Historia regional y local del Valle del Tuy

Entradas etiquetadas como ‘villa de cura’

Hoja de Servicios del Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora Correa

Por: Iván López Calero

     Nació en el pueblo de Cúa, valles del Tuy, de la antigua Provincia de Caracas, el 1° de febrero de 1817.

     Fueron sus legítimos padres, Don Alejandro Zamo­ra y Doña Paula Correa.

    Hizo sus estudios de primeras letras en Caracas, en la Escuela Lancasteriana de 1826 al 1827 y luego en el plantel que regentó el señor Vicente Mén­dez, en la esquina de las Mercedes en la misma ciudad.

   Desde 1838 se residenció en Ciudad de Cura, donde ejerció el comercio, ya como dependiente, ya como socio industrial y por último establecido por su propia cuenta.

     Zamora casó en 1855 con la Señora Estéfana Falcón.

     En 1844 principió su carrera pública que terminó con su muerte el 10 de enero de 1860, después de haber servido catorce años a la Causa Liberal y uno a la Federal, de la que fue su Precursor.

El Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora CorreaEl Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora Correa (más…)

Anuncios

Ezequiel Zamora y la Batalla de Santa Inés

Por: Iván López Calero.

“¡Zamora!, ¡Genio sublime!,  Algún día verá el viajero tu sepulcro como se ve la tumba blanqueada donde duermen el sueño eterno Foción y Epanimondas, Trasíbulo y Pompeyo, y los verá con más veneración, porque fuisteis más grande y uniste al  genio del guerrero con la inspiración del cristiano”.

Benigno González, 1864.

General Ezequiel Zamora Correa, Cúa 1817 - San Carlos 1860General Ezequiel Zamora Correa, Cúa 1817 – San Carlos 1860

Intro

      Ezequiel Zamora nació en Cúa, el 1° de febrero de 1817, en medio de la Guerra de Independencia, fue un destacado militar y político de la Guerra Federal Venezolana. A la edad de 23 años, en 1840, empezó a militar en las filas del partido Liberal venezolano, luego en 1845 participó como subteniente de milicias en la defensa de La Villa de San Luis de Cura a raíz de los ataques de las partidas de alzados de Juan Silva contra la República de Venezuela, en 1846 a la edad de 29 años se une a la Rebelión Popular y se convierte en el máximo líder de la misma, siendo aclamado como El General del Pueblo Soberano. (más…)

PULPERÍAS Y PULPEROS DE CHARALLAVE

Por: Fermín Luque Olivo

“Muchos de esas viejas y antiguas casas comerciales de Charallave han resistido el embate de los tiempos modernos”.

     La inmigración europea que acabó con casi todas las pulperías citadinas y provincianas de nuestro país, al traernos los grandes abastos y supermercados, en Charallave, pese a su creciente desarrollo experimentado a partir de los años setenta, en diversos sectores locales perduran las antiguas bodegas o pulperías, que a muchas de ellas llamaban despectivamente “ratoneras”. Y con razón, porque en la mayoría de ellas casi nunca faltaba un gato durmiendo sobre un extremo del mostrador o sobre la silla forrada en cuero de chico en la que se arrellanaba el dueño o encargado del negocio.

     Detrás de esos desvencijados mostradores, donde los cambures maduraban en toneles de madera con carburo, se expendían caramelos y se daban “ñapas” de queso y papelón por cada compra al detal; se encontraban unos personajes de singular estampa y reputación.

     En muchas de esas pequeñas casas comerciales se apreciaba el tradicional y cursilísimo cartelito donde se leía, al igual que en muchos negocios de nuestros días: “Hoy no fío, mañana sí”.

ENTRE LAS MAS ANTIGUAS

     Existen referencias de una pulpería denominada “Parapara” que funcionaba para el año 1835, en el sitio del mismo nombre, ubicada en la ruta que el antiguo camino de recuas que unía a Caracas con Charallave; y que pasando por El Valle, La Cortada de El Guayabo, Maitana, Los Anaucos, bajaba por Caiza y luego subía al lugar denominado “Parapara” en Las Brisas del Tuy., donde estaba la pulpería y de allí seguía por Tierra Blanca hasta caer en una de las entradas principales de Charallave, situadas en el sector El Placer. (*).

     También se hace referencia de la pulpería “El Banquillo” situada cerca del puente a la entrada de Charallave, fundada en el siglo XIX, y la que supuestamente perteneció al indio realista Dionisio Cisneros, conocido como “El Bandido Cisneros”, quien asaltó en varias oportunidades, a sangre y fuego, estos pueblos de Los Valles del Tuy, al grito traicionero de “En nombre de Dios y del Rey”, hasta que lo fusilaron en la Plaza principal de Villa de Cura, el día 13 de Enero de 1847.

    Esta pulpería la tenía “El bandido Cisneros” en sociedad con el también defensor de la causa realista Vicentico González, donde el temible guerrillero se abastecía de armas, municiones, pólvora y aguardiente.

     Algunos historiadores afirman que una rama del apellido Cisneros de Charallave son descendientes de este connotado realista nativo de Baruta, cuya mujer había sido raptada en este pueblo; así como también se dice que la esposa del extinto y siempre recordado Don Ramón Figuera, hermano del músico Aquiles Figuera, era descendiente del Indio Cisneros.

LAS VIEJAS PULPERIAS

    Entre esas antiguas pulperías se recuerdan además “La Estación” de Samuelito Arocha; y “Las Brisas del Tuy” perteneciente a Antonio Burgos, situada en el sitio de “El Brinco” (hoy Calle 13, Luis Eduardo Egui); “La Central” de quien fuera Juez del pueblo durante varios años, Luis Beltrán Guerra, la cual estaba ubicada donde actualmente funciona “Licochara” en la esquina

(*) Ver Anuario de Caracas, 1835. En Sección de Amigos del País. T.l. pags. 265 y 273).

     Que forman la Av.3 Bolívar y la Calle “Gustavo Farrera-, en el lugar que hasta los años sesenta se denominó “La Cueva del Sapo”, donde además funcionaba el Restaurante de Manuel Castro y la fábrica de adobes de Vicente Ferráez.

     En la Calle Atrás o La Estación estaba la pulpería “El Porvenir” de Lázaro Castro; y “El Parnaso” de Emilio Higuera, padre de Rafael Emilio y Dimas Higuera, que estuvo ubicada casi al frente donde se construyó el Salón Parroquial durante la administración regional del gobernador Alberto Silva Guillen en el período 1962-1964.

