nazareno de Achaguas y el Nazareno de Lecumberry.

     De España nos llegó el idioma, el conquistador tuvo que colocar miles de nombre a lo desconocido, de España nos llegó la Fe católica y con ella las creencias más profundas del pueblo venezolano, nos llegaron de Andalucía las primeras imágenes de los pasos que representan la tradición en las llamadas procesiones de “Semana Santa” o de los “Días Santos” como decían ayer.

     Tres imágenes andaluzas de Jesús el Nazareno sufrido y paciente como el pueblo, sellan el devocionario popular venezolano desde la colonia hasta hoy: El Nazareno de San Pablo, hoy de Santa Teresa (Caracas), El Nazareno de Achaguas (Estado Apure) y el Nazareno de Lecumberry en Cúa (Estado Miranda).

      El Nazareno de San Pablo, hermosa talla andaluza que según la leyenda una vez terminado le habló a su tallador preguntándole:”Donde me has visto que tan perfecto me has hecho”. Fue traída en el siglo XVII pata la Capilla de San Pablo el Ermitaño, la cual estaba ubicada donde hoy está el Teatro Municipal. Este pequeño templo fue derribado por órdenes del General Antonio Guzmán Blanco, presidente de turno, para construir el teatro; cuenta la leyenda que la esposa del General, doña Ana Teresa Ibarra se le presentó el Nazareno en un sueño y le preguntó: “Dónde está mi iglesia” y tal fue la impresión que causó en la dama el sueño que influyó para que el General Guzmán, tratando de calmar la conciencia de Doña Ana Teresa ordenó la construcción de un enorme basílica en honor a las santas Ana y Teresa, donde se trasladó la imagen venerada del Nazareno.

    También se cuenta que una gran epidemia de viruela que asoló a la recíen fundada Santiago de León de Caracas en 1597, el Nazareno en procesión movió las ramas de un limonero que colgaba de una tapia y los devotos recogieron los frutos que cayeron y tomándolo como medicina alejaron la peste. Esta leyenda la recoge el Poeta Andrés Eloy Blanco en un hermoso poema El Limonero del Señor. La devoción caraqueña de viste de morado todos los jueves santos para rendir homenaje de fe a la más antigua creencia heredada de la tradición andaluza.

      El Nazareno de Achaguas, estado Apure, imagen que la devoción de los llaneros ha convertido en uno de los centros de peregrinaje más importantes del interior de Venezuela, es una talla de origen andaluz, según cuenta la leyenda está íntimamente unida a la Batalla de Carabobo, pues el general José Antonio Páez, comandante de los ejércitos de Apure, antes de partir al desempeño militar de dicha batalla realizó una “promesa solemne”, si se lograba la victoria en el campo de batalla contra los ejércitos del rey de España comandado por el Mariscal La Torre, la promesa era dotar al templo de Achaguas de una imagen del Nazareno. Paradojas de la vida en 1833, el General Páez encarga al tallista español Merced Rada la imagen y esta es bendecida en el templo de Achaguas, con la presencia del Presidente de la Republica de turno General José Antonio Páez en el año de 1835. Desde ese año la devoción y los milagros, las promesas y los peregrinos agradecidos lenan cada miércoles santo el templo del pueblo llanero de Achaguas.

    El Nazareno de la hacienda de Lecumberry, ubicado en Cúa, jurisdicción del Estado Miranda. En 1720 de acuerdo con el padrón elaborado por Don Pedro José de Olavarriaga, para Compañía Guipuzcoana conocido como :” Instrucción General y Particular del estado Presente de la provincia de Venezuela en los años 1720 y 1721”, dos canarios se destacaban como grandes propietarios de haciendas cacaoteras y de  esclavos en la jurisdicción del Partido del  Tuy arriba (hoy Cúa), Don Bernardo Rodríguez del Toro, quien alcanzó en marquesado en el año, quien posee en estos valles 524 fanegadas de tierra y 21.700 plantas cacaoteras y el orotavense ( canarias) caSebastián López de Castro quien poseía 12.000 árboles de cacao, las cuales fueron heredadas por su único hijo el capitán Sebastián López de Castro.