    En esta misma calle, cruce con el boulevard “Evencio Gámez”, donde funciona actualmente la panadería “La Marqueseña”, en el mismo lugar que sirvió de residencia de la familia de don Eladio Vargas, abuelo del doctor Arnaldo Arocha, funcionó la célebre panadería de don Jesús María Guzmán, desde donde salían los repartos a domicilio de todos sus productos hacia los barios y caseríos circundantes. Por lo que observamos este sitio estuvo destinado al funcionamiento de una panadería.

     La bodega, tienda, pesa o carnicería e Aureliano Lamónt, situada en la esquina de la Calle “Zamora”, adyacente al lugar donde hoy se levanta el edificio del Banco Consolidado o Corp Banca, la misma calle que en nuestros días llamaron “La Calle del hambre”.

    También existía la pulpería de Francisco Beltrán y su madre doña Concha, que estaba ubicada en la esquina sur del célebre bar-restaurante “El Demócrata” que fundó el canario Antonio Díaz, y que más tarde heredaron sus hijos Antonio, Francisco (“Paco”) y Fernando. Actualmente allí construyeron el edificio de Locatel.

    La bodega de Antonio Mora en el Pueblo Abajo y la de Genaro Macero en la esquina de la Calle 12-Sucre, con la Av.3-Bolívar, donde se expendían víveres, mercancías secas y quesadillas; así como la de Genaro Macero, en Barrialíto.

    La pulpería de Gregorio Arocha; la Romana de Rafael Guerra, que estaba situada en el lugar donde hoy se levanta el edificio “El Samán”, frente a la Ferretería Regional de José Antonio Plasencia y Juan García Ortíz, entre la Av. 3 Bolívar y la Calle “Dr. José Gregorio Hernández”.

    La Posada y Restaurant de Carlos Carvallo, padre de Porcalia de Pérez, la cual estuvo en el sitio que ocupó el Banco Maracaibo, (hoy convertido en Oficinas del Seniat) formando parte del Conjunto Comercial-Residencial “Don Alejandro” en la esquina noroeste que forman la Av.3-Bolívar y la Calle “Ricaurte”.

OTRAS VIEJAS PULPERIAS

    Otra de las viejas pulperías de nuestro pueblo fue la que perteneció al bigotudo Benigno Fuentes, en la que colgaba a su entrada un letrero donde se leía:  “si quieres tranquilidad habita el campo”. Era un convencido ecologista.

    También de aquél ayer charallavense, pueblo gentil, sencillo, habitado por gente laboriosa, que se extendía sobre una calle polvorienta, con su plaza íntima de tímidos faroles; fueron las pulperías de José Vicente Blanco, la de Pedro Fuentes, Chucho Matute, Teodoro Martínez y la célebre dulcería de Misia Panchita Fusperguez, así como la de “La Esperanza en Dios es la Vida” del señor Valerio López (“Valerito”) que después perteneció a Eduardo Granadillo y la que luego heredó su hijo Eloy Granadillo, la cual estaba ubicada en la esquina noroeste de la Plaza Vieja o Plaza Páez, y que funcionó hasta bien entrados los años sesenta.

    En el sector Lomas de Alvarenga existió la bodega y pesa de carnes perteneciente a Policarpo Arocha y la de Antonio Jesús Castro, que también tenía servicio de restaurant; y en el sector El Placer estaba la bodega, botiquín, restaurant, hospedaje y ranchería de Alejandro Acosta, en esa casa de largos corredores que aún hoy apreciamos lo que de ella queda: su fachada, y que era también algo así como un moderno minicentro comercial, con la diferencia que al frente no tenía espacio para estacionamiento de vehículos, sino argollas de hierro empotradas en la acera para amarrar los burros, yeguas y caballos que le servían de transporte a su clientela.

    También recordamos las bodegas de Marcos Otamendi y la de Oscar Arocha. La bodega y bar “La Atarraya” de José Vicente Blanco que luego fue de Alejandro “Curvita” Luque, el célebre picher del “Charallave B.B.C.” y que funcionó hasta los años sesenta en una de las cuatro esquinas del centro del pueblo y que su costado sur tenía frente hacia la Plaza Bolívar, en el sitio donde actualmente se encuentran el bar-restaurant “Va y Viene” y la panadería y pastelería “Chara”.    

    No hay que olvidar la pulpería y tienda de de Fernando Fusperguez; el botiquín “La Aurora” de Vicente Egui que ocupaba el inmueble donde funcionó por muchos años la Librería y Bazar “Charallave” de Viviano Cisneros (Rasputín), frente a la Plaza Bolívar (lado sur); las bodegas de Amalia Martínez y “La Barrialito” de Ildefonso Díaz (Av.3-Bolívar, cruce con la Calle 13-Luis Eduardo Egui) donde tenía María Jiménez de Díaz su manicería y dulcería criolla, así como la bodega de Genaro Macero; en el mismo lugar que hoy ocupa “La Criollita” que fundó con sudor, tesón y muchos sacrificios el inolvidable amigo George Nahlous.

    En el Pueblo Abajo también funcionaron las pulperías de Rufino Figuera, Carlos Pérez; la panadería de Guillermo Pérez; y el bar-restaurant y hospedaje “Súcua” de Dolores Hernández de Arocha, madre de don Benjamín, Esperanza, Abilio y Elías Arocha.

    Al lado de estos pintorescos negocios funcionaban además las tiendas “La Moda” de Miguel Fleján: “La Nueva Roma” de Clemente Del Vecchio (musiu Clemente); y la competencia que le montó Antonio Del Vecchio (musiu Antonio); y la de José María Pérez, ubicadas en las cuatro esquinas de la Plaza Bolívar, donde estuvo también, hasta la década de los años cuarenta, la bodega y guarapería de Alfredo Herrera, en la que según su dueño había de todo pese a que su estantería siempre estaba vacía. Pero, cuál era el secreto? Cuando los clientes llegaban y pedían -por ejemplo- una locha de sal en grano; Alfredo salía por la puerta trasera de la bodega y la buscaba en las pulperías cercanas. El nunca llegó a decir que no tenía tal o cual producto. Actualmente funciona en dicho lugar la tasca y restaurant “Santa Rosa”.

    En las cuatro esquinas también estuvo la pulpería de Pedrito Oropeza; la moderna construcción que en 1917 inauguró Gabriel Fusperguez, y que actualmente podemos admirar al lado sur donde se levanta el edificio municipal; así como la pulpería que perteneció a Magdaleno Castro, situada frente a la Plaza Bolívar. Y lo que no podía faltar, el bar del coronel Borges y el botiquín, restaurant y hospedaje, bomba de gasolina y garaje “El Oasis” de Querubín Guzmán, en la calle Real, hoy A.3-Bolívar.

    Otros establecimientos de grata recordación eran las talabarterías de Nicolás Egui, Vicente Egui y Rafael Lovera, convertidas en centros de tertulias históricas y literarias.

    La alpargaterías de Matías Serrano, Francisco Martínez, Anamín Fuentes y Rafael Lovera; la carpintería de bancos y cepillos de Carlos Lovera; la trilladora de café de Eladio Vargas, abuelo del doctor Arnaldo Arocha Vargas; la botica “Vargas” de don Chucho Arocha Egui, cuñado de Don Rómulo Gallegos; las barberías de Vicente Blanco y la de Erasmo “El Rápido” Muñoz; así como las estaciones de servicio o gasolineras pertenecientes a Fernando y Luis Fusperguez, la de Querubín Guzmán y la de los hermanos Pedro Antonio y Víctor “Nene) Manuel Arocha.

    Una de las más famosas pulperías fueron las de Juan Chiquín, en la esquina de las avenidas 15-Francisco de Miranda y la Calle Atrás o La Estación, hoy Francisco Tosta García.

TIEMPOS QUE NO VOLVERÁN

    En estas pulperías se expendían velas de sebo, kerosene, tabaco en rama, ajo, pescado salado, manteca de cochino, cambures, papelón, queso blanco duro, caráotas, maíz, huevos, alpargatas, jabón, melcochas, caramelos, pastas, comino, café, nepe, sombreros de cogollo, sardinas y catalinas; y alguna que otra pulpería vendían artículos de lujo como -por ejemplo- el Ponche Crema de Eliodoro González P., talcos Mennen y polvo Sonrisas , las lociones Flor de Amor, Majestic, Gloria de París y la Royal Begonia; mientras que las brillantinas eran la Roger & Gallet, la Violet y Palmolive; cigarrillos Alfa y Negro Primero, Avena Quaker y harina lacteada Nestlé, las cremas dentales Kolynos y Colgate, chocolate El Indio, Creolina, ceras para pulir pisos Jhonson, Jamón Premiun, Jabón Las Llaves, Insecticida Flit, Sal de Fruta Eno, Glostora, Brylcreem, máqinas y hojas de afeitar Genn, entre muchísimos otros productos que comenzaban a invadir el mercado nacional.

    Y las ofertas como en los mercados libres: carne de res (pulpa, costilla o ganso), y chuletas de cochino, a 2,oo Bs., el kilo; caráotas negras, a Bs., 0,50 el kilo; huevos a 8 por bolívar; queso blanco duro, a Bs., 1,20 el kilo; plátanos a 12 por bolívar. En la pulpería de Alfredo Herrera tenía un tonel de madera lleno cambures. Cuando alguna persona le pedía medio (Bs.,0,25) de cambures, él decía “coma y llévese los que pueda en una mano”.

    En aquellas viejas balanzas marca “Toledo” pesaban la mercancía; y los pulperos en recompensa por la compra otorgaban las célebres “ñapas” consistentes en trozos de papelón y queso, que después suplantaron por tickes numerados del 1 al 20, que una vez perforados en su totalidad se cambiaban por otras mercancías o por un bolívar en efectivo.

    La estampa de aquellos pulperos se ha perdido en estos tiempos de plásticos e internet. Sin embargo queda vivo el recuerdo de una época en la que sus habitantes no eran víctimas del IVA y la inflación, la inseguridad y la más descarada especulación que fustiga en nuestros días.

    En La Magdalena nos queda la vieja pulpería de Don Crispín Delpiani, para recordar tiempos que no volverán.

EZEQUIEL ZAMORA CORREA

Texto Tomado de Fundación Polar.

Ezequiel Zamora Campesino, Óleo por Rafael D´ Montijo, 2009.

        Dirigente popular y estratega militar, primer lider de los movimientos sociales en el siglo XIX Venezolano. Nació en Cúa, Edo. Miranda, el 1º de Febrero de 1817. Hijo de Alejandro Zamora y de Paula Correa, modestos propietarios pertenecientes al estrato de los «blancos de orilla». Recibe la rudimentaria instrucción que podía brindarle una zona rural todavía convulsionada por las luchas de la emancipación. Luego, en Caracas, prosigue estudios primarios en la escuela lancasteriana. Es la única educación formal que conoce. Sin embargo, gracias al temprano acercamiento a su cuñado, el alsaciano Juan Caspers, adquiere informaciones sobre la situación política y sobre los movimientos revolucionarios de Europa, por cuyas contingencias se interesa en extremo.

         Los años que transitan de la infancia a la adolescencia cuentan con la compañía y las noticias de Caspers, a las cuales se agrega la presencia y la posición progresista del abogado José Manuel García, también vinculado a su familia; éste último le explica filosofía moderna, historia universal y fundamentos de derecho romano, hablándole también de los «principios de igualdad» y de la necesidad de su implantación en Venezuela. No se sabe qué entendía el abogado por «principios de igualdad», seguramente la necesidad de hacer cumplir las promesas de justicia pendientes desde la Independencia.

         Provisto de estas ideas en torno al mundo y al cambio social, el joven Zamora comienza a viajar hacia el Guárico con el objeto de comerciar con ganado, pero pronto se establece en Villa de Cura (Edo. Aragua) para fundar una tienda de víveres. La tienda prospera por la seriedad que pone en sus tratos el recién llegado, quien expande sus nexos mercantiles, apenas reducidos al menudeo de reses, caballos y productos agrícolas, hasta las aledañas localidades de Cúa, San Francisco, San Juan, San José, El Pao, Calabozo y algunas aldeas de Apure.

Ezequiel Zamora, Óleo por Martin Tovar y Tovar 1884.