Nazareno de la Hacienda Lecumberry Cúa.

        Don Bernado establece capellanía en su hacienda Marín con la cooperación del resto de cosecheros y hacendados, aportan materiales y mano de obra esclava para construcción del pequeño templo de Santa Rosa de Marín, Don Bernardo dona la imagen de la patrona Santa Rosa de Lima, cada hacendado se compromete con la adquisición del resto de las imágenes de santos requeridos para el cabal y decente culto de acuerdo a las normas de la Santa Iglesia Católica, le correspondió a al capital Don Sebastián López de Castro la adquisición de la imagen del Nazareno, la cual trajeron de Andalucía, en aquella época en cada hacienda se tenía la licencia para la existencia de un oratorio privado al servicio y uso de los amos y su servidumbre, para cual cancelaban a la iglesia un aporte económico para la respectiva licencia.

       Desde comienzos del siglo XVIII el Nazareno se encuentra en el oratorio de la hacienda Lecumberry y cada miércoles santo acompañado por su respectiva cofradía, recorre en procesión las calles, en principio del primer pueblo Santa Rosa de Marín y a partir de 1724? por las calles del nuevo poblado, ubicado en un desprendimiento de la misma hacienda conocida hoy como Lecumberry, área de terreno que pasó a manos de la iglesia en cancelación de un censo ( especie de hipoteca), entre la señora viuda del capitán López de Castro y el convento de la Inmaculada Concepción de Caracas, por un monto de 2000 pesos destinados a cubrir los gastos de la dote de su hija quien profesaría como monja. La división de la hacienda entre el nuevo poblado de Cúa y los nuevos propietarios entre ellos el señor Don Ignacio Lecumberry ( pariente del Libertador Simón Bolívar), a quien por cierto entabló querella por la propiedad de las minas de Aroa. Hoy la vieja hacienda transformada en Urbanización mantiene el nombre del hijo de un vasco que casó con mantuana.

       La propiedad de la hacienda Lecumberry pasó del general Laureano Carballo a finales del Siglo XIX, comienzos del siglo XX a  manos de Don Elias Acosta, sus hijos y sus nietos y tataranietos, cuatro generaciones mantienen viva la tradición religiosa más antigua de los Valles del Tuy. Es quizás la única imagen de muchos templos en Venezuela que se mantiene todo el año en el oratorio de la vieja casona de hacienda y el día solemne del Miércoles Santo recorre las calles del pueblo, igual que hace 300 años atrás, visita el templo parroquial y en la noche regresa a su morada, siempre acompañada de miles de feligreses, en su mayoría promeseros vestidos de morado, llenos de fe Fe a quienes el Nazareno les hizo algún favor y ese día pagan, con sacrificios, rezos, velas, cargando el santo, acompañándolo en su recorrido anual. Así es la fe de nuestro pueblo, así se mantiene viva la tradición de mayor raigambre en el corazón de los cueños. Ojalá que nunca se acabe, que siempre los hijos de los hijos la conserven y la mejoren, con su organización. Cúa no es Cúa sin esa hermosa y venerada imagen, más de trescientos años lo confirman, es necesario revalorizar esta tradición, impulsarla con espiritualidad, comprendiendo que a través de ella llegamos directamente a nuestras más puras raíces de cueñidad.

       

       Procesión del Nazareno en calle Ezequiel Zamora, Cúa. Año 1937

       Honor a quienes han mantenido esta tradición religiosa, igualmente a las demás sociedades de santos que existen en Cúa y en los Valles del Tuy, poco a poco daremos a conocer sus  hermosas y valiosas historias, para que las conozca  una sociedad huérfana de auténticos valores. Las procesiones no son una fiesta pagana para exaltar el mal, es la más auténtica de las manifestaciones de nuestra religiosidad tradicional, de nuestro mestizaje cultural y étnico.