       El desarrollo de su prestigio de comerciante probo y de sujeto respetuoso en las transacciones con los modestos clientes lo convierten en una respetable referencia en el mundillo de los negocios locales, situación que ya es una realidad estable cuando comienzan en Caracas, los enfrentamientos cuyo desarrollo provocará la escisión del grupo político dirigente. La brecha entre los descontentos y el gobierno aumenta hasta el punto de que el malestar junta las voluntades refractarias en un movimiento cuya primera evidencia de oposición frontal es la fundación del Partido Liberal y la edición de El Venezolano en 1840.

       El general José Antonio Páez es la cabeza del sector oficial y Antonio Leocadio Guzmán desde las columnas de El Venezolano se convierte en jefe de la bandería antagónica. Las críticas del liberalismo originan un animado debate a través de la prensa y un interés cada vez mayor por los negocios públicos. Merced al carácter sencillo de las censuras a la gestión gubernamental hechas a través de El Venezolano y otros periódicos que lo imitan en provincia, nace un movimiento liberal masivo en el cual se inscribe el joven pulpero de Villa de Cura.

    Desde la fundación del partido, Zamora se convierte en dirigente regional y en lector asiduo del periódico oposicionista. Quienes ya lo conocen por su intachable desempeño como mercader parroquial, se aproximan confiados a escuchar el mensaje que comenta siguiendo las pautas de la prensa partidaria. Mas su discurso no es idéntico al de los voceros liberales. A los editoriales políticos, agrega comentarios sobre la injusticia predominante, sobre la mala distribución de la tierra y sobre la explotación del pueblo por los «godos», en un lenguaje tan llano como el del pueblo.

       Los campesinos que, en crecido número, habitan una región en la cual se siente seriamente la crisis agrícola y el peso del latifundio, encuentran un nuevo líder en Zamora quien explica, de manera tan próxima a sus problemas, los planteamientos del Partido Liberal. Por consiguiente, el influjo de Zamora traspasa los confines mercantiles para fraguar un ascendiente que controla poco a poco a la gente humilde. A la sazón aumenta la beligerancia de los liberales en la capital y crece el prestigio de Antonio Leocadio Guzmán, de cuyas prédicas surge la primera clientela masiva en torno a una bandería política.

Ezequiel Zamora con Sombrero y Quepis por Carlos Vargas (Óleo, 1992)

      A partir de 1843, se profundiza la crisis económica y brotan signos de malestar que anuncian la proximidad de una convulsión. Cuando el general Carlos Soublette accede a la presidencia ese año, suben de tono la crítica a los «godos» y el ardor de la polémica. Zamora asienta entonces su influjo como jefe regional del liberalismo, cuya campaña proselitista dirige con vistas a las elecciones de 1846. Se presenta en ellas como candidato a «elector» por el cantón de Villa de Cura, pero su nominación es objetada a través de procedimientos que él y sus partidarios tildan de compulsivos e ilegales.

      El episodio refleja una tensa situación a escala nacional, cuyo cruento desenlace pretende evitarse mediante una entrevista entre José Antonio Páez y Guzmán. El jefe liberal cuenta a Zamora entre su comitiva y en su guardia de honor, pero la reunión de los 2 líderes es frustrada por alzamientos espontáneos de campesinos en la región central que obligan al séquito liberal a dispersarse. Zamora llama inmediatamente a «hacer la guerra a los godos» en beneficio de los pobres, mientras Páez es nombrado jefe del ejército. En definitiva, Zamora se levanta en armas el 7 de septiembre de 1846, en la localidad de Guambra. «Tierra y hombres libres», «Respeto al campesino», «Desaparición de los godos», son las consignas esenciales de quien la gente comienza a llamar «general del pueblo soberano».

       A poco reconocen su jefatura, El Indio Francisco José Rangel, quien antes ha asaltado la hacienda Yuma de Ángel Quintero, figura clave del oficialismo; Zoilo Medrano y José de Jesús González, el Agachado, que ya han propuesto la libertad de los esclavos y la muerte violenta de los blancos. Se trata de líderes analfabetas de procedencia genuinamente popular, que ven en su nuevo jefe el factor de cambio real. Con un ejército de base campesina, Zamora entra en San Francisco de Tiznados y libra las acciones victoriosas de Los Bagres y Los Leones, pero debe batirse en retirada después del combate de Pagüito.

Ezequiel Zamora leyendo para los amigos en su Pulpería de Villa de Cura.

       No pierde entonces oportunidad de insistir en la urgencia de una transformación que favorezca a los pobres. El 26 de marzo de 1847 es capturado y puesto a disposición del juez de primera instancia, en Villa de Cura; el tribunal lo condena a muerte el 27 de julio, pero lo libra del cadalso su fuga de la cárcel. Luego, el presidente José Tadeo Monagas le conmuta la pena y lo coloca a su servicio en el batallón de Villa de Cura. Entre enero de 1848 y septiembre de 1849, Zamora participa en las campañas del gobierno contra el paecismo alzado. Barinas, Quisiro, Cabimas y San Carlos, son los sitios en los que demuestra su valor y su talento militar. Le corresponde entonces la responsabilidad de conducir prisionero a Páez, de Valencia hasta Caracas.

       En adelante, ocupa la comandancia de las siguientes guarniciones durante el monagato: Maracaibo, Ciudad Bolívar, Barcelona y Cumaná. Se le asciende al grado de general de brigada en 1854; pero no sólo lo favorece la fortuna desde el punto de vista castrense: en 1856 se casa con Estefanía Falcón, viuda de un propietario extranjero y hermana del general Juan Crisóstomo Falcón, factor político de importancia en el occidente del país; oficia las nupcias el arzobispo Silvestre Guevara y Lira y es testigo la esposa del presidente José Tadeo Monagas. Zamora se retira entonces del servicio activo para fomentar las fincas de su esposa, en la provincia de Coro. Retorna a la vida pública cuando estalla la Revolución de Marzo de 1858 que, junto con los principales cabecillas del liberalismo, lo persigue y lo condena al exilio. En Curazao anima inmediatamente clubes federales y establece contacto con sectores subversivos de occidente, mientras Juan Crisóstomo Falcón hace lo mismo desde la isla de Saint Thomas. Los alzados que provocan el estallido de la Guerra Federal en Coro, el 20 de febrero de 1859, reconocen a Falcón como caudillo supremo del movimiento; con el objeto de ponerse al frente de las operaciones bélicas, el 23 de febrero Zamora desembarca en La Vela de Coro.

Ezequiel Zamora, Óleo por Ciro Rivas, 2005

     Denominándose jefe de operaciones de occidente, hace que Coro se constituya en estado federal (25.2.1859) y organiza un gobierno provisional de Venezuela (26.2.1859). Resulta victoriosa la campaña que entonces realiza, gracias a la movilidad y disciplina que imprime a un ejército popular que crece constantemente, tanto en número como en entusiasmo, debido a su influencia personal. El 23 de marzo, triunfa en el encuentro de El Palito, a partir del cual planifica sus movimientos hacia los llanos occidentales. Toma San Felipe el 28 de marzo y reorganiza la provincia como entidad federal con el nombre de estado Yaracuy. A continuación, hace triunfales entradas en Yaritagua y Cabudare, mientras los jefes del gobierno lo persiguen sin ofrecerle combate. Primero León de Febres Cordero y luego, José Escolástico Andrade y José Laurencio Silva, fracasan en el objetivo de detenerlo.

      La lentitud y las previsiones del Ejército constitucional le permiten marchar con comodidad hacia Portuguesa, en cuyo territorio obtiene un sonado triunfo cuando bate a las fuerzas del gobierno en Araure, el 5 de abril de 1859.

       Después de intentar sin éxito la toma de Guanare, marcha hacia Barinas, cuyo asalto emprende el 16 de abril; ante la resistencia de los defensores, ordena el incendio de la plaza y se retira hasta San Lorenzo, donde aumentan sus tropas por la incorporación de nuevos contingentes populares. Con mayor fuerza intenta de nuevo la captura de Guanare, pero ante la proximidad de un poderoso ejército central, debe conformarse con entrar a la desguarnecida plaza de Barinas. Allí establece un nuevo estado federal y recibe el título oficial de valiente ciudadano (14.6.1859). Dedica entonces 3 meses a la organización de sus fuerzas, con vistas a realizar una acción decisiva que le permitiese después la marcha hacia el centro. Tal acción es la batalla de Santa Inés, ocurrida el 10 de diciembre de 1859, en la cual derrota al Ejército centralista; se considera esta batalla como fundamental en el proceso de la Guerra Federal y como testimonio de las excepcionales cualidades de Zamora como conductor de tropas.

Escultura de Ezequiel Zamora en la Plaza de la Revolución de Abril (Hoy Plaza de Capuchinos) realizada en Bronce por Vital Dubray en el Año 1881. (Fotografía Tomada del Cojo Ilustrado)

       Después de Santa Inés, el Valiente Ciudadano toma rumbo hacia el centro del país, a través de Barinas y Portuguesa, pero antes de aproximarse a Caracas, resuelve el asalto de la ciudad de San Carlos; durante las acciones preliminares para la toma de la plaza, recibe un balazo en la cabeza que le produce la muerte. Su deceso tuerce el rumbo positivo que tomaba el conflicto para los federalistas y produce la pérdida del más importante líder popular venezolano del siglo XIX. En la primera estación de su carrera política (1840-1847) insiste en planes que, como el reparto de las tierras y la liquidación de los «godos», implican un designio de carácter revolucionario. Durante la Guerra Federal, aparte de preparar con extraordinaria lucidez la estrategia castrense, se ocupa esencialmente de organizar las entidades federales y en afinar los mecanismos políticos de la futura nación, sin insistir en la orientación social del principio.

       Muere en San Carlos, Edo. Cojedes, el 10 de Enero de 1860. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 13 de noviembre de 1872.

Escultura de Ezequiel Zamora en la Plaza Ezequiel Zamora en Cúa, realizada en Bronce por Vital Dubray en el Año 1881 y colocada en esta plaza en el año 1959. (Fotografía de Iván López)

BIBLIOGRAFÍA

ALVARADO, LISANDRO. Historia de la Revolución Federal en Venezuela. 4ª ed. Caracas: Oficina Central de Información, 1975

BRITO FIGUEROA, FEDERICO. Tiempo de Ezequiel Zamora. 5ª ed. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1981

BOTELLO, OLDMAN. Genealogía del general Ezequiel Zamora: apuntes para su estudio. Villa de Cura: Asamblea Legislativa del Estado Aragua, 1994

CORREA, PAULA. Representación de Paula Correa de Zamora, madre del general Ezequiel Zamora, solicitando revocación del auto dictado en su contra por el Tribunal de Primera Instancia. Caracas: s.n., 1865

DÍAZ SÁNCHEZ, RAMÓN. Dos rostros de Venezuela. [Ensayo histórico-biográfico sobre Ezequiel Zamora y Antonio Guzmán Blanco]. Caracas: Asociación de Escritores Venezolanos, 1949

GIL, JOSÉ MARÍA. Muerte de Zamora. Caracas: Centro Editorial, 1894

GONZÁLEZ, BENIGNO. Biografía del ilustre ciudadano Ezequiel Zamora. Caracas: Oficina Central de Información, 1975

La Federación y la guerra: historiografía. Caracas: Oficina Central de Información, 1976

GUZMÁN BLANCO, ANTONIO. En defensa de la causa liberal. 2ª ed. París: Imprimerie Lahure, 1894

Muerte del general Ezequiel Zamora. París: Imprenta de A. Lahure, 1894

LANDAETA ROSALES, MANUEL. Biografía del valiente ciudadano general Ezequiel Zamora. Caracas: Oficina Central de Información, 1975

MARTÍNEZ GALINDO, ROMÁN. Ezequiel Zamora y la batalla de Santa Inés: la acción bélica más formidable librada en territorio venezolano. Valencia: Vadell Hermanos, 1992

Opúsculo histórico de la revolución desde 1858 a 1959. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1983

PACHANO, JACINTO REGINO. Muerte del general Ezequiel Zamora. Caracas: Centro Editorial, 1893

RODRÍGUEZ, ADOLFO. Ezequiel Zamora. Caracas: Ministerio de Educación, [1986]

RUIZ GUEVARA, J.E. Zamora en Barinas. Mérida: Editorial Multicolor, 1977

TAPIA, JOSÉ LEÓN. Ezequiel Zamora a la espera del amanecer. Caracas: Ediciones Centauro, 1993

Por aquí pasó Zamora. 6ª ed. Caracas: Ediciones Centauro, 1992

VILLANUEVA, LAUREANO. Vida del valiente ciudadano general Ezequiel Zamora. Caracas: Monte Ávila, 1992.

Paula Correa Rodríguez “Madre de un Ilustre Tuyero”

Por: Iván López.

    Nacida en Choroní y bautizada en la iglesia matriz de la Villa de San Luís del Cura en 1780, hija de Don Juan Víctor Correa y Doña Bárbara Rodríguez, también oriunda de allí, sin embargo ya sus padres vivían en villa de cura para 1778, fue nieta de Don Domingo Correa,  Dueño de hacienda cafetalera con tres mil árboles y otra de cacao en el sitio de las Torres a mediados del Siglo XVIII, se caso con Don José Alejandro Zamora y Pereyra y de esta Unión nacieron Carlota, Genoveva, Raquel, Antonio José, Gabriel, Ezequiel y Alejandro quien muere siendo apenas un niño, es en esta ciudad donde ejercería la enseñanza de las primeras luces, educando a  los niños vecinos de la villa, en una pequeña escuela que ella misma regentó en el año de 1808 en la casa parroquial de la citada villa.

Paula Correa Rodríguez Madre de Ezequiel Zamora

     Al igual que su esposo se unió al proceso de la independencia incorporándose al bando republicano y participando de manera activa, ayudando en la organización de grupos de mujeres para apoyar  la causa, como enfermeras, cocineras, consiguiendo pertrechos y en algunos casos armas y municiones para la tropa, por estas acciones republicanas serían perseguidos ella y su familia por los realistas.

     Para el año de 1817 teniendo que refugiarse en la población de Cúa en casa de su cuñado Matheo Zamora Pereyra quien incluso les conseguirá Salvoconducto para Alejandro, ella y el resto de la familia, sin embargo persistirá en su participación republicana activa, esto hasta el año de 1821 cuando en la batalla de Carabobo muere su esposo Alejandro.

   Nunca perdería su espíritu rebelde, que siempre la caracterizó, espíritu indomable de la mujer venezolana que es del tamaño de los problemas que se le presentan y que luego revelaría nuevamente durante los años de lucha en los que se vio envuelto su hijo Ezequiel.

    Como madre luchadora traería a la capital del país a sus hijos en el año de 1825 en busca de mejores oportunidades de vida y de estudios para estos, con sus hijas ya casadas se dedicó a la educación de los varones, allí permanecerá residenciada hasta su fallecimiento en 1868.

     Durante las revueltas agrarias acontecidas en venezuela entre 1846 a 1848 sus hijos y sobrinos se involucran en las acciones militares y de conflictos rebeldes, especialmente su hijo Ezequiel, el cual es capturado en 1847 y sometido a un juicio criminal, fuera de toda lógica y claridad, esto motiva en Paula el liderazgo de un movimiento de presión popular, por medio del cual logra que el presidente de la república, para entonces, Gral. José Tadeo Monagas,  le conmute las sentencias a muchos de los reos, entre ellos, su hijo Ezequiel al cual se le cambia la pena de Muerte impuesta, por tan solo diez (10) años de presidio en el Castillo de la isla de San Carlos, situado en el lago de Maracaibo, provincia de Maracaibo.

     Durante esta temporada de presidio se develaron varios intentos de asesinato que se fraguaron en contra de Ezequiel, esto estando en los calabozos de Maracay, no se sabe por órdenes de quien se realizan tales intentos pero si las manos ejecutoras, en este trance, sería Paula quien justamente pondrá al tanto de estos acontecimientos al mismísimo presidente de la República, Gral. José Tadeo Monagas.

      Léase lo que sobre tan azarosa sospecha, expuso la señora madre de Zamora; y el decreto de la Corte Superior que recayó sobre la materia:

Excelentísimo señor Presidente de la República.

           Paula Correa, viuda, legítima madre del desgraciado joven Ezequiel Zamora, llena de respeto y anegada en lágrimas, que expresan el dolor más fuerte de naturaleza, elevo hoy la triste y compasiva súplica al padre general de los venezolanos, el Supremo Poder Ejecutivo, cuya clemencia esmalta sus heroicas virtudes.

           Existe Exmo. Señor, mi desventurado hijo en la cárcel de Maracay, casi privado de comunicación, arrastrando enormes y pesados grillos, que más que la seguridad contra la fuga, trabajan el tormento y el aniquilamiento de su vida.

            En tan dura y desesperante situación, tres veces se ha atentado contra la existencia, empleándose aleves e insidiosos medios, de cuya prueba siempre sabe salvarse el asesino.

            Primero, se fingió que una partida quería acometer en una noche al pueblo para sacarlo de la cárcel. En efecto se hizo correr la noticia, se alarmó el vecindario, y, en confianza, la más criminal, se solicitó del oficial de la guardia de la cárcel, a quien se reveló el plan, que con el pretexto de los confabulados en motín, se le quitase la vida en esa noche a mi hijo. Para persuadirlo, se le decía por el hombre más descarado y cruel, que tiene Venezuela, que era un servicio distinguido que se hacía a la República, matándose a Zamora, para que no se gastase más en custodiarlo, ni en su juicio. La virtud del oficial de la guardia salvó en tan horrible noche, la vida de mi hijo, pues se negó a la criminal maquinación de aquel hombre execrable.

            En la vez segunda, un oficial aprovechando el momento, en que el de la guardia no se hallaba en la cárcel, entró a ella, y desnudando su espada se dirigió al calabozo donde estaba mi hijo. En el acto, quiso el cielo que entrase el oficial de guardia y sorprendido el asesino, no pudo consumar su crimen.

            Frustrados estos medios, se echó mano, Señor Exmo. de otro más infame y aleve.

            A pocos días se logró meter en la comida de mi hijo una hallaca con solimán. La casualidad de haber notado aquél, al dividirla con una cuchara, que ésta se había ennegrecido, lo salvó de la muerte.

           En tan agovioso suplicio ha permanecido mi desgraciado hijo.

           El 29 de agosto último se ha aparentado en Maracay grande alarma, suponiéndose, que varios amotinados en Tacasuruma invadiesen el pueblo. Guardias dobles, patrullas, quién vives, y un tren estudiado de temores agitaron la población. Mi hijo, esperaba de un momento a otro la pérdida de su vida, como fruto del aparato.

           Temo señor, y con sobrada razón, aunque no puedo dar las pruebas de tan abominable y criminal historia, que un asesinato oportunamente perpetrado me quite la esperanza de la clemencia, y de la misericordia del Gobierno de mi patria, y de la humanidad del piadoso corazón de V . E.

           El perverso, que asecha infatigablemente la vida de mi hijo se prepara a burlar la clemencia nacional, dejando a la anciana que suplica en el último desespero, que la arrojará al sepulcro.

           Ya por estas razones, y por la de que la causa de mi hijo será hoy sentenciada en 2a Instancia y se aproxima su término. Y más que todo porque en las escaseces del Erario, no hay con qué sostener la guarnición que custodia la cárcel de Maracay, y porque a ser lícito el temor y el alarma en que se halla aquella villa, no está seguro mi hijo, y según se aparenta está expuesto al asalto de los facciosos. Suplico entrañable y humildemente a V.E. se sirva mandar se traslade inmediatamente a esta cárcel pública, que ofrece más seguridades con la correspondiente custodia, la persona de Ezequiel Zamora; ¡que sea, Exmo. Señor; la ley, y la justicia, y no otro crimen más feo, los vengadores de los errores de mi joven hijo!

Caracas: Septiembre 4 de 1847.

Exmo. Señor.

Paula Correa

  En vista de no recibir respuesta oportuna, Paula, Nuevamente dirige correspondencia al presidente Monagas en los términos siguientes:

       Exmo. Señor Presidente de la República.

      Paula Correa. viuda y legítima madre del joven Ezequiel Zamora, con el alto respeto que debo a V.E. represento.

      En la semana próxima anterior por las razones entonces expuestas, supliqué a V.E. se dignase acordar la translación de mi expresado hijo de la cárcel de Maracay a la de esta Capital, cuya custodia, además de ser más segura, deba garantía a la vida de aquel desgraciado venezolano, mientras que la justicia pública, y la clemencia del Gobierno decretasen definitivamente sobre la suerte del procesado.

      Ahora, Señor Exmo, agrego otra razón poderosa y sostenida por el daño de naturaleza y por las leyes del Estado; y lo hago en virtud de cartas y súplicas, que últimamente he recibido de mi hijo Ezequiel.

       Este en persona, quiere y desea, como uno de los medios más valiosos de su defensa, obra tan amparada, aun por los mayores tiranos y de la tierra, exponer ante el Tribunal Supremo, que va a juzgarlo en última instancia, hechos importantes, circunstancias, que nadie puede explicar, como el mismo acusado, que cuenta ya con la incomparable desgracia de dos sentencias de muerte. Quiere mi desventurado hijo, que lo oiga S.E. la Corte Suprema; y de esta audiencia espera la vida.

       El mismo Dios, oyó a Caín, no obstante de estar en su presencia el cadáver palpitante y el fratricidio de Abel.

       Ante el Areópago, una de las maravillas del mundo judicial, ante aquellos doce ancianos, reputados como divinos.

       Ante el Senado de Roma, que era una asamblea de Reyes, en el concepto de los embajadores de Pirro.

       Y ante las Audiencias Españolas, que representaban la majestad del Monarca, comparecían, y tuvieron el derecho de ser oídos los ciudadanos acusados por delito de muerte.

       Quiere nuestra Constitución que el ciudadano sea oído, antes de ser condenado.

       Dígnese, pues, V.E. padre general de los venezolanos también para que sea oído mi hijo, acordar inmediatamente su traslación a esta cárcel.

Caracas, septiembre 10 de 1847.

Paula Correa

    Narra el escritor venezolano Federico Brito Figueroa, el momento en que Ezequiel Zamora es trasladado de La Villa de San Luís de Cura a Maracay, en Mayo del 1847 y describe una escena desgarradora protagonizada por su madre Paula Correa,  donde se esboza el temple de esta valiente mujer, una vez más, ante la canalla oligarca de la época, siendo Ezequiel torturado y maniatado de todas las formas posibles es arrastrado por la calle por un burro al cual es atado, lo narrado por el autor es del tenor siguiente:

            La madre de Zamora, ahí estuvo, (físicamente destruida, envejecida por la tortura de saber que el hijo se debatía entre la vida y la muerte en manos de sus verdugos, los verdugos del pueblo) moralmente altiva refutaba los agravios, agrediendo verbalmente al comandante Juan Pereira para que le permitiera colocar un sombrero en la cabeza del hijo amado y como aquel energúmeno no se lo permitió, corrió detrás del escolta, no menos de una milla, hasta lograr su objetivo entregando al prisionero un modesto sombrero de cogoyo…

    Esto describe la presencia de Paula siempre atenta a los acontecimientos que rodearon la vida de sus hijos, incluso participando de estos, de tal actividad incluso se llegara a sospechar de su participación como autora intelectual de la fuga de Ezequiel Zamora de la cárcel de Maracay acaecida el 22 de noviembre de 1847.

    Después de la muerte de su hijo Ezequiel continuaría su lucha por reivindicar el nombre de su hijo y el de su familia buscando incluso el reconocimiento de su esposo como ilustre prócer de la independencia de venezuela y el de su hijo como líder máximo del proceso federal venezolano.

Apéndice.

     Ezequiel Zamora fue capturado en la noche del 25 de marzo al pie del cerro Juana Caliente, en las cercanías del río Palambre, jurisdicción de San Francisco de Tiznados. Luego de esto, fue conducido a Villa de Cura, donde se le abrió juicio el 4 de abril y fue condenado a muerte el 27 de julio.

 

Bibliografía citada:

BRITO FIGUEROA, Federico. Ezequiel Zamora. Un Capítulo de Historia Nacional. Caracas, Editorial Ávila Gráfica S.A. 1951.154 pp.

BRITO FIGUEROA, Federico. Tiempo de Ezequiel Zamora. Caracas, Ediciones de la Biblioteca Universidad central de Venezuela, Caracas, Venezuela, 2006, 556 pp.

Fundación Polar. Diccionario de Historia de Venezuela. Caracas, Fundación Empresas Polar, 2007.

Macpherson, Telasco, Diccionario del Estado Miranda, Imprenta “El Correo de Caracas, Caracas, Venezuela, 1973.

Recalde Antonio, Revista: Personajes Ilustres de Venezuela: Ezequiel Zamora Nº8. Editorial Mediterráneo, Madrid, España, 1968. 72 pp.

RODRÍGUEZ, Adolfo. La  Llamada  del  fuego.  Vida,  Pasión  y  mito  de  Ezequiel  Zamora. Caracas,  Academia Nacional de la Historia, 2005. 377 pp.

VILLANUEVA, Laureano. Vida del Valiente Ciudadano Ezequiel Zamora. San Carlos, Instituto de Cultura Del Estado Cojedes, (Icec) 201. 443 pp.

 

EL INMENSO TESORO DE DIONISIO CISNEROS ENTERRADO EN LA MAGDALENA (1825 -1833)

Por: Manuel V. Monasterios G.

     La guerra de Independencia había terminado, pero en la zona del Tuy como en otras regiones del país, las guerrillas de pardos, negros libertos, esclavos alzados, indios y zambos seguían sembrando el terror y el pillaje. Uno de estos bandoleros  fue el famoso Dionisio Cisneros, un sargento de las tropas realistas, nacido en Baruta. Comandaba el forajido un grupo guerrillero integrado por unas 200 personas, caracterizados por una violencia patológica, donde el objetivo no solo era robar, saquear haciendas y despojar de todo objeto de valor a los viajeros, arrieros y transeúntes que se atrevían a tomar la vía del llano, sino las perversidades que les hacían a sus pobres victimas, golpeándolas,  violándolas e incluso llegando al crimen. Muchos  fueron los intentos del gobierno de Páez, en esa época Venezuela era  un Departamento de la Gran Colombia. (1825-1830), para someter al  guerrillero, incluso intentando sumarlo al ejercito de la República. Todo fue en vano, Cisneros continuó con sus ataques a las haciendas de la zona. La guarida principal del bandido estaba en los montes de la Fila de La Magdalena, jurisdicción de Cúa, era un sitio custodiado por familiares del bandido,. donde enterraba el producto de sus robos, con el mayor cuidado, para que ninguno de sus guerrilleros supiese el lugar.

     El miedo que producía Cisneros a los hacendados les obligaba a abandonar sus fincas o  buscar la forma de ganarse su amistad, agasajándolo y cancelándole sumas de dinero para que les diera protección y les permitiera trabajar sin sobresaltos. Los obligaba a compartir sus ganancias. Así fue el bandido guerrillero acumulando muchos pesos y onzas de oro. Sin embargo lo que más dinero le generó,  fueron dos asaltos legendarios para época. En julio de 1827, suficientemente informado, se dirigió de Súcuta a los llanos de Altagracia de  Orituco, por las montañas de Quiripital, allí se apodero de más de 72.000 pesos en oro, producto de la Renta del Tabaco.

     El otro asalto famoso lo hizo a un arreo de mulas y burros que venían de las costas del Orinoco, de la región de Caicara, donde un General Elías Acosta tenía varias minas de oro. El general Acosta había acumulado en varios años de trabajo más dos mil kilos de pepitas de oro y cachanos, pero el grave problema que tenía era que no quería venderla a las traficantes y compradores de la zona. Consideraba Acosta que el precio era injusto. Y si tomaba la determinación de sacar la carga de oro por el Orinoco, era seguro que sería asaltado en el Delta. Estratégicamente, fue acumulando el oro poco a poco en Cabruta y lo fue camuflando con un cargamento de pescado salado que cada año debía salir para el Centro, antes de Semana Santa. Llegado el momento, aparentemente el cargamento salió en curiaras por el Orinoco vía Trinidad, para despistar a los ladrones de Guayana, Pero en verdad el oro salió con el pescado salado vía Caracas, pasando por el Tuy. Treinta burros y mulas con cincuenta hombres armados tomaron el camino de recuas, pasaron Las Mercedes del Llano y remontaron por San Rafael para caer por el camino de Cúa, pasando por San Casimiro por ser la vía más segura. Llevaban dos semanas de viaje y pocas leguas faltaban para llegar a Cúa, En las vueltas de la cañafístula los esperaban 150 hombres dirigidos por José Dionisio.

     Para el bandido era un asalto más, no sabía que debajo del pescado venía el oro. Confiados en la seguridad del camino la gente del General Acosta venían desprevenidos y no pudieron defenderse, ni usar las armas La sorpresa fue total, el numero de asaltantes de tres a uno. Los dominaron sin hacer un disparo y los dejaron amarrados a los árboles cercanos al camino, llevándose los burros y mulas, su áurea carga y las armas que traían. Cisneros no sabía que estaba haciendo el mayor asalto en la historia delictiva de Venezuela, hasta que las bandas actuales empezaron a robar blindados y le quitaron el record… La sorpresa del bandolero fue muy grande, no podía creer que debajo del pescado medio podrido y de los quesos llaneros, lo que había era oro de 24 quilates. Para evitar que sus secuaces se dieran cuenta de la existencia de un cargamento disimulado, se lo llevo a lo profundo del monte, con unos 8 hombres de su total confianza y lo enterró, como acostumbra hacer en estos casos, mataba a los enterradores del tesoro para que las almas en pena fueses los guardas de la fortuna bajo tierra. El pescado lo repartió entre sus compinches que lo colocaron en los mercados, con el auxilio de los campesinos.

     Pasado el tiempo Cisneros fue  compadre del General Páez. En un acto de valentía del Presidente, al internarse en las montañas de Súcuta, sin escoltas, para conversar con Cisneros, se lo ganó para la paz. Pero poco después, Cisneros volvió por sus fueros, fue sometido a Consejo de Guerra y fusilado en Villa de Cura.

     El tesoro del bandolero Cisneros, uno de los mayores de la historia, quedo enterrado en algún lugar de la Fila de La Magdalena, algunos buscadores de tesoros se han llevado sus sustos al tratar de encontrar este tesoro: Dos toneladas de oro cochano y más de 100.000 pesos oro, representan una tentación, que bien merece un sustico y un sobresalto. Algunas personas que viven en la zona montañosa, cuentan que   en las noches de verano, cercanas a la Semana Santa, ven luces que se expanden y se cierran. También se oyen  gritos desgarradores pidiendo auxilio. Sobre estos hechos recibí información muy privilegiada, de mi gran amigo Jesús Manuel Reverón Blanco, quien también se sumó, hace muchos años, a los buscadores del tesoro y también paso su trago amargo. Tratando de encontrar el más grande de los tesoros todavía enterrado en la Fila de la Magdalena. También se dice que dejó otros tesoros en Tazón, Charallave y Súcuta